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CLARIN, 11 de setiembre de 1999

 

Lo escribió un poeta, con ejemplos, orientaciones, ejercicios y mucha información. También ayuda a leer y a comprender mejor la poesía
Manual para hacer poemas

 

Hacer el verso
Por MARCELO DI MARCO
(Sudamericana)

Quién pudiera agarrarte por la cola/ magiafantasmanieblapoesía!", escribió el poeta argentino Juan Gelman. Y de eso se trata, justamente, Hacer el verso, una guía de ejercicios, citas, prácticas y sugerencias para quienes intentan aprehender esa escritura condenada a lo inasible y, a veces, a lo incomprensible.

Producto de una época en que la poesía goza de una intensa circulación secreta por recitales, "performances" y talleres literarios, este manual para aprendices destila información, pero no simplifica el tema. No es un libro oportunista ni un manual de autoayuda para autores en ciernes.

"¿Se puede enseñar a escribir poesía?", es la pregunta que una y otra vez le hacen a Marcelo Di Marco (1957), autor de la guía. "Por supuesto que no", responde invariablemente. Y lo reitera ante Clarín.

Lo que se puede -tal como demuestra en este último libro y también en el anterior, Taller de corte & corrección- es trazar leves y prudentes pautas para la redacción de un poema. Indicios que el escritor recogió de su propia experiencia, tanto al tomar clases como al coordinar talleres literarios.

Se sabe que se escribe mucho porque parece sencillo y tiene un halo romántico. Total, es como ironiza el escritor Isidoro Blaisten: "¿La poesía? ¡Pero si es muy fácil! Toda chiquita y pa bajo..." Según Di Marco, "el proceso de escritura se divide en dos etapas: la volcánica (inventiva pura, sacar afuera, volcarlo todo) y la quirúrgica (momento de modificar en frío, sustituir, ampliar, eliminar)".

Escribir, corregir y también leer. Mucho. En este sentido, Hacer el verso resulta también una especie de antología de la poesía argentina contemporánea.

La cocina literaria

Una cantidad y variedad de textos son citados y recortados a lo largo del libro sin falsos pudores, tratados como simple y buena materia prima para ejemplificar, proponer tareas, resoluciones distintas. Se citan innumerables obras y autores (aunque todas ellas están prolijamente indicadas en un índice final). Y se incluyen reportajes a autores. A veces las estrofas son interrumpidas por algún ejercicio cuya continuación aparece -como en las revistas de entretenimientos- en el apartado de soluciones incluido en las últimas páginas.

En esa parte final se presentan también listados de las editoriales y librerías vinculadas a la poesía así como revistas, antologías y hasta una nómina -armada a partir de la consulta con distintos autores- de los escritores que no habría que dejar de leer.

Más que a las diosas de la alta literatura, Di Marco invocó a El ayudante práctico, -esos viejos tomitos que enseñaban tanto a jugar al tute como a zurcir una media o levantar una pared de ladrillos- para idear sus guías.

"¡Sea dueño del sol y el viento! –transcribe– ¿Darío? ¿Machado? Nada de eso: se trataba de una publicidad de la empresa Honda." Con frescura, solvencia y sencillez, el autor disecciona los mecanismos del poema, a fin de estudiar sus enlaces, la temática, la síntesis, el uso de la metáfora, la adjetivación. No intenta, sin embargo, desentrañar lo que no se puede: su magia.

El desafío que les resta a los lectores no es poco si, como sostiene el poeta argentino Edgar Bayley, "la poesía existe para que la muerte no tenga la última palabra".

JUDITH GOCIOL

 

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