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Mario y el almacén
Cuento interactivo
(La historia comienza aquí)
...Sí, para que Mario te fiara había que esperar que "llovieran
fideos verdes", decía mi vieja. Aun viviendo a media cuadra del
almacén mi madre prefería que camináramos 3 cuadras y compráramos
en "lo de Tito" ¿Te acordás de Tito?, quien sí era de fiar. No
es que necesitáramos comprar y pagar más tarde ?por ese entonces
mi viejo aun conservaba el trabajo en el ferrocarril? sino que
a mi vieja le molestaba la actitud. "Hace veinte años que vivimos
en el barrio", decía blandiendo un puño al aire, "si nos conocen
hasta los ladrones". 1
Vos te acordás cómo era mi vieja. Carácter no le faltaba. Tampoco
le faltaban las frases hechas. Un catálogo inacabable y polígloto.
Cada vez que nos peleábamos con Miguel, llegaba siempre a tiempo
para separarnos gritando: "¡finíshela!" "¡sefiní!" "¡se acabó!".
Y yo que creía que 'finishela' era mi hermano y 'sefiní' era yo...
No sé porqué te cuento estas cosas, Gustavito. Será que la noticia
del accidente de Mario me puso nostálgico. ¿Cómo te enteraste
de lo de Mario?. Escribí rápido.2
¿Qué habría hecho Mario que le causó el descenso al infierno en
las preferencias de mi vieja, era como jugar en reserva en su
propio barrio, no?
Mario; una historia para cada cosa del almacén..la esquina sin
pintura, el umbral de mármol gastado por su escoba vigorosa..mis
primeros puchos comprados de a uno y su inolvidable cara de reprobar
la compra.
Finishela rajá ahí viene tu vieja...buenas tardes señora cómo
le va, Gustavo apagá ese pucho..ché en qué joda andan ustedes,
adiós Don Pedro, pobre Mario como nos cuidaba, y ahora ese accidente..tan,
tan tonto, tan inesperado.
¿Cómo te enteraste Gustavo estando tan lejos... 3
Mario lucía terrible. El accidente le había hecho perder mucho
peso. Parecía que si se ponía de lado no se le iba a ver. Pero
Mario, cuéntame chico. ¿Qué te paso? El sonido que brotó de sus
boca por poco calificaba como el habla de un ser humano. Mas sonaba
como el murmullo de un un viento invernal entre las hojas muertas
que corrían por los adoquines de una vieja calle sin salida. "Yo,je
je je, yo he estado muy, je je je, enfermo, última, je, je, je,
mente, Gustavito". 4
Al menos no estaba muerto, pensaba yo. Y ponía serio el gesto,
para que Gustavito, disimulara un poco su cara de alucinado, mientras
le daba un codazo disimuladamente. Tampoco me agradaba ver a así
a D. Mario, con una risilla locuela, cayéndole por la baba, pero,
él era un tío. Todo un tipo, nos había visto crecer y salir a
la calle con pantalones cortos cuando eramos aún más chicos, y
algo me obligaba a tener un cierto decoro, un respeto, ese ponerse
serio con gesto de circunsatancias que nos había enseñado a poner
la vieja, cuando íbamos a velorios o a entierros, ante esta especie
de caricatura de Don Mario que parecía comenzar a explicarnos
algo... 5
De pronto, como sabiendo de la miseria de salud en la que se veía
inmerso, Don Mario comenzó a escudriñar en su baúl de recuerdos
para acercarme anécdotas que quizás nunca se animó a contar. Su
corazón las había guardado en lo más oscuro de sus rincones, y
le dijo en voz cuchicheada: "Mario, es hora de sacarlas afuera".
Nunca pensé que detrás de ese hombre tan sencillo, educado por
la vida y no por los libros, pobre de pensamientos Freudianos
o Lacanianos, sin haber ni siquiera leído aunque más no sea el
prefacio de algún libro, podría esconderse tanta riqueza de sentimientos
hacia todos los que lo acompañaron hasta lo que lleva vivido.
Es así que en medio del silencio de una tarde de domingo comenzó
a contarme algo que nunca pense que me sacudiría tanto... 6
Algo que quizás no venga la caso, quizás a Mario sí le importe
si lo digo y es mejor que si se muere que lo haga tranquilo el
viejo Mario.
