Lo dijeron en la tele
cuento colectivo
(La
historia comienza aquí)
¡Ay,cómo me molestaba su pasividad frente a ese mundo hiperreal, recortado en una pequeña abertura, ojo mágico con capacidad de controlar vidas y sentimientos! María tenía 80 años, vivía sola en su casa ancestral, silenciosa y henchida de nostalgias. Pasaba largas horas mirando obediente todo cuanto ocurría detrás de esa ventana tan cinética y peculiar. De vez en cuando, venía Judas, su único hijo, casado y con familia numerosa. Venía sólo Judas, ostentando triunfos y agregando más silencios al silencio larga y gris. -No, mamá, usted... -Lo dijeron en la tele, lo dijeron en la tele..., repetía María sin dejar de atender a los designios y preceptos del mundo que vendía placeres, amistades, compañía, juventudes, triunfos y, hasta glorias, detrás de esa mágica ventana, porque, de algún modo, las penas y los conflictos, siempre se superaban. 1
Soledad, María. Olvido, María. Tristeza, María. Maria sólo tenía un viejo televisor que era todo para ella. "Lo dijeron en la tele". Sí, María vivía la vida de los demás porque la suya había terminado cuando su corazón se quedó vacío, cuando su mundo se convirtió en silencio, cuando ya nadie, ni siquiera Judas, era capaz de entender su dolor. María, hoy era la joven modelo, el juez severo o el niño alegre que vuelve del colegio. María era todos y no era nadíe. Era, ¿sólo?, el reflejo de los demás. -Lo dijeron en la tele, lo dijeron en la tele ... 2
Yo tambien lo ví, lo repitieron todo el día, en las noticias no se hablaba de otra cosa, ya María estaba en boca de todos. Tomo el abrigo, se maquilló como nunca, como chica de bulín, irreconocible, ...¡salió!. No sabía ya que hacer, su angustiada vida se envolvía entre recuerdos turbios cercenados por su falta de cordura, sólo era capaz de caminar y se detenía sólo si en su camino se tropezaba con una flor seca caída de algún árbol. Era una mujer triste sin vida...como cada flor que caía del árbol... 3
María era... María es ... María será... ¿Acaso a alguien le importaba aquella vieja, mujer menuda y ajada, que caminaba absorta en un mundo de flores secas?. El recorrido por el bulevar se asemejaba al lento caminar de su alma viva, aún le dolían las notas desgarradas de un bolero en la distancia, todavía se asomaban furtivas lágrimas a sus ojos cuando, en cada rostro, le veía a él. La calle, ¡qué distinto era todo de como ella lo imaginaba!,¡mundo inventado a partir de un televisor!, ¡irealidad trucada sin ningún rubor!. Los hombres, ¡indiferentes y altaneros!,¡honrados y desastrados!, ¡todos con el mismo rostro!, ... "lo dijeron en la tele", su nombre aún resuena en la frágil mente de María. Manuel. Recorriendo las aceras le busca, ¡que extraña sonrisa ilumina su rostro! 4
De pronto se paró en un cruce de calles....sus ojos inquietos detrás de los viejos lentes, dudaban...más allá de unos metros, todo se volvía borroso, masas informes de diversos colores...¿qué estaba haciendo acá...? Sintió frío en los pies, se los miró, usaba unas viejas zapatillas con el talón aplastado, hubiera jurado que tenía puestos aquellos zapatos negros con un lazo de raso que se compró en La Piedad, con las medias negras de muselina...pero estas zapatillas...? 5
Hacía ya algunos años que María olvidaba las cosas. Su mente parecía retroceder rápidamente hacía algún lugar (que sólo ella parecía conocer), disfrazado de nuevas sensaciones imperceptibles para los demás. En ese extraño universo parecia no tener importancia el concepto del olvido, la memoria era sólo el camino para llegar hasta allí, después importaba poco perderla. Como importaba poco haber olvidado sus zapatos de tacón. 6
