El gallego
cuento colectivo

 

(La historia comienza aquí)

Corbi llegó a Buenos Aires solo, cansado y bastante bebido, los
viajes en avión siempre le dejaban de ese modo. Había llegado al aeropuerto de Madrid-Barajas catorce horas atrás, y entre mostradores, maletas y aduanas, ya ni recordaba el nombre del hotel al que debía dirigirse.
Alguien de la Companía debía de haber estado esperándole en el aeropuerto, pero después de dos horas de retraso probablemente se había cansado y había decidido que ya lo vería, al día siguiente, en la oficina.
Salió de la terminal y levantó la mano esperando que un taxi fuese a su encuentro.
-Menos mal- pensó, esto no es como Bogotá. La última vez que estuvo allí tuvo que convencer a seis taxistas de que sólo necesitaba a uno de ellos para llegar a la ciudad.
-Al hotel Intercontinental, por favor.
-¿Viene usted de España? le preguntó el taxista guiñándole, cómplice, un ojo.
-Sí, respondió Corbi. Vengo a quedarme.
El calendario del gran edificio que había frente a el marcaba la fecha; 7 de Agosto de 1998. 1
Era precisamente la hora indicada, el instante más propicio para llegar a la Argentina, hija dilecta de la España de ribazos impertérritos y cantares lorquianos.
No le sorprendió el 'che' esperado de labios del hermano, de 'allende los mares':
-Che, estoy aquí, ¿no ves?
-Os veo, os veo, pero el estar aquí conturba mi alma y, por otra parte, la llena de gozo.'Argentina, la tierra de olvido', para mi abuela Paca, porque este suelo ubérrimo se tragó a todos sus hijos, uno por uno, con acompasado ritmo, pero inexorablemente.¡¡Jamás volvieron a España!!
-Dejáte de pálidas y vení que te presento a unos amigos... 2
Ya al pasar con el taxi, frente a un iglesia a la altura de Lugano, notó algo extraño para él. Camino más adelante por la General Paz, también la misma escena, pero multiplicada por cientos. Tal vez el cansancio del viaje y los tragos.
Personas, muchas personas inventando una cola que era como una escena del éxodo de Jujuy o del pueblo judío, miles y miles, vestidos de todos los colores, rojo,azul verde, con niños, viejos con bastón, jóvenes con barba, mujeres amamantando, hombres tomando mate. En todos un denominador común,la tristeza.
Corbi percibió algo raro, insualmente distinto y que nada tenía que ver con él..o tal vez si.
-Oiga, usted esas gentes que esperan allí.
-Un milagro, señor, un milagro...hoy es San Cayetano patrono del trabajo, y como aquí es lo que falta...ya ve.
-Puñetas...eso son son puñetas, que Santo ni que santo, mire usted esas pobres gentes, pan es lo que les falta...no imágenes de un santo... 3
......‹Sí. Pero mi abuela Emma siempre nos decía:‹A Dios rogando pero con el maso dando....Nadie de nosotros sabía su significado pero era tal la fuerza que empleaba en decirlo que también lo repetíamos cada vez que se podía. 4
Después de despedirse de su amigo en el lobby del hotel, Corbi subió a su habitación. La calefacción no funcionaba y al tratar de manipular el aparato, quedó con la perilla en la mano. Se desnudó dejando su traje desordenado sobre la cama, y tomó una ducha caliente que lo reparara del viaje. Curiosamente no tenía sueño, pero sí algo de cansancio. Pero este no lograba contrarestarle el entusiasmo por salir luego a recorrer las calles del mítico Buenos Aires que sólo conocía por los libros. Después de secarse y abrir una cerveza Quilmes del frigo bar, extendió sobre la cama un plano arrugado y marcó un itinerario de recorrido: El Mercado del Abasto, Rivadavia, El Congreso, La Plaza de Mayo, tal vez se encontrase con una manifestación de las madres encapuchadas, Constitución, El Parque Lezama que le recordaba sus lecturas de Sábato. ¿Existirá aun la Esquina Rosada de Borges? 5
Corbi se metió en la cama, y para su sorpresa, al encender su cigarrillo habitual antes de dormir, se produjo una explosión al prender su encendedor. Al día siguiente los policías se encontraban por todo el lugar. El resultado había sido un hueco en el caño de gas (intencionalmente), produciendo la muerte al instante de Corbi y otras 3 personas en la misma planta con 15 heridos más. Lo que no cerraba era el porque de esta explosión. Corbi era un simple almacenero en pleno paseo por Buenos Aires ni bien hace unas horas que arribaba. No se sabía nada de ninguno de sus familiares. 6
En Madrid la noticia no pudo causar más desesperación. Alguno de los directivos de la empresa ya lo había vaticinado hace más de un año, cuando la "aventura americana" estaba en estudio.