A Gustavito siempre le preocupó quién se quedaría con la tienda,
a mí me trae sin cuidado quién desde que fíe, el resto queda igual,
sólo falta que la abuela grite "sefiní", y que el pobre de Mario
no vaya más allá del infierno de las preferencias de la vieja
7
No aguanto más, soy un chismoso empedernido, te voy a contar la
historia, tan sólo, Gustavo, prométeme no contarla a nadie. 8
Lo que Mario me contó aquel día, con un susurro que solía perderse
tras los ataques de tos, comenzaba una mañana de otoño cuando
al levantar las persianas del almacén descubrió a una muchacha
de no más de 15 años recostada en el umbral. De esto han pasado
ya varios años, Don Mario rondaría los cuarenta. Eran los años
sucios, cuando la primer respuesta a toda situacion extraña era
la negación, sin embargo algo ocurrió, inexplicable, impredecible,
que confundió a Don Mario arrebatándole una actitud que ni siquiera
con el tiempo logró comprender. 9
Con una voz tierna y serena se dirigió a la muchacha:
?¿Has estado aquí toda la noche?? a lo que ella respondió:
?Sí, señor
?¿Es que no tienes padres, familia, casa?
?"No, señor"... e imediatamente continuó: ?Es decir, tengo familia
y casa, pero necesitaba hablar con usted.
Mario miró a la muchacha muy extrañado, y después de ofrecerle
una silla le preguntó:
?¿Qué querías hablar conmigo mi niña?
La muchacha dudó un momento, pero tomó fuerzas para decir: ?¿Es
usted Mario Paredi? 10
Mario carraspeó sin poder evitar un gesto de incomodidad. Pasó
su mano por su cabeza y dejó que sus dedos en la nuca restregaran
su cuello sudoroso, como conteniendo un ahogo, en un gesto que
incluso para la muchacha evidenció una situación realmente incómoda.
Sin embargo ella aunque con voz temblorosa, ya había arrancado
y no iba a parar,
?Dígame señor, ¿Vd es el señor Paredi, verdad?...y tratando de
alzarse de puntillas sobre sus pies, levantando la barbilla en
un gesto que quería parecer de aplomo, la muchacha le resultó
ingenuamente desafiante, hasta que el viejo Mario, con una sonrisa
que no pudo contener acabó contestando:11
?No, no soy Mario Paredi. ?Respondió con una lentitud que evidenciaba
el desgano ?Pero acaso podría serlo si eso sirviera para que pases
a mi casa, y me acompañes con el desayuno? agregó sorprendiéndose
con cada una de las palabras que se permitió decir. La muchacha
apenas si cambió su gesto, quizás un brillo de complicidad alegró
los ojos y casi forzó que una mueca de sonrisa comenzara tibiamente
a dibujarse en su rostro. Asintió con la cabeza.
Don Mario agitó sus abrazos invitándola a entrar al almacén y,
mientras lo hacía, se ahogaba en la certeza de que finalmente
la muchacha terminaría enamorándolo. 12
Entraron en la cocina y Mario con un gesto le indicó donde debía
sentarse. La niña lo hizo, adoptando una postura como si cargara
con una cruda historia sobre su joven espalda. Sus hombros caídos,
apretadas las piernas como si quisiera aferrarse a la silla, las
manos entrecruzadas sobre la falda y una mirada que se antojaba
inquisitiva y por momentos desafiante, fluía como un rayo de luz
de sus grandes ojos negros, invadidos en parte por un flequillo
un tanto travieso, que el abandono lo había llevado a adentrarse
en territorio no permitido. 13
De pronto, un golpe de viento gélido entró por la ventana, le
volcó el flequillo hacia atrás y descubrió el rostro pálido, cadavérico
de la muchacha que se parecía al de un espectro. Mario se asustó
y llegó hasta a perder el sentido de pánico cuando escuchó decir,
con voz profundamente misteriosa.
?Eres Mario. Soy la Muerte. Me he prestado al juego, pero no hay
más tiempo..., vengo a buscarte.
Su tono era contundente. No había espacio para las transacciones.
Sin embargo, Mario 14 apenas se inmutó. Casi sonrió mientras decía: ?¡Tiene pelotas
la cosa!? Siempre he pensado que las mujeres que uno iba a amar
lo llevarían a la muerte, y al final va a resultar que la que
voy a amar es la misma muerte y es ella la que viene a buscarme.
