Un gato negro
cuento colectivo
(La
historia comienza aquí)
María tiene un gato. Un gato grande y lustroso de uñas afiladas y ojos trasparentes. Un gato negro, de esos que dicen trae mala suerte. Pero María no cree en esas cosas. (Son nada más que tontas supersticiones). Se lo regaló el tío Germán para su cumpleaños número no sabe cuanto y desde el primer día tomó posesión de la casa. Y de María. María lo llama Pancho (aunque a él le gusta que le digan Francisco: es un gato muy formal) y suele dormir sobre la cama, justo en el centro (aunque su lugar favorito de descanso es el regazo de María: es mucho más mullido y calentito). No es afecto a las visitas y tiene pocas pulgas para con los otros gatos, también. No es demasiado amigable con los hombres, tampoco. María empezó a sospecharlo a raíz del episodio con Jacinto. Lo había conocido en la cola del banco, cuando intentaba pagar la cuenta de la luz. Charlaron un rato. Tomaron uno que otro café, una que otra tarde y finalmente una noche lo invitó a cenar. Todo parecía estar saliendo bien, pero olvidó discutir la invitación con Pancho, (perdón, con Francisco) y como era lógico el episodio terminó con unos arañazos y con Jacinto en retirada. (Al fin y al cabo, era su casa, ¡qué embromar!) Las sospechas de María se agudizaron con Ramiro. ¡Tan lindo chico! Con sus ojos celestes, diáfanos y sonrientes... Bueno, eso era antes del zarpazo, por supuesto. ¡Pancho, (perdón, Francisco) es tan sensitivo! El joven intentó besarla intempestivamente y.... Y finalmente estuvo segura cuando vinieron (en realidad se fueron) Luciano, Juan José, Ricardo y algunos otros de los que María ya no recuerda el nombre. Pero de los cuales Pancho (perdón, Francisco) tiene bien registrado cada uno de sus respectivos olores. Y así pasan los días y lo que es todavía peor, las noches. Y María sigue sola. Bueno, sola no, con Pancho (perdón, con Francisco) acurrucado en su falda, feliz y ronroneando. Si, ya sé. Ustedes pensarán que es lógico, después de todo es un gato negro, de esos que dicen trae mala suerte. Pero María no cree en esas cosas. (Son nada más que tontas supersticiones... o no?) 1
Cierto día, María y Pancho fueron a un mercado; uno de esos que albergan todo tipo de puestos y puede uno encontrar buenos precios. También se puede uno topar con perros buscando qué comer y gatos correteando ratones. Fue ahí cuando Pancho vio a aquella minina, una gatita humilde y sucia pero bella. Pancho intentó segurla por el mercado y María lo detuvo con violencia. Tal vez quiso desquitarse de los pretendientes que Pancho le había asustado o simplemente sintió celos. Estos delicados cuestionamientos se los hacía mientras Pancho (perdón Francisco) se acurrucaba sobre sus pies. 2
Al día siguiente luego de un tibio despertar, sucedió lo inesperado Pancho súbitamente habló y dijo :desde hoy soy Francis, no quiero que me lamen como una comida rápida, ¡soy un felino, predador y cazador!. Desde hoy dejo de ser un gato celoso! no está bien, qué van a decir mis primos los leones ¡qué verguenza! esta noche salimos y 3
Corrió desesperadamente por toda la casa buscando una salida que lo condujera a la calle, tal vez al mercado donde aquel día había sentido un cosquilleo alarmante en su estómago que nunca había experimentado y que sólo podía ser relacionado con aquella humilde minina, que lo había engatusado con su mirada tierna, dócil, pero segura de saber que él era diferente a los otros felinos callejeros que abundaban en su entorno. Solo tropezó una y otra vez con aquella espigada puerta de salida de la casa de María, gritó, cerró la boca en señal de protesta y trilló sus afilados dientes en forma desafiante. No encontró la salida aquel día; sólo esperaba otra oportunidad para que María nuevamente lo llevara al mercado, pero para ello tenía que dejar de espantar el nuevo pretendiente de María, Melquíades.4
Pero sabía que esto era casi imposible, ya que no le espantaba los pretendientes en forma racional, sino que era un súbito impulso producto de su instinto animal. Esa noche durmió junto a la puerta, como conservando esperanzas... y hasta en sueños veía a aquella atractiva minina, y su especial manera de mover la cola. Recordó la abrupta forma con la que María le impidió acercársele, y penso: las Marías traen mala suerte... (pero son nada más que tontas supersticiones... o no?) 5
La supertición es una de las pocas cosas en las que uno se puede fiar. Siempre sabes que en ella no hay nada cierto. Aún asi, los habitantes de aquella casa ubicada en un suburbio venido a menos, sienten la presencia de algo que los une. Algo que está más allá de su diaria comunión. Mary y Francisco se conocieron de la manera más inesperada. El gato apareció de repente empacado para regalo en una caja sellada con un enorme moño color morado. Estaba asustado. La primera ocasión que se vieron resultó ser desafortunada. Tal vez sea esa la causa por la que comparten una especie de resentimiento original. No hay duda. El responsable de todo es el tío Germán. 6
