cuento interactivo
(Esta es la historia)Uno piensa (y casi nunca piensa) que los demás mueren. Mueren como se muere el tiempo, el verano, la época de lluvias, las frases, qué se yo. Mueren despacio o rápido; sin ganas o vehementes con ojos de lujuria; inmóviles o pegando un salto loco. Pero sí, todos mueren. Eso es simple, lo entendemos. Pero, quién les explica que ella está muerta sobre la cama. Ella que todos conocen quieta, quieta y en silencio, pajaro dormido. Limpia sobre el algodón floreado de la sábana. Recién bañada y muerta. Y qué hago yo con el teléfono en la mano. 1
Pienso que debo avisarle a los pájaros negros que retornan a la primavera lejana, porque ella era puro color...
O los microsmos de vientos que dibujan remolinos en los cabellos rojos como los de ella...
O a ella misma, porque quizá no esté muerta, sólo dormida..., esperando...
Esperando salir del encierro del sueño y vivir realidades tangibles como ese rayo de sol que aprieta en la mano menuda y blanca.
Aguardando que todos sean transparentes como el día aquél que nos mirábamos hasta el fondo de los ojos...
Sí, está dormida. Sólo debo aguardar a que despierte. 2
Aquella mirada líquida que aún permanece en mis más recientes recuerdos. La misma mirada de esta mañana cuando abrió los ojos y la vi despertar y recordé aquella mirada, la de entonces; aquella noche en el jardín, a oscuras, alejados de la música y la gente... y cuando recordé, no pude evitarlo y comencé a apretar poco a poco con más fuerza su cuello, blanco y esbelto entre mis manos. Y ahora recuerdo, sus latidos entre mis dedos y entonces supe, como lo sé ahora, que su vida estaba en mis manos.
Esperaré a que despierte y le diré que la amo. 3
Todavía con el teléfono en la mano vuelvo a pensar qué le digo y sólo logro armar frases estúpidas:
'Y....ahora está mejor...está descansando...'
O mejor:
'No sintió nada, murió sin dolor, tranquilita...'
Ni está mejor, ni está descansando y sí sintió dolor y no está tranquila. Desde el momento que apreté su cuello, su espíritu liviano comenzó a joderme.
'Holaaaa, Martíiiiin, no me fuí, estoy a tu lado y quiero saber el disparate que le dirás a mamá...Pobre vieja, y lo peor es que te va a creer'.
'Martíiiiiiiin.....desde el silencio reclamo tu muerte. Mirá hacia aquí y decime si la muerte no es grotesca realmente. Mirá mis ojos hundidos; mi nariz parece más grande y mi boca que tantas veces viajó por tu cuerpo es lo más semejante a una medialuna seca'. 4
No hay duda. Elena es como el viento en la bocina del teléfono. Un zumbidito detrás de la verdad y la conciencia. Bsss...mis manos en su cuello, su cuello detrás de mis manos y clic. Los telefonos sudan entre las manos. Clic. Algo habrá que decir. Que está dormida, que está muerta en una cama. Por qué nadie se pone a meditar en el cómo a la hora de morir. Sería tanto más fácil si planearamos los detalles. Pero Elena, tan limpia, me culparía seguramente. Eres un tarado sucio, diría, mírame el cuello todo morado. 5
Pero la imagen de Elena se me presenta nuevamente sobre la cama, esta vez, sin marcas en el cuello, con cara de sueño y un color rosado tiñiéndole las mejillas, y, en seguida, el ceño fruncido por un incipiente malhumor.
--Martín... ¡qué hacés con ese teléfono? Colgá de una vez, no ves que tiene que llamar Zulema para confirmarme la reunión de mañana...
--Perdoname
"Perdoname"... Retumbaba la palabra en mi cabeza con ecos de cobardías lejanas, recordándome que otra vez no tuve valor para hacerlo.
