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La lista de invitados
(cuentito pobre y barrial)
(La historia comienza aquí)
Cuando uno está a punto de casarse, inconscientemente comienza
a realizar una especie de racconto-inventario de las personas
que quisiera lo asistan a uno en tal trance. Así pensó Andrés.
Imaginariamente mientras tomaba mate, la lista comenzó a formarse.
El rol parecía tener vida propia, crecía solo. Primero los del
barrio, los mas pegados los de la barra, a los luego la vida sometió
a una involuntaria diáspora. Abel Sanchez (Gallego), hijo del
panadero, hoy médico legista, incorregible bromista y primer conocido
en animarse a un tatuaje, vive en Liniers, dos chicos.
Daniel Astapiru (Lito) confesado hincha de Chacarita, vive en
Méjico y creo que es profesor en Letras, a veces nos escribimos,
no puede creer que me caso..el ya intentó dos veces.
Raul Saba, (Rulo) amigo de fierro, criador de perros de raza,
creo que vive en Paraguay, soltero, hace como quince años que
no nos vemos.
Mientras Andrés chupa suavemente la bombilla, la lista crece y
crece. 1
¿Adónde habré metido la libretita en la que anoté los números
de teléfono aquella vez que nos reunimos todos por el entierro
de Juancho?.....Ese sólo estará conmigo en espíritu....tan jóven...y
Vivian María a quién querrá invitar??...Espero no pase como en
el matrimonio de mi prima....que el primero en estar parado en
la iglesia fue el "novio" que tenía de lunes a viernes...porque
era casado...y como total, en la familia nadie lo conocía...el
tipo palideció cuando la vio entrar...y ella le dedicó su más
angelical sonrisa... 2
¡Y las chicas! Irina, la más bonita del barrio, de muchos barrios...
Licenciada en letras y gerente de una importante editorial en
España. Y Susana, el bichito de la vuelta. Le decíamos la cucarachita
por lo fea. Hoy baila en el Lido de París. Gracias a su primo,
el cirujano plástico, ahora es un avión. ¡Cómo no voy a invitar
a las chicas! ¿por qué quiero verlas? Pienso en ellas y un montón
de dudas me revolotean. La cucaracha... tendría que venir para
la despedida y en una de esas se queda para siempre... Era fea,
¡pero que mina! 3
Y en interminable desfile, pasan nombres como soldados anónimos;
algunos, sin relevancia; otros, realmente importantes para nosotros.Pero
yo estaba allí, a punto de casarme, sin saber muy bien qué era
eso del amor eterno, el "hasta que la muerte los separe", "tanto
en la salud como en la enfermedad" y otras "menudencias" capaces
de trastocar una vida entera...4
Tan insatisfecho con el conocido 'contigo pan y cebolla' como
se puede estar con el mismo pan y la cebolla, dispuesto a saltar
el charco pero sin la menor intención de mover la pierna derecha,
ni la izquierda, ni ninguna de las extremidades de mi cuerpo.
Ni siquiera la imagen prometedora de una botella de champagne
caro en la habitación de la "Noche de Bodas", podía movilizarme.
Tieso... No sabía bien qué representaría eso para mí, pues ella
estaba de blanco y yo me la imaginaba de negro y casi desnuda.
La sensación de herejía, del pensamiento pecaminoso me alejó del
altar, de la alianza y de la comunón. La maldita sensación de
la comunión, culposa y ambigua hasta la médula, otra vez... 5
Comencé a sentirme como el más hipócrita de todos los seres. Entonces
lo decidí. Tenía que hacerlo. Era algo que hace tiempo quería
hacer y debía hacerlo ahora, antes de que fuera demasiado tarde.
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Andrés se sirvió el último mate y buscó papel y birome. Tenía
que decirle todo, pero por escrito. Consideró que era lo más adecuado
para semejante situación.
Vivian María:
Comenzar esto a mis cincuenta años no me produce pánico. Pero
sí una especie de vértigo angustiante que dudo que pueda controlar.
Cuando imagino nuestra vida juntos, todo empieza a girar, la casa
que compramos, el dormitorio, la cama, vos y yo haciendo el amor,
la luz que entra por la ventana, y siento que caemos girando en
remolino, en un pozo que no tiene fin, como absorbidos por el
desagüe de una pileta. 7
Busqué un bolso, puse algo de ropa, saqué unos dólares que tenía
guardados en la página 101 de la Antología de Borges y las llaves
del coche...por suerte no había nadie a quien explicar nada...el
tráfico me demoró un rato hasta que logré salir a la ruta hacia
el sur...y entonces, me sentí extrañamente libre...me reía sólo....sintonicé
una FM... 8
Mientras que me conducía lo largo de la ruta, solo, en esa soledad
de un camino con principio y sin destino, pensé en la carta. Esa
carta que quién sabe si Vivian ya habría recibido. Sabía que Vivian
ya estaría en casa, y que seguramente se sorprendería de mi huida
y estaría tal vez leyendo la carta que había dejado sobre la mesa.