Germán, Pancho (perdón, Francisco), María, Francisco (perdón, Pancho), el tío Germán, María... ¿Quién en realidad tenía la culpa? ¿o era en realidad culpa de todos? Don Francisco (Ahora quería que lo llamaran Don) miraba impacientemente por la ventana, esperando a que María decidiera por fín ir al mercado, pero María no quería, conciente, o inconcientemente sabía que el ir al mercado, era el riesgo de perder a Pancho (perdón, a Don Francisco) y ¡No! ¡No! ¡No! y No, se repetía Maria, lo que la unía a ese gato (perdón, a Don Francisco) era más que una relación dueño-mascota, madre-hijo, padre-hija, hombre-mujer... 7
Su fobia por los gatos se inició mucho tiempo atrás, cuando era una niña y junto a sus hermanos, dormía en el suelo, sobre una estera vieja y casi deshecha. Cuando el calor era más fuerte y los rayos del sol freían a cualquiera que caminara a esa hora por la calle, María y sus hermanos mojaban el piso de tierra y se acostaban sobre la estera para paliar el intenso calor. Una tarde, cuando ella se quedó un rato más a sentir las delicias de la tierra fresca, soñó que algo inmenso aprisionaba su pecho. Quería gritar, correr, salir volando hacia cualquier lado, menos ahí donde la sorprendió la presión intensa sobre su cuerpo. En la oscuridad de su sueño, sólo observaba dos enormes ojos amarillentos y llenos de curiosidad que la seguían por donde quiera que iba. La angustia se apoderó de sus actos pero nada que hiciera podía esconderla de esos ojos que colgaban del firmamento oscuro de su sueño. Quería gritar y sus labios no se abrían, deseaba correr pero sus pies permanecían clavados en un sólo lugar. Buscaba ayuda, pero en la negrura de la aquella noche subliminal no había nadie que pudiera ayudarla. En un acto sobrehumano logró despertar sólo para descubrir que el inmenso gato negro permanecía posado sobre su pecho y sus ojos amarillos seguían el movimiento de los de María. Con un grito desesperado, arrojó al gato lejos de ella, se incorporó y su llanto no pudo contenerse. Desde ese día, odia a los gatos. 8
Es cierto, ella odia a los gatos, pero... ¿Cómo ese odio desproporcionado no evitaba que siguiera atada a su felino amigo? ¿Acaso ella no podía simplemente regalar al pequeño estorbo enviado por el tío German? ¿Qué es el lazo que la mantiene unida a él? Entre sollozos existían las dudas para las cuales María no encontraba una respuesta clara. Por su lado Pancho no encontraba entre sus pensamientos respuestas a sus propias intrigas. Pancho pensaba que el estar con María en un inicio no fue algo que él quisiera, pero no conocía una vida lejos de ella ¿Cómo poder sobrevivir en un mundo que no conocía? y ¿Cómo alejarse del mundo acogedor en el que vivía tan solo por seguir al amor de su vida?. 9
--Mía filia, podé confiare a me como si fora la tua mamma. Io capito di questo notabilemente. En el popolo dove he nasciatto, Montalbano Helicona, arriba, fredo, fredo di notte, a 50 km. da Messina, entendemo molto dei felini agresive. Sobí con me e cóntame tutto lo que ti passa con ese meledetto que ti fa la vitta imposibile. Gli gatte sono bestia terribile, pero Pancho (me dispiace, Francesco)e molto periculoso, molto ma periculoso que cualquier felini. ¡¡Pietro!! ¡¡¡Pietro!!! Veni cui que tene que attendere a la gente. Mira, María, io me lavo la mano que habeo inchastrato con cuesta verduritta e subimo al mío pisso per charlare uno minuti. --Deje, Serafina, necesitaba desahogarme con alguien. Otra vez hablamos. Usted está ocupada y yo vengo a embromarla con esta historia. --Qué me va a molestare, vo no me molestá. Sono harta de pesare papa e zanagoria. La vocazione e altra. --Ya sabe que confío mucho en usted... siempre se cumple todo lo que me dice. --Humildemente, e la veritá, e la veritá no fa male. Il mío e un donne que he traíto al mondo, que ha venito cummecum. --¿Y qué ve? --Comme, comme gli canarículi, lo he horneatto cuesta mattina. María, la liberazione e parte del tuo sendero, doppo molti dolore, e tu debe laborare, achiuddá a la sorte, perque si no, la fortuna si fuga, e evanechente. ¿Quién te ha obligatto acettare cuesta bestia domestica? Ademá, e nera. Lo día que si mi cruza, temblo, e hago cuernito. Sono día fatale. Cóme no lo va a sere per lei. ¿Ma per qué no le da una pócima, ío te la priparo? --No, Serafina, en mi familia abandonar un animalito... Los animales se quedan hasta que se mueren. Nadie se divorcia, nadie abandona, nadie se quiere del todo... --Ah, si stuviera cuí mi fratello Gianni, il que viveno in Catalnisetta, ya lo era gatto morto. Lo inchineraba in vitta. Al Pietro no le dico perque me ha salido flojitto, va a la ópera, dormi tutto il dia. --No, no lo aceptaría. ¿Usted no puede hacer un trabajito para que se quede un poco tranquilo? --No, ricuritta, in la Trinacchia sono drastici. La medicina non funciona si e debile. ¿Para qué mantené a ese vago? Labura, labura tutto le messe per alimentare la vaganzia. ¿O sono errata? --No, juega todo el día al gato y al mouse. Pone la pata sobre la techa del contestador para reproducir las llamadas y que la luz no titile cuando llego. Un día se me ocurre pasar toda la cinta y me encuentro con un montón de mensajes que no había oído. --No, miquitta, tú desvaría. Io non credo a los Reye Mago. ¿Per qué no va a un alienista? --Dígame, Serafina, pero dígame la verdad. ¿Hay en el mundo un tipo que se anime a hacerle frente? --Poveretta, un gatto que ammenachie a una muliere e un mariconazo, ma si el altro no se anima a enfrentar la sua aparentte bravura, sono geletinosi. Io le voy a mandare una correspondenza a Gianni, mi fratello, a Catalnisetta. Tranqüilitá, pibita, tranqüilitá. E ricordi la última frase que me ha detto. Hasta la próssima. 10
