POEMAS de MARCELO DiMARCO


 

Epitafios




El pirómano

Aquella casa imposible
lo enamoraba.
Ardió entre sus paredes
como jamás lo había hecho
dentro de una mujer.



La poetisa

Sólo dejó
una página
en
blanco. Boca abajo,
sus hombros dulces decían
todo lo que habría de escribir.



 

El necrófilo

Tejidos de alba y crepúsculo,
pulpas lunares. Venas. Píloro y
ojos como ostras de cartílago,
subacuáticas. Una epiglotis.
Los tristes restos lo atraían
a regiones claras y despejadas.



El aviador

Le gustaban los azules
profundos, espaciales
océanos de nubes,
las cornisas. Supo entrar
a la mañana nueva,
desde una ventana,
hacia cielos más altos,
en caída libre.



 

El malacólogo

No había nada que hacer.
Ajena al mar -al mar que era suyo-,
la concha perfecta hablaba
de bosques
y ocultos romances.
Fue en busca de un martillo.



El marino

Tormentas, tormentas de vientos, con mares
y palmeras volando por el aire, soplándole
en el cerebro. Su dedo
afilado
puso fin a todo.



 

El náufrago

No la clásica
islita y la botella, el cocotero. El papelito enrollado.
Toda el agua del mar no bastaba. Sed sobre sales.
Su compatriota tenía
un sabor demasiado demasiado mustio.



El racionalista

El pensamiento sumo. Libracos,
incunables, infolio y calavera. Trazos
de polvo. Bollos de papel. Pluma ganso del
gran pensamiento: morder,
morder un culo. Urgente.



 

El borracho

La caverna fría irisada en poderes mágicos.
La tiniebla de otoño guarda la magia
entre el callejón. Gruta de hielo que estalla
de poderes mágicos. La tiniebla en otoño.
La mágica cueva rectilínea
de luces y harapos
mágicos. Él se anima.
Bajo los pliegues de la negrura,
él se anima. Y
empieza
a
cruzar la avenida.



La madre

Prodigios de la mensajería.
Irresistibles, breves como centípedos,
las líneas de tinta.
El telegrama. El hijo en el frente.



 

El gato

El gato. No el que brilla en la calle
todo su asombro, el que se arquea.
El gato. La chica de la vida.
Hubo días en que lo pudo todo.
Su almohada parecía un horizonte
rojo. El gato. No era muy cara.
Evocaba las aguas
movedizas de peces. Era
olor de pantanos encendidos de negrura.
Descalabró su humanidad
en polvos descomunales. Sus ojos
herían las estrellas. Infinita
entre revoltijos de sábanas. Callejera.
El gato. La chica de la vida.
Un día no pudo más. Con sólo un tajo
hizo de su cama una parcela de sangre.



 

La infiel

Proximidad. Algo suave. Un sol lejano. Mares.
Medio despierta, en el final de un bostezo, sueña
algo dormida. Un crucero en el Caribe, la proximidad,
margaritas, una maraña de músculos, un slip rojo.
La proximidad. Un paso. La proximidad.
Algo de seda. Otro. Algo furtivo. La proximidad
algo lejana.
La lejanía de un grupo de palmeras,
una eslora de veinte metros.
Otro paso y otro, un sol exquisito y otro
daikiri. Una mano en la nuca, firme.
Un cuchillo de treinta centímetros, reluciente.



 

El dirigente

Traidor. Arde.
Arde y duele, traidor. La muerte quema.
Letras. Tasas. Cinturones. Concesiones.
Hedor de abismo estremecido, inabarcable
cascada roja. Frenético
ulular al horizonte: uñas. Desperdigadas,
enrojecidas uñas como crepúsculos. Infradotado
pozo. Moho. Harapo de mortaja y tiradores. Corbatita,
anteojito. Con frac o de alpargatas. Movicom.
Traidor. Ameba. Sobaco de una oveja, concha de ballena,
guasca de pescado, forro anonadado. Traidor.
Traidor. Infecto meadero. El precipicio
arde. Arde y duele. La muerte quema. Dale que dale.
Traidor, mierdosa y fresca cara interna de intestino.
Lepra de sorete, moco de un cadáver. Traidor.
Tu hermano. El amigo. La patria tuya. La patria tuya.
Ano cyberpunk, arteria vitrificada. Traidor.
El infierno arde. Arde y duele. Traidor.
Sarna policromada que grita, que sangra de picores.
Que uña a cielo abierto, que dale que te dale.
Las moscas todas,
todas las garras del mundo
no te bastarían. Putrefacta, ardida,
purulenta costra fosca de mil fístulas
en descomposición.
Traidor. Vómito.



 

El remero

Talla color de trueno
rapa la embarcación
látigo del cielo
relámpago látigo
látigo brillo
tenso y madero
chiquetazo de la luz
talla el color del trueno
roza la embarcación
rayo de zarpa dorada
hoja roja brutal
rabia de rojo dorado y madero
puñal del cielo y madero
brillo tenso y madero
en filo de acero impune y madero
en fino deshojarse de rosa y madero
ramalazo de la luz látigo
chiquetazo de la luz látigo
que vira y se hunde ¡madero!
y trepa viva y madero
el fuego de la noche

 

del libro "Epitafios", de Marcelo di Marco. © M. di Marco (inédito)

 

POEMAS INÉDITOS DE MARCELO DI MARCO
[Carmina marina] [El ábaco de tinta] [El tallado del madero] [Epitafios]

 

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