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1958
XII
Martes
El argentino medianamente culto sabe bien que en lo referente
a la creación las cosas andan mal.
No tenemos una gran literatura. ¿Por qué? ¿Por qué en nuestro
país hay escasez de genio? Anemia en la música, la filosofía y
la plástica, falta de ideas, de hombres. ¿Por qué? ¿Por qué? Hastío,
morosidad, ¿por qué? Aridez y pasividad, ¿por qué? ¿Por qué?...
y he ahí que las soluciones comienzan a multiplicarse. Vivimos
con una luz prestada de Europa, esa es la causa. Tenemos que romper
con Europa, volver a encontrar al indio de hace cuatrocientos
años que duerme en nuestro interior. . . ¡Ahí está nuestro origen!
Pero la mera idea del nacionalismo produce náusea a otra facción.
¿Qué, el indio? ¡Jamás!
¡Nuestra impotencia proviene de habernos alejado demasiado
de la Madre Patria España y de la Madre Iglesia Católica! Pero
en este punto el ateísmo progresista-izquierdista sufre un ataque
de fiebre: ¡España, clero, puf!, oscurantismo, oligarquía; estudia
a Marx, ¡te volverás creador!... Mientras tanto un joven "fino"
del centro de Buenos Aires regresa de un té en casa de Victoria
Ocampo y lleva bajo el brazo una revue y un poema chino ilustrado con bellos grabados.
Píldoras contra la impotencia: algo ridículo; asombra un poco
el hecho de que esta discusión se desarrolle ceremoniosamente
desde hace decenios e incluso se haya transformado en la controversia
principal de la intelectualidad latinoamericana. Es el tema de
innumerables conferencias y ensayos. Ten fe en el Ser Supremo
y en Isabel la Católica: ¡serás creador! Introduce la dictadura
del proletariado y el culto al indio: ¡sentirás la mejoría! Pero
este gimoteo no es de ninguna manera serio, necesitan de genios
como si fueran a formar un equipo de fútbol: para ganar el match
con el extranjero. Lo que los pierde es precisamente el deseo
de mostrarse ante el mundo, de igualar. El problema principal
para estos artistas no es expresar su pasión y construir un mundo,
sino escribir una novela de "nivel europeo", para que Argentina,
para que la América del Sur logre al fin su papel representativo.
Tratan el arte como si fuera una competencia deportiva internacional
y pasan horas cavilando en las causas, por las que tan raras veces
el equipo argentino logra meter un "goal".
¿Por qué ocurre tan raras veces el "goal"? ¿No será acaso culpable
de ello el "nosotros", la palabreja "nosotros" (a la que le tengo
tanta desconfianza que llegaría a prohibir su uso)? Mientras el
argentino habla en primera persona del singular, es humano, flexible,
real... y quizás en ciertos aspectos supera al europeo. Menos
lastre, menos peso heredado: la historia, la tradición, las costumbres.
Mayor libertad entonces de movimiento y mayores posibilidades
de elección; mayor facilidad de mantenerse al paso con la historia.
Y esa superioridad sería aplastante si la vida sudamericana no
fuera tan fácil, si no desacostumbrara al esfuerzo y a la valentía,
al riesgo y a la obcecación, a las decisiones categóricas, al
drama y a la lucha, si no desacostumbrara al extremismo que es
la zona par excellence "creadora". La vida fácil ablanda (¿para qué ser duro).... todo
se derrite... Pero a pesar de la falta de tensión, el argentino
mientras se expresa en primera persona es un individuo nada tonto,
abierto al mundo y conciente... yo aprendí poco a poco a quererlos
y apreciarlos. Muchas veces no carecen de gracia, de elegancia,
de estilo.
Sin embargo el problema es que este "yo" funciona ahí solamente
en los niveles inferiores de la existencia. No saben introducirlo
en el nivel superior: en el de la cultura, el arte, la religión,
la moral, la filosofía. En ese nivel pasan siempre al "nosotros".