María y Francisco. Llovió toda la semana, tanto que María no pudo asomar su nariz a la puerta, casi creyó que su vida estaba inexorablemente ligada a aquel gato. Francisco pasaba sus horas adormecido en aquellos trapos viejos que su dueña le proveyó el día que llegó a la casa, y poco a poco todo comenzó a tomar un olor a gato encerrado. Tanto hastío y lluvia llevaron a María a abrir el enrome baúl. Comenzó a mirar las fotos familiares, su mayoría en blanco y negro. Finalmente encontró la carta que nunca se animó a leérsela a nadie, ni siquiera a su amiga Ofelia. Pensó que había llegado el momento en que alguien supiera la verdad, fue así como en mitad de su largo sueño, Francisco comenzó a escuchar, a entender, y aprendió al menos por el momento a callar. 11
La semana pasada, por fin se pudo averiguar la identidad de este gato. No era un gato común, ¿o es que no había reparado María en el lunar blanco debajo de la pata trasera derecha del gato?. El segundo día de la semana llegó un extraño de larga barba blanca (casi hasta la cintura) y túnica de color naranja. El extraño se dirigio directamente a la cocina de la casa y levantó al gato de la cola, zarandeándolo un poco al tiempo que le gritaba: ¿eh tú, donde te habías metido todo este tiempo?. María entró en ese momento a la cocina, a tiempo de ver como salía el gato volando por la ventana. El extraño se le quedó viendo, se dio la vuelta y desapareció... quedando únicamente la túnica naranja tirada en el piso. 12
María no entendía quien era este extraño, decidió esperar a que llegara francisco para preguntarle. Tres horas mas tarde el gato asomó su hocico por la ventana, y entró sigiloso, María lo vio y se lanzo a interrogarlo, a lo que el felino solo contesto con un simple y agudo miau. María decidió olvidar aquel asuntito... Después de todo el felino debía tener pasado, no podía ser tan egoísta. Lo que María no sabia, es que Francisco en esas tres horas de ausencia se aventuro hacia el mercado buscando a su amada, allí la encontró, sucia pero luminosa, quería acercársele, hablarle de su amor por ella, de lo que sintió al verla, de sus sueños, pero su intento fracasó al ver a un enorme gato gris lamiéndole la oreja y ella reía y coqueteaba con ese infeliz. Francisco se sintió muy triste y decidió terminar con su vida, se subió a la azotea más alta que encontró y dio un salto hacia el vacío, golpeo duro contra la acera y vio como su espíritu se elevaba hacia el cielo y vio bajar otro espíritu, limpio, con un cartelito colgado al cuello con el numero "2"... Carajo, se le había olvidado que los gatos tenían siete vidas!!!. 13
Lo mismo le sucedió a Oscar, Martín y Juan. Todo siguió igual por un par de meses, María empezó a deprimirse y estar más sola que nunca, casi ni salía de su casa, por ende, no comía ni ella ni su adorado Francisco... Por lo que Pancho, empezó a preocuparse, le lamía los pies, le hacía monigotadas, pero nada, María ni mu, estaba callada y sola todo el día;Pancho sufriendo a más no poder, por el aburrimiento y el hambre que tenía, trató de escaparse por la ventana del baño, pero no pudo abrirla, por la ventanita de la cocina, tampoco. El tiempo pasó hasta que un día sonó el timbre, eran de la administración, hacía como cuatro meses que no se pagaban las expensas, bueno fue así que María, juntó fuerzas y fue hasta la puerta. El timbre la estaba volviendo loca, llegó casi sin aliento y abrió la puerta, ante sus ojos estaba Don Alfredo, el portero, con el administrador: "Srta. María, Cómo está? Le pasó algo?" María casi no los escuchaba, las voces le parecían lejanas como si vinieran de otro mundo. En ese momento María se desplomó en los brazos de Don Alfredo. Llegó la ambulancia, paramédicos, policia, bomberos, pero nadie podía hacer nada por María, quien había muerto de tristeza, y desesperación. De Pancho no se supo nada por un tiempo, hasta que un día Don Alfredo que se había quedado con una hermosa planta de María, una vez desmantelado el dpto., quizo cambiar la planta a una maceta más grande y encontró enterrado los restos de Pancho. Nunca se supo qué fue lo que sucedió en ese dpto.. 14
