cuento interactivo
(Esta es la historia)La puerta está abierta. Hay un silencio de años que aterra y no logra recordar que había detrás de ese marco, frío, negro, vetusto. Sabía que el viejo había tenido una muerte negra, misteriosa, con el silencio de los vivos...
Dora -¿Por qué no entras de una vez?-, se preguntaba mientras sus pies seguían entre la oscuridad y el pasado.
Tomó el aire como lo hacen los cantantes líricos y con paso firme atravesó la puerta.
Silencio, olor a humedad, crujidos de miedo. Dora temía que en cualquier momento el espectro del viejo saliera a recibirla... 1
Sin embargo, nada ocurrió.
La habitación estaba vacía, pero se respiraba misterio en cada uno de sus rincones, pero un misterio azul claro, como de niño pequeño.
Los recuerdos se esparcían aquí y allí, el viejo no era viejo, sino un niño pequeño como un capullo de flor silvestre. Jugaba con sus maderas de colores y hablaba con su amigo invisible. Dora lo miró.Tenía los mismos cristales de mica trozando el pardo nítido de las pupilas, los mismos ojos que del abuelo, pero más limpios, más puros, menos contaminados.
Entonces Dora tuvo una certeza: había penetrado en el pasado lejano. 2
Dora se perdió en esa mirada, se hundió en ese pasado denso, angustioso, viejo.
Mientras el niño permanecía allí jugando, confirmaba con su extraña levedad su nueva vida, mira desafiante a lo porvenir, mientras sus ojos comienzan a mutar de color. En un segundo destellante pasan de ser pardos a verde pradera, y luego a celeste profundo.
Entonces Dora se da cuenta, el cielo insabile estaba allí. Ese color de cielo hasta ahora, sólo presentido, pero inalcanzable, estaba allí.
El abuelo-niño, tiende una mano, y Dora vacila... tiembla, presiente. 3
Dora se decide y se arriesga -el que no arriesga no gana, le dijeron y ella piensa-. Tiende entonces su mano a aquél inocente niño que ha vivido todas las experiencias de un anciano. A aquél niño que juega y se divierte con sí mismo, con su abuelito que una vez no fue considerado juguete. 4
Al acercar su mano la imagen se desvanece, la habitación vuelve a quedar en penumbras, otra vez el olor rancio a humedad y a encierro, otra vez el frío del silencio de tantos años. Entonces, sin desilusión, recorre la habitación deteniéndose en los objetos con emoción. Es aquel viejo marco de plata que la encandila y que la transportará a 5 su niñez.
Nuevamente en el pasado pero esta vez como protagonista, Dora mira con cariño a una mujer de cabello blanco. Su querida "Lala", como le decía cuando aún no podía pronunciar la palabra abuela, estaba peinándose con la gracia de siempre el rodete. Podía ver su imagen reflejada en el espejo de marco de plata, que tanto le llamaba la atención. Sonreía mientras tarareaba una dulce canción.
De pronto el sonido de unos pasos la sobresaltó... 6 Es que esos pasos... le acercaron al niño viejo.
Había entrado sí en el pasado -en el túnel del tiempo- y con sus ojos fuera de las órbitas comprobó Dora, que ese niño era su abuelo...
Entonces gritó, si darse cuenta, sin emitir sonido alguno... (¡Cognición! y dió nombre al cuento) 7 y de pronto vio su cara de niña de siete años reflejada en el espejo y dejó de tener miedo, ¿Cómo podía haber llegado a gritar si de nuevo estaba con las dos personas que más había querido en su vida?. Su abuela que seguía peinándose ajena a todo lo que estaba ocurriendo, hermosa como siempre en su mirada verde tierra, y su abuelo, niño o anciano, que más daba, ésa era la magia de haber traspasado el espejo 8
Dora cerró los ojos y cientos de lunares amarillos se encadenaron hacia su centro turbándola, arrastrándola por un túnel sin escapatoria ni final. Se sintió vencida, sin fuerza, incapaz de oponer resistencia a esa fuerza que la empujaba al infinito de la nada. 9
Dora esperó en el zaguán mientras Lucrecia, su nana, volvía a echar llave a la puerta de la casa de su abuelo. Esa casa le traía tantos recuerdos. ¿Qué iba a pasar ahora después de la muerte del viejo?. Su madre era partidaria de que vendieran la casa, a pesar de que su padre afirmaba que tenía poco valor. Pero para Dora esa casa tenía un valor inmenso. Cómo poder decirles a sus padres que ese era su castillo encantado. Que allí podía seguir conviviendo con los fantasmas de los abuelos. Siguieron caminando bajo el fescor de los árboles, junto a la vía férrea de la calle Garibaldi. Al fondo se veía la silueta imponente de La Bombonera. Por allí cerca tomaron el omnibus de regreso a casa 10
Sin embargo, seguía pensando nebulosas, imprecisiones grises y deformes...¿Dónde volvería...? ¿A su casa? ¿A la casa de sus planos oníricos, desleídos en un ungüento de vivencias donde la realidad y la fantasía conformaban una viscosa mixtura...? No lo sabía, no sabía quién, ni qué hacía en ese universo tan indiferente 11
--¡Basta!-- gritó a los fantasmas que no la dejaban en paz. 12 Los fantasmas no se rinden. Son espacios espacios que lo llenan todo...No querían claudicar...Después de todo, muy pocos sabían que DORA, ojos de mica, también era un fantasma lila y azul, según el día, el color del cielo y el resplardor del sol. 13 Un fantasma alimentado por otros fantasmas a los que se aferraba, de los que se negaba alejarse. Una vez la casa cerrada apretaba aquella llave larga, de hierro negro en su bolsillo, ya no se veían llaves como esa. El saberla en su poder le daba cierta seguridad, sabía que podía volver cuando quisiera, cuando le hiciera falta. Pisar aquellas maderas crugientes, perderse en el espeso jardín, vagar por la casa con los ojos cerrados, escuchando la nana con la que se dormía en brazos de su querida abuela. 14 Por eso aprieta en su mano la llave, es su ancla de tierra, es su forma de permanecer aquí.