-Y ahora ¿qué vamos a hacer?, preguntaba Arturo intentando mantener la serenidad.
-No tengo ni la menor idea, susurró Juan mientras se retorcía los dedos mirando absorto por la ventana del piso 38 de Torre Europa. No cabía la posibilidad de presentarlo como un accidente ya que todos los periódicos del país se habían hecho eco de lo ocurrido.
-¿Ha llamado alguien a su mujer?.
Ignacio asintió desde su sillón. No podía dejar de mirar el sitio vacío enfrente de él. Corbi siempre se sentaba allí. El era el especialista en los momentos difíciles. Normalmente sus propuestas eran aceptadas por unanimidad, por eso, cuando decidió encargarse de la filial Argentina, nadie lo dudó ni por un instante.
-Creo que uno de nosotros debería ir a Buenos Aires, no podemos abandonar ahora. 7
-Mantengamos la calma, después de todo, ningún periódico, ni la televisión de Argentina o de aquí, han publicado nada sobre nuestra vinculación con Corbi.
Ignacio, sospechosamente calmo, con voz ronca, dice:
-Son treinta y dos millones en el aire, quedan en el aire, coño si siquiera sabemos donde están, que habrá hecho Corbi con toda esa pasta, si ni siquiera cabe en una maleta grande.
Arturo le contesta:
-Alguien debe ir y creo que ya, hay un vuelo nocturno a Buenos Aires, votemos a ver quién va a ver si encuentra los treinta y dos millones de morlacos que Corbi disponía para nuestra "aventura americana" y hagámoslo antes de que algún accionista comience a hacer preguntas que no podemos ni sabemos cómo contestar.
-Sí, y que alguien vaya a la casa de Corbi a sostener a su mujer, después de todo Manuel era uno de nosotros...no os quedeis mirando asi, pareceis lelos..
Uno a Buenos Aires, a lidiar con los sudacas, y otro a con la viuda...votemos. 8
Después de quedarse solo en su oficina, Ignacio comenzó a pasearse de lado a lado mientras aspiraba su habano mordisqueándolo y humedeciéndolo por su angustia. El era el gerente General del holding Entelsa, la mayor transnacional española, que no pasaba ahora por buenos momentos a pesar de las facilidades obtenidas con Aznar. Se sentó nuevamente en su escritorio y pidió a su secretaria que le comunicase con Rodríguez, el alcaide de la Prisión de Carabanchel. Nadie mejor que él le podría aconsejar a quién recurrir en un momento como este.
A la hora de almuerzo se reunió finalmente con el hombre. Se trataba de Jacinto Padilla, conocido en los bajos fondos como el James Bond de Algeciras.
Treinta horas después, Padilla se alojaba en un hotel de Avenida Libertador. 9
Padilla, de buen porte y fuerte personalidad, estaba en condiciones de resolver el enigma y de 'atender', cortés e integralmente, a la viuda, por difícil que pudiese parecer el trámite o las gestiones que estas acciones demandasen.
Padilla había descubierto espías, había sido espía de Oriente y de Occidente; de derecha y de izquierda; del Bloque Asiático y del Africano; de la CIA y de la KGB, como mercenario que era, sin rostro interior ni estatura identidaria.
No me gustaban los hombres como Padilla, pero, debo admitir, era el indicado para esta difícil ocasión.
