Cuatro Lunas

cuento interactivo

(Esta es la historia)

Fue apenas un gesto de un desconocido. Una alusión fugaz, interpretada en el laberinto de la memoria. De allí en más, cada paso le devolvía las heridas, anunciando la noche más terrible: una noche llena de pasado. 1
Por la puerta del baño que está abierta, escucha el repiqueteo de la ducha sobre la porcelana blanca de la bañadera.
— ¡Qué frío! ¡el agua está saliendo helada!— Grita una voz de mujer.
— Amanda, ¿qué hora es? le pregunta él, ignorando la desnudez cubierta de espuma.
Amanda, con voz destemplada le contesta: —Federico dónde tenés la cabeza, estoy bajo la ducha fría, con carne de gallina y me preguntás la hora.
— Oh, me olvidé de decirte que a las diez cortan el agua caliente.
— Entonces serán las diez y cinco, dice Amanda , tiritando bajo el agua.
—No creo que el agua esté más fría que vos, susurra Federico para sus adentros y se queda con los ojos fijos en cuatro formas redondas que dibujó la humedad en el techo. 2
Seguro que Serrat tenía un techo igual que éste...la forma redonda uno (la más redonda) parece una célebre cantante melódica vista de atrás.
La dos es más bien ovalada (Fede se va en una nube y comienza a pensar en qué linda época fue la del Rugby, ¿ Cómo estarán esos amigos del tercer tiempo...?,seguro que mejor que yo que este mes laburé tres veces)
Te recuerdo Amanda....Amanda que hacés...parecés loca toda mojada y llena de jabón, largá eso...largalo, no se te ocurra tirármelo, acordate que es un regalo de mi tía Irma....uyyyy, Amanda a ver si se te cae, después cómo le explico, no te olvides que la vieja siempre nos tuvo en cuenta en sus testamento...por favor Amanda que culpa tengo yo que hayan cortado el agua caliente.
—Federico, me tenés más bien harta con tu abulia...yo en tu tía Irma, sabés que...me ...me importa un pito la herencia, tu tía, vos te la pasás mirando el techo, porqué en vez de mirarlo no lo pintás...nooo no sea que se manche el pelito el vago, mirá que manchas asquerosas tiene... 3
—¡Asquerosas no!, grita Federico y de un brinco se para en la cama, con los brazos levantados como si quisiera tocar el cielo con sus manos. Son mis cuatro lunas, que nadie se atreva a tocarlas!
— "Las Lunas de Federico, están tan alto, tan alto el no puede besarlas," le canturrea Amanda.
4 ...las lunas de Federico,Amanda,te recuerdo Amanda. Duelen las coincidencias,cien años del nacimiento de García Lorca, veinticinco de la muerte de Víctor Jara, piensa Federico mientras las lunas de humedad del techo van cobrando otras formas. Una, la más redonda en un estadio de fútbol donde la muerte domina todo el campo y las manos,las manos no aplauden,las manos son truncadas, pero las manos, esas manos de Víctor son dos, son mil, son millones de manos hechas para acariciar, para amar, para volar.
Otra,oscura, profunda como un barranco, negra como la noche del mes de julio de 1936 en Vinaroz, aquel negro barranco donde mataron al otro Federico.
La tercera es un útero del que pugnan por salir miles de niños, aunque hoy tengan 20,21,22 años, y la cuarta es feroz, la más grande tiene el aspecto de la hidra, bestia eterna y sanguinaria.—
Federico!!! qué te pasa??—pregunta Amanda al ver dos lágrimas correr por su cara.
Federico se levanta despacio y con voz débil le pregunta a su esposa: sábes donde guardé la pintura que sobro de cuando arreglamos la cocina?- 5
Amanda desconcertada, lo mira primero con rabia, luego sus ojos se convierten en dos lunas, como las de Federico:
—No sé —logra contestar mientras se seca el cabello— tal vez ya estén secas...