La muchacha sonríó mientras abría los ojos. ?No hay prisa Mario?.
Si no hubiera sabido que era imposible, hubiera visto un leve
sonrojo en las mejillas de esa joven muerte que el destino le
había asignado. Mario le tendió un platillo con pastas, ¿quieres
una?, y en ese instante, vio que las manos de la niña, eran las
manos de Irene, su primera chica, y que su piel alba se tornaba
canela, como el adorado cuerpo de Lidia, sus ojos se agrisaban
y se confundían con los de esa clienta con la que apenas hablaba
y a la que no podía parar de mirar sus piernas, y hablar con voz
titubeante cuando se acercaba al almacén.
La muchacha, ya no era una muchacha, era una mujer espléndida
en una edad interminada que con voz susurrante le decía, tenemos
casi todo el tiempo del mundo.Cuéntame, Mario... 15
?¿Querés que te cuente la historia de mi eterna soledad en compañía?,
si vos debés saberla mejor que yo ?dijo Mario con su voz ya recompuesta
después del susto.
?Siempre me gustaron las mujeres, incluso a pesar de ser flaco,
narigón, más bién fulero, tuve bastante éxito con las mujeres.
A Lidia la conocí una de esas tardes domingueras, dando la "vuelta
el perro". Estaba sentada en un banco de la plaza, con su vestidito
floreado,recatadito, pero dejaba ver, entre esa solapa entreabierta,
el nacimiento de unos pechos turgentes e imponentes, siempre me
gutaron las minas con buenas tetas... 16 pero... no creo que tenga que contarte esto, ni esto ni nada.
Nunca llamé a la muerte, siempre me aguanté lo que la vida me
hechó. Cuando pensaba en la parca lo hacía como Samaniego, rogando
que me cargara la leña solamente, y es que me gusta la vida. He
disfrutado cuanto me ha regalado y cuando la vida no me daba nada,
le he arrebatado lo que he podido. En cuanto a las mujeres, nunca
perdí ninguna ocasión". 17
Ella le observaba con aire distraido. Como quién ha oido mil veces
contar la misma historia,como quien cumple con una misión que
nunca sabe si le gusta o le disgusta, pero a la que el hábito
de los siglos, acaba por acostumbrarle.
"Mario...No tienes obligación de contar nada, si estás preparado
sólo tienes que seguirme, pero algo en ti, parece inconcluso.
No es la primera vez que vengo a buscarte, ya he pasado por tu
almacén en dos ocasiones, y siempre he detenido mi mano a la espera
del momento exacto. Pocas veces me confundo y tomo de la mano
a alguien que apenas iniciaba su viaje, pero a veces, es inevitable,
siempre hay errores, tampoco eso cambia el curso de la historia,
al menos en la mayoría de los casos...Esta vez, antes de tomar
la tuya, quería estar segura, por eso esta mañana, he venido tan
joven,"... y dejando la pasta que mordisqueaba en su boca, rozó
con su gélida mano de niña Irene, a un Mario cada vez más 18 contrariado ante la presencia de esa criatura mujer,que con tanto
desparpajo quería apartarlo de SU vida, suya de su propiedad,aunque
fuera objetable para muchos, era su vida, y ninguna mocosa cubierta
a veces con la apariencia de mujer fatal le quitaría así como
así. Apretó con fuerza la pequeña mano lívida, fría y húmeda como
un reptil y con una voz profunda que le venía casi de las entrañas,
le dijo ?No me asusta tu presencia,te volviste a equivocar conmigo,
pendeja, me queda mucho hilo en la madeja, mucha tela que cortar...
19
?¿Es así la cosa, Mario? ¿Te vas a portar así conmigo?. ¿Yo que
te di dos chances ya? Mirá que los hombres son ingratos. ¿Acaso
me has confundido que mi hermana mayor?! ?exclamo la figura fatal.?¿Cómo
se llama ella?- preguntó.