En ese momento me sentí un cobarde. Me atormentó el hecho de pensar
que la había perdido. Sin embargo, el hecho de estar en ese camino
hacia la expedición de lo que vendría me hizo sentirme joven.
La juventud.....pensé, tal vez aun no la he perdido. Siempre temí
convertirme en un ser calculador y atado por la rutina desgastante
en la que todos mis amigos se ahogaban. Sin embargo mi espíritu
deseaba pasión. Cómo explicarle a ella que no quería tocar lo
que toco solamente porque es lo que se puede tocar. 9
Vivian lo entendería, despúes de todo era ella la que me había
empujado a vivir. Cuando nos conocimos yo ya pasaba la treintena
y, sin embargo, nada en mi vida había sido espontáneo. Todo estaba
controlado por la estricta mirada de mi padre, un coronel jubilado
que trasladó a nuestra casa la dura disciplina del cuartel.
Vivian apareció en uno de mis innumerables paseos a la farmacia.
10
Era un momento difícil para mí, los treinta se me habían caído
encima y no sabía qué hacer con mi vida, me faltaban tres exámenes
para recibirme de geólogo y sólo había trabajado en un fast-food
durante seis meses, mi novia de toda la vida me había dejado por
un cocainómano que trabajaba en una empresa de teléfonos.
Yo iba todas las semanas a esa farmacia a comprar antidepresivos,
era un trapo y ya no creía en nada. Me siento peor; ¿y si la llamo
y le digo que fue un chiste? 11
¡Qué diablos, no hay nada que hacerle! Es así no más, así es la
vida, está plagada de idiotas que se arrepienten. Curioso, no
creo arrepentirme, creo estar decidiendo por primera vez en mi
vida. Una canción de Almendra. Démosle más volumen, que suene
fuerte. Abramos la ventana. Eso, que el viento nos golpee la cara
para sentirnos vivos.
Hoy por fin soy libre.Voy comprendiendo -finalmente-, el significado
de ese montón de frases hechas que repetí desaprensivo en los
consejos para los amigos. Creo que los traicioné, les hablé de
asuntos que conocía sólo en la piel, nada de médula,de tuétano.
Apariencias, sólo apariencias. Si hasta casi es posible que me
haya querido casar a mi edad para evitar los rumores... 12
¿Cómo puedo estar tan confundido?...ni yo me creo lo que estoy
haciendo...y bué...más vale que se decepcione ahora y no más adelante...Pero
¿qué es ésto?. ¿Miedo?. ...¿A qué?...Espero llegar antes de que
anochezca a Necochea....¿Será la cara de desaprobación del "Coronel"?....lo
estoy viendo...cómo pude ser tan pendex toda mi vida...que aún
ahora me acuerdo de la cara que ponía cuando algo que hacíamos
no le gustaba...ni una palabra, ni un grito...sólo esa mirada
dura y desaprobadora....Solamente Martina le hacía frente... 13 con esa fiereza calma que le otorgó el haberse criado sola, con
unos tíos a los que nunca había visto antes, y las peleas a puño
limpio con sus primos varones, siempre encaró al Coronel sabiendo
que lo podía. La "generala" Martina, subordinación y valor Coronel,
que bastante jodida me hizo la vida, y si rio es porque usted
se sigue pareciendo a Curly.
Voy por la ruta dos hacia el sudeste, hasta las "Playas del suave
declive" como decían antes los necochenses, el velocimetro marca
140 Km, y la noche comienza a tragarse de a poco todo el paisaje,
comienza suavemente a llover, y no tengo demasiada conciencia
de donde estoy.
La lista, la bendita lista, que se expande ocupando cada pliegue
útil de mis pensamientos casi me impide pensar en otra cosa...14
Rol, lista, encadenamiento incoherente de nombres, apellidos,
historias...conforman un texto sin sentido, pletórico anacoluto
que nada le dice a nadie que no seamos nosotros, los que, amando
la vida, tenemos la osada pretensión de ¡¿'unirnos para siempre'?!
Pienso en la playa del suave declive...
En el mar, más pardo y con ira frecuente que evoco de Necochea.
Me alienta pensar que, al verlo juntos, el paisaje se tornará
más claro, más azul, más prometedor y, porqué no, menos colérico.