Dora levanta la cabeza y mira el ático donde de pequeña jugaba con aquellos otros fantasmas tal vez más jóvenes, diáfanos y transparentes que éstos que hoy invaden su vida, trayéndole esos recuerdos, atándola sin querer a un pasado del que quisiera escapar...
Mientras estos viejos fantasmas vuelven y vuelven...un sonido enorme...potente...tremendo la conmociona y la hace reaccionar...desde la cercana cancha de Boca, llega como en oleadas incontenibles un grito único, gigante...Goooollllllll. 15 Sí, Goooolllll, Gol de Talleres de Córdoba. Los boquenses eran derrotados en su propio campo. 16 Y es ese gol el que, de una manera un tanto absurda, le hace sentirse liberada de tanto pasado. Un pasado que ama, sí, pero que también le pesa fuerte, que hace que su centro se se pierda en vericuetos de hojas secas. Un grito unánime que le entra bien dentro y le va limpiando, limpiando, colocándole una sonrisa y unas ganas locas de gritar ella también 17
Realidad y fantasía se fundían en una sola mezcla compleja que era capaz de contenerlas.
¿Dora, era una más entre los habitantes de la 'Casa Encantada' que despertaba ensoñaciones y ficciones irreales?
¿O, como decía José, corría riesgos de desleírse en los vericuetos de propia trama narrativa, disputada entre dos polos opuestos, realidad y ensoñación?
Creo que a Dora le gustaba ser así, un compuesto alquímico de cosas de todos los días y de otras que sólo suceden en la imaginación, por eso Dora era puro misterio indescifrable.
Hasta que lo encontró a él, vía e-mail,completando episodios de la historia que ella precisamente protagonizaba.
Entonces, salió de contexto, se mezcló con el mundo real y pudo ir a su encuentro... 18
Dora se paró en la esquina de Montes de Oca, inusualmente radiante y feliz, lúcida, no sabía como había pasado, ni porque, pero fue toda luz.
Giró como inconscientemente su cabeza y tuvo suerte, allí como para ella,con una banderita de muchos colores, brillante y libre venía y recordó el comienzo de un cuento interactivo... "recorriendo las calles de esta ciudad resulta algo realmente heroico", con todas sus fuerzas levantó una mano y....chist...chist,TAXI...19FIN (o quizás continúa en "Taxi"...)
Muchísimas gracias a todos los que colaboraron en este cuento. Ellos son:
1. EMILCE OSUNA (eosuna@fceco.uner.edu.ar) desde IP 170.210.31.8 el 22/06/98.
2. Eve Baili (evebaili@mail.citynet.net.ar) desde IP ppp22.citynet.net.ar el 23/06/98.
3. José A. F.Quintela (jfernandez@telefe.com.ar) desde IP 200.16.211.180 el 25/06/98.
4. Gonzalo Cladera (jcladera@cica.inta.gov.ar) desde IP sunsite.uba.ar el 28/06/98.
5. Noemí Graciela Petronacci (noemitome@mx3.redestb.es) desde IP ppp160.198.redestb.es el 01/07/98.
6. Patricia Araujo (paraujo@ciudad.com.ar) desde IP o2000.prima.com.ar el 03/07/98.
7. Juan Antonio Araujo (paraujo@ciudad.com.ar) desde IP o2000.prima.com.ar el 04/07/98.
8. María Molinaa (raspal@arrakis.es) desde IP ia-14.arrakis.es el 04/07/98.
9. Noemí Graciela Petronacci (noemitome@mx3.redestb.es) desde IP ppp95.196.redestb.es el 06/07/98.
10. Juan Carlos Ruiz G. (jcruiz@entelchile.net) desde IP tc31-190.entelchile.net el 07/07/98.
11. Eve Baili desde IP pppd14.citynet.net.ar el 08/07/98.
12. Noemí Graciela Petronacci (noemitome@mx3.redestb.es) desde IP ppp21.199.redestb.es el 09/07/98.
13. Eve Baili desde IP pppd7.citynet.net.ar el 10/07/98.
14. Noemí Graciela Petronacci (noemitome@mx3.redestb.es) desde IP ppp42.198.redestb.es el 13/07/98.
15. José A.Fernández Quintela (jfernandez@telefe.com.ar) desde IP 200.16.211.180 el 13/07/98.
16. Noemí Graciela Petronacci (noemitome@mx3.redestb.es) desde IP ppp90.194.redestb.es el 14/07/98.
17. María Molina (raspal@arrakis.es) desde IP ie-42.arrakis.es el 14/07/98.
18. Eve Baili desde IP 200.32.16.59 el 16/07/98.
19. José A.Fernández Quintela (jfernandez@telefe.com.ar ) desde IP 200.16.211.180 el 17/07/98.