Humboldt y Padilla

Un cuento interactivo

(La historia comienza aquí)

Padilla estaba en silencio. La espera se hacía larga y ya estaba anocheciendo. Hacía años que se juntaba en esa esquina con Humboldt, pero nunca antes había tenido que esperarla. No era impaciencia ni enfado, sino más bien el disgusto de la sorpresa lo que la mantenía despierta. Padilla no apreciaba las sorpresas. 1
La noche llegaba sin la luz blanca sobre las sombras, las danzas de las mariposas atraían frecuentemente a Humboldt; la ciudad se vaciaba al parpadeo de las lamparas. Padilla sola. La silueta en el vidrio del cafe que se cerraba, dando vueltas a la espera. ¿Acaso a Humboldt ya no le importaba? 2
¿Cómo se hace para entender?, pensaba Padilla, ¿cómo diablos se hace para esperar cuando sabemos que a nosotros nadie nos espera en ninguna parte. Si al menos existiera en el aire un tímido olor a pasos lejanos, si crujiera alguna hoja seca a nuestras espaldas... Pero Padilla sabía que cuando más se espera, más se está al borde del olvido. 3
-¡Dejese de joder, Padilla! Vamos a tomar una ginebrita, ¿que carajo hace ahí chupando frio, con esta humedad? (Ganzábal, como siempre, se había aparecido sin avisar, contrastando su silencio de felino para desplazarse en la noche con su vozarrón de verdulero exitado para proferir sus opiniones generalmente no solicitadas). 4
Padilla reconoció la voz pero no reconoció la situación. Estaba en otro mundo cuando irrumpió Ganzábal.
-¿Ganzábal? ¡Usted aqui! Yo lo hacía siguiendo a Oliveira... ¿o ya abandonó esa historia?
Padilla creyo ver un minimo gesto de ofensa en Ganzábal, o de vergüenza, un rictus que dejaba en evidencia que se sentía destratado por la liviana e hiriente respuesta de Padilla.
-Yo de Dorita no me olvido, che, así que no me venga con cosas. 5
Padilla lo miró dubitativa. Era evidente que la presencia de Ganzábal allí no era casual. Quería que continuara hablando El disgusto que la embargaba momentos antes había dejado paso a una excitación espectante. Allí estaba ella, frente a Ganzábal, esperando algo.
¿Esperando qué? ¿Acaso noticias de Humbolt? ¿Sabía ese hombre algo que ella ignoraba?
--¿Estaba esperando a Humbolt?
El vozarrón de verdulero se había transformado en un murmullo casi cariñoso que la penetró lentamente.
--No ha venido aún - Confesó desanimada dejando de lado su agresividad natural --¿Sabe dónde está?. 6
--¿Realmente cree que si yo supiera dónde está estaría acá parada? -- Considerando el carácter agresivo de Padilla, era de suponerse que contestaría de una manera poco cortés.
Ganzábal permanecía dando vueltas junto a ella. Pasaba el tiempo y Humboldt no llegaba. "Mejor le digo que se vaya, puedo quedarme sola" trataba de convencerse a sí misma logrando solamente absurdas contradicciones. Le aterraba la idea de tener que esperar a Humboldt sola. Pensándolo bien, podría buscar un tema de conversación para matar el tiempo. 7

Se despertó jadeando. Con angustia reprimida, miró a su lado y ahi estaba Humboldt dormido . No se había ido para ninguna parte. Tenía pesadillas continuas desde que ese verdulero le había dicho que había visto a Humboldt entrando a una agencia de viajes. Primero espero ansiosa durante días la noticia de un viaje sorpresivo a alguna isla paradisiaca, 8

El verdulero también se despertó. A su lado, Oliveira prendía un cigarrillo de los suyos. Parecía no haber dormido. Sin embargo, la luz estaba apagada.
-Me voy. Pasé ayer por una agencia de viajes. Unas islas, no sé dónde.
Ganzábal creyó que deliraba. Que deliraba él, y que dentro de su delirio deliraba Oliveira. La cama estaba rodeada de restos de cebollas. La vieja de la vuelta insistía en palpar los tomates que cuidadosamente el verdulero había colocado la noche anterior.
-Vos no te vas a ninguna parte.9