Entonces, otra vez la lista de invitados, parece tener cierto
sentido... 15
A mitad del camino a Bahía Blanca, tomé por una ruta de tierra
que conocía bien, pero que hoy parecía abandonada. Ya estaba amaneciendo
y una fría y azulada neblina tapaba el horizonte. Hasta que ví
el portón del campamento. ¿Cuántos años habían pasado desde que
apresuradamente tuvimos que abandonarlo al termino de nuestra
patrótica misión?. Empujé con la punta del coche hasta que cedió
el herrumbroso candado y me detuve al lado del sector de las barracas.
Me asomé por la ventana, y mi oficina, donde ejecutaba los interrogatorios
especiales, se veía tal cual como la dejamos. Por esa puerta había
entrado Vivian María aquella mañana de 1977. La habían detenido
la mañana anterior junto a otros estudiantes en una redada en
la universidad.
Lito, que era subteniente al igual que Rulo, eran mis ayudantes
y cuando la trajeron ante mí me hicieron un guiño. Para ellos
todo era un juego, un juego en una guerra extraña, donde los prisioneros
eran iguales a nosotros, salvo que no vestían uniforme.16
Nada más verla recordé su rostro. Si, era la muchacha que me encontraba
tantas mañanas en el paseo frente a la antigua botica. Nunca había
hablado con ella, pero nuestras miradas se habían encontrado más
de una vez mientras yo solicitaba mis tranquilizantes y ella esperaba
la preparación de un extraño ungüento para suavizar sus manos.
Y ahora, allí estaba, frente a mí, detenida por gritar consignas
libertarias en una manifestación en el hall de la universidad.
Creo que ella también me reconocio porque sus ojos fueron de los
míos hasta el suelo sucesivamente ...
-Por favor señorita, sientese. Mi voz no sonó autoritaria y cruel
como en las demás ocasiones y me di cuenta que Lito y Rulo me
observaban entre divertidos y asombrados.
-Si no le importa prefiero permanecer así.
Por primera oía su voz. Nunca nada había sonado igual en mis oídos.
Dulce y desafiante a la vez. Noté que me temblaba el pulso cuando
casi en un susurro ordené
-Siéntese.
Debía mantener la calma.
-¿Su nombre?
-Vivian María Martín.
-¿Edad?
-Veinte años. 17
Los recuerdos se agolpaban en su mente; el interrogatorio, la
inusual entereza que mantuvo Vivian, las miradas interrogadoras
de Rulo y Lito cada vez que él, con una inhabitual amabilidad,
le acercaba un vaso de agua ... Y ahora él estaba escapando de
ella. Cuando comenzó a confeccionar la lista de invitados no pensó
que poco después saldría huyendo. El último nombre que escribió
parecía haber disparado en él algún recóndito resorte que le llevaba
al abandono.
Comandante Julio Quijada de Montero. ¿Cómo era posible que, aún
hoy, se sintiera obligado con él? ¿Después de lo que le había
hecho a Vivian? ¿Qué importaba si, ahora, era el esposo de Martina?
-Maldita sea, pensó, nunca lo he superado. 18
Sorpresivamente los recuerdos le atacaban por la espalda, un desconocido
sudor frío ahogaba cada una de las células de su piel, esa piel
que desde siempre había servido de frontera entre su ser y el
mundo. Trató de dominar esa irrespetuosa insurrección emocional
pero era tarde, mientras el amor invadía el flanco izquierdo de
su humanidad, el deseo había tomado por entero la columna de los
pensamientos hábilmente parapetados tras una férrea educación
militar.
El alma comenzó a temblarle y él tembló con ella, por primera
vez supo de su exsistencia, por primera vez le gritó desde adentro
y por primera vez, en vez de pensar sintió... 19
Una helada brisa costera hacía golpear un portón de lata contra
las tablas de una de las barracas. el ruido que hacía me despertó
de mis profundos pensamientos. No podría haber definido que sentimiento
me embargaba al recordar todo lo sucedido. Miedo, tal vez, miedo
a excavar en las profundidades de mi conciencia, miedo a sentirme
cómplice. Yo no la había matado, ni Lito ni Rulo. La mató Videla,
el sistema, ¡que sé yo!...
Me dirigí caminando lentamente hacia la quebrada. Allí donde estaban
las fosas. Era un escondite perfecto. árboles achaparrados por
el viento, el coirón tupido y amarillado por la lluvia ocultaban
las zanjas de la muerte. Mientras bajaba por la barranca, recogí
mecánicamente algunas flores silvestres, hasta que llegué al pié
del blanco peñasco que yo mismo puse para marcar el lugar. Adiós
Vivian. 20
Sí, ahora, con el paso de los años y de los acontecimientos, comprendía
perfectamente que aquel amanecer de 1977 todos habíamos muerto.