Mario, con pura curiosidad mientras revisaba en su mente la lista
de sus conquistas. ?Sabiduría? contestó la sombra, exhibiendo
un aire de envidia. ?No, que va? contestó Mario con total franqueza,
notando la reaccion de su huésped. ?Con esa nunca me he encontrado
jamás.De lo contrario no me encontrarías tú en este viejo almacen
vendiendo boberías al pormenor. Y en ese instante se le ocurrió
a Mario un idea...un plan para burlarse de esta nena. ?¿Es bonita
ella?? vendiendo boberias al pormenor.20
La niña muerte con mano de Irene, sonreía con timidez. En su cuerpo
Lydia, sabio, lleno de canelas y los deseos incumplidos de todos
los hombres, de todos los tiempos, se acomodaba una vez más otro
juego. Su sonrísa se dibujaba amplia y franca.Definitivamente,
Mario estaba mucho más inconcluso de lo que hubiera esperado.
Con sus albos ojos de anciana, la muerte, la que siempre triunfa,
la que siempre vence, la única que conduce a la sabiduría, decidió
dejar que Mario, intentara crear una estratagema para burlarla.
¡Qué lejos estaba Mario de saber nada...!, qué lejos de comprender,
que la muerte es una niña triste para los niños de que mueren
en la guerra, una mujer sensual como ninguna para los hombres
que mueren sin haber conseguido lo que amaban, una anciana para
los hombres sabios, y la sabiduría para los que saben cuando la
ven, que su hora ha llegado. Ella sonrío, sonrió y dijo ¿bonita?,
tu lo dirás...( y pensó en que la muerte de Mario sería tan terrible
como la estratagema que inventara, aunque tuviera que venir a
visitarle cada día, luciendo todos los cuerpos y rostros que hubiese
amado en su vida) 21
¡Multifacética y extraña es la muerte, de puro habitual y remanida!
Sin embargo, Ella, la Muerte, ansiaba poseer a Mario, quizás para
devolverlo al universo de lo cotidiano, multiplicado en miríadas
de fotones luminosos.
O, tal vez, 22
-Pará che, no te des manija, decime, vos... ¿cómo sabés todo eso?-
dijo Gustavo. 23
-Lo profundo, ignoto y esencial se sabe desde el complejo tejido
de las intuiciones y fantasías. Probablemente sea un pensamiento
lateral, producto de la cuarta dimensión...¿No te parece? 24
-Puede ser, pero en ese caso probablemente no tendría nada que
ver con el pobre Mario, si no más bien con vos- 25
Yo sacudi la cabeza sin más explicaciones. Gustavito siempre se
empeñaba en cortar las historias haciendo preguntas insignificantes
que no venían al caso. Mario, ya no nos miraba, alelado, con los
ojos llorosos y babeando canturreaba algo parecido a un musiquilla.
_¿Che, Mario viejo, que pasa, que pasó con aquello, eh?
Esta mañana, vino Sophía. Responde Mario... Bella, cuan bella,
la donna...E de pronto, se acerca, y con sus ojos negros y su
moño alto, me acaricia la cara, y me dice,- - Venite, Mario, y
me sienta en sus rodillas, y me acaricia, y me canta una canción
de cuna, que a penas recordaba, y yo como que no lo entiendo,
pero me dejo llevar, y ella que me cuenta un cuento, y me besa
y me acaricia, y en ese momento comprendo que es mi abuela. La
Italiana más hermosa que vivió nunca en el barrio y que murió
cuando yo tenía dos años en aquel accidente... 26
Me daba cuenta que aquél arrebato de Mario,aquella resistencia
que parecía inquebrantable,esa lucha animal pero cargada de inocencia,esa
negación carente de convicción de burlar a la Muerte,se estaba
desvaneciendo,se le escapaban como sus babas cayéndole por las
comisuras.¿Qué se proponía ese pequeño ser siniestro hacer con
el primitivo e inocente Mario?.Un sudor frio recorrió mi espalda,la
vida es una sola y no tiene vuelta atrás,pero ¿es la muerte tanto
más cruel con los débiles, para irlos desgastando poco a poco
con sus intentos de llevárselos,hasta lograr una entrega total
y sin condiciones? 27
"Más tarde vino, Luz. Dorada con los cabellos más rubios y los
ojos màs azules que había visto nunca. Aquella mujer que se casó
con Encio, siempre la amé en secreto,- - continuó Mario,- - y
estuvo contándome todas las cosas que podíamos haber hecho juntos,
si aquella tarde hubiéramos tomado aquel tren."
En los ojos de Mario se presagiaba ya la locura. La locura de
días y noches de imsomnio recibiendo la visita de todos sus fantasmas.
En ese estado, la muerte no tenía ya sentido, era un sólo paso
para abrazar sus visiones.