-Mirá Ganzábal, por mí te podés y a la puta que te parió. Ya sabés que voy a hacer lo que se me canten las pelotas, así que no jodas y no empieces con tus llantitos de mierda. 10
--Dije que no vas a ninguna parte-- esta vez Ganzábal no gritaba. Su voz era dura y amenazante.-- No quiero más insultos. De ahora en adelante aprenderás a comportarte.
Tomó la cara de la mujer entre sus manos grandes y apretó lentamente. Los ojos de Oliveira se llenaron de espanto. Su garganta intentó un grito, pero los sonidos se negaron a salir. Los dedos gruesos se incrustaban en las mejillas blancas, en la suave garganta.
--¿Quién te habló de esas islas lejanas?¿Quién llenó esa cabecita con una idea tan tonta? ¡Contesta! -- Ganzábal estaba rojo de furia
--¡Humbolt! ¡Fue Humbolt! -- Contestó la mujer aterrada.. 11

¿Cómo olvidarse de Dorita?. Ganzábal apenas llegó a conocerla, cuando aún no se había convertido en lo que acabó siendo. Cuando aún era una jovencita despeinada, con aire despistado, de maneras francas e ingenuidad sorprendente en aquél sordido pueblo.
Había ido recostruyendo su historia para poder llegar a comprender aquello que ocurrió. Conversaciones interminablemente estériles con vecinos y familiares, con compañeros de escuela, con aquel presunto novio de la muchacha, hacia el que se volvieron las miradas acusadoras cuando ella desapareció...
¿Qué había ocurrido con aquella jovencita, qué hechos conocía o había protagonizado para acabar de aquel modo tan espantoso? .
Miró a Padilla. Ganzábal no pudo contener un espasmo cuando ella dijo : ¡Pobre Oliveira! 12
--Pobre son los trapos... --respondió Ganzábal--. Como siempre después de una pelea, quedaba pensativo y ausente. Se puso los zapatos con dificultad y sin abrocharse la bragueta salió de la habitación. Cerró la puerta del baño y se refrescó la cara. Dorita y Oliveira. Oliveira y Dorita.
-Si no desengancho de esta la tengo jodida. ¡Y lo peor es que la van de víctimas!. Padilla no entiende nada y cualquiera que le cuente se la come doblada. Dorita era otra cosa.
Se enjuagó las manos mecánicamente y salió del baño. Padilla lloraba en silencio.
--Vestite y vamos. 13

Entró en el guardarropa. Padilla, vislumbró sus trajes buscando alguno apropiado para aquel día de calor asfisiante. En realidad no quería vestirse. No quería hacer nada. Quería encerrarse en el baño, y no salir durante días. Quería hacer las maletas y marcharse a una isla sin paradisíaca sin retorno. Quería abofetear a alguien que no fuera a ella misma.
Sujetando un traje blanco, mientras restregaba sus manos sobre sus ojos doloridos, intentó mirarle con un arrebato de rabia, ...no pudo.-- ¡malditas cebollas! --pensó.
Él aguardaba su mirada con los ojos francos, y con gesto impaciente. Asomándose esperaba a que saliera del guardarropa para poder abrazarla. Fue entonces cuando llamaron a la puerta. 14
Quedo perplejo al abrir la puerta.--¿Cuántos años habían pasado?. No lo supo con certeza, ni tuvo tiempo de precisarlo puesto que ella ya estaba sentada junto a la mesa.
Su mirada, penetrante, profunda, inquisidora...su mirada!!
¿cuántas veces soportó aquella mirada, sufrió con aquella mirada, vivió y revivió gracias a ella.....?
Pero..¿qué hacía a esa hora, en ese momento cuando parecía que su vida se diluía, perdía el sentido, naufragaba?
¿Qué hacía ella tan simple y tan compleja?... tan alucinante y tan trivial....tan......no pudo seguir pensando. la primera pregunta había sido lanzada y resonaba en la habitación oscura. 15
Mientras tanto, padilla en el guardarropa hacía una pequeña maleta. Acababa de abrir un cajón de Humboldt y había encontrado entre los calzoncillos dos boletos de avión a Costa Rica, únicamente el pasaje de ida. Se llevó el inalámbrico al baño.
--Sergio, nos vamos de viaje.--dijo en cuanto respondieron.
Sergio adormilado no entendía nada, sin embargo Padilla estaba segura de que la seguiría al fin del mundo así que continuó.
--Te veo en una hora en el aeropuerto, sala F.
--¿De qué estás hablando?
--Tu me amas ¿no es cierto?
-- eso lo sabes pero ¿qué tiene que ver? 16
--Nada, pero no puedo desperdiciar esta ocasión de echarte en cara todo lo infeliz que me has hecho.
El tipo no pudo evitar el impacto que le causó la frase: tragó saliva, mientras por su mente afiebrada, mil argumentos idiotas no terminaban nunca de tomar forma. ¿Qué hacer en semejante situación? ¿Por qué no existía un libro de autoayuda, de los tantos que había leído, durante sus incursiones al baño, a causa de sus terribles diarreas, que hablara sobre situaciones de está índole? Un terrible retortijón lo hizo perder el hilo de sus torpes pensamientos: sabía que si no llegaba al baño, en los siguientes cinco segundos, el viaje a Costa Rica, se iría a la mierda. 17