TOC! TOC! TOC! TOC! María se levanta de prisa sintiendo el sopor del mediodía. — Caramba, que me he quedado dormida!— pensó con sobresalto. TOC! TOC! TOC! TOC! La puerta sonaba fuerte y María, de día, a medio desvestir asomó el rostro por la ventana. —Bajo en un segundo— alcanzó a gritar mientras agitaba la mano como parando al bus. —Bajo en un segundo— repitió, como para que el tiempo se hiciera menos. Tomó una bata de sobre el entrepaño, y se la montó como pudo. ¿Quién golpea la muerta de una señorita (que mi trabajo me ha costado) en domingo antes de las doce? María abre la puerta. —Buenas días María—, le dice una voz sonora, grave, telenovelezca. Usted no me conoce, pero la he estado observando. Me llamo Francisco -- —¿cómo el gato?, interrumpió ella, —Perdón, se respondió. Fue un sueño tonto que tuve. Pero me decía usted... (dijo María, interesada). —Sí. Me llamo Francisco y soy su vecino de enfrente (me llamo Francisco y soy su vecino de enfrente. María repetía las frases de su nuevo visitante, se perdía en los ojos de aquel hombre, fuerte, repetitivo, de voz grave y acento en bancarrota. María lo seguía con los ojos, disfrutaba el vaivén de las palabras. Un hombre joven, pero maduro aun tocaba su puerta aquella mañana. Justo el día que NECESITABA de un hombre, ¿vos entendés no?) -- y por eso señorita María, si usted me lo permite, quisiera invitarla al cine el día de hoy, ¿le parece? 15
La oferta era tentadora. Pensó en Francisco (perdón, Pancho) y vio la opotunidad que se le presentaba: un sujeto agradable que no tiene que soportar arañazos ni celos. -Por supuesto que acepto, aguarde un momento. Se metió a su casa y se polveó la nariz.Tomó un frasco pequeño y roceó su cuerpo con ese perfume tan suave. Se enredo el cabello con un lindo listón azul y quedó lista. El cine estaba lleno. No hubo lugar, así que decidieron caminar por aquélla calle que presenta cafés, versatilidad de artístas y buenas groserías. -No puedo creer que no te haya visto antes, viviendo enfrente de mi casa. ¿Por qué hasta ahora te has atrevido a buscarme? Francisco soltó una carcajada. -Con semejante vigilante a tu lado querías que te buscara. -¿Qué? ¿Cuál vigilante? Francisco se desconcertó. -A decir verdad, nunca le ví bien. Pero su figura a través de la cortina parecía bastante imponente ¡vaya hombre!16
¿Qué hombre?, te referirás a Francisco, el gato, vivimos sólitos los dos, quizás lo confundiste... ya sabes, las sombras a través de la ventana suelen ser traicioneras. En otro punto de la ciudad Francisco, el gato, aprovecho la salida de María, para ir a ver a su amada, aun no podía olvidarla, ni al gato gris, claro. Se fue al mercado y allí estaba ella, dormida, tan pura, aprovecho que el gato gris no andaba cerca y la despertó. -Buenas noches señorita, disculpe usted que la arrebate de los brazos de Morfeo, quisisera... quisiera- Francisco no pudo continuar, estaba hipnotizado ante esos ojos amarillos. -¿Cómo te atreves?... Que galante eres, que bien hablas, dime, ¿cómo te llamas?- pregunto la gatuna. -Discúlpe, que insolente he sido, mi nombre es francisco ¿qué bello nombre corona a tan grácil dama?- -Francisco, supongo que no te molesta que te llame pancho, no?- -No, damisela, no me molesta- mintió Francisco -Bien, Pancho, mi nombre es María- 17
El sonrió ladeando sus bigotes tratando de convencerse de las "causalidades" de . Ya que él, como María (su dueña)y quizás María (la minina), tampoco creían en casualidades ni superticiones. Quizas esta sea una nueva prueba que le pone el destino para poder hacerle frente a todo, y dejarse de joder con los quilombos que tienen todos los personajes en esta historia. Porque sin duda y de alguna manera Maria y Francisco tenian onda, no quiero confundirlos, pero es asi... Ya no se trataba de nombres sino de amores que ya habian congeniado con sus pares, era muy loco pensar que gato con mujer iba a funcionar, el problema seria ahora si Francisco (el vecino de Maria la dueña de Pancho, perdon, Francisco) se enamoraba de Maria (la minina de Pancho, o sea Francisco el gato de Maria). Seguro que a arañazos terminaria la contienda... 18
Al día siguiente de la salida con su vecino Francisco, María se levantó temprano. Se proponía tratar de retomar el ritmo perdido en ese tiempo de tristeza, lluvia, aguanieve y gato encerrado. Y hablando de gato, ¿dónde estaba la versión casera de Don Corleone? La leche, como la había dejado. La comida, igual. Lo llamó mil veces, apelando al "Pancho" que lo sacaba de las casillas. Nada. Nada debajo de la cama, en ningún rincón del departamento. Revisó el placar cuidadosamente. Tampoco acá. No pudo evitar un sobresalto, un susto parecido al que experimentó de chica cuando la perrera le llevó a Flechita o en la adolescencia, al ver que un colectivo atropellaba a Tomás, el fox terrier mezcla con ovejero que le hacía compañía mientras estudiaba, revuelto entre los apuntes, imprimiéndole las patas en los libros. Siempre había sido animalera. Siempre había jugado hasta hartarse con los bichos, y siempre había caído en terribles depresiones cuando dejaban de estar. Tampoco era una de esas personas que prefieren los animales a los humanos. Estos eran su real devoción. Se había tapado de una coraza infernal para evitar sufrir los otros