Después de lo sucedido aquel día la vida fue para nosotros un
simple transcurrir horario. Nada tenía sentido. Lito, Rufo y yo
mismo, fuimos incapaces de seguir adelante como si nada hubiese
pasado.
Todas las tardes yo volvía al "lugar del accidente" como eufemísticamente
lo había descrito Rufo en su informe. Allí, recordando a tantas
y tantas Vivian, rezaba a un Dios que estaba seguro nos había
abandonado.
Vivian no fué la única. Ni siquiera fué la última. Mecánicamente,
día tras día, seguíamos "cumpliendo con nuestro deber". ¿A quien
le importaba que después de cada interrogatorio yo me sintiese
aún más muerto? ¿Qué derecho tenía yo a quejarme?.
Vivian María Martín, veinte años. Desaparecida.
¿Cómo podía olvidarlo? y ¿cómo podía, a pesar de todo, sentir
que algún día la encontraría?. Vivian no había muerto. Eso era
lo único que aún me mantenía en pie. De allí se la habían llevado
aún viva. Yo fui quien la recogí del suelo y la amontoné, junto
a los demás, en aquel sucio camión que nunca sabíamos hacia dónde
se dirigía. Después me arrodillé, allí donde ella había caído,
y marqué el lugar con un blanco peñasco.
Habían pasado veinte años y hoy, de nuevo, estaba llorando por
ella.
No quería creerlo, después de tanto huir de mis recuerdos allí
estaba de nuevo, y todo por no enfrentarme a ella. Entendí que
el perdón que yo necesitaba no era el de Vivian, era el mío, y,
Dios mío, aún no puedo perdonarme por lo que hice. 21
Cómo perdonarme ahora cuando el perdón de los demás condena mis
días y tortura mis noches, ahora cuando las sombras de mis muertos
viven mi vida, embargada por sus sueños.
En nombre de los hombres ni siquiera puedo condenarme, aquellos
muertos, sus gritos,y los gritos de sus vivos, continuarán eternamente
matándome, viviendo. 22
Quisiera hoy no creer en Dios, tal vez no sufriría tanto,porque
si es que existe, jamás me perdonaría.Quizás ahora en este laberinto
infernal en el que me encuentro, pueda volver a ser el ser que
soy y que hasta ahora muy pocas veces he sido. Trataré de comprender
lo que alguna vez me dijo un viejo gaucho en una de mis correrías
en Tucumán : Hijo, los muertos tan sólo viven en el recuerdo de
los vivos, y su recuerdo tiene que ser bello y escazo. Pienso
que tengo que encontrarla, postrarme ante su lápida y cogitar
concienzudamente sobre todo lo que pasó para así poder purgar
esta agonía infame.Después de todo si es que existe alguna otra
dimensión(cielo,infierno o lo que fuese), Vivian y yo nos quemaremos
para siempre. 23
El viento seguia y mis pensamientos no paraban de atormentarme,
¿me lo merezco?, no lo sé. Pero no puedo dejar de sufrirlo, no
puedo discutir ni negar un hecho de mi vida, no puedo olvidarlo
ni siquiera una maldita noche, esos gritos me van a condenar hasta
siempre jamas, en especial el de ella. Yo no quize, no tuve opción,
era ella o yo.
En ese mommento mi egoismo era más fuerte que mi amor, pero mi
amor, que es de mi amor ahora. ¿Donde fue a parar? 24
Regresoal auto, le doy arranque, enciendo la radio y esta comienza
a desgranar las estrofas de una canción de Baglieto, sin darme
casi cuenta, aprieto el acelerador, la aguja del velocimetro vibra
con la demanda desacostumbrada de velocidad...mas..mas...mas...
Una luz muy potente aparece en la curva anterior al puente colgante,
por un instante me enceguece, golpeo el freno con deseperación
y el auto comienza a derrapar en la barrosa banquina..y como en
una película fuera de velocidad la lista désfila en mi mente,
con nombres conocidos.
-Diarios...diarios, con el nuevo millonario del loto...diarios
con el empate de Racing en la copa...diariooos un auto se desbarranca
y cae en el Río Quequén, no hay sobrevivientes....diario Ecos
Diarios de hoy últimas noticias.... 25
Por suerte los diarios, como de costumbre, se equivocan.
En el momento del accidente sin saber como ni porqué la puerta
del conductor se abrió, así fue como Andrés se salvo de milagro.
