La muerte arroba

cuento colectivo

 

(La historia comienza aquí)

-El caso es, míster Cadwell, que quien ama la vida, al mismo tiempo ama la muerte.
-Llámeme Sefton, Macedonio, no sea tímido. Respecto a lo que acaba de decir, creo que requiere de una argumentación más convincente. No se puede amar la muerte queriendo de veras la vida, explíquese usted.
-Digo que para vivir se debe tener algo o alguien por quien morir. Sino es así la vida pierde sentido, no se justifica.
-¡Pero es usted un romántico! Personalmente, no necesito motivos para morir, sino para vivir. No soy ni quiero ser un héroe.
Guardaron silencio. Fernández miró al inglés y se dijo que por algo era europeo, que por algo su civilización tenía varios siglos más que la suya. También pensó que esa conversación no tenía inicio, ni tendría fin, imaginó que ambos representaban más que a dos sujetos extraños viajando en un trasatlántico llamado "Duggu Van III". Inclinó el cuello hacia atrás y vio un pelícano, ya llegaban a Valparaíso, al bar "Cinzano", al "J.Cruz", al casino de Viña, luego el Callao y mucho después California. Pensó en la embriaguez del vino y las mujeres chilenas, en la posible pelea y se dijo que curiosamente todo aquello estaba vinculado a la conversación.1

¿Cuándo es que la muerte es capaz de enajenarse como para que la llamen como la conjugación en tercera persona de su sinónimo? ¿Cómo es posible que la muerte se convierta en una cuarta parte de un quintal, o en 25 libras, o en 11 kilos? Algo en esta expresión zumbaba por mi cabeza.
No sabía exactamente que podría ser una "muerte arroba", o que podría ser que la muerte arrobase, pero sí sabía que cuando muriese quería morir con una muerte tan exclusiva y mística como esa.
Me estremecía el sólo pensar en los titulares: "Edgardo Petruzza, afamado criador de conejos, sufre una muerte arroba", o, "Arroba la muerte del Sr. Petruzza, biogenetista"
Me encantaba imaginarme las caras de ignorancia de los lectores ante esa palabra que traía a la mente una sola cosa: la dirección de un correo electrónico. 2
Tal vez imaginé una vida de mentira. La irrealidad del ciberespacio, o suprarrealidad, o tal vez tan solo surrealidad coincidía con la idea de una muerte irreal o supra o su. Si realmente el ciberespacio existía también debía morir, "todo nace todo muere" lagrimeaba Darwin. Si los entes que existían en el ciberespcio eran reales o supra o su, también tendrían una muerte real o supra o su. Desde ese momento comencé a pensar en la idea de que sólo era un ente ciberespacial. Que conformaba uno de los miles de bytes que alguien programaba en el orden que quería en una especie de realidad virtual. ¿No sería acaso demasiado egocéntrico pensar que yo era el único o el primer eslabón de la cadena? 3
La muerte, la muerte. ¿Qué será la muerte?. ¿Será sólo una palabra en el vaivén de mis memorias?. Ahora recuerdo algo que antes no se me había ocurrido pensar. A lo largo de mi infancia, me crucé con varias muertes. Primero la muerte de tía Enriqueta. ¡Enriqueta! ¿te acordás?. Logro fijar un momento estático en el cual se mecía en esa silla mientras oía el crujido de las patas contra el piso de tablones de madera vieja. En retrospectiva, reconozco que era una tía muy particular. Me acuerdo de haber abierto la heladera en varias ocasiones y encontrarme con sus anteojos de vidrio verde apoyados en un platito. En esa época ya había comenzado a perder la memoria, y pasaba horas buscando esos malditos anteojos que le eran imprescindibles y que no recordaba haber dejado olvidados alli. Pobre Enriqueta!. Siempre en esa silla y con ese libro de Agatha Christie que había leído mas de tres veces a lo largo de sus últimos dos años de vida. Me acuerdo que una navidad decidimos con Pablito hacerle un regalo, y, muy pícaros y creyendo salirnos con la nuestra, le robamos su libro viejo de Christie y lo envolvimos en un papel de regalo que había quedado de la navidad pasada. Cuando llegó el día, Pablito y yo nos acercamos a darle el presente. Sabíamos que jugar con la locura de la pobre no era ningún chiste para el resto de la familia. Enriqueta abrió sus ojos de miope y desenfrenadamente rompió el papel color sepia. Luego, dijo: Gracias, gracias hace tiempo que quería leer este libro!. Pablito y yo no nos reimos, es más, nos asustamos de la tía y pensamos que tal vez ella sabía que la habíamos engañado. Luego de eso, durante el resto de vida que le quedaba no volvimos a molestarla. La última vez que la ví, fue cuando yo tenía 8 años. Ya para ese entonces sabíamos que mucho tiempo no le quedaba. Había comenzado a peinarse con el cepillo de dientes. 4
Todos trataban de explicarme, con torpes palabras y absurdos diminutivos, que la tia Enriqueta se habia ido a un lugar mejor lleno de angeles y querubines desde el que nos miraria con dulzura, pero mi mente infantil no comprendía como la tia Enriqueta lograría salir de esa oscura caja y elevarse por la habitación. Ella nunca se habia levantado por encima de nuestras cabezas y ¡querían hacerme creer que ahora iba a volar!.
Distinto fue lo de Malena, cuando la vi en aquel ataud, forrado de seda rosa, ya parecia levitar. Estaba tan bella, su cara conservaba aquella sonrisa de corales que tanto me atraía. La muerte debía ser un hombre, un hombre muy astuto que se llevaba a Malena para hacerla suya. Aún recuerdo cuando me explicaba, entre risas y susurros, lo de la misteriosa arroba. 5
Al mencionar el "J.Cruz", Fernández recordó el cántico espiritual de San Juan de la Cruz y la mística erótica de Malena. Malena era una hoguera de desordenado fuego pasional en cuyo centro ardía una serena y límpida llama de amor vivo espiritual.