¡Y ese "nosotros" es un abuso! Si el individuo está por decir
"yo", entonces ese "nosotros" turbio abstracto y arbitrario, le
quita lo concreto o sea la sangre, destruye lo directo, por poco
lo derriba y lo sitúa en una nebulosa. El argentino empieza a
razonar, por ejemplo, que "nosotros" necesitamos tener una historia,
porque "nosotros" sin historia no podemos competir con otras naciones,
más cargadas de historia... y empezará a fabricarse esa historia
a la fuerza, plantando en cada esquina monumentos de innumerables
héroes nacionales, celebrando cada semana otro aniversario, pronunciando
discursos, pomposos a veces, y convenciéndose a sí mismo de su
gran pasado. La fabricación de la historia es en toda América
del Sur una empresa que consume cantidades colosales de tiempo
y esfuerzo. Si es escritor, ese argentino comenzará a meditar
en qué es específicamente la Argentina, para deducir y por ende
cómo debe comportarse para ser buen argentino... y cómo tienen
que ser sus obras para resultar suficientemente propias, nacionales,
continentales, criollas. Esos análisis no le llevan a producir
por fuerza una novela relacionada con la literatura gauchesca,
puede surgir igualmente una obra altamente refinada, pero también
escrita bajo programa. En una palabra, este argentino educado
creará una literatura correcta, una poesía, una música, una concepción
del mundo correctas, principios morales correctos, una fe correcta...
para que todo eso se ajuste, bien colocado, en su correcta Argentina.
Mientras tanto ¿cómo es esa Argentina?, ¿cuál es ese "nosotros"?
Nadie lo sabe. Si un inglés o un francés dicen "nosotros", bueno,
a veces eso puede significar algo, porque allá desde hace siglos
se sabe más o menos qué es Francia o Inglaterra. ¿Pero en la Argentina?
Mezcla de razas y herencias, de breve historia, de carácter no
formado, de instituciones, ideales, principios, reacciones no
determinadas, maravilloso país, es verdad, rico en porvenir, pero
todavía no hecho. ¿Es ante todo Argentina lo autóctono, quienes
se asentaron allí hace tiempo? ¿O es sobre todo la inmigración
transformadora y constructora? ¿O quizás Argentina es precisamente
una combinación, un cocktail, una mezcla y una fermentación? ¿Es
Argentina lo indefinido? En estas condiciones el cuestionario
entero del argentino: ¿quiénes somos?, ¿cuál es nuestra verdad?,
¿hacia dónde debemos marchar? tiene que ir al fracaso. Porque
no es en los análisis intelectuales sino en la acción acción
apoyada sólidamente en la primera persona del singular donde
se esconde la respuesta.
¿Quieres saber quien eres? No preguntes. Actúa. La acción te
definirá y determinará. Por tus acciones lo sabrás. Pero tienes
que actuar como "yo", como individuo, porque sólo puedes estar
seguro de tus propias necesidades, aficiones, pasiones, exigencias
Sólo una acción directa es un verdadero escape del caos, es auto
creación. El resto ¿acaso no es retórica, cumplimiento de es
quemas, bagatela, mamarrachada?
No hay nada más fácil que permitirse aquí un puñado de paradojas
animadas por el realismo más despejado. Por ejemplo: el argentino
auténtico nacerá cuando se olvide de que es argentino y sobre
todo de que quiere ser argentino; la literatura argentina nacerá cuando los escritores
se olviden de Argentina... de América; se van a separar de Europa
cuando Europa deje de serles problema, cuando la pierdan de vista;
su esencia se les revelará cuando dejen de buscarla.
La idea de realizar la nacionalidad bajo un programa es absurda;
tiene aquella, por el contrario, que ser imprevista. Así como
la personalidad a escala individual . Ser alguien es estar continuamente
informándose sobre quien se es y no saberlo ya de ante mano. La
creación no se deja deducir de lo que previamente existe, ella
no es una consecuencia...