Sin dudarlo, Padilla comenzó por 10
ir a la sucursal bonaerense del Chase Manhattan Bank a verificar si Corbi había hecho el giro de los dólares.Tal como sospechaba , la cuenta estaba en cero, Corbi había sacado el mismo día de su arribo los tres y medio millones de verdes. Aquí comenzaba la tarea mas delicada de su trabajo, averiguar quien tenía los dólares.
Haciéndose pasar por su pariente, se entrevistó primero con el cónsul, el que le informó acerca de las primeras diligencias policiales. Pero nadie sabía nada del dinero. 11
Mas tarde Molina se dirigió al lujoso Hotel Intercontinental de Moreno al 800 y pidió hablar con el conserje que había registrado a Corbi el día de su llegada, allí por el relato de Andrés conserje de la mañana, descubrió que Corbi había entablado conversación y tomado un café con el taxista que lo había transportado desde Ezeiza. El conserje hizo un retrato hablado del conductor en cuestión, bigotes, algo morrudo, nariz prominente, no muy alto y alegre.
Con esta descripción partió en un auto alguilado, hacia el aeropuerto Ministro Pistarini, por la autopista Ricchieri.
Pasaron rostros, voces, horas, café, diarios, cigarrillos y toda una noche, hasta que en la madrugada del jueves justo para la llegada del vuelo 7883 de Iberia, que arriba a las 06:40 hs de la mañana procedente de Madrid, un rostro anunciado, buscado, allí estaba..o por lo menos asi creía Molina, allí esperando pasajeros estaba el único hombre que había hablado con Corbi en Buenos Aires. 12
*(Jacinto Padilla y Molina, son la misma persona) 13
Jacinto Padilla, con su rostro bastante descompuesto por los efectos de la falta de sueño,el cigarrillo,el café y algunas copas de alcohol,se incorporó de su asiento y tratando de aparentar un aire de recién llegado,se aproximó al personaje en cuestión y le dijo-Perdón,si usted no está ocupado,necesito que alguien me lleve al hotel Intercontinental.
-No che,vení conmigo que aquí nomás tengo la máquina,me entendés,el "tacho",en fin,quiero decir el taxi,no sé si los españoles entienden nuestra jerga,porque ¿vos venís de España,no?
-En efecto, acabo de llegar,Jacinto Padilla,a sus órdenes.
-Alberto Ibañez,pero en el rioba me llaman Beto,quiero decir, en mi barrio,mis amigos,la gente que me conoce, soy El Beto para todo el mundo.
-Correcto, quiero que me lleve al Hotel Intercontinental. 14
En ese momento las miradas de Padilla y El Beto se cruzaron por el retrovisor. y Cuando Padilla vislumbró un brillo particular en el impenetrable rostro de El Beto....no dió tiempo su mano de llegar al interior del saco...sólo sintió que algo caliente resbalaba por su cuerpo, algo que lo laceraba...y pensó ...pero que podía pensar ahora...como en pantalla vió manos gigantescas y ruidos vociferantes que se agitaban alrededor y un sonido ululante que lo acompañó hasta quedarse dormido 15
-Ignacio,¿te has vuelto loco?,¿como se te ocurrió mandar a ese tipo a Buenos Aires sin consultarnos antes?,¿qué vamos a hacer ahora?. Arturo, no podía creer que esto estuviese ocurriendo. Dos muertes, y una de ellas de un sujeto poco recomendable. Si alguien lograba relacionarle con Entelsa todo estaría perdido.
-Arturo, calmate, nadie sabe que Padilla trabajaba para nosotros. Ha sido sólo una muerte más en las calles de una gran ciudad.
-Esto no tiene ningún sentido, repetía Arturo. Corbi debía organizar la filial argentina, ¿qué está pasando? ¿por qué mandaste a ese matón a buscar el dinero?. Ignacio, debiste ir tú mismo, es lo que acordamos.
-Arturo, ya es suficiente. Si no puedes mantener la calma será mejor que te vayas a tu casa. Mañana verás las cosas de otra manera.
-De eso nada, adonde voy a ir mañana es a Buenos Aires y tu vendrás conmigo. Prepara tu equipaje.
