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LA NACION LINE | 05.07.98 | Cultura

 

Para María Esther de Miguel,
los libros resuelven la existencia

La escritora, que donará su casa de Entre Ríos para convertirla en centro cultural, dialogó con La Nación sobre su apego a los personajes históricos y de ficción

 

La primera vez que vio su nombre en letras de molde fue cuando a los nueve años mandó la composición "Las Malvinas son argentinas" a la revista Figuritas, sin la autorización de la maestra de su escuelita en Larroque, Entre Ríos.

Desde entonces, María Esther de Miguel mantuvo una particular predilección por los temas históricos y políticos, con best-séllers como "El general, el pintor y la dama" (Premio Planeta 1996), "El amante del restaurador" (1993) y "Las batallas secretas de Belgrano" (1995).

En diálogo con La Nación, De Miguel contó cómo, en acto de agradecimiento al pueblo que la vio nacer, donará su casa a la municipalidad local, para convertirla en un centro cultural. Además, se refirió a la novela histórica, el género al que se volcó hace tiempo.

-¿Cómo surgió la idea de crear una casa de la cultura en su pueblo?

-Bueno, yo no tengo hijos, e iba cada vez menos a Larroque. Entonces, decidí dejarle la vivienda a la municipalidad. Lloré como loca, porque allí están todos mis libros, pero en Entre Ríos están felices: van a hacer un ámbito con anfiteatro en el jardín, para espectáculos de folklore y payadas. Además, habrá cuartos para alojar a artistas y a escritores. Mi única condición para la donación fue que la casa no fuera ocupada por funcionarios.

-¿Y cuáles serán sus próximos pasos en el terreno literario?

-Estoy escribiendo sobre Fabián Anchorena, un personaje que tiraba manteca al techo y que terminó convertido casi en un monje, en Santiago del Estero. Además, después del Mundial sale a la venta un libro que retiré de circulación en 1973, "Violentos jardines de América", basado en mis charlas con el padre Carlos Mugica, algunos militares y otros personajes del momento. Tuve que autocensurarme porque me dio miedo. Yo contaba algunas cosas que veía y no tenía ningún tipo de respaldo.

-¿"Violentos jardines..." hoy entraría en la categoría novela histórica?

-Sí. En su momento yo la catalogué de novela política, pero hace poco cambió mi opinión. Si uno es imparcial, aun sobre la actualidad se puede escribir una novela histórica. Y si es imposible ser objetivo, al menos hay que tratar de ser responsable de lo que se escribe.

-Usted es una de las escritoras más exitosas del país. ¿Le parece que existe una literatura femenina?

-Virginia Woolf decía que el escritor es un hermafrodita, y estoy de acuerdo con ella. Yo empecé una novela con la frase "De dónde saliste vos, gaucho de m...", y todos me criticaron. Pero no era yo misma quien lo decía: estaba en la piel de un comisario de un pueblo de campaña. En la Argentina hay mujeres que escriben muy bien, y diría que mejor que algunos hombres, pero no es que hagan una literatura femenina. Yo, por ejemplo, trato temas muy recios, como vidas de guerreros y batallas, pero, como mucho, puedo decir que tienen una mirada de mujer.

-Usted comenzó escribiendo pura ficción y luego se pasó a la novela histórica. ¿Fue para aprovechar el auge de ese tipo de literatura?

-No, comencé bastante tiempo antes y me encontré con muchísima resistencia. Muchos escritores decían que era una estupidez, pero para mí siempre fue un tipo de novela como cualquier otro, sólo que uno saca los personajes de afuera y no de adentro. Después se aceptó y hace unos años llegó este boom. Me parece, más bien, que mi gusto coincidió con el de la gente.

-¿Hay que tomarla como puro entretenimiento o como algo formativo?

-Alejandro Dumas decía que la novela histórica permite el acceso de la muchedumbre a la historia. Porque, si no, queda como la página para un erudito o la bolilla para el que rinde un final. Este tipo de novela tiene el superávit de que enseña: el personaje debe ser más o menos el que está en el imaginario popular y lo que está en los documentos hay que respetarlo, aunque soy consciente de que hay algunos escritores que dan vuelta las cosas.

-Finalmente, ¿qué significan para usted los libros?

-Son la fuente para resolver mis problemas existenciales profundos. Siempre me fije en ellos, incluso cuando tomé algunas decisiones. El mundo pasa, para mí, por los libros.

Juana Libedinsky

 

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