—Cómo van a estar secas carajo!!!— y sale corriendo por el pasillo como si alguien lo persiguiera.
Sale a la calle, trata de recordar la forma de las lunas de humedad. Qué color les pondría? Azul como el mar de Neruda, no, mejor blancas como el color de la piel de Matilde...Definitivamente las pintaría negras, para no correr el riesgo que vuelvan como vuelven una y otra vez los recuerdos de sus heridas... 6
—¡Federico volvé!!— le grita Amanda desde el balcón.—¡Dónde vas a comprar pintura a esta hora!—
—Qué me pasa, me estoy volviendo loco, que quiero matar lo que me mantiene vivo... vivo los recuerdos...vivos los mártires de la locura.— Una lágrima se escapa de su dolor, en ella se refleja la luna llena. 7
Pero la noche lo circunda, y se pregunta qué hace allí parado, con el peso de su pasado doblándole la espalda. Se da cuenta que está en pijama y pantuflas, y repentinamente siente en sus huesos todo el frío de la ciudad. Quiso volver sobre sus pasos, pero allí estaba Amanda, estaban sus lunas, estaba el pasado, acechandolo como fantasmas malignos. Entonces corrió en dirección opuesta, sus pulmones se llenaban de aire helado y la sangre comenzaba a galopar por sus venas. Federico escapaba, corría, hasta que el sonido de una voz cascada lo detuvo.
Detrás de un ciprés, entre un montón de hojas secas y papeles de diario, emergió una silueta.
—Ey, muchacho, ¿adónde vas tan apurado? —El mendigo acomodó sus harapos y le tendió una hoja de diario —¿Por qué no te abrigás? Hace frío esta noche, tan negra, y ni siquiera hay una luna que nos alumbre 8
Me estoy volviendo loco. ¿De dónde me pueden salir tantas lágrimas si yo había dejado de llorar por carencia de lágrimas? Y después por qué dije que quiero matar lo que me mantiene vivo si sólo por ser vivo con los recuerdos puedo sentir...ganas de matar?
Se dejó llevar por las palabras que ya no sabía si eran suyas, o de todos, o de la luna llena, tan llena y tan amarilla como si hubiese sido luna de fiel, un hígado amarillo de donde brotaban, las noches, lágrimas. 9
El olor rancio, penetrante que despide el viejo arapiento, despierta a a Federico de la pesadilla su pasado.
—Vení muchacho, aquí está calentito, no me tengas asco, que el tiempo de tus recuerdos tiene el mismo perfume que el olor de mis arapos. Todo es ilusión, la luna de los enamorados, la luna de los poetas ya no existe. Ella se esfumó el día en que los hombres con escafantras la pisotearon y le clavaron una bandera en el medio de su vientre de volcanes apagados.
—¡Y eso qué es? —le pregunta Federico al mendigo señalándole la luna.
—Esa luna no es la verdadera, es una de plástico y neón, que colgó en el cielo una corporación. 10
Las palabras del olvidado social, le resuenan como si fueran palabras de otros, de todos,de nadie,de algunos, nunca propias, ahora mojadas con el gusto fuerte del mar madre.
Un escalofrío recorre la piernas de Federico, presiente, siente que le están hablando, negando la evidente luna, llenándola de neones y harapos...no sé que dice este hombre de otra luna, de un diario.
Frío...cuánto frío, cuánto tiempo...cuántas voces resuenan como ahora; una de ellas le resulta más conocida que otras, mientras el coro canta una letanía desafinada y lejana. 11 ..."Mil caballitos persas se dormían/ En la plaza con luna de tu frente,/Mientras que yo enlazaba cuatro noches/ Tu cintura, enemiga de la nieve." Recuerda Federico aquel poema de Gacela de amor imprevisto, recuerda sus cuatro lunas, sus cuatro noches, sus cuatro manchas del dormitorio, que hace tiempo ha dejado atrás.