- Tránsito, arrobo, deliquo y éxtasis - acababan de hacer el amor y ambos miraban desvaidamente al techo cuando oyó como la voz siempre cálida y todavía algo entrecortada de Malena le enumeraba las fases del místico trance - la muerte arroba, Macedonio - continuó Malena - la muerte es el tránsito, no se puede llegar al éxtasis sin morir porque las tres últimas fases místicas pertenecen a la otra vida.

La voz de Malena tomó un matiz fanático al hablar de la muerte y Fernández sintió un vahído, una sensación que era ominosa y atractiva a la vez. Luego, la voz de Malena continuo mas confidencial si cabe, pero sin perder aquel matiz fanático - Santa Teresa vivía sin vivir en ella, su trance era una pequeña muerte, una pequeña muerte de la que los místicos vuelven todas las veces menos la definitiva. Así se puso de moda en Francia llamar al orgasmo, "la pequeña muerte", una pequeña muerte que nos arroba.

Y eso parecía al contemplar su cadáver tan distinto del de la tía Enriqueta, parecía que la muerte arrobaba el cadáver de Malena como si estuviera disfrutando de una callado y profundo orgasmo en el que un atento amado la estuviera desmenuzando en un abrazo eterno con la intención de besarle hasta su último intersticio.

Fernández miró a Mr. Cadwell y supo que la pelea era inevitable porque ninguno quería evitarla, eran mas que dos deudos que acompañaban contritos el ataud de Malena para enterrarla en California como era su último deseo. Ambos habían amado a aquella mujer que conocieron a través de Internet en la misteriosa dirección muerte@hotmail.com, y ambos pensaban que el otro la había asesinado... 6
"Dejar el cuerpo en California", se dijo Fernández sonriendo para sí, mientras descendía. Malena tomaba determinaciones siempre imprevistas. ¿Habría salido alguna vez del arrabal? ¿Conocería acaso California o tal vez quería ir a descansar allá para siquiera muerta hacer el viaje?
Cadwell debió haber sido su amante, pensó y la idea no lo molestaba. Pero si lo inquietaba el hecho de que el inglés no bailara tango, que no tuviera misterio, que fuera de una flema desabrida. "Hay dos tipos de ingleses, se dijo, los estúpidamente flemáticos y los psicópatas, los Jack, los asesinos múltiples de prosapia real. De nuevo pensó en la muerte. Miró el nombre pintado en el barco:
"un cuento de Cortázar, del 37. Tengo que comentárselo a Donoso y en Perú a Vargas Llosa".
Cadwell desde el puente lo observaba impasible. Él no bajaría, no correría el riesgo, no era parte de su naturaleza jugarse entre la fauna salvaje de los puertos, prefirió la burla fácil:
-¡Vaya, Fernández, déjese arrobar por la muerte, mire que por esas calles anda seduciendo ebrios y prostitutas! 7
Fernández, pampa adentro, no tiene intención alguna de dejarse embelesar,captar, o hechizar por nadie, sólo por ahora muchas ganas de llegar al Callao, antepuerto de piratas y expediciones fallidas, lugar donde expiaron falsas culpas los marcados por la inquisición, presiente que sabe llevar la media arroba rioplatense, y se siente ganador
Cadwell, está suponiendo que las ondas de pelo oscuro de Malena, también fueron acariciadas por Macedonio, pero su atávica flema no le permite mostrar emoción alguna, apoyado sobre la banda de estribor, mirando a puerto, sus ojos celestes parecieron lanzar chispas.
-Sefton, baje usted nomás, yo prefiero el aire de mar, dicen que es más saludable... 8
-Disculpe, señor, pero su misión es en extremo delicada y no me siento capaz de reemplazarlo.
Cadwell pareció no escucharlo y continuó ese diálogo con sabor a sal que había entablado con el mar, menos calmo que otras veces... 9
Será el pelo moreno de Malena más furioso que este mar, será, al menos, más profundo?. Tal vez su piel morena sea un rasguño de furia provista por la inmensidad de un sol que no se atreve a brillar. Lo cierto es que Malena sabía de bocas jugosas, de labios densos, de pieles tibias, de sábanas mezcladas, y el mar no hacía más que devolverla y llevarla denuevo... 10