Ignacio no tuvo fuerzas para llevarle la contraria, quizás lo mejor fuese ir allí e investigar, personalmente, lo ocurrido. 16
Fueron preparativos complicados...
El viaje, penosísimo.
Por fin, Buenos Aires metida en una niebla tan espesa que parecía un cartón.
De ahí, al misterio...Pasos indecisos, avances y retrocesos y, luego, la luz orientadora de 17 Sylvia, ella era la secretaria de la oficina de Buenos Aires. Corbi debía haberse reunido con ella al llegar a Buenos Aires. También era la única que conocía todos los detalles del viaje de Corbi, se encargó de los billetes, del hospedaje e incluso debía de haber estado esperándole en el aeropuerto.
Sylvia era toda una mujer, en ese momento era justamente lo que Ignacio necesitaba, toda una mujer que le diese 18 respuestas. Sylvia se mostraba huidiza y desconfiada. Contestaba con preguntas y toda ella era un enigma, no habla más que lo estrictamente necesario. Buenos Aires olía a tierra mojada; la tormenta de Santa Rosa se avecinaba y con ella otra tormenta no menos iracunda. Soplaban los primeros vientos despeinando árboles y tirando carteles. Ignacio y Arturo, de camino a la oficina, se quedaron boquiabiertos con las colas de los que esperaban un milagro, al igual que a Corbi les mordía la curiosidad ante estas gentes tan coloridas y diversas. "¿Un milagro? -preguntó Arturo- 32 millones de milagros necesitamos nosotros". 19
Después de la entrevista con Sylvia, se fueron a almorzar a un restorán de La Recoleta. A ninguno de los dos les parecía que ella estuviese mintiendo cuando afirmaba que no había tenido contacto directo con Corbi. Sobre las actuaciones de Padilla no pudieron indagar porque su misión había sido secreta. Estaban nuevamente a fojas cero. Pero en algo coincidían ambos: los que tenían el dinero eran peligrosos y sabían lo que hacían. Tampoco podían pedir la ayuda de la embajada, porque la "Aventura Americana" era por definición una operación comercial non sancta.
De regreso a su habitación del hotel, Ignacio notó al abrir la puerta, que alguien había deslizado un sobre por debajo de la puerta. Lo abrió y adentro venía una nota escrita a máquina que decía: 20

LO ESPERO EN LA CONFITERIA DEL FERROCARRIL MITRE HOY A LAS 20 HORAS.
TENGA CUIDADO. YO SABRE CONOCERLO - AGATHA
.........21

¿Agatha?,¿Quién es Agatha?, comentó en voz alta Ignacio descolgando el teléfono y marcando el número de la habitación de Arturo.
-Arturo, esta noche no puedo bajar a cenar contigo, no me encuentro bien, debe ser el cambio horario.
-Vale, no te preocupes. Mañana desayunaremos juntos. Que descanses.
Arturo colgó el auricular y sonrió para sus adentros, él tampoco podía acudir a la cena, bajo su puerta había encontrado una nota citándole a las 20 horas en una vieja cafetería del Gran Buenos Aires. Sylvia le prometia información relevante. 22
El problema, era que a la larga, ninguno cumpliría aquella cita. A Arturo, una repentina enfermedad, le postraría en cama, y a Ignacio... uhm... el pobre suejeto sería encontrado ahorcado en su habitación, por causas que el inspector de la policía, describiría más adelante, como "suicidio. Simple y llano suicidio." 23

Buenos Aires parecía ignorarlo todo.
Sus ingenuas calles desgastadas de tantos pasos, ni podían imaginarse tal acontecimiento. Ausentes respiraban aire de tango, aire de futbol y en casi todas las intimidades domingueras, aire de mate y fatura.
Buenos Aires como siempre,como de costumbre escribía su historia borrando personajes. 24

Como en un torbellino se suceden los nombres: el gallego Corbi, Padilla, Molina, Silvia, Ignacio, Arturo y Agatha y.. pero ¿qué pasó..? Ya nadie se acuerda del gallego Corbi. Y nadie se acordará. La empresa desapareció como por un tragaluz total a Entelsa que le hace...y los empresarios...bueno. ¡Qué se yo..!