Miércoles
Sin embargo podría aplicarse también otro método, precisamente
contrario, más próximo al que ahora practican. Consistirían en
discutir abiertamente todos esos males (impotencia, falta de originalidad,
dependencia de otras culturas) enfocarlos como tema para de esa
manera lograr una perspectiva, desvincularse de ellos Así como
un tímido puede liberarse de su timidez discutiéndola, pues de
esa manera aquella ya no es él, es sólo un problema. Conozco bien
este método; más de una vez lo he recomendado.
Sí, pero también esto tendría que resolverse en primera persona
y no en conjunto. "Yo". "Mi problema", "Mi Solución". Sin embargo
ningún argentino preguntará: "¿por qué no soy creador? Su pregunta
sería: "¿Por qué nosotros no podemos crear? En el "nosotros" todo
se diluye.
Jueves
Terrible invasión de modelos, teorías abstractas, formas ya
listas, elaboradas en otra parte, todo esto es el resultado del
hecho de que su "yo" apenas se mantiene en pie. Invasión tanto
más grotesca cuanto que la abstracción no corresponde a su naturaleza.
Hay algo doloroso en su necesidad de teorizar y en su capacidad
para teorizar.
Los hombres más aguda y más dolorosamente conscientes de su
impotencia como el cubano Piñera, por ejemplo, son a veces demasiado
conscientes del fracaso como para poder luchar. Piñera, al sentirse
impotente, le rinde homenaje al Gran Absurdo que lo aplasta. En
su arte la veneración del absurdo es una protesta contra el sin
sentido del mundo, incluso una venganza, una blasfemia del hombre
cuya moral ha sido ofendida. "Si el sentido moral del mundo es
inalcanzable, me dedicaré a hacer monerías" tal es, en rasgos
generales, la venganza de Piñera, su rebeldía. ¿Pero por que él,
como tantos otros americanos duda hasta ese grado de sus fuerzas?
Bueno, pues porque otra vez se trata del Universo y no de su vida.
Frente al Universo, a la humanidad, a la nación se es impotente,
aquello lo excede a uno, pero con la propia vida es posible, a
pesar de todo, hacer algo, allí el hombre recupera su poder, aunque
sea en dimensiones limitadas.
Algunos de ellos los escritores están dotados de un mesianismo
cerebral activo y de agudeza de expresión, pero no pueden moverse
de su lugar por la sola razón de que se sumergieron en una problemática
heredada, ya caduca. Es lo que precisamente les ocurre a los espíritus
aparentemente modernos. Siempre buscan la victoria en el marco
de un mismo jueguito. Lo que habría que hacer sería darle una
patada al tablero y destruir el juego. Plantear nuevos problemas...
he ahí el mejor método para resolver los antiguos.
Vida demasiado fácil. Vida provinciana. Aquí cualquiera, basta
con que obtenga algunos premios, se transforma sin dificultades
en "maestro". Pero "maestro" significa tanto maestro como profesor.
Como nadie quiere escribir para sí mismo sino para la nación (o
los lectores), el escritor sudamericano es a menudo enseñante,
maestro de los humildes, guía, ilustrador (en general es inaudito
el grado en que toda esta cultura posee un espíritu escolar...
llega uno a tener la impresión de que las señoritas profesoras
son las que han formado la nación). Con un minino de buena voluntad
el "maestro" sufre la metamorfosis siguiente: en profeta, augur,
a veces mártir o héroe de América. Es raro que en una nación tan
simpáticamente modesta se produzca esa ampulosidad casi infantil
en sus niveles superiores.
[...]
Lunes
Me gusta la Argentina, la aprecio... Sí, ¿pero qué Argentina?
No me gusta la Argentina, la desprecio... Sí, ¿pero qué Argentina?