Por lo visto Dios no se olvidó de él.
Maltrecho y cojeando decidió ir al bar más cercano a disfrutar
de su nueva vida, y que mejor forma de empezarla sino con un buen
tequila y una cerveza bien fría.
Entro al bar, se sento y las pocas miradas cayeron sobre el como
un agulia que fija su presa.26
Eran ya casi las nueve de la mañana, y la luz débil del sol se
colaba por entre los cristales opacos de condensación de esa fría
mañana. Pero el accidente le había hecho cambiar, lo había convertido
en un nuevo hombre, mas viejo tal vez, pero libre de los tormentos
de sus culpas del pasado. terminó de fantasear con el fantasma
de Vivian María, ahora tenía claro que estaba muerta, tan muerta
como el pasado que estaba enterrando esa mañana. Se metió las
manos al bolsillo de su saco. En uno tenía la arrugada lista de
invitados, en el otro, un billete de cincuenta pesos. pagó su
café con tostadas y se dirigió caminando al terminal de omnibus.
Tomó un billete de regreso a la capital. Pasado el mediodía llegó
a su destino. Subió lentamente las escalinatas de la seccional
de policía. Al actuario que le tomó la declaración no le dijo
mucho. Le dió las señas del lugar de la fosa y le pasó la lista
de invitados. 27
FIN
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Muchísimas gracias a todos los que colaboraron en este cuento.
Ellos son:
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1. José Fernández Quintela (jfernandez@telefe.com.ar) desde IP 200.16.211.180 el 11/08/98.
2. Cris (dempaque@telcel.net.ve) desde IP server03.t-net.net.ve el 11/08/98.
3. Norma (pablosym@hotmail.com) desde IP 200.26.81.115 el 11/08/98.
4. Eve Baili desde IP pppd30.citynet.net.ar el 11/08/98.
5. Laura Sanucci (manelma@yahoo.com) desde IP central.gba.gov.ar el 11/08/98.
6. Maria Eugenia (maruclar@hotmail.com) desde IP nppp84.overnet.com.ar el 11/08/98.
7. Estela Consigli (ecmi@dynamo.com) desde IP proxy.fibertel.com.ar el 12/08/98.
8. Cris (dempaque@telcel.net.ve) desde IP server03.t-net.net.ve el 12/08/98.
9. Maria Eugenia (maruclar@hotmail.com) desde IP nppp109.overnet.com.ar el 12/08/98.
10. bachita (bmayo@itc.cimd.es) desde IP 194.73.29.69 el 13/08/98.
11. Raquel (raquel1971@hotmail.com) desde IP 194.243.51.103 el 13/08/98.
12. alen (alen.pinar@com.udp.cl) desde IP invap21951cem.cce.udp.cl el 13/08/98.
13. Cris (dempaque@telcel.net.ve) desde IP proxy01.t-net.net.ve el 13/08/98.
14. J.A-Fernández Quintela (jfernandez@telefe.com.ar) desde IP 200.16.211.180 el 13/08/98.
15. Eve Baili desde IP 200.32.16.69 el 13/08/98.
16. Juan Carlos Ruiz Godoy (jcruiz@entelchile.net) desde IP dialtnt243.entelchile.net el 13/08/98.
17. bachita (bmayo@itc.cimd.es) desde IP 194.73.29.69 el 14/08/98.
18. Bachita (bmayo@itc.cimd.es) desde IP 194.73.29.69 el 17/08/98.
19. Ruben Molina (rmolina@maptel.es) desde IP abonado-195-53-45-206.cat.es el 18/08/98.
20. Juan C. Ruiz G. (jcruiz@entelchile.net) desde IP tch34-113.entelchile.net el 19/08/98.
21. Bachita (bmayo@itc.cimd.es) desde IP 194.73.29.69 el 19/08/98.
22. Ruben Molina (rmolina@maptel.es) desde IP abonado-195-53-40-119.cat.es el 19/08/98.
23. Juan Carlos Bustamante Velarde (a9808591@palas.pucp.edu.pe) desde IP e27laboa.miclab.pucp.edu.pe el 20/08/98.
24. Itay stawski (efimero@hotmail.com) desde IP proxy.coqui.net el 20/08/98.
25. jose (jfernandez@telefe.com.ar) desde IP 200.16.211.180 el 20/08/98.
26. Itay Stawski (efimero@hotmail.com) desde IP proxy.coqui.net el 20/08/98.
27. Juan Carlos Ruiz G. (jcruiz@entelchile.net) desde IP wc1.entelchile.net el 20/08/98.
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