-Tal vez...sí, Agatha y Silvia las dos caras de una misma moneda. Bueno..no sé...este domingo ya terminaba y entre las cortinas se desdibujaba el lejano itinerario del gallego: el Abasto, el Congreso, la Plaza de Mayo y las Madres del pañuelo blanco. 25
Arturo, lentemente se recuperaba de una brutal descompostura que había dejado sus huellas en su rostro lívido, con profundas ojeras, una horrible sensación pastosa en la boca, la lengua saburrosa y una terrible sensación de debilidad en todo el cuerpo. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, se logró levantar para ir al baño, el encuentro consigo mismo ante el espejo le produjo estupor, casi a él mismo le costaba reconocerse. Se lavó la cara con jabón, frotándose de tal manera como si quisiera borrar esa expresión casi irreconocible de su rostro. Volvió a la cama, cogió el teléfono y marcó el número de la habitación de Ignacio, nadie respondió ,¿adónde habrá ido este cabrón sin avisarme?, pensó,llamó a recepción y la voz de la recepcionista lo sorprendió pensando en Agatha.
-Sí señor ¿qué desea?
-Quisiera saber si el señor Arturo Morteo de la habitación 208 dejó dicho dónde iba.
-Pero cómo, ¿no le informaron aún de lo sucedido?
-No sé de que me está hablando.
-El señor Arturo Morteo fué encontrado esta madrugada ahorcado en su habitación, lo siento, si quiere...
A Ignació se le cayó el auricular de la mano, un grito sordo subió de súbito desde sus entrañas y sus ojos parecían querer salirse de sus órbitas, del auricular seguía saliendo la voz de la recepcionista, pero Ignacio ya no escuchaba nada..... 26
Estuvo así, como ido durante un lapso de tiempo indeterminado, varias horas, tal vez días, imposible haberlo precisado entonces. Oyó a lo lejos unas campanadas de alguna vieja iglesia, como sonámbulo se descubrió a si mismo contándolas, eran 8. Las ocho, la hora de Ágata, la hora de la estación, tal vez allí encontraría respuestas.
Cogió su chaqueta y rápidamente se dirigió hacia allí. 27
Se sentía extraño. Pesado.
Su corazón, latía a un ritmo irregular y extraño.
Su mente estaba nublada.
Arturo... mierda. Agatha, soledad.
Sus pensamientos iban y venáian en una sucesión infinita y estúpida. Una sucesión fatua, vacía. 28
El mozo del clásico café de la estación, depositó frente a él un tercer café con su vasito de soda,comenzó a revolverlo nerviosamente,sin percatarse que no le había puesto azúcar,bebió un sorbo y el sabor amargo y fuerte lo sintió golpear an su garganta y su estómago,casi al unísono,heridos por la reciente descompostura,se distrajo unos segundos tratándo de recomponerse,cuando advirtió la presencia de alguien frente a él,con ansia y con un cierto temor,levantó la vista,allí estaba ella,la enigmática Agatha.Unos grandes anteojos oscuros ocultaban parte de su rostro,movió su boca generosa pero de labios finos para decir,-Hola Ignacio,yo soy Agatha, al tiempo que con un ademán femenino pero seguro apartó la silla y se sentó frente a él.Era una mujer corpulenta pero no demasiado alta,llevaba un traje color gris perla,sobrio,pero se notaba que no tenía el corte cuidado de una buena boutique,una blusa color lila y una cartera negra que retuvo sobre su falda.Su cabello era rubio ceniciento,recogido en un rodete que remataba en la nuca.Mientras la observaba,trataba de dilucidar el acento en su forma de hablar,pero no caía en cuenta,mientras su cerebro daba vuelta a mil por horas,dijo,casi con rudeza - ¿Quién es usted? ¿A que viene tanto misterio? ¿Cómo sabe quién soy yo? 29
Por dentro, la soledad.
Miraba a Agatha, y se preguntaba si acaso ella no era alguna especie de maniquí de la sociedad. Su cabello... su cabello acsó no sería un peluquín?
Un minuto. Dos, y tres.