En realidad, amar a Malena fue un poco como hacer turismo a un cuerpo meridional, un viaje de explorador británico a carnes desconocidas y nada vírgenes. Hubo bastante de curiosidad en su relación, pero Cadwell no comprendía bien a aquella mujer tan distinta, no solo porque era mujer, sino también porque era latina. Para Fernández, parecía ser mas fácil entenderla y se había aprendido las frases de Malena de memoria: "para vivir se debe tener algo o alguien por quien morir", era la misma frase que un día le susurró Malena al oído con una pasión que ninguna británica hubiera podido igualar; y que distinta era esa frase pronunciada por Fernández, en el sensual aliento de Malena la frase le pareció lógica -tal vez porque en ese momento le hubiera gustado morir por ella- sin embargo, la misma frase pronunciada por Fernández sólo era un grito de crispación, la crispación que ambos sentían por haberla perdido, la crispación que les había embarcado en aquel extraño periplo hacia California... esa misma crispación que les empujaba, sin ningún sentido, a retarse como garañones por poseer a una mujer que ya nunca podría pertenecerles... estaba deseando medirse con Fernández, aunque solo fuera por saber cual de los dos tenía mas derecho de propiedad sobre el recuerdo de Malena, aunque solo fuera por saber si hubo algo mas que curiosidad en su relación con ella, aunque solo fuera por acabar con aquella crispación, pero quería escoger el campo de batalla: en aquel puerto tan extraño para él como Malena, Fernández jugaba en casa. 11
y piensa que "no todo es vigilia con los ojos abiertos", se dice...si llego vivo al Callao, porque no a Puerto Colombia o Barranquilla y después a California.
Malena noches calientes, días con brío, canta el tango como ninguna antes ni después, Malena te extraño, flotando etérea desde tu última estación.
Sefton Caldwell, toma la mano de Malena en un trance tanguero entre el profundo arrabal y Liverpool, y no logra entender la relación Feernández, arroba, tango.com y este deseo final sin vino ni sol de California, sólo una falla fatídica con nombre de santo. "Para vivir se debe tener algo o alguien porque morir", el Pacífico tiene su razon para vivir... su niño y niña, porque no me dejó a mi a Malena ,ese instante lo encuentra poco sereno a Sefton Cadwell, mientras el mar se pone iridiscente frente al puerto de Iquique. 12
Malena tenía todo y no poseía nada. Era la luz de la noche y la oscuridad del día, era el agua en la sequía y la tormenta en la calma, era el Pacífico y Europa, era montaña y llanura, era ..., era el todo y era nada.
"Para vivir se debe tener algo o alguien porque morir", ella parecia haber encontrado ese algo, era capaz de hallar, hasta en las cosas más nímias, un alma que, para los demás, pasaba desapercibida. Y alguien ..., ojalá fuese yo ese alguien.
¿Hay algo más hermoso que dar la vida por el ser amado?.
Malena ha muerto por mi, se repetia Cadwell casí como en un mantra que resonaba en su mente haciendo imposible cualquier otra reflexión. Por mi que no vi su luz en mi vacio, su humedad en mi desierto, su Pacífico en mi Europa.
-¡Pobre Cadwell! exclamaba Fernández cada vez que este, balanceándose en la cubierta del barco, repetia casi en un susurro; "Malena, no lo hagas".
La llegada a California no pudo ser más destructiva. En el muelle, esperando a Malena, como si aún estuviese viva, se encontraba James Green. Su mejor amigo.
Él era el único que conocia todo de ella, hasta imaginaba que su ataud estaría forrado de seda rosa.
- ¡Que ironia!, también era de seda rosa el vestido que llevaba la primera vez que la ví, exclamó James con una mezcla de alegría y amargura que no fuimos capaces de entender.