El mendigo, calla inerte, como si tuviera un puñal clavado en los dientes, ..."¿Como temblaba el farol!/ Madre/ Era de madrugada/ Nadie pudo asomarse a sus ojos/ abiertos al duro aire"
Federico siente otro escalofrío, se lleva la mano al pecho, no hay puñal ni hay sangre, sin embargo.."no le conocía nadie".12
El viejo se acomoda sobre las hojas escritas. Tinta, lluvia y el gemido del papel se desparrama sobre la tierra y le hace coro a la metáfora de Federico.
—A mí, gracias al Diablo ya nadie me conoce muchacho...conocidos son los que tienen y olvidados somos nosotros— y abriendo la boca señala con el dedo sucio, una muela de oro que emerge entre la saliva y la lengua —Mire muchacho, ésto es lo único que me queda de la herencia. 13
Federico lo observa durante algunos minutos en silencio. Mientras tanto piensa en Amanda, en los trabajos que ya no buscará, en las formas que ya no guardará; piensa en la cara que pondrá la portera cuando se entere de que él se ha ido. El mendigo tiene algo atractivo. La noche no tiene demasiadas cosas rescatables, sin embargo, pero Federico está tan Federico a la intemperie que se alegra de no haber pintado el techo.
—¿Qué te pasa pibe? -pregunta el pordiosero.
—Eso es lo malo, que no me pasa nada. 14
—¿Y vos qué querés que pase? Buscaba en la soledad de la plaza una reconciliacion conmigo mismo y ¿Sabés que encuentro? Un mendigo filósofo.¿Habrá de creerme algien si le cuento de un harapiento hablándome del propósito de la vida y de las lunas? No señor, gracias de todos modos por escucharme, pero en casa hay alguien quien me espera ansiosa y a la cual no puedo dejar por una estúpida confusión existencial, adiós.
Se retira en dirección a su hogar buscando afanoso alguna excusa que pueda redimirlo de una sarta de reproches bien merecidos. Son ya las cuatro de la madrugada y aun las luces de la casa esperan desveladas su llegada 15
Se acerca despacio hasta debajo de la ventana de su cuarto, sin hacer ruido, como si presintiera que Amanda está atenta hasta la exasperación y oye, incluso, los susurros de los peatones. Seguro que ella está ahí, seguro que no duerme y que lo espera. Ella es parte de ese pasado de pasión y esperanzas, y es también el presente desesperado y roto por lo cotidiano y lo que parece cada vez más imposible. No puede alejarse de todo eso, sin romper parte de su vida. Si lo hiciera, piensa, sería un hombre terriblemente trunco, inconcluso, mucho más de lo que es hoy. 16 Entonces se acuerda de repente de aquella estrofa de Soriano de "Una sombra ya pronto serás" que le detuvo casi al comienzo del libro y que leyó una y otra vez, una y otra vez. Ahora aflora sola por sus labios: "Tantas veces empecé de nuevo que por momentos sentía la tentación de abandonarme. ¿Por qué si una vez conseguí salir del pozo volví a caer como un estúpido" "Porque es tu pozo", me respondí, "porque lo cavaste con tus propias manos". 17
Pero, allí en la hondura más profunda, observo el cielo. Muy plácido, descansado de nubes en su celeste límpido.
Un rayo de sol estrecha mi cara, como caricia cálida.
Entonces, comprendí que hay que llegar muy abajo para tener posibilidades de estar arriba, en lo alto, viendo cómo sólo el hombre es capaz de superarse a sí mismo.
Un mariposa azul revolotea cerca de mis ojos, confirmando la esperanza latente
puesta en acto en el dinámico devenir de la vida misma. 18
Federico se despierta desconcertado, gotas de transpiración se asoman entre las líneas de su frente, una de ellas se desborda como una lágrima y se mezcla con el rocío de la madrugada. Fue todo un sueño, una pesadilla; volver, quién quiere volver, aunque la tía Irma me deje sin un mango, no vuelvo con Amanda.