Y Elena seguía mirándome con desaprobación, y diciendo algo que en realidad mis oídos no escuchaban. Elena la cotidiana, la de siempre, la de las cremas antes de dormir y las pastillas para el estrés. Esta Elena, y no aquella que mi imaginación (o mi anhelo) vieran rodeada del halo místico y hasta romántico de la muerte. Algún día, pensé, algún día... 6
No habrá ya algún día, esta mañana sucedieron todos los día que me prometí, todos los días que esperé mi turno. Mis silencios seguirán haciendo ecos sordos porque ya no podré decirle nada, nunca se enterará de mis promesas mordidas, de mis rencores guardados, de 7 mi soledad en la puerta de atrás mientras ella recibía a sus numerosos invitados con su sonrisa perfecta y sus intencionadas miradas, con su vacía autosuficiencia y yo desde el rincón más sucio del jardín maldiciéndola inútilmente, odiándola con exquisita premeditación sabiendo que nunca, nunca, me dejaría morder sus labios. 8
Pero...¿por qué lo hice? ¿tenía yo alguna razón para hacerlo? ¿era ella, Elena, mi hermana? ¿o mi esposa? ¿o las dos cosas? ¡Tal vez sí! ¡Pero ya no lo sé!
Todo en mi mente se a ido, los recuerdos, las palabras, todo...¡no me queda nada!. Sólo el cuerpo inerte de esta mujer que tal vez algun día amé como a nadie, o tal vez nunca la quise y por eso la maté, de todas formas lo único que sí sé es que ella ya no está, así sea para pelear con ella o verla con sus cremas o sus pastillas. 9
Debía desnudarla. Sí, desnudarla por completo a los demás. Velo a velo dejarla al descubierto, mostrarla tal cual la conocía. 10 Corro el riesgo de que los demás descubran sus alas. 11 sus alas de hiel, su manto de escarcha. 12
De todos modos me decidí a desnudarla....vieran lo que vieran no iban a comprender la pequeñez de su alma que, en definitiva, era lo que allí se estaba exponiendo. Esa misma pequeñez que me había obligado a matarla.
Sí, claro que no es mi culpa, fue ella, quien con su inocente sonrisa me hizo sentir que de la única forma que iba a poder convivir con esa asquerosa mentira, que nos unía y separaba a la vez, sería simplemente sosteniéndo su frio y distante cuello como sostenía ahora el tubo del teléfono.
O tal vez no, y esto que pienso es producto de mi loca imaginación a la que se le suman horas y horas de la aquella pantalla gigante que juntos mirábamos tomados de las manos.......... 13 una pantalla en donde transcurría el tiempo más no el espacio, donde el script me aseguraba que el mejor final era terminar con dejar todo de lado y esperar a que mi organismo creara esa hiel de odio que terminaría por hacer de mi sentimiento próximo un código; que me haría decidir como todo omnipotente, si perdonaba como un Dios perdido en un porvenir de desgano o cruelmente castigaba como un bastardo que culpaba al espacio de encausarle las entrañas 14
Parado hacia un extremo, con el teléfono pendiente, sentí que cada rincón del departamento comenzaba a sospecharme, las puertas, los marcos, las fotos de la gente querida, que colgábamos porque nos hacía tan felices, el picaporte del baño, el pasillo que hacía la cocina, la luces, cada objeto me miraba insistentemente con la rigidez del mundo de este lado, del que Elena acababa de partir, pero con la complicidad de verla todavía sobre la cama y no atinar delatarme.En un instante enumeré todas mis posibilidades, continuar con esta historia, burlar a las autoridades no sería tan difícil, pero en el fondo sé que todos morimos en una profunda soledad, de la cual es imposible escapar. Ahora el destino está previendo acontecimientos atroces, se que es imposible evadirlos, comienzo a pensar en sucederla, encontrar la decisión, que la muerte rondante, comienza a proponerme....
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Aquí estoy entonces, sorprendido y con el auricular aún en la mano, mis dedos azules comienzan a verse claramente en su cuello. ¿Qué hago, qué hago? No hay tiempo, las sombras de los ojos que me miran me exigen que me decida. Y yo, ahora no sé, ahora tengo miedo. 16.