Sin embargo, lo impredicible, el suceso, el nudo de un episodio significativo y singular también aparece en las vidas llanas, monótonas y de pronto, como las brisas de verano, lo refresca todo. Fue entonces cuando apareció... 7
...una figura masculina a su lado, alto pero el sol le daba a sus espalda y no podía verle bien la cara. -¿La ayudo a cruzar abuela?. María, agradecida le contesta: -Sí, gracias. Cruzan la calle y ya al otro lado: -Ya está, abuela, sino con ese tráfico...Al verla dudar..la pregunta: -Abuela, ¿se siente bien?. ¿Está segura adonde vá?...¿Dónde vive?.. 8
-Iba para allá -contesta María con mirada que no ve-, pero tal vez cambie de opinión en cualquier momento. Es que se está tan bien aquí afuera. El hombre miró a la vieja como si ésta acabara de salir de la cárcel. -Si quiere la acompaño hasta la puerta, me da no sé qué dejarla aquí, perdida. -Pero si yo no estoy perdida, joven, yo estoy más encaminada que nunca. Sé que voy para allá... -señala para el lado del bajo. -¿Para allá? -pregunta el caballero- ¿Para el puerto? -Sí, pudiera ser, o tal vez me llegue hasta las Lomas de San Isidro. María lanza entonces una carcajada y mira a su ocasional lazarillo con ojos jóvenes, llenos de vida y algo humedecidos por la nostalgia que no da el paso de los años. 9
María siguió su camino dejando atrás al joven, él la observó durante unos minutos para asegurarse que no sufría ningún percance, por algún extraño motivo decidió seguirla a una cierta distancia. En la mente de la anciana se agolpaban los recuerdos imaginarios de una vida que nunca vivió y que, sin embargo, ahora, se presentaban como escenas reales. Recordaba un velero atracado en el puerto y a Manuel descendiendo del mismo para ayudarla a subir, aún le parecía sentir la brisa marina mientras navegaban durante horas con la sola compañía de las olas, añoraba las puestas de sol, que nunca fueron vistas, que ambos habían disfrutado. ¡Qué feliz se sentía María en aquellos momentos! Por fin estaba viviendo la vida que siempre deseó, aunque sólo fuesen recuerdos robados de la televisión, imágenes de otras vidas, nostalgias de otros ... La mujer se sentó sonriente en un banco de piedra frente al mar y suspiró. 10
¿Recuerdos robados de la televisión? ¡Sí!...María vivía de ellos, los disfrutaba... mandaba en sus sueños, por que eso era en lo que ella creía, esa era su verdad y nadie, nadie ser la podía quitar. 11
Allí estaba, enfrentándose silenciosa a ese mar que se le asomaba sin imágenes sorpresivas, ni comerciales, sin personajes heroicos de cuentos encantados que salvaran la princesa al final de la película,antes del esperado "Fin". Estaba sola. Por primera vez, sin haber dejado de estarlo nunca. Manuel,Manuel...Si mis manos pudieran llegar a tí. Si con tus besos pudieras devolverme la vida...Si tan solo pudieras...llegar a mí. 12
A menudo, en su mente cansada, Manuel la acariciaba tiernamente las manos, largas y de finos dedos, que tantas veces habían recorrido el desnudo cuerpo de su amado. A ella siempre le gustó cuidarse las manos porque "son como pinceles que dibujan nuestra historia" solía decir, por eso, año tras año, mientras sus apagados ojos miraban el televisor, se frotaba las manos extendiendo una untuosa crema de lirios, el único capricho que aún se permitía, ese movimiento mecánico le hacía recordar las caricias de Manuel. Mientras permanecía sentada con la mirada perdida en el amplío mar, comenzó a frotarse las manos, pero, esta vez, el olor a lirios solo estaba en su pasado ... 13