Soy amigo de la Argentina natural, sencilla, cotidiana, popular.
Estoy en pie de guerra contra la Argentina superior, ya preparada.
. . ¡mal preparada!
No hace mucho me dijo un argentino:
Lo que pasa es que usted nos tiene alergia.
En cambio otro, Jorge Abalos, me escribió hace poco desde Santiago:
"usted busca en nuestro país lo legítimo porque lo quiere". (¿Querer
a un país? ¿Yo?)
Miércoles
¡Duro con el gobierno! Todos viven en la oposición y el gobierno
es el eterno culpable de todo. Después del derrocamiento de Perón
se produjo un idilio callejero: alegría, emoción y banderas. Pero
no duró ni una semana. A los pocos días habían surgido unos veinte
diarios de oposición con títulos inmensos: GOBIERNO DE TRAICIÓN,
NUEVA DICTADURA, DIGNIDAD o MUERTE, BASTA DE OPROBIO. Al cabo
de tres meses el pobre general Aramburu, el presidente, no contaba
siquiera con el 10% de sus partidarios (sólo después de su renuncia
se reconoció que a pesar de todo había sido un hombre honrado).
Cuando después Frondizi fue elegido por aplastante mayoría,
otra vez la alegría... y al cabo de unos meses nuevamente: "traidor",
"vendido", "tirano"... Aquellos eran los piropos más delicados.
La gritería de la prensa oposicionista es digna de admiración.
El origen de estos tristes fenómenos debe buscarse quizás en
la facilidad de la vida, en los inmensos espacios poco poblados,
donde es posible permitirse una gran impunidad, porque de cualquier
manera "las cosas se arreglan". Si la vida privada de un latinoamericano
se caracteriza por tener cierta consecuencia (sabe por ejemplo
que si no repara el techo le entrará agua a la casa) su vida política,
social, más amplia, en un nivel más elevado, se le vuelve en cambio
algo semejante a las Regiones Salvajes, donde se puede vociferar,
parrandear, juguetear, porque no existe ninguna lógica, no hay
tampoco responsabilidad, al país no le pasa nada, es tan grande...
florecen ahí la demagogia, la fraseología, el delirio político,
las ilusiones, las teorías, las fobias, las manías, la megalomanía,
los caprichos y sobre todo la "viveza" (¡A nosotros nadie nos
toma el pelo!). Por décadas la gente puede ser mantenida en el
absurdo, sólo que se lo adornen con los lugares comunes más baratos
y la vida no desenmascarará a quien lo haga, porque aquí la realidad
colectiva es muelle y cualquier charlatán puede llegar a la vejez coronado de gloria.
La vida fácil produce la benevolencia, el sentimentalismo,
la ingenuidad, la falta de defensas, la delicadeza blanduras
en las que lentamente uno va ahogándose. Pero la sociedad amenazada
por la blandura siente inconscientemente el peligro y trata de
defenderse, de ahí proviene la famosa "viveza", esa astucia que
debe habilitarlos para la vida, acercarles nuevamente la realidad,
salvarlos de la vergüenza, de la credulidad y de la ingenuidad.
Se han escrito muchos volúmenes sobre la psicología del sudamericano,
a veces metafísicos, casi siempre demasiado "profundos" pero
el saber sobre un hombre o una nación no siempre exige grandes
profundidades, a veces sazonados con un sabroso misticismo de
producción casera (como, por ejemplo, cuando señalan que en el
"silencio" del argentino se oculta una verdad aún no descubierta).
Bueno, se puede ser profundo y abismal donde es necesario, pero
¿para qué buscar abismos cuando el camino es llano? El noventa
por ciento de la Argentina y de la América del Sur se deja explicar
por el género de vida de sus pobladores, vida a pesar de sus
lamentos fácil en comparación con la de otros continentes.
W. Gombrowicz - "Diario argentino" (1967). Ed. Sudamericana. Buenos
Aires
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