—Buenos días, muchacho— lo saluda el viejo mientras recoge los papeles de diario y los guarda dentro en una bolsa de arpillera.
—Buen día— responde Federico enfrascado en sus pensamientos. 19
¿Dónde estás Federico?— se había preguntado Amanda en las largas horas nocturnas, mientras reposaba en la baranda del balcón.
El aire frío de la noche y el olor a jabones de rosa que despedía su piel fresca terminaron por amodorrarla, el sueño llegó a vencerla.
¿Dónde estarás?— repitió con voz desesperanzada y suspiró profundamente, como si fuera la última porción de aire que le faltara aspirar.
Dejó caer su cuerpo liviano sobre la cama, aquella testigo de dulces jornadas de batalla. Miró el cielo raso y sus ojos penetraron las cuatro manchas, eran cuatro malditas manchas. como cuatro eran las razones por lo que nunca abandonaría a Federico. ¡Este Federico, nunca va a cambiar!. 20 Y no espera que cambie. Se necesitan como el mismo oxígeno, nada serían uno sin el otro. 21
"Adoptás una actitud demasiado maternal", le había dicho Carol a Amanda unos meses atrás. "Si Federico tiene el alma divagada y vagabunda de poeta, vos tenés que hacer de cable a tierra". Y Carol había seguido con su monserga: que la tierra no es la luna, que la luna es una y es el único satélite de la tierra, que su distancia a la tierra es de 384.392 km, que su diámetro ecuatorial es de 3.476 km, que su gravedad es de 0,165, que su densidad es de 3,34 g/cm3 y que etc., etc., etc. 22
..."Sí ¡Ya sé!" le gritó sin mirarla "que toda la vida es sueño y los putos sueños, sueños son". 23
Mientras los consejos de Carol dan vuelta a la tierra y se enredan con los meridianos y los trópicos de Cáncer y Capicornio, Federico está listo para cometer un acto de amor que lo alejará para siempre de Amanda.
—Venga sígame,—le propone Federico al viejo, usted necesita un baño y yo ropa...
—La generosidad es la más valiosa de las virtudes y la más difícil de encontrar— sermonea el mendigo y con la bolsa cargada al hombro, llena de noticias viejas, lo sigue a Federico por la playa, que en pijama y pantuflas, con un caracol apretado a su oído canta: "Me han traido una caracola/ Dentro le canta/ un mar de mapa/ Mi corazón / se llena de agua,/ con pececillos/ de sombra y plata./ Me han traido una caracola. 24
Una preciosa caracola, donde resuena una voz serena, una voz madre y antigua como el mar.
Federico mientras cambia de piel con el viejo, percibe un destello naranja..verde ..blanco; amanece se está haciendo la luz, el genésis de un nuevo día está escribiéndose.
La ropa comienza a transformar al viejo, y el viejo feliz cambia de ropa con Federico que inconcientemente con voz muy queda, mansamente comienza a cantar...."ya se ha muerto el burro, que llevaba la vinagre... 25
Excluida de las perpetuas y etéricas metamorfosis de Federico, Amanda no pudo dormir. Amanda no puede soñar. Amanda no podrá esperar. "Carajo, para qué le habré dicho nada de la pintura del techo..." Y piensa que en definitiva sólo son cuatro manchas, cuatro sombras más o menos redondeadas, un poco voluptuosas y calladas, sin voz propia... parecen cuatro mujeres: a una, de tan alba, la bautizaría Bernarda, la otra merece llamarse Marianita, a esa pobre se le ve la fase yerma, y aquella tiene una grieta amarga de doña Rosita... Claro, con razón las mira tanto, son sus mujeres. Pero yo, aquí, la mujer real, también puedo jugarme mi parte de sangre a las cinco de la tarde o a la hora que sea.
Y Amanda decide bajar a la playa, bajar a la arena.
26 Una caminata absurda, habría pensado después, cuando sintió el viento helado que endurecía los pantalanos que llevaba puesto.