A unos metros del baño, en el salón el universo era distinto.¿Cuánto tiempo? diez años...tal vez más. Ganzábal, miraba a aquella mujer, buscando una sombra de aquella muchacha de aire ingenuo y despreocupado. En su lugar, esa presencia penetrante, se le clavaba más allá de sus entrañas. No, no podía ser..., él había visto su hígado, en el maletín, ella ya no existía, Oliveira había acabado con ella besando sus vísceras muertas. Nervioso, se dió la vuelta buscando un mechero para encender un cigarrillo. Podía sentir sus ojos felinos clavados en su nuca. Lentamente, se volvió para contemplarla una vez más y balbuceando acertó a decir...¿Do..Dorita....verdad?
Ella se había levantado y de espaldas frente a la ventana, desabrochaba la cremallera de su vestido negro y mientras decía: --Oliveira, Oliveira...llevo tiempo buscándote, hace diez años, que tienes que matarme..--Mientras su vestido caía como dos hálitros de insecto y su mano tendía hacia él un puñal con estrañas inscripciones... 18
No sabía si lo recordaba o no porque el dolor del cuello era de madre; el Sol la interrogaba con una calentura insobornable y sus cabellos parecían pitas de laba que que acariciaban sin ternura su espalda mojada de tiempo. Tenía la idea pero no se acordaba, coño, carajo... este vestido es el que me tiene jodida, se lo quitó y lo mandó al carajo hasta sentirse libre de ropas y pendejadas; tenía que acordarse de el aunque tuviera que quedarse sin alma; por ahora estaba desnuda y sólo le molestaban algunas gotas de sudor que se acercaban lentamente a su ombligo. 19
Se avalanzó sobre el cuchillo, destruyendo su pasado. Corrió desesperadamente por las calles extrañas, sabía que algo andaba mal, demasido mal. Sentía un gran persecución mental, quizá por el asesinato reciente, pero no. Las esquinas se sucedían fugazmente hasta que por fin se detuvo. Se detuvo y descubrió ese gran problema que la atormentaba: claro, estaba desnuda. 20

A Dorita no le importó, después de todo, al mundo se viene desnuda, y era justo abandonarlo desnuda, con un reguero de sangre caliente salido de su pecho, hirviendo sobre el asfalto.
Padilla se despertó de pronto. Ganzábal seguía acostado a su lado. Se sentía ahogada. Había soñado vete a saber qué turbias cosas. Entonces notó el calor, esa humedad pegajosa. Sus dedos se quedaba atrapados en una pasta viscosa que inundaba las sábanas. Encendió la luz. La sangre había manchado sus piernas, y comenzaba a anegarlo todo. No pudo reprimir un grito de terror. Llevó sus manos al vientre. Todo permanecía bien.
Sentía moverse la vida. Sus muslos no sangraban. Entonces, viendo que Ganzábal no respondía a sus gritos, apoyó sus brazos sobre el hombro y giró su pesado cuerpo.
Con los ojos perdidos en el techo, su hombre yacía muerto con un puñal de estrañas inscripciones clavado en su pecho. 21

Sergio prendía otro cigarrillo mientras esperaba en la sala del aeropuerto.
"Esto me pasa por seguir tus locuras, me hubiera quedado durmiendo en vez de empezar a hacer las valijas como loco", pensaba mientras caminaba de un lado para el otro sin perder de vista las valijas. "A mi nada más se me ocurre, a mi, a quién más". 22