Después de comer, cuando había ido a abrir la puerta metálica
del almacén, encontró de nuevo a la Niña muerte. ¿es Vd. Mario
Paredi?, le preguntó, mientras se alzaba de puntillas, y levantaba
la barbilla en gesto desafiante. Mario, ya no contestaba, sabía,
que ella, era su hija, esa hija que nunca tuvo y que venía a reclamarle
su existencia. 28
Gustavo DESPIERTA!!!, que pasa Gustavito sigues aquí, esto no
es una historia cotidiana, la muerte no toca diario a tu puerta
y menos por segunda vez. Hay que saber distinguirla, algo que
no me sucedió amí, yo trate de escaparme de sus garras, como agua
que entre las manos se va y ahora no puedo huir más. Mírame!!
y esto es para que tú si sepas distinguirla, mi corazón es el
que saca todo esto que te cuento y ahora es que te dijo que no
la retes, es lo único que no puedes hacer con esa linda niña,
apetecible mujer,dulce abuela italiana o como sea que ella se
llame. 29
Se encadenan los recuerdos y los olvidos; amanece cada segundo
y cada segundo cae el sol al abismo; se encadenan los miedos con
los fracasos y aquellas luchas internas que siguieron enzarzadas,
eternamente, y a las que no supimos ponerles final; se encadenan
los besos que dimos con los deseados, las caras y manos conocidas;
relámpagos de nuestra vida en un acontecer interminable pero que
no ocupa más de unos segundos; los últimos segundos corporeos
antes de abandonar nuestro estado. Es la despedida definitiva,
dolorosa y dulce, reflexiva y estremecedora, inevitable. Ella
se presenta generosa y egoísta a la vez, impaciente, funcionaria
de la dimensión escondida a nuestros ojos, un lugar que sólo veremos
al cerrarlos. Funcionaria de nuestra próxima morada se presenta
implacable, y en ocaciones, como ésta, aburrida y sumergida en
su burucracia, permite el juego de distracción como se lo permitió
a don Mario. 30
Pero Mario, casi acabado; utilizó un ultimo y desesperado recurso,
intentó conciliar con esta extraña belleza, haciendo gala de dotes
ignorados por el.
La sedujo comportandose al inverso de lo que la mayoría haría
en su caso.
Oye muerte, muestrame lo que sabes hacer, para ser tan vieja tienes
buena pinta, se acerco cuidadosamente a la muertacha hasta tocar
nariz con nariz, deslizo su mano por debajo aquel largo y negro
vestido trazando circulos con la uña de su dedo indice sobre las
piernas blancas y frías como nieve, percibiendo como esta se estremecia
y le miraba con sus ojos negros de profundidad infinita. Mario
cerro los ojos y en su mente pasaron miles de flasches de su vida,
todo lo que hizo y dejo de hacer, y todo lo que la faltaba hacer.
Abrió los ojos repentinamente y escupio la cara de la muerte,
eres una puta y ya se lo que quieres... 31
Luego de haber escupido a La muerte uno ya no es el mismo. La
muerte, esa mujer vieja pero llena de la energía juvenil proveniente
del fuego, se le acercó y lo penetró con sus pupilas negras. Mario
sintió un fuerte dolor en el pecho y, en medio de su pequeñez,
se tiró a los pies de esta y pidió por su vida:
Mario: mujer de pupilas negras y dueña de todas las vidas, que
he hecho yo para merecer tu mirada. que he hecho yo para tener
que sufrir tu muerte?
La Muerte: Mario, si alguna vez hubieras hecho algo para merecer
la muerte, yo no estaría aca presente. O acaso no sabes?. Soy
la muerte, Mario,el ser mas despiadado e injusto de "la historia
de la vida".
Mario comenzo a temblar, sus piernas se aflojaban y se deslizaban
mientras que estiraba sus brazos intentando atrapar los pies de
La Muerte. En ese momento, sintió un peso en su espalda. No podía
levantarse. Creyó que ya era tarde para seguir intentando recuperarse.
Mario ya no podía soportar el peso de ese dolor que lo enceguecía.
En pocos minutos, ya abatido,se entregó a La Muerte. Y en ese
momento de desvalimiento, ante el fin de su vida pensó:......y
ahora? 32
Quedose por uno instantes inmóvil. Su cara contraída comenzó a
aliviarse, y su corazón ya latía a un ritmo normal, permitido.