Seda rosa, raso blanco, terciopelo rojo y tafetán negro, siempre era igual.
Para Malena todo era siempre igual. La rosa seda era el amor, el blanco raso la hacía parecer aún más triste cuando lloraba, el rojo terciopelo la acompañaba en sus momentos de locura y el negro tafetán ... sólo una vez James la habia visto vestida de aquel modo. No podía recordar el año exacto, pero si el día, 24 de junio. 13
el día de Juan Bautista "Ecce agnus dei".¿Malena, no sería Salomé?. La Salomé de Sefton-Macedonio.
Y ahora este inesperado amigo que parece saberlo todo, que allí parado sonrie enigmaticamente, recordando a Malena-Salomé, la cabeza de quién James..de quién?
Cuatro marineros de blanco, bajan a la tierra de California,con un sol en lo alto como una naranja deslumbrante, el cajón de Malena-Salomé. Está cubierto por una bandera azul noche, con lunas llenas y soles ardientes, o tal vez será una sábana, una preciada pieza de amor con noches de velas y besos húmedos.
La muerte arroba punto com. La muerte para quien ama la vida, aun con el sol de California que raja la tierra, es la vida arroba punto com. Por siempre. 14
Arrobada la muerte y arrobada la vida, sin sabr cuál es el bendito color de todo aquéllo.
Súbitamente el cajón cae, el cuerpo inerte de Malena no para de rodar, y rodar, y rodar...
Se sumerge una vez más quién sabe en qué profundidad, pues ahí es donde la conduce la muerte arroba. Como si el deseo de libertad más sublime venciera, inclusive la ley del entierro. Dejadme ante la luz, dejadme ser eternamente morena, dejad que los gusanos me desintegren encima y no debajo, dejadme ser arroba, por primera y última vez... 15
James no podía creer lo que estaba sucediendo. Malena se escapaba de nuevo, huía en un frenético frenesi de voces alarmadas por la tortura que suponía enfrentarse, cara a cara, con el cadáver de alguien tan inesperadamente bello. Rodaba y rodaba pareciendo querer sumergirse en el agua sucía y oscura del puerto. El muelle 78. Malena cayó a las aguas del muelle 78 mientras Cadwell intentaba, inutilmente, aferrar su cuerpo a la tierra, a la vida, porque sabía que en el Pacífico la perdería para siempre. Ni siquiera le quedaría el consuelo de una fría lápida para visitarla, para llenarla de flores violetas el día de su cumpleaños, para enterrar, junto a ella, desesperados poemas de amor y de odio. Ahora pensaba que siempre la había odiado. El amor y el odio, ¿no había sido lo mismo?.
En el agua, Malena parecia diluirse en un remolino de brillantes estelas, y él miraba. Macedonio lloraba en un extraño llanto sin lágrimas. 16
Y no, no es lo mismo el odio que el amor, como concepto es turbador por lo menos, para mi no es la misma canción es otra, tal vez en el mismo tono, pero con distinta letra.
Cadwell a esta altura del relato no sabe si la odio o la quiso.
Fernández no puede llorar.
Paremos un instante el relato, para hacer un pequeño balance, a ver si podemos ordenar algo:
1) Malena cayó algua y no puede nadar porque esta remuerta(se hunde irremisiblemente)
2) Cadwell no sabe si la quería, vamos Sefton decidase.
3) Fernández está con el lagrimal estreñido.(no llora)
4) James mira aterrado la escena y opta por salir corriendo(fuera de cámara)
5) El regiseur, dice "Corten", ordenemos esto porque nos estamos quedando sin personajes.
Sólo quedan dos Sefton y Macedonio, hago una propuesta para que:
a) Se tiren al agua y mueran heroicamente como cabe a buenos y obedientes personajes románticos(por otra parte,no saben nadar
b)Que se batan a duelo(es un poco antiguo,no..?)
c) Que se hagan amigos formen un duo internacional de canto gregoriano y salgan de gira, o se vayan a tomar un rico vinito de california, y que no sufran más pobres...
.Ahora ya pueden seguir. Quedamos con Malena en el agua.17