- Estoy tan segura de que es usted, simplemente porque lo sé - respondió ella finalmente, antes de proseguir - no se preocupe de quien soy, es algo que al momento no le concierne, y no estoy dispuesta a dejar que usted lo sepa... al menos aún.
A Ignacio, aquellas palabras, le dejaron un sabor extraño y amargo en la boca; más, que el sabor del café con soda que acababa de tomar.
La miró fijamente a aquellos ojos que no podia descubrir, pero que adivinaba oscuros bajo los lentes, su mirada recorrió su rostro, y finalmente se detuvo en los recovecos de su memoria.
Su acento.
Era un sueño, o aquella chica, era de las antiguas secretarias de la empresa allá en Bacelona o Bilbao. Una de tantas que habían inmigrado en busca de un mejor futuro, y luego, se regresaron a su patria. 30
No supo por que le vino a la memoria aquella tarde lluviosa y fria de enero, cuando se reunió a comer con Corbi en el comedor del hotel Los Galgos,en pleno barrio de Salamanca, después de una reunión de negocios. Corbi,con un aire un tanto enigmático le había dicho -Ignacio,después de la reunión te invito a comer,tengo que hablar contigo. El y Corbi eran buenos amigos, siempre se contaban los problemas,los proyecos,en fin lo que les preocupaba o les alegraba del devenir de la vida,incluso hacían reuniones familiares.Ocuparon una mesa cercana a la ventana,al ver pasar a la gente arropada,con paraguas,ateridas de frio y lluvia,disfrutaban más del ambiente agradable y cálido del comedor.
-Y bien, que te está preocupando-preguntó Ignacio,advirtiendo un gesto nervioso en Corbi.-Estoy liado con una fulana hace unos meses,todo empezó como una aventurilla,pero se me está yendo de las manos,temo que Sara empiece a sospechar algo.-Bueno,no será para tanto,cortas y ya está,no te compliques la vida,o es que estás realmente enganchado -No,no es eso,pero no es tan fácil,es una secretaria del Area de Distribución de la Empresa,la relación empezo cuando... 31
ella llegó a trabajar después de mi reunión allá en Valladolid. No sabía quien era de modo que al principio fui renuente con ella, hasta que me acostumbré a verla...
empecé a desearla de un modo extraño de por si, pero nunca llegué a pensar que terminaramos liándonos.
- grave hermano, grave... - dijo Corbi - y ¿ahora qué? 32
y ahora debes atenerte a las consecuencias tio- le conteste yo, y alli fue cuando el me dijo: ah! sabia que me dirias eso, con ese apodo de "unforgivenner" que te pusieron en la oficina es logico que no le perdones nada a nadie.
Luego de esa conversación no se hablo mas del tema, sospecho que fui muy duro con él, despues de todo eramos amigos y yo no soy un metalero cualquiera.
Sabía volverlo a la vida era imposible y que únicamente podía averiguar quien lo había entregado a la muerte y si era necesario daría mi vida por saberlo.
Mientras que mi mente se remontaba en esta nube de ayeres, mis ojos miraban perplejos a Agatha como si pudiesen vislumbrar el misterio que se ocultaba detras de su pálido cuerpo. ¿Quien era esta mujer?.¿Que buscaba?¿Que conección tenía con la muerte de Corbi?.¿ Quien le había enviado al encuentro?
Agatha, un misterio entre mis manos, la escalera del acertijo no resuelto, el medio para hallar la causa de tantas vidas sacrificadas.
¿Porque no mori yo tambien?- le pregunté a Agatha, mientras mi pulso temblaba sosteniendo el cigarrillo pesado entre mis dedos.
Porque alguien así lo quiso- contestó ella, penetrándome con su mirada oscura y fría, y luego agregó- hasta ahora.
El cigarrillo murió entre mis dedos. Mi corazón golpeaba las paredes de mi cuerpo con desesperación, mis piernas casi inmóviles me dirigieron hasta la puerta del cafe. Comence a correr y correr, hasta que encontré un pasillo. Me detuve unos instantes. Luego comence a caminar lentamente hacia mi destino. El pasillo era eterno y me sumerjí en el sin saber que era mi muerte. 33

FIN

 

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