La historia no existe, los muertos, amigos míos son sólo eso, dejan a su alrededor a otras gentes sonidos ropas y lugares vacíos y no son más que eso: simple ausencia y catarata de recuerdos para ellos,lo cual, amigos míos, es otra historia. 17
Entonces Martín, comienza a respirar más tranquilo. La muerte, es otra historia, es de otros, les pasa a otros... y descubrir una verdad tan simple, le hace tomar fuerzas para levantarse, colgar el teléfono, y terminar de vestirse. Después de todo, ya nada puede hacerse, es tiempo de salir, y olvidar. Pausadamente, recoge su chaqueta, y mira por última vez el cuerpo inerte de Elena. Y mueren en esa última mirada, todos sus sentimientos, todos sus remordimientos, todos sus recuerdos. Cierra la puerta del apartamento, y sale a la calle.
Se confunde con el bullicio y la multitud que se apresura a las paradas de metro, a los centros comerciales, a las oficinas.
¡Qué solos se quedan los muertos!, recuerda Martín, cuando hace un gesto para detener un taxi, que solos si... y mientras sube y piensa en la dirección, él mismo ha dejado de existir para siempre. 18 Se ha convertido en una sombra...o tal vez lo fue siempre.
Confusamente recuerda como pasó por la vida y las cosas sin dejar una sola marca, salvo esas en el cuello de Elena.
Ahora el problema parece de otro, como los miedos, él se mira allí abajo y se ve tal cual es, pequeño y terráqueo, asido a verdades y mentiras, a sueños y apetitos, pero no siente, ni hambre, ni sed, ni aire, ni agua, ni sol, ni luna, ni proyecto de casa, ni llanto de niño, ni granizo, ni siquiera cal..
El viento angustiante comienza a hablar con su propia voz, Martín tiembla, es sólo otra hoja en la tempestad, percibe un gusto salino y comprende que está llorando porque el viento tiene una voz..esa voz..que es la de Elena, es como el viento, es el viento. Martin grita...o cree...Elenaaaa. 19 No sale de su asombro, él llorando a Elena, él llamando a Elena, si ni siquiera recordaba a alguien con ese nombre.Tal vez su memoria se había esfumado como el humo de la chimenea de aquella vieja fábrica, tal vez él mismo estaba muerto.Sobresaltado y confundido, bajó del taxi y sin saber muy bien donde estaba, empezó a caminar como un autómata, sin rumbo, hasta que sintió la presión de una mano suave pero firme sobre su espalda,se volvió y allí de pié frente a él estaba Zulema. 20
Y Zulema, como todos, casi nunca piensa, no es Zulema la desnudez muerta en una cama, ni mi duda, ni la marca de los dedos azules en el cuello de...
Supongo que ahora no importa, igual Zulema no sabe y qué importa Zulema, Zulema tan grande, Zulema tan siempre, Zulema que me toca el hombro y me asusta, Zulema de mierda que no sabe nada, putica de noches sin luna, vivís y no sabés cómo, quizás deberías ser vos en la cama y no Elena ahora ya muerta, tan sola y tan muerta, tan limpia en su muerte...
Zulema paga el café ya que el taxista se que quedo con los vueltos.
-¿Tenés una moneda para usar el teléfono?
Y Zulema esculca el bolso y no hay moneda y qué importa, al carajo con Zulema y su invitación y su moneda, además el café estaba amargo.21
En realidad todo se parece a Elena, todo lo desagradable y lo mágico, lo que me lleva al olvido y lo que me trae y ahora me esta mirando, no se de donde, pero me esta mirando.
Así como la miraba tendida en la cama sin saber por momentos quién era ella, ahora se está preguntando lo mismo de mí. No quiero que me siga, ni me busque, ni me observe, a medida que camino giro la vista en todas las direcciones porque de cualquiera de ellas me está mirando.
Puedo sentir sus ojos clavados en mis pasos y más adentro aun, como si hubiera vuelto por algo, algo que no se llevó, algo que me pertenece, algo que le prometí y jamas cumplí.