abandonos, los que le resultaban insoportables: esos de quienes un día, sin previo aviso, se mueren o se esfuman o se distancian. Mejor cortar antes de sufrir. Mejor esconderse antes de sentir un NO. La solución cobarde. Esta vez era distinto, que Pancho no volviera significaría un respiro. Subió la persiana de la puerta balcón para espiar la casa de Francisco, a quien le había mentido con todas las de la ley. Ella también lo tenía fichado hacía tiempo. Lo había conocido en la Feria, un año y medio atrás, en esa época en que Pancho se había ido de correrías por allí durante dos meses. Coincidieron en un puesto, salieron casi juntos, caminaron por veredas distintas por la misma calle. Lo había visto entrar al edificio de enfrente, el que tiene revestimiento de mármol y la puerta principal hacia un costado. Desde entonces se había sentado varias veces en el bar librería de la esquina con Sánchez para forzar un encuentro. Hasta la mañana iluminada del domingo, cuando la invitó a salir. Terminó de subir la persiana, corrió las cortinas y los vio. Juntitos, en su balcón, tomando el sol débil de agosto entre la maceta de la rosa blanca y la del lazo de amor. La gata María y Francisco (Pancho, para que no queden dudas) haciéndose arrumacos. Una salida y una noche de amor fueron suficientes para saber que querían vivir juntos... La familia había crecido. ¿No sería esta la solución para acomodar la pieza que faltaba? Ese lugar le estaba pareciendo demasiado chico.19
María estaba desolada. Nunca imaginó que la tana Serafina, la amiga, la confidente, la única persona con la que hablaba todos los días, estaba muerta. Todavía más: la habían asesinado. No podía ser. Cómo de repente alguien deja de estar. La policía les tomó declaración a Pietro, el hijo, y al marido, Dante, de quien estaba separada, pero con el que aún compartía la casa y la verdulería en el mercadito. Al otro día, por la tarde, llegó Gianni, el hermano de Italia. Lloraba, insultaba a quien se le cruzara, hacía averiguaciones. Había venido acompañado de dos de sus hijos varones: Lucio y Stefano. Secreteaban, disponían la marcha de la investigación. La policía no les caía muy bien, pero para ellos era útil en este momento acercarse para saber algo más. "¿E qué fue lo último que ha detto? ¿Osté...?", le preguntó Gianni a María. "Sí, dijo algo así como «La Vida por Lacane». Y murió". "Ah, no, non pode sere. Cuesto e altísima traizione. Traditora. ¡¡¡Lucio!!!, ¡¡¡Stefano!!!, la resercha ha finito. A me, hacerme cuesto a me. Nostra tradizione familiare e sistémica. E, en la hermandad, esto e una leye rigurosísima", gritaba para quien quisiera oírlo mientras acariciaba el lomo de Francisco, que se había ido acercando sigilosamente hasta pegarse a él. "Vámono, vámono de este lugare maledetto". No se dio cuenta del terror en la cara de María. "Una vez más, pensaba, este crápula termina haciéndose íntimo de los adictos a sus enemigos declarados". 20
El dicho "crápula" era su colega Vicente, quien siempre le hacía lo mismo, intimaba con los sospechosos, en lugar de razonar como él: ¿Cuáles son los hijos, cuáles los hermanos, hay marido/s ? ¿Y los vecinos?, esa mosquita muerta con el gato en brazos, el tipo de enfrente, el diarero de la esquina, ¿cuál es Pancho?. 21
¿Pancho? No... ¡Francisco!, y era precisamente ese gato que estaba junto a la mosquita muerta. Pero Francisco lo sabia todo y se arrejuntaba mas a su compañía, para pasar inadvertido. Vicente se había percatado de su presencia y sabia que el podría dar la pista, la mas importante para esclarecer lo ocurrido. Solo que había un problema ¿Cómo iba a hacer hablar al gato?... Pensó en un amigo muy cercano, Alexito. Se apresuro al teléfono y marcando los números rápidamente como si de una cajera se tratara, logro comunicarse con el. -- Necesito tu ayuda... -- Me encuentro experimentando con ratas. Puedo darme cuenta, plenamente del temor que estas tienen hacia los gatos... ¿Qué necesitas?. -- Se trata de interpretar a un gato... --Voy enseguida. Tomó su maleta, en la que echo tres ratas, las más grandes, pero antes les aplico la dosis que había preparado, con la cual ya las ratas no temerían a los gatos. 22
Infelices que no habían tomado en la vida la mitad de las decisiones que ella había tomado le decían "mosquita muerta". Tarados mentales que no habían podido hacer el diez por ciento de lo que María había de hecho de su vida y con la vida, teniendo en cuenta los enormes obstáculos que a cada paso le fueron apareciendo, hablaban de la "mosquita muerta". "Mosquita muerta" para esos mediocres --muy probablemente las tres ratas que Alexito recién metió en su maletín--, que arañaban puestos por amiguismo, tenían como ejercicio cotidiano el hablar de los otros porque eran incapaces de producir, de crear, de crearse. Mentes estructuradas, humanos a la violeta, de la boca para afuera. Enquistados en sus trabajos, huyendo del vacío permanente que no llenaba nada. Seres sin más vocación que el desprecio: la única forma de enaltecerse. Pancho (sorry, Francisco) supuestamente no hablaba otra jerga que su gatuno local, pero se entendió muy bien con el camorrero de Gianni y sus dos hijos... hasta el momento en que Lomitón, el comisario que solía hacer buenos lazos con personajes como ellos, les trasmitió la interpretación de las últimas palabras de Serafina. "Pietro, el hijo, me contó que cuando la llevaban al hospital, ya agonizante, alcanzó a decir «Mi vida por los canes (La vitta per lucane», o algo así". Gianni se quedó más tranquilo. Se golpeó el pecho tres veces, pidió perdón a su amada sorella y se propuso seguir investigando la caída de Serafina por el hueco del ascensor del edificio de enfrente, en el que vivía Francisco (hombre), y adonde María (persona), María bis (la gata mimosa), sus seis hijitos (Marita, Marisa, Mariana, Franco, Frankie y Fran), Pancho (perdón, Francisco), y los tres perritos que le había regalado la tana verdulera, unos momentos antes de la caída, estaban mudándose. Todos sospechaban que era un asesinato, pero las pruebas no aparecían. "Sí, viejo, no te voy a decir cualquier verdura", contaba Pietro a su padre. "Yo la oí a la mamma. Y no dijo otra cosa". 23
Claro que Pietro había oído a su mamma... y claro que no había dicho otra cosa... Estaba rara la mamma desde que había mandado la carta a su hermano en Italia, desde el día en que le prometió a la vecina (María, se llamaba, la de los pechos más bellos de la manzana, lástima que siempre semitapados por el maldito gato Francisco, Pancho, Francis, o como corno se llamase) sacarle los demonios del cuerpo al dichoso gato... Los demonios!!! Ja!!! Al gato ese no había que sacarle los demonios, había que dejarlo en libertad para correr tras las gatas del mercado, y él solito se encargaría de sacarse lo que le molestaba... Pero la mamma no entendía de cosas así... para ella todo era misterioso, todo encerraba secretos hechizos, todo era obra de algun maléfico "trabajo"... La pobre mamma!!! 24
Ahí están, como siempre, todos desvariando, ahora la mamma, más los gatos parlantes y las ratas clonadas. Es el momento de meter el perro sólo un olfato afilado puede husmear la verité, y además hablar y contar los asesinados, porque Francisco ¿Pancho?, apareció flotando en el Riachuelo apuñalado con un espárrago. Los verduleros, por supuesto, saben y callan. 25
"No estoy muy bien", le dijo Francisco a María. "Siento como un ahogo, como si me hubieran clavado algo aquí, en el pecho, ves, justo, justo en este lugar". María llamó rápidamente al servicio de emergencias. Mientras lo hacía, pasaban por su cabeza las escenas de esas primeras semanas de convivencia: la hostilidad creciente de Francisco hacia ella, su paralela devoción, un poco narcisa, por Pancho, María y la cría. Lo desconocido que le resultaba desde la tarde en que la obligó a desprenderse de los cachorros ovejeros. El peregrinaje hasta que alguien se los recibiera. En ese barrio lleno de superstición y secreteo, ni el hijo ni los sobrinos de Serafina quisieron hacerse cargo de los perritos, aparentemente lo último que la tana había tenido en sus manos. "Mil días iba a llevar la limpieza de este riacho", se decía indignado Pancho mientras unos pibes que jugaban frente a la Fundación Proa, en la orilla del Riachuelo, aplicaban en el gato los primeros auxilios recién aprendidos en la escuela. "Mirá la mugre que tiene, hasta un espárrago se le enredó, pobre mishi". Pancho tenía la mente en perfectas condiciones, pero no podía hacerse entender. ¡¡¡Vive, bolu, lo salvamo!!!" ¡¡¡Claro, gil, qué te pensabas!!! ¡¡¡Me lo llevo yo!!! ¡¡¡No, yo, la...!!!". En medio del bochinche, Pancho (perdón, Francisco), que ya sentía de nuevo fuerza en el cuerpo, se escapó con esos modos discretos, sutiles que tenía cuando era conveniente. Entró en la galería, su estado no le impidió apreciar algunos cuadros de la etapa surrealista de Félix F. y fue arropado por dos de las guías, quienes, además, lo llevaron hasta el café, lo secaron bien, le dieron leche caliente y lo dejaron en uno de los estantes de la pequeña biblioteca con diarios del día, que a esa hora (cerca de las seis de la tarde) ya eran letra muerta. "No se preocupe, señora, es angustia. Que tome otra pastilla de diazepán 2,5 antes de acostarse". No hay caso, pensó María, yo me la veía venir: este tipo es un fóbico... 26
Demasiado complicado para un principiante. 27
PAUSA. 00101011000001. INICIANDO SUBRUTINA ENLACE PATAS TRASERAS. OK. ENLACE PATAS DELANTERAS. OK. ENLACE COLA. OK. ENLACE OJOS. EL ERROR GRAVE A OCURRIDO AL INTENTAR ACCESAR LOS OJOS DEL GATO. REINICIE AL FELINO. SI ESTE ERROR PERSISTE, CONSULTE A SU PROVEEDOR AUTORIZADO DE MICROCATS. MIAUUU!!! — ¿qué te ocurre Francisco? — Nada -desperto Francisco, el vecino, jadeando. Soñé que era un gato y que mis funciones internas no estaban al 100%, lo siento María. Siento haberte despertado. — No te preocupés. Mirá que ya es hora de que me bañe para salir al trabajo. ¿Me acompañas? — ¿A trabajo o a la ducha? — Hmmm! ENLACE PATAS TRASERAS. OK. ENLACE PATAS DELANTERAS. OK. ENLACE PICHA. EL ERROR GRAVE A OCURRIDO AL INTENTAR ACCESAR LA PICHA DE ESTE HOMBRE. REINICIE AL HUMANO. SI ESTE ERROR PERSISTE, CONSULTE A SU PROVEEDOR AUTORIZADO DE MICROGUYS. AAHhh! Francisco, el hombre, despierta jadeando. ¿Qué demonios sucede?, pensó, primero sueño que soy gato que sueña que es hombre sue sueña que es gato, ¿qué soy?, seguía pensando, Francisco! —gritó María— ven cariño, te he servido un poco de leche. 28