Pero se dejó llevar, inerte, por los recuerdos de antaño... 27

Cuando conoció a Federico, allá en un boliche de canciones ojerosas, todo parecía difícil pero seguro. ¿Cuáles eran aquellas, nuestras seguridades —se preguntaba Amanda—, que nos revoloteaban las entrañas como palomas? Cuánto entusiasmo y cuánta alegría nos brindaba el 28 amarnos cadenciosamente.
Amanda entró en el departamento y buscó la pintura que había sobrado cuando pintaron la cocina. ¿A quién se le ocurre pintar la cocina de negro?, sólo a vos Federico... sólo a vos. Amanda abrió los botes de pintura para ver si se habían secado, de milagro todavía existen, pensaba Amanda mientras los revolvía un poco. Los tapó, se dió a la tarea de buscar una brocha o rodillo para pintar el techo y que Federico cuando llegara se pusiera contento al ver que el techo estaba pintado, que no lo tenía que pintar él, que ya todo estaba arreglado amor, no hay que pelearnos por estas boludeces, vení te hago unos mates, vení... 29
Sabes que odio los mates y aunque no los odiara lo único que deseo es poder llegar al tuétano de nuestro amor y descubrir todo ese mundo fantástico que escondes en tu corazon.
Amanda, dejame mostrarte mis tesoros y que cual pirata me descubras mis más recónditos sentimientos.
¡Dime!, AMANDA, ¡responde!. 30
Amanda se queda estupefacta mientras un anciano borracho y con pinta de mendigo, le espeta en la cara, no sé qué chorradas de sus tesosros y sus tuétanos. Está a punto de echarlo, cuando repara en que las ropas que lleva, son las que Federico había sacado la noche atrás, sus zapatillas, su pijama.
—¿qué le ha hecho a Federico?, ¿Donde está, Federico? —Grita a aterrorizada, mientras con una mano empuña un rodillo de pintura amarilla que va goteando en el suelo lamparones de pintura en mal estado 31
El viejo con un gesto de caballero se presenta —Diego de Alcorta, encantado señora— y le extiende la mano sucia para saludarla —¡No se me acerque, viejo borracho! —Borracho no, señora, sucio de vida y tiempo— Amanda esquiva el saludo con el rodillo y en el impacto la pintura amarilla salpica el pijama de franela azul. Federico se avalanza sobre Amanda y sacándole el rodillo lo tira por la ventana.—¡Me arruinaste mi pijama preferido, parece la camiseta de Boca! ¡amarillo! ¡odio el amarillo, es yeta!!!— le grita furioso Federico que, tomándola del brazo la lleva a la fuerza hasta la habitación y la tira sobre la cama. Acalorado por la furia se saca el mal oliente sobretodo de piel de camello y lo tira sobre Amanda.
—¡Federico, esto apesta!
—Si apesta a miseria, no a perfume chanel como vos, ¡sucia de desamor! que lo único que amas es la herencia de mi tía Irma.— Federico abre el ropero y se pone a buscar algo, la ropa vuela por el aire, los zapatos caen al suelo como granadas.—¿Dónde esta la valija?. Te la llevaste vos cuando te fuiste a lo de Matilde... 32
Desamor, terrible desamor, Federico y Amanda en el viejo lugar común, mordiendo la misma oruga de siempre, poblando sus pieles son reediciones de viejos deseos, predicamentos de un ardor que no necesitó de años para extinguirse. Por qué, al final, meter a la tía Irma al cuento, por qué hablar de Matilde si el abismo estaba entre los dos, en la misma cama usual. 33
El abismo de aquellas cuatro manchas en el techo. De quien quería verlo limpio e imaculado, pintado de amarillo, y de quien cada noche, soñaba con las manchas, y les ponía nombres, y les cosía recuerdos, y les tendía escaleras por las que salir corriendo a perderse en ellas...Y Federico seguía abrazado a sus lunas, y no escuchaba otra cosa que la música de las caracolas, y sus mil caballitos persas, que dormían, en plazas con luna de una frente. Y no recordaría nunca el comienzo. "Nadie comprendía el perfume\de la oscura magnolia de tu vientre\nadie sabía que martirizabas \un colibrí de amor entre los dientes" Y Amanda, que nunca sabría cómo pintar el colibrí que pudiera beber agua en esas lunas con un rodillo de pintura amarilla "era un pálido ramo de simientes\que buscaba para darle por su pecho\las letras de marfil que dicen siempre". 34
—Vos siempre vivís a contramano Amanda,te empeñás en ensuciar el pijama azul que es el que más quiero y en limpiar con ese horrible color amarillito limoncito de mierdita mis cuatro lunas.
