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Una excelente novela policial
El enigma del escritor
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Filosofía y Letras
de PABLO DE SANTIS
Planeta 207 páginas
1999 |
A sus treinta años, Esteban Miró es un joven deslavado que emerge
sin énfasis de una adolescencia tardía. Carente de entusiasmo,
inexperto en los avatares del amor, acaba de obtener su licenciatura
en Letras y, para dejar de vivir con su madre -una mujer autoritaria
e invasora-, no encuentra otro recurso que pedirle ayuda en la
búsqueda de un empleo. La eficacia de su madre en esa comisión
pone a Esteban en relación con el profesor Emiliano Conde, director
del Instituto de Literatura Nacional, que funciona en un ruinoso
y sombrío edificio atestado de papeles viejos y libros deshechos,
frecuentado más por el olvido que por alumnos o profesores. Conde
ostenta el improbable prestigio de ser uno de los tres especialistas
en la obra de Homero Brocca, un escritor presumiblemente genial
del que sólo se conservan incontables versiones de un único relato.
Sin llegar a ver siquiera a Conde, Esteban se encuentra de pronto
trabajando a sus órdenes en el desolado edificio. Sus labores,
casi inexistentes, le dejan tiempo para avanzar sin convicción
en su tesis universitaria y, sobre todo, para ser el espectador
de una obsesión ajena: la de Conde y los profesores Selva Granados
y Víctor Novario por detentar la única y última palabra sobre
la inhallable obra de Brocca que, se dice, yace oculta entre los
miles de papeles abandonados en el viejo edificio de la facultad.
Pero, a contrapelo de su escasa inclinación por la aventura, Esteban
no tarda en verse involucrado en la acción, que incluye peligrosas
incursiones nocturnas al corazón del edificio donde trabaja, visitas
a un centro de salud mental, la búsqueda de las huellas de un
naufragio y un reguero de cadáveres, que comienzan a aparecer
demasiado cerca del involuntario protagonista.
Con estas piezas, Pablo De Santis hace funcionar el ajedrez formidable
de su última novela, Filosofía y Letras, quizá lo mejor que este narrador haya publicado hasta ahora
y sin dudas uno de los libros más originales de la literatura
argentina actual. Relato policial, por organizarse en torno a
un enigma que va empapándose en sangre, cumple la paradoja de
traspasar el género gracias a las limitaciones que se impone.
Esteban Miró, con su apatía e inexperiencia, no parece el más
apto para dilucidar un misterio que, en principio, ni siquiera
le interesa. El misterio mismo -la obra y la persona de Homero
Brocca- parece rozar la inexistencia y, en todo caso, pertenece
a una esfera tan difícilmente emparentada con la violencia física
como la crítica académica. El talento del autor radica precisamente
en convencer a su lector no sólo de la probabilidad de lo que
va ocurriendo sino de su necesidad. Y a ello contribuyen por lo
menos tres cosas: la elección de un escenario casi gótico -el
decrépito edificio de la facultad- que funciona como una máquina
inagotable de situaciones narrativas, el despliegue de una imaginación
literaria excepcional y una escritura que contiene los desbordes
de los hechos y los comportamientos de los personajes, revistiéndolos
de una precisión y una belleza tan austera que los vuelve verosímiles.
Si hubiera que definir esta novela admirable por un rasgo que
eludiera al mismo tiempo la psicología y el afán metafórico, podría
hablarse, literalmente, de su humedad: una lógica de agua que
no fluye, de habitaciones mal ventiladas y papeles mojados para
siempre. Esta condición ambiental que la recorre de punta a punta
y que parece ir minando la consistencia de sus materiales, los
humores de sus personajes y, presumiblemente, la resistencia de
su lector más incrédulo, se impone con la fuerza de un determinismo
póetico. Una sabiduría de sonámbulos chapoteando en el agua capaz
de inventar, en la Buenos Aires real, un edificio mítico y una
pesadilla inolvidable.
Solitaria y sin énfasis, la obra narrativa de Pablo De Santis
(Buenos Aires, 1963) incluye memorables historietas con dibujos
de Max Cachimba, celebradas narraciones para adolescentes como
Lucas Lenz y el Museo del Universo o Las plantas carnívoras, un libro de relatos breves e inquietantes, Espacio puro de tormenta, y las novelas El palacio de la noche y La traducción. Heredero de poéticas tan diversas como las de Leo Perutz, Bruno
Schulz y Felisberto Hernández, lector omnívoro de una tradición
argentina que va de Borges a Oesterheld, hace mucho tiempo que
su literatura se debe más a sí misma que a cualquiera de estos
nombres.
Guillermo Saavedra
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