--¿Por qué mirás tanto por la ventana? --¿Yo? No, no, te parece. --Pero, mujer, si no has tomado el desayuno, mira que te mira. Francisco se asomó y se dio vuelta lleno de odio: --¿Me querés decir quién es ese tipo de traje gris que está parado en la esquina con la vista clavada en este lugar?. --Y qué sé yo, le dice María, yo no ando pidiendo documentos. A ver... no tengo la menor idea. --¿Y la gata, tu alter ego, dónde está? No sé, hace un rato andaba por ahí. --Lo suponía, era absolutamente previsible. Vení para acá, gata rotosa. Entrá que hace frío. María (la gata) lo miró con terror y entró después de hacer un débil maullidito que el gato enorme, de ojos luminosos, que estaba en la vereda acaso haya llegado a oír. "Este sí que está para accesarlo con negativa expresa del proveedor autorizado", pensó la minina, tranqui, muy tranqui, sin extrañar ni un poquito al gato averiado que se reponía en un anaquel, sobre la pila de diarios envejecidos. 29
Francisco, irritado, incómodo y alérgico, se rasca el pecho y grita de dolor. María deja caer la cortina veneciana y corre en su ayuda: -¿Qué pasa Frank?-interroga jadeante. -No sé, tengo algo clavado aquí. -Dejame ver, no tenés nada, sólo te hiciste un surco con tus uñas, ¿uñas?, ¿Francisco?, ¿Pancho?, ¿qué ocurre?, ¿quién soy?, ¿quién sos?. Francisco salta y con un bufido desaparece en la oscuridad. 30
Y al abrir los ojos se encuentra en un túnel, donde no veía su final. Comenzó a recordar quién era, de dónde venía, a dónde iba, qué deseaba ser. Si un gato, un perro, un hombre, o tal vez todo a la vez. Sentía voces a su alrededor, que le llamaban, lo invitaban al más allá, o tal vez era, el más acá. Su cabeza comenzó a girar, como un lavarropa, sus ojos se desorbitaron y su cuerpo comenzo a inflarse, hasta que..... 31
Una de esas de esas noches en que acurrucaba en su pecho a Francisco, ella tuvo un sueño, pero eso era: un sueño; era imposible que una cosa como esa fuera realidad. Había soñado que su Pancho, mejor dicho, su Francisco, no era un gato, era en realidad el alma de un hombre encerrada en el cuerpo de un gato negro, que la celaba porque la amaba. 32
Desde el mediodía en que me anunciaron el posible y execrable acto de un sardinanato, siempre supuse que el lindo gatito negro disfrutaría con un final como ese. Verlo padecer bajo un esparragazo, resultó cuando menos, un aperitivo burlesco de muerte, un susto frugal. Maria acaricia el lomo arqueado del gato. Él estira y comba su espalda, mientras su pelo largo se eriza adquiriendo, de pronto, un tamaño que casi dobla su tamaño real. La cabeza del minino busca una y otra vez la palma abierta de su ama que, ajena a las pretensiones de cariño de ese devorador de ratas y perseguidor de gatas en los mercados, se pregunta si ahora Lao Tsé, podría soñar que era un hombre que había soñado ser un gato, ya que las mariposas parecen seres poco masculinos y llenos de connotaciones evidentes que oscurecen el gran pensamiento del sabio con sombras chinescas de vanalidades y trivialidades que, si bien no son desdeñables para el estudio de ciertas condiciones humanas, entran en otra esfera de realidad. En todo caso -se dice- sin lugar a dudas, esta puede ser otra de Las Causas. Pronto, se hará la luz. Y mientras se acurruca de nuevo en la cama sujetando el alma-gato, arisca a veces, remolona otras, se congratula, sobre todo, de que alguien tuviera la buena idea de llamar Pancho, o Franciso al lindo Gatito y no Lucas. Como ese pato de dibujos animados con ambición globalizada, omnipresente marcador de límites, defensor de unidades, que se estrella contra las paredes de una televisión encendida, sin llegar a comprender nunca que basta un toque de mando a distancia para que no exista. Estirando las patas, mientras sus uñas se introducen entre la urdimbre de las sábanas, ..gro..gro..gro...gro, volverá a soñar con la gata gris, o aquella azul y aristocrática, o la gata de aquí al lado, siempre arisca en su casa con los niños, que escapa a media noche, mimosa y cantarina, a ver al viejo que limpia la pescadería de la esquina y cogiéndola en su regazo le alimenta con sardinas. Después de todo, siete vidas es poco tiempo, y hay mucha gata por descubrir. ¡Más vale gata en mano, que cien por los tejados por muy caliente que esté el zinc!... 33