¡Es curioso como los olores nos pueden traer tantos y tantos recuerdos!-pensó María-,¡el olor a lirios!...¡el aroma de los pasteles recien sacados del horno!-me recuerdan tanto a mi madre-. María comprendió, entonces, que ese olor no estaba solo en su memoria,era demasiado intenso, miró alrededor comprobando que muy cerca del banco en el que se encontraba acababan de abrir una pequeña pasteleria y de allí venía el aroma de su infancia. Se levantó temblona y entró en el comercio apoyándose cansinamente en el mostrador. -Buenos días señora, ¿Que desea?. Del otro lado del mostrador un joven sonreía solicito a María. -¡Manuel!,gritó ella sorprendida. -No,-contestó el joven alegremente-, debe estar refiriéndose a mi padre. Dicen que soy su vivo retrato. ¿Le conoció?. 14
-N.. no.. no -articuló María finalmente. Luego se quedó callada. Lo miraba de arriba a abajo, como valorándole todo su ser; sus ojos, se detuvieron en los de él, como buscando una y mil respuestas a muchas preguntas que no atinaba a responderse. Él también la miraba. Intimamente, le recordaba a su madre; a aquella mujer de quien su padre nunca le permitió, ni se permitió hablar. 15
-Siéntate. Fue lo único que dijo. A lo que ella replicó: -Definitivamente la amabilidad y la caballerosidad no existen en esa mole humana que me da órdenes a cada momento de mi triste existencia. No eres mas que un llover sobre mojado eterno en donde estar contigo es estar solo dos veces. -Sólo falta que prosigas con "es la soledad al cuadrado", la originalidad en ti es algo que murió con el primer viaje a la Luna y más que enarbolar la modernidad llevas a sobre si la marca de lo irremisiblemente antiguo. Más bien pareces una chica Almodóvar. 16
A Almodóvar también lo había visto en la tele. El de las mujeres frenéticas siempre al borde de un ataque de nervios, y sus hombres dibujados siempre al borde de una mujer nerviosa, u otro hombre nervioso, que viene a ser casi lo mismo. Pidió una infusión de valeriana, y un bollo de azúcar, y pensó que nada en el mundo le hubiera gustado más que poder seguir sintiéndose nerviosa, después de tantos años. 17
De nuevo, en su mente cansada, se mezclaban fantasías irreales, vividas a través de un televisor, con recuerdos vagos de una existencia pasada entre soledades y melancolías. Su hijo Judas se lo repetía constantamente: -No, mamá, usted ...usted no se da cuenta que las historias televisivas son sólo eso, historias. Y ella, entre molesta y divertida, le contestaba: -Lo dijeron en la tele, lo dijeron en la tele ... Allí estaba ella, sentada en una moderna pastelería, reviviendo la historia de su vida con tintes de telenovela, con rostros fatigados de presentadores de noticiero, con actores de teleserie americana, con el rostro de Manuel frente a ella. 18
-¡La tele, la tele!, eso exasperaba a Judas. En aquel momento, comprendió porqué su padre había dejado a aquella mujer. Le asustaba pensar que quizás no estuviera en la realidad, ni él, ni nadie. 19
María confundía ficción con realidad...recordaba a su querido Manuel...hace tanto ya...que no puede acariciarlo...recordaba cada una de las líneas de su cara, de su cuerpo, sólo con cerrar los ojos, podía verlo delante de ella...peor no podía acordarse a qué había salido a la calle....ni si Judas le había dicho ayer, que hoy pasaba a buscarla...¿o era mañana?? 20