—Pero Fede, yo quería...
—Fede las pelotas, sabés que odio que me llames así, que vas a querer vos, si nisiquiera sabés el significado del verbo querer, si parece que vivís en otra galaxia, la de la herencia, la del perfume chanel, la de las formalidades boludas, la del existir sin ser... 35
Entonces Amanda contuvo su respuesta. Y asomaron a sus ojos todas las lágrimas del mundo. Ella no sabía vivir. Ella no era..., por que cuando miraba el techo veía manchas y no lunas, por que con el rodillo de pintura solo sabía limpiar lo enmohecido, y no dibujar colibríes, ella que cuidaba de él y de sus sueños aunque no los comprendiera, ella que intentaba leer sus cosas, para acercarse a él, ella que apagaba sus propios incendios cada vez que las chispas saltaban para no perderlo, ella, siempre con los pies en la tierra, resultaba que era ella la que no era...El nudo que apretaba su garganta era tan fuerte, que no podía apenas respirar. Entonces apareció el mendigo. Duchado y afeitado, con el abornoz de Federico, y su colonia, y la misma sonrisa de Federico, cuando la conoció aquella tarde en el parque. —"Déjeme decirle señora, que nunca unos ojos como los suyos debían estar llenos de lágrimas" 36
—Ni mis ojos tienen lágrimas, ni usted es Federico, ni el techo tiene cuatro lunas— y Amanda se fué caminando con el rodillo chorreando. 37
Así es Amanda, descuidada, egoísta y sobre todo desconsiderada.
Ella sabe muy bien que Federico detesta el amarillo, sin embargo, allí va Amanda acorazada en su despecho sin importarle nada, desparramando amarrillo sobre tierra, provocando. Lo había escuchado decir mil veces: "Amarillo sólo para el sol, los girasoles y el patito de plástico de la infancia...". La infancia de Federico, con una madre que apenas recuerda y un padre desconocido. 38
Tal vez, si hubiera vuelto la vista atrás, entre esas no lágrimas que anegaban sus ojos, hubiera podido reconocer al Federico mendigo que ella estaba creando cada noche, el que una tarde tomaría la puerta para no volver nunca, y acabaría siendo Diego de Alcántara para siempre, acompañado de periódicos, cantos y parques con luna...39
Pero éste Diego de Alcántara, así como su viejo antecesor que en los años 1550 había dirijido las obras de construcción del palacio de Aranjuéz, era arquitecto de su propio destino,mendigo por elección, sucio de vida y tiempo pero no borracho, filósofo por intuición y por experiencias vividas, miró alejarse a Amanda con profunda tristeza, a encarrarse entre cuatro paredes prolijamente pintadas de amarillito limoncito de mierdita, sin enterarse siquiera que la pisaba la historia y no se daba cuenta, dió media vuelta y salió por la puerta,sin volver la vista atrás y perdiéndose en la oscuridad de las calles...para siempre. 40

FIN

Muchísimas gracias a todos los que colaboraron en este cuento. Ellos son:

1. jorge (jframi@hotmail.com) desde IP 168.96.141.11 el 14/06/98.