Irrumpió en el cuarto un enfermero:
-"paciente Mario ya está usted recuperado, hoy mismo podrá irse
a su casa".
Mario no supo si alegrarse o no, y comprendió que la lista inacable
de medicamentos que ingresaron en su cuerpo habrían tenido un
efecto alucinador, que lo hicieron soñar con la muerte. -"Claro
-pensó- si hubiera sido la muerte no me hubiera permitido otra
oportunidad, además -se convencía- la muerte no debe ser bella
y menos tener las manos de Irene".
Su regreso a la vida cotidiana lo aterraba. 33
Lo que no se imaginaba era que, la muerte, con su sinfin de facetas
y apariencias, bien podría haber sido el enfermero, los medicamentos
que había ingerido, sus sueños, sus alucinaciones, o todos ellos.
Después de todo, había algo que estaba bien claro: A la muerte
no se le escupe...
¿Y el accidente? 34
Por más que se esforzaba no podía recordar con claridad. Sabía
que un camión despiadado había cruzado la calle con luz roja y
lo había atropellado. Pero lo único que alcanzaba a recordar era
el infernal chirrido de los neumáticos aferrándose vanamente al
pavimento, eso y la visión de unos atribulados ojos negros en
la acera de enfrente que lo miraban como si conocieran su más
recónditos pensamientos. Esos ojos negros le habían recordado
a la única mujer que realmente había amado en la vida. Si, es
cierto que mucha agua había pasado debajo del puente, y que habían
existido innumerables Lidias e Irenes. Pero amar, lo que se dice
amar de veras, con la sangre, con el cuerpo y con el alma , de
una manera desesperada que hasta le provocaba un dolor físico,
solo lo había experimentado con una mujer. Su nombre era Mística.
35
Luego Mario se recosto en la cama que sostenia su palido y casi
inexistente cuerpo y se empeño en comprender aquellos delirios
que lo habían estado atormentando. Acaso había sido todo un sueño?.
Mario comenzo a indagar en su memoria. Solo recordaba partes turbias
de un accidente que no sabia siquiera si era cierto o producto
de esa extraña sensación que se siente al recobrar la conciencia
luego de un sueño. Mario, sin embargo, ojeroso y confundido, trataba
de ocultarse detras de su mirada. Miro fijamente al Dr y le dijo
que estaba preparado para irse en cuento el le diera el alta.
Mario continuaba confundido, es mas intento acercarse al Dr para
tocarlo porque sospechaba de que aún seguía soñando. Pobre Mario,
su mirada ya se había puesto turbia nuevamente. Sus manos temblaban.
No sabía que estaba pasando. Acaso era esto solo un juego mas
de la muerte?. En medio de la nebulosa, Mario logró divisar nuestros
cuerpos. Eramos Gustavo y yo quienes estabamos expectantes mientras
que Mario había estando delirando durante dos horas. Habíamos
intentado callarlo, hablarle, explicarle que estaba cansado y
que debería recostarse, pero sin embargo lo habíamos estado escuchando
continuamente. Primero había hablado de sus mujeres, luego de
la muerte y por último había confundido a Gustavo con un Dr. Ahí
fue cuando comprendí que Mario estaba loco. Confundir a Gustavo
con un Dr. Fue la locura mas grande que había escuchado en mi
vida y eso que mi familia no es muy convencional tampoco. 36
Al día siguiente la ambulancia llevó a Mario al hospital psiquiátrico.
Le internaron en la sala 7, la "sala de los casos desconocidos".
Bonito nombre, "casos desconocidos", como si la locura pudiera
ser cognoscible ... 37
Durante su estadía en la sala 7 del hospital Psiquiátrico, Mario
meditó acerca de sus vivencias mientras se sentaba en aquella
cama de cuerpos ya desvanecidos. En su introspección intentó unir
las piezas de ese rompecabezas que era su vida, pero había un
hecho, una sola pieza que lo perturbaba y no parecía encajar.
Sin embargo, todavía seguía hablando de sus Lidias y sus Irenes
y a veces creía verlas detrás de las miradas de alguna mujer cansada
que caminaba a lo largo del interminable pasillo de paredes sucias.