Sefton y Macedonio, ¿que extrañas circunstancias les habían hecho inseperables? ¿Era acaso Malena solo una pieza mas del increible rompecabezas que comenzara en la embajada británica dos años atrás?
Sefton había llegado a Chile persiguiendo un ideal. Malena. La conoció en Londres, en Trafalgar Square. Hasta el lugar parecia formar parte de una extraña casualidad. Trafalgar Square. Malena resultaría ser como una batalla en alta mar. Ese mar que, ahora, se la llevaba para siempre.
La primera vez que la vió, ella estaba sentada a los pies de la estatua de Nelson, mientras Sefton se dirigia, con paso apresurado, a la National Gallery, hacia escasamente un mes que formaba parte de su especializado grupo de restauradores.
Era imposible no fijarse en ella, su larga cabellera morena resaltaba sobre su largo vestido de raso blanco y, por encima de su belleza, su alegre risa parecía querer llenar la plaza de vida. Sefton la miró y pensó en el cuadro anónimo que le esperaba en la Galeria. De alguna manera, eran la misma mujer. ¿Por qué, entonces, no se parecían? 18
Seguro que no se parecían, Sefton tras su apariencia de curador de la National Gallery, también es otra persona, es nada menos que "Míster five", el frío e inteligente señor cinco, que muchas veces ha utilizado su licencia para matar, o su encanto para seducir a mujeres como Malena. Sefton hombre de confianza del Foreing Office para América del Sur, maestro de espías.
Como se van a parecer Malena es blanca, altiva de pelo negro y el cuadro es de una mujer de la época del virreynato español en el Alto Perú, sin embargo son la misma persona.
Sefton Cadwell, piensa que un día más en la actual decrepitud del cuadro no puede hacerle mas mal, y decide hablar con la desconocida.
-Excuse me... 19
-¿Si?, respondió Malena observando divertida a Sefton.
-¿Es usted española?, continuó él, mientras estudiaba detenidamente sus rasgos.
-¿Es eso importante? contestó sonriendo.
-No, supongo que no. Como habla español he supuesto que ...
-Acostúmbrese a no hacer suposiciones. Las apariencias engañan. ¿Le puedo ayudar en algo?
-Pues ... si, si pudiese hacerme un favor.
Malena le miró interrogativamente mientras se levantaba del suelo y sacudía su larga cabellera morena.
-Me gustaría que me acompañase a la National Gallery a ver un cuadro. Me encantaría conocer su opinión.
-De acuerdo, contestó Malena comenzando a andar.
"Vaya ‹pensó Sefton‹ nunca supuse que fuese tan fácil". No era habitual que todo resultase tan sencillo. 20
cruzan Trafalgar Square, y se dirigen al WC 2 N 5 DN, suben la escalinata, y caminando van hasta la sala cinco en la que cuelgan retratos de nobles ingleses y europeos,los pasos resuenan en el piso de madera hasta que se detienen en un pequeño cuadro de 27 por 15 cmts., es un óleo de Michael Dahl, y una plaquita de bronce les dice que esa cara allí inmortalizada pertenece a "Anne", data de 1705.Desde el siglo 17 una revelación turbadora, al lado las pinturas del príncipe James Francis Edward Stuart y la princesa Louisa Maria Theresa Stuart, es un espejo a través del tiempo, la cara de Malena la mira a través de los siglos y siente que todo da vueltas..le falta el aire, y cae desmayada al piso.