2. BUBIUSA desde IP ww-te06.proxy.aol.com el 14/06/98.
3. José AF.Quintela (jfernandez@telefe.com.ar) desde IP 200.16.211.180 el 16/06/98.
4. BubiUSA desde IP ww-to05.proxy.aol.com el 17/06/98.
5. Hugo Silberman (garfio@lettera.net) desde IP lucia.seg-social.es el 18/06/98.
6. EMILCE OSUNA (eosuna@fceco.uner.edu.ar) desde IP 170.210.31.24 el 19/06/98.
7. BubiUSA desde IP spider-to012.proxy.aol.com el 21/06/98.
8. Verónica Balansino (staffmod@infonet.com.py) desde IP a6-p13.infonet.com.py el 21/06/98.
9. alina (alina@art.ro) desde IP dial03.art.ro el 21/06/98.
10. Bubi USA desde IP spider-ta021.proxy.aol.com el 23/06/98.
11. José A.F.Quintela (jfernandez@telefe.com.ar) desde IP 200.16.211.180 el 24/06/98.
12. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 26/06/98.
13. BubiUSA desde IP spider-wa022.proxy.aol.com el 29/06/98.
14. Alejo (villarino@sinectis.com.ar) desde IP genker.sinectis.com.ar el 30/06/98.
15. Adan Ayup (aayup@yahoo.com) desde IP 200.23.18.82 el 01/07/98.
16. Alicia Spraggon (alidans@infovia.com.ar) desde IP maq202a.advance.com.ar el 02/07/98.
17. Noemí Graciela Petronacci (noemitome@mx3.redestb.es) desde IP ppp208.196.redestb.es el 03/07/98.
18. Eve Baili desde IP pppd23.citynet.net.ar el 03/07/98.
19. Bubi USA desde IP spider-tb011.proxy.aol.com el 06/07/98.
20. mabel (talita10@hotmail.com) desde IP asy22.rcp.net.pe el 08/07/98.
21. Noemí Graciela Petronacci (noemitome@mx3.redestb.es) desde IP ppp21.199.redestb.es el 09/07/98.
22. Alicia (solyluz@mixmail.com) desde IP r244-32.adinet.com.uy el 09/07/98.
23. Noemí Graciela Petronacci (noemitome@mx3.redestb.es) desde IP ppp195.195.redestb.es el 10/07/98.
24. BubiUSA desde IP spider-tk023.proxy.aol.com el 10/07/98.
25. José A.F.Quintela (jfernadez@telefe.com.ar) desde IP 200.16.211.180 el 13/07/98.
26. Alicia (solyluz@mixmail.com) desde IP r245-102.adinet.com.uy el 14/07/98.
27. mabel (talita10@hotmail.com) desde IP asy67.rcp.net.pe el 15/07/98.
28. Alicia (solyluz@mixmail.com ) desde IP r45-69.adinet.com.uy el 18/07/98.
29. velia (veliacm@hotmail.com) desde IP inter553.internet.com.mx el 18/07/98.
30. Hector Santana (hsantana@usa.net) desde IP 206.105.236.189 el 19/07/98.
31. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 20/07/98.
32. BubiUSA desde IP spider-to021.proxy.aol.com el 22/07/98.
33. Pedro Ruiz (ruiz@hotmail.com) desde IP sdx-ca37-70.ix.netcom.com el 23/07/98.
34. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 23/07/98.
35. Marta Alicia Bonelli (trucho@mx2.redestebe.es.) desde IP ppp229.199.redestb.es el 25/07/98.
36. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 27/07/98.
37. velia (veliacm@hotmail.com) desde IP inter1071.internet.com.mx el 28/07/98.
38. BubiUSA desde IP spider-ti052.proxy.aol.com el 29/07/98.
39. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 29/07/98.
40. Marta Alicia Bonelli (trucho@mx2.redestebe.es) desde IP ppp33.197.redestb.es el 29/07/98.

 

otras historias en las que puede participar...