No puede ser, pensaba, es mi imaginación todo es tan reciente!. 22
Según el diccionario, imaginación es la facultad del alma de representar las imágenes de las cosas reales o ideales. Quizás mi alma me estaba jugando una mala pasada, representándome en cada esquina, en cada maldito rincón una imágen distorsionada para atormentarme, para hacerme sentir un ser vil, desamorado,capáz de borrar la existencia de un ser, solamente con la presión de unas manos de apariencia inofensivas alrededor de un cuello que al creerse acariciado, no opuso resistencia alguna. 23 Y, sin pensarlo, viendo más nítidas las cosas, escapado de la enseñación, me escucho decir:
-Perdonáme.
Y ya ubicado en la realidad tangible, veo a Elena, imperturbable como la cotidianeidad sinrazón que nos unía, preparada con las cremas que le transforman el rostro en algo impreciso y pastoso...
Elena, la de siempre, bebiendo agua y tomando pastillas para dormir.
Elena, la cotidiana.
Elena, la monotonía más pura, concreta y verdadera.
Elena, como el viento, arrasando todas, pero todas mis ilusiones y yo, pequeño, repitiendo una muletilla terriblemente conocida, que, siendo apenas un murmullo, se escuchaba como un grito suplicante y ensordecedor:
-Perdonáme, perdonáme, ¡PERDÓNAME! 24FIN
Muchísimas gracias a todos los que colaboraron en este cuento. Ellos son: 1. Arturo (112021.1001) desde IP hd3-248.hil.compuserve.com el 23/06/98.
2. Eve Baili (evebaili@mail.citynet.net.ar) desde IP ppp22.citynet.net.ar el 23/06/98.
3. LINA (MAGCON@HOTMAIL.COM) desde IP 207.248.168.44 el 23/06/98.
4. EMILCE OSUNA (eosuna@fceco.uner.edu.ar) desde IP 170.210.31.24 el 23/06/98.
5. Arturo (112021.1001) desde IP ad81-196.arl.compuserve.com el 23/06/98.
6. Verónica Balansino Genero (staffmod@infonet.com.py) desde IP a2-p6.infonet.com.py el 25/06/98.
7. Noemí Graciela Petronacci (noemitome@mx3.redestb.es) desde IP ppp160.198.redestb.es el 01/07/98.
8. María Molina (raspal@arrakis.es) desde IP ii-212.arrakis.es el 04/07/98.
9. Laura Herrera (lcherrera@usa.net) desde IP 200.21.101.186 el 05/07/98.
10. Noemí Graciela Petronacci (noemitome@mx3.redestb.es) desde IP ppp21.199.redestb.es el 09/07/98.
11. Noemí Graciela Petronacci (noemitome@mx3.redestb.es) desde IP ppp46.197.redestb.es el 14/07/98.
12. María Molina (raspal@arrakis.es) desde IP ie-42.arrakis.es el 14/07/98.
13. Fernanda (morocotopo@hotmail.com) desde IP genker.sinectis.com.ar el 14/07/98.
14. marcelo rodríguez leos (marcelo.leos@mailcity.com) desde IP 148.234.49.72 el 15/07/98.
15. Gustavo Diaz (gdiaz@mecon.ar) desde IP guille.mecon.ar el 17/07/98.
16. Noemí Graciela Petronacci (noemitome@mx3.redesteb.es) desde IP ppp76.196.redestb.es el 17/07/98.
17. carlos (amarlos@ciudad.com.ar) desde IP host142226.ciudad.com.ar el 18/07/98.
18. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 20/07/98.
19. José A.F-Quintela (jfernandez@telefe.com.ar) desde IP 200.16.211.180 el 21/07/98.
20. Marta Alicia Bonelli (trucho @mx2. redesteb.es.) desde IP ppp26.194.redestb.es el 22/07/98.
21. Mario Alberto Duque Cardozo (madc@epm.net.co) desde IP serial55.epm.net.co el 22/07/98.
22. Alejandro de Oro (adeoro@iadt.com) desde IP 24.232.3.189 el 22/07/98.
23. Marta Alicia Bonelli (trucho @mx2.redetebe.es.) desde IP ppp229.199.redestb.es el 25/07/98.
24. Eve Baili desde IP ppp4.citynet.net.ar el 26/07/98.