Las voces la despertaron. Primero abrió un ojo, luego el otro. Con los dos abiertos, bostezó y estirando muy lentamente su cuerpo, decidió disfrutar otro rato en su cama.-Claro -pensó- son los vecinos. Siempre hablan y requetehablan. ¿Sobre qué?. Agudizó aún más su finísimo oido. Y sí, oyó voces pero que no eran de sus vecinos; no reconocía su tonalidad. El siempre hablaba áspero como con carraspera, en cambio ella era toda dulzura, modulando las "o" y "u" y a veces confundiéndolas. Estas no eran así. No las conocía. Fijando su mirada somnolienta en el yeso del techo sintió que la llamaban (no mejor dicho pensó que la llamaban). -¡María..!, ¡Maaríiaa!. Entonces acabó por despertar y de un salto llegó hasta la puerta... 21
La abrió suavemente para que no chirreara. Miró a un lado, luego al otro. Y nada. No había nadie. Estirando su huesuda mano hacia la cabeza se quedó esperando otra señal. Nada, no oía nada. Cuando ya estaba por entrar escuchó un...sí.. bzbzbz detrás suyo y retrocediendo su desgarbado cuerpo cerró la puerta. Al segundo siguiente ya estaba buscando en todos los rincones de aquel cuarto, ese bzbzbbz que la envolvía. Hasta llegó a atreverse a subir un taburete, tan flaco y desgarbado como ella. Y ahí fué donde, volvíó a oir... una risita que la llamaba ....-¡Maaaríiiaaa!... 22
.....(se daba cuenta que ya no sabia si era verdad lo que escuchaba o era sólo uno de esos sonidos que a diario escuchaba) "Maríiiiaaaa" seguía la voz ya desde más cerca. "Aquí estoy María"... 23
-No. Ahora sí se dió cuenta que era verdad lo que oía. Se acercó aún más al rincón del cuarto, y, fijando su grisácea mirada en la rejilla pegada al techo se quedó escuchando largo rato. --Qúe extraño parece todo -pensó María. --Me hablan...? No. Yo lo estoy pensando.Sí, eso es! pero...también los oigo..! Aterrada y confundida, María quedó en cuclillas y abrazando sus rodillas, comenzó a balancearse mientras se canturreaba:--Aha, Aha,... Mm, Mm. 24
Doa días después, alertado por los vecinos regresó Judas. 25
Y Mar’a, se adormece escuchando esa voz de Manuel. Esa voz que le llama, desde una aventura perdida en el tiempo, mientras una lluvia de lirios blancos inunda la habitación, como un remolino que sale desde el televisor. María llora. Esto nunca se lo habían dicho en la televisión, que un día, llegaría una lluvia de alas de mariposa con olor a magnolias, y mientras María volvía a perderse en la cafetería, con bollos de azúcar recién hechos, una María lozana y fresca, el tiempo se pararía y se perdería para siempre en una vida de otros. Siempre contemplada desde la pantalla. Siempre vivida desde fuera. Hasta que una mañana cruel, una lluvia de lirios blancos vendría a llamarla por su nombre y recordarle la vida que las alas de magnolia le arrebataron una tarde hace ya màs de 50 años... 26
Cuando Manuel, su Manuel iba con su destartalado Ford a entregar un pedido, una serie de coincidencias, aquello de "estar en el lugar equivocado, a la hora equivocada"...la barrera levantada.....la neblina de la mañana...y Manuel que llevaba su boina encasquetada hasta las orejas por el frío...el conductor del tren lo vió cuando ya estaba demasiado cerca para frenar....a María le vinieron a avisar los vecinos...ella lo negaba con la cabeza...desde entonces...ella confunde realidad con ficción.... 27
FIN
Sin embargo, alguien jura haber visto a un amigo que dice que tiene un amigo que un día vió como una mujer se paseaba entre aleteos de lirios y magnolias voladoras, y todos los manueles del mundo a su paso, se levantaron de las tumbas y dejaron atrás los trenes y los pasos a nivel para seguir su rastro de bailarina anciana que conjuga los recuerdos y los ritmos. Una niña de pelo blanco que traspasa el umbral de la realidad y una vez dentro de otro queda en su imaginación para siempre... 28
colaboradores:
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