Su estado lo llevo a confundir a una enfermera con Mística, a
la cual intento conquistar como todo un Don Juan entregándole
las flores que Gustavito y yo le llevabamos de vez en tanto. Es
así como Mario vió hasta el final a varias lidias,a Irene y a
la mismísima Mistica. Pero había una sola pieza que lo perturbaba
y no encajaba en la historia de su vida, ese hecho, era el encuentro
con La Muerte. Mario no sabía que concluir al respecto. No sabía
si había sido real o solo un espejo de su locura. Lo que Mario
aún no sabía era que a ella la vería solo una vez. 38
FIN
|
Muchísimas gracias a todos los que colaboraron en este cuento.
Ellos son:
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1. Juan Candau (jcand@eng.uchicago.edu) desde IP x145.uchicago.edu el 20/07/98.
2. Ernesto desde IP x194-152.med.umn.edu el 20/07/98.
3. José A.F. Quintela (jfernandez@telefe.com.ar) desde IP 200.16.211.180 el 21/07/98.
4. E.L.Aplatanado (ELAO333@aol.com) desde IP spider-tc021.proxy.aol.com el 21/07/98.
5. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 22/07/98.
6. Daniel (jda64@hotmail.com) desde IP lims.rbh.nthames.nhs.uk el 22/07/98.
7. Mario (madc@epm.net.co) desde IP serial55.epm.net.co el 22/07/98.
8. Zalrime (jcmerizalde@puceuio.puce.edu.ec) desde IP 192.188.55.248 el 22/07/98.
9. Alejandro (seder@ciudad.com.ar) desde IP 200.16.235.131 el 22/07/98.
10. Daniel (jda64@hotmail.com) desde IP 193.61.119.12 el 23/07/98.
11. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 23/07/98.
12. Alejandro (seder@ciudad.com.ar) desde IP host142045.ciudad.com.ar el 23/07/98.
13. Matra Alicia Bonelli (trucho @mx2.redestebe.es.) desde IP ppp229.199.redestb.es el 25/07/98.
14. Eve Baili desde IP ppp4.citynet.net.ar el 26/07/98.
15. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 27/07/98.
16. Marta Alicia Bonelli (trucho@mx2.redesebe.es) desde IP ppp85.198.redestb.es el 28/07/98.
17. Noemí Graciela Petronacci Tomé (noemitome@mx3.redestb.es) desde IP ppp87.196.redestb.es el 28/07/98.
18. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 29/07/98.
19. Marta Alicia Bonelli (trucho@mx2.redesebe.es) desde IP ppp33.197.redestb.es el 29/07/98.
20. E.L. Aplatanado (ELAO333@aol.com) desde IP spider-tk082.proxy.aol.com el 29/07/98.
21. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 31/07/98.
22. Eve Baili desde IP ppp6.citynet.net.ar el 31/07/98.
23. velia (veliacm@hotmail.com) desde IP inter1157.internet.com.mx el 31/07/98.
24. Eve Baili desde IP pppd5.citynet.net.ar el 03/08/98.
25. velia (veliacm@hotmail.com) desde IP inter526.internet.com.mx el 03/08/98.
26. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 04/08/98.
27. Marta Alicia Bonelli (trucho@mx2.redetesteb.es) desde IP ppp69.195.redestb.es el 04/08/98.
28. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 04/08/98.
29. Asunción Varo (asenvaro@hotmail.com) desde IP oompa.d48.lilly.com el 04/08/98.
30. Noemí Graciela Petronacci (noemitome@mx3.redestb.es) desde IP ppp35.195.redestb.es el 04/08/98.
31. MARCO (MARDEL66@HOTMAIL.COM) desde IP 204.126.140.200 el 07/08/98.
32. Maria Eugenia (maruclar@hotmail.com) desde IP nppp206.overnet.com.ar el 08/08/98.
33. Celina (lura1@dynamo.com.ar) desde IP proxy.fibertel.com.ar el 09/08/98.
34. Emiliano Aloi (emialoi@dynamo.com.ar) desde IP 24.232.29.19 el 09/08/98.
35. Muriel (nico2@datamarkets.com.ar) desde IP 200.32.3.19 el 09/08/98.
36. Maria Eugenia (maruclar@hotmail.com) desde IP nppp196.overnet.com.ar el 10/08/98.
37. bachita desde IP 194.73.29.69 el 11/08/98.
38. Maria Eugenia (maruclar@hotmail.com) desde IP nppp84.overnet.com.ar el 11/08/98.
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