Cadwel mira en derredor, al lado suyo como salido de la nada, descubre a un viejo contrincante sudamericano que lo traspasa con una mirada colérica, es Macedonio. 21
Éste, con una mirada maníaca trompea a nuetro héroe. ¿Sus palabras? ¡Auh, Uh, Auch! 22
-¿Macedonio?, ¡por fin estamos frente a frente!, Sefton se había enfrentado a él tantas y tantas veces que era incapaz de recordar cual de ellas fue la primera, sin embargo, hasta ese momento, sus miradas no se habían cruzado. Eran dos de los mejores y, ahora, estaban allí, mirándose desafiantes, mientras una mujer permanecía tendida en el suelo.
-¡Malena!
Cadwell miró a la joven de la plaza y supo que ya nunca olvidaría ese nombre.
Los dos hombres se arrodillaron a su lado y Macedonio trató de abanicarla con el catálogo del museo.
Malena abrió los ojos, reincorporándose levemente.
-¡Por fin os he unido!.
Los dos hombres se observaron sorprendidos ante las palabras de ella.
-¿Unido?, ¿Que quieres decir? Cadwell no comprendía nada.
Desde el muro de la National Gallery, "Anne" parecía contemplar divertida la escena.
-¡Es el fin!, exclamó Fernández.
- No mi amor, aún no. Malena se incorporó y, con excepcional cuidado, descolgó el lienzo de la pared dirigiéndose a la salida. 23
El coche buscó el cuerpo y lo encontró justo en medio de la avenida, justo detrás del cuadro, justo delante de esos dos hombres cuyas miradas quedaron detenidas en el tiempo, de la misma forma que esos hombres en medio de la acera.
Malena abrazaba el cuadro mientras sus pensamientos grises se desparramaban sobre el asfalto, la muerte le abrazaba a ella y ellos sin pensarlo se abrazaron. 24
Su muerte trájica trajo a los dos hombres recuerdos de ese nombre "MALENA", ese nombre, algo escondía, durante un instante se miraron directamente a los ojos pensando en las magníficas noches con Malena, sin hacer nada mas que hablar durante horas. Nunca imaginaron ese final, como una flor silvestre tan bella como esa mujer podía morir por un simple cuadro, un lienzo embadurnado de óleo.
Su cuerpo tendido en la fría y gris acera daba escalofríos, los ojos de ese dulce y pálido rostro miraban dulcemente el cuadro.
Con el pasar del tiempo los dos hombres se reunieron para resolver el por qué de esa súbita muerte; los interrogantes eran:
A)¿Por qué esa obsesión con la muerte?
B)¿En qué parte encajaba el cuadro?
C)¿Por qué reunió a dos hombres que tanto se odiaban?25
-Todo ha ocurrído según el plan previsto, aseguró Macedonio mirando el cuerpo inerte de Malena.
- Si, pero reconozco que nunca imagíne que me iba a sentir tan ... miserable. Sefton trataba de ocultar con sus torpes palabras la amargura que le suponía el haber cumplído su parte del trato.
Malena no se había separado del lienzo desde que lo robó en Londres, y ahora estaba alli, tendida en una fría calle chilena, mientras un coche gris huía a toda velocidad después de haberla atropellado.
-Debemos llevar su cuerpo a California, después de todo se merece que cumplamos su último deseo.
-De acuerdo, Fernández, yo me encargaré de todo.
Al día siguiente, Mister Cadwell y Macedonio se encontraban en la cubierta del "Duggu Van III" discutiendo acerca de la muerte. Ambos prometieron que jamás contarían a nadie los días vividos con Malena desde su encuentro en Londres, esos momentos eran suyos como nada otra cosa podía serlo.