Sabríamos, si así lo quisieramos, que Sergio iba a seguir esperando. Tendríamos clara su confusión y su impotencia. Comprenderíamos su resignación y condición. Pero ya no importa Sergio, tanto para nosotros como para Padilla. Es claro nuestro papel; el de usted, ajenjo cálido, y el mío sin inclinarme. Porque Sergio ya no importa, a nadie ya le importa, por más guerrilla revolucionaria que quisiéramos hacer. Calma doctor delirios de grandeza, su camisa suda, su cigarro de consume ya. Padilla lo espera, la continuidad.
Padilla se limpió, y limpió el cuchillo. Luego guardó el boleto de avión y tomó un taxi. Ya no importo yo tampoco. Ni usted. En Humboldt hay una puerta abierta, por el mil quinientos más o menos. 23
Padilla sube al taxi, Sergio la estará esperando en el mostrador del aeropuerto. Nadie sabe aún nada de Ganzábal. Todo es fácil, basta con dejar atrás las cosas, y dirigirse al aeropuerto. Sergio tiene que estar allí, da igual que ella no lo haya llamado, él tiene que estar esperando, él tiene que haber sentido su sueño, y haber comprendido todo. Abre su cartera para comprobar la salida del vuelo, y una vez más aparece el puñal, ese puñal cuya empuñadura redonda comienza a fragmentarse en capas, como una cebolla llena de extrañas escrituras, cuya contemplación provoca que las lágrimas se asomen a sus ojos.
Después de todo, piensa, lo más probable es que Ganzábal, y su Oliveira, y la jodida Dorita que se inventaba acabaran por hundirle el pecho sin que yo haya tenido nada que ver...
Al aeropuerto, rápido. Y cerrando bruscamente el bolso, se ajusta sus gafas oscuras. 24

FIN

 

Muchísimas gracias a todos los que colaboraron en este cuento. Ellos son:

1. ernesto (ernesto@ateka.com) desde IP x194-152.med.umn.edu el 05/06/98.
2. Juan David (judamaco@hotmail.com) desde IP 209.88.13.53 el 06/06/98.
3. Villarino (villarino@sinectis.com.ar) desde IP genker.sinectis.com.ar el 06/06/98.
4. Castiglione desde IP 206.99.53.180 el 06/06/98.
5. Staël desde IP 206.99.53.161 el 06/06/98.
6. Sara Victoria (walterhaber@redfacil.com.uy) desde IP ic_33.redfacil.com.uy el 07/06/98.
7. malen victoria ferreira (fuse@netverk.com.ar) desde IP altair.netverk.com.ar el 07/06/98.
8. julia garavito desde IP 200.25.32.14 el 08/06/98.
9. Argelia (villarino@sinectis.com.ar) desde IP genker.sinectis.com.ar el 08/06/98.
10. Staël desde IP 206.99.53.164 el 08/06/98.
11. Sara Victoria (walterhaber@redfacil.com.uy) desde IP ic_73.redfacil.com.uy el 08/06/98.
12. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 09/06/98.
13. Uma (bmarin@pie.xtec.es) desde IP xaloc.xtec.es el 10/06/98.
14. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 12/06/98.
15. Mónica (mfrancovich@vocampo.datacop7.com.ar) desde IP 200.32.121.41 el 12/06/98.
16. MAGDA (MAGCON@HOTMAIL.COM) desde IP 207.248.168.44 el 18/06/98.
17. Fede (lavoz@ssdnet.com.ar) desde IP estapr01.ssdnet.com.ar el 19/06/98.
18. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 22/06/98.
19. Francisco Henriquez R (Franiv@aol.com) desde IP spider-ta034.proxy.aol.com el 02/07/98.
20. Hugo (Hugo1@bigfoot.com) desde IP 200.10.106.2 el 09/07/98.
21. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 10/07/98.
22. velia (veliacm@hotmail.com) desde IP inter1118.internet.com.mx el 18/07/98.
23. Rafael Varela (rafaelv@rcc.com.ar) desde IP 200.16.187.248 el 22/07/98.
24. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP esifw2.tsai.es el 23/07/98.

 

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