Un viejo lienzo con la inscripción "Anne" colgaba, desde la noche anterior, en uno de los muros del viejo Convento de la Encarnación. Nadíe supo nunca quien lo dejó en el torno junto con un vestido de negro tafetán. 26
Yo escuché la voz...
"Bachita, ya no hay nada más que decir"
Y accedí, en la certeza de que todo final es sólo un principio...
Malena ha muerto.
Mister Cadwel y Macedonio cargarán con su secreto, como si fuera algo gelatinoso y pesado sobre sus hombros y sobre sus corazones, que les sellará, por siempre, las voces.
De Malena nada quedaba, sólo un vestido de negro tafetán colgado solitario.
Sin embargo, muchos lugareños decían que, en las noches brillantes de luna llena, el vestido cubría hermosas formas de mujer, a quien, otras sombras llamaban MALENA 27
Dos hombres caminan diferentes latitudes sobre la piel del planeta, los dos consumen noches sin identidad acompañados de un recuerdo, de algunas lágrimas perdidas en las arrugas del tiempo, del perfume insoportable de la soledad, y de la compañia implacable de una sombra que no es la de ellos.
Los dos y sus sombras desde siempre, como siempre y para siempre... amarán la vida, amando pasionalmente la muerte. 28
Un vestido negro de lo que fuera era realmente lo único que quedaba de Malena? Fernández no estaba seguro de eso, se sentía un espantapájaros, Malena era ahora casi la totalidad de su existencia. La dejaba renacer a cada momento, amándola, evocando su imagen, imaginando los momentos de su vida que el no presenció. Mientras caminaba por una calle de París cercana al Arco del triunfo se preguntaba, dónde termina y empieza Malena? Está tan fija en mí que no puedo dar un paso sin pensar en ella, en la sonrisa que tendría o la respuesta con que rebatiría mis melancólicos comentarios de cada día. Ella sí que sabía estar, el misterio de su muerte es simple. Sólo yo o el aburrido de Cadwell, que la conocimos tanto pero nunca la tocamos, podemos saber que para ella vida y muerte eran lo mismo como todos los días del mundo en donde el atardecer hace resbalar a la tierra sobre la noche y está resbala interminablemente sobre el día anterior. 29
No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
Del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
Los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado,
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.30

FIN

 

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4. Maria Eugenia (maruclar@hotmail.com) desde IP nppp233.overnet.com.ar el 10/08/98.
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6. Ostrión (ostrion@hotmail.com) desde IP 195.76.84.230 el 11/08/98.
7. alen pinar moreno (alen.pinar@com.udp.cl) desde IP invap21951cem.cce.udp.cl el 11/08/98.
8. J.Fernández Quintela (jfernandez@telefe.com) desde IP 200.16.211.180 el 11/08/98.
9. Eve Baili desde IP pppd30.citynet.net.ar el 11/08/98.
10. Laura Sanucci (manelma@yahoo.com) desde IP central.gba.gov.ar el 11/08/98.
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15. Laura Sanucci (manelma@yahoo.com) desde IP central.gba.gov.ar el 13/08/98.
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