Nunca defensor de microunidades, sí surreal, sí navegante loco, sí director de una puesta en escena que repentinamente puede meterse en el plano del sueño, trascenderlo, simular imbricarse en la realidad-pato para llegar a una realidad-humano-gato-acariciante, desquiciada, desenfrenada. Juega, no hace otra cosa que jugar. Juega Lucas y los límites suelen venir de burlones (con mucho, mucho talento algunos) que no entienden que cada cual atiende su juego y el que no, y el que no, "NUNCA" PRENDA TENDRÁ. Que esa es la única regla que conoce. Y que Lucas ordena para que desordenen a gusto, porque su orden es aparente. Tira de los hilos para elevarse en el espacio y soltarlos cuando se le dé la gana. Pancho (gato) y (Francisco (hombre) tensan sus cuellos, alerta roja. Pato Lucas o en una de esas perro Lucas, oteador de los no lugares de la sobremodernidad, despanzurrador de la monotonía, juega al espión, pero no apresa, no lastima. Juega, no hace otra cosa que jugar, quizá un poco a destiempo. No me comas, gato. Malo, mal gato, señor que proclama libertad, cuidado con los fallidos: acabo de esconderte el CONTROL remoto. 34
Cuando despertó a la mañana siguiente, la terrible sensación de pesadez, depresión y decaimiento le hizo ver su error. Las últimas sesiones de alucinógenos habán sido demasiado para él. Siete días con sus noches sin parar. ¿Qué estaba buscando en ese sueño psicodélico inducido artificialmente?. Tal vez comprender esa enfermiza relación con María, o quitarse la imágen que lo perseguía incansablemente, luego de su tercer muerte a manos de un espárrago devenido en arma asesina. De repente, como un pantallazo, todas sus vidas pasaron frente a él, y comprendió sin necesidad de pensar demasiado que su final estaba cerca, tan cerca que casi podía sentir su aliento resoplándole en la nuca. Nunca supo cuanto tiempo estuvo en ese estado de semiconciente inconciencia, pero cuando volvió completamente en sí corrió desesperadamente hacia la cocina con tan mala suerte que piso un charco de agua que estaba haciendo cortocircuito con la heladera. Las consecuencias fueron espantosas, su negro azabache se transformo en un gris chamuscado estampado contra el techo de la casa. 35
La caída hacia arriba no inquietó a Pancho. -¿Qué mejor para un gato que un techo?-, se dijo. La tranquilidad le duró poco, alguien accionó el control remoto y se encontró con una cola de zorro, rodeado por los perros, en la cacería de otro canal. Ahora su cuarta vida depende del zapping. 36
O tal vez cuelgue de la suerte; mi idea (si me permiten ustedes expresarla) es: 1. Contar las veces que se ha muerto el gato, que a la víspera de la nocturna han salido más de siete; 2. Definir cuántas de esas muertas han sido ciertas, y cuantas han sido alucinógenas ¿vale? 3. Dejar esa mierda, que no serví pa´ náa ¿entendés? pa´ náa 4. Págueme la remolacha, que estas consultas siquiátricas no son gratis; y menos en miércoles, que ha sido considerado bendito por mi madre y no vaya a ser que (en gloria esté su santo cuerpo, y su alma si es que tiene) me maldiga por haber trabajado en un día de reposo. ¿vale? "¿qué te dijo el tipejo, Francisco?" —pregunta María, azarosa— "Que me vaya al diablo, que cambie de loquero y que me pponga un tiro aquí —señalándose la entreceja— que el no tiene tiene tiempo para "gilipolleses" —o como sea que se escriba— "Ven, —dijo Francisco—, a esta hora María me regala un platito con leche. Y si no está, te convido un poco, ¿vale?" 37
Un minuto después de las doce de la noche del miércoles será día de pasaje, de entrada. Pancho (perdón Francisco, aunque ya no sabemos si gato u hombre) se dispone a hacer ese tránsito felino, que no es una de sus ridículas, falsas o verdaderas muertes; es el camino que le permite moverse de un nivel a otro fluidamente, sin alucinógenos, solo con la finísima percepción de los bigotes-antena entrenados desde siempre. "Te convidé la mitad, no te la tomés toda, hombre maullón". Le dice Francisco a Pancho, o viceversa, o Francisco a Pancho, o viceversa-bis. María repone. María Misha come poco en estos días. Anda triste, balconea, ficha, oficia de campana. "Atendé el portero, Francisco". "¿Quién te dijo que es?". "Un tal Alexito, dice que trae no sé qué". "No le abras a cualquiera se meten y te llevan hasta la camiseta". Francisco, seguido de Pancho, baja con la llave a abrirle la puerta al visitante, Alexito, clonador experto, y amigo de Vicente. 38
Alexito! —grita Francisco, efusivo—, che, tanto tiempo. ¿cómo está Vicente, eh? ¿sigue ronroneando en aquel barco pesquero? Me dijeron que ahora le gustaban las de angora ¿cierto? Pero pasa, pasa. ¡Misha! Pero mirá quien ha venido a visitarnos: Alexito. Pero habla, hombre, ¿qué trae por acá ¿eh? ¿querés un sorbo de leche, que nos han dejado bastante (¿quiénes?) La María y el Pancho. 39
Es muy, muy lindo Alexito. Ama fascinada la gata. La acapara. Miá, miá. Botamanga suave, rasponcito en el zapato, para ver si mira. Miauuuu, miá, miá. Ni una caricia, amarrete. Cabeza de gata para vos, ahora que te sentaste. La mano-molde se niega a mis orejas. Mezquino, Alexi, no mima a gata trepada ya por su cuello, olfateando a lo perra (¡¡¡) la nuca, metiéndose por el pulóver. Estructurado, tímido, canino, me vas a mirar, no te queda más remedio, estoy abriendo tu maletín. Un intento más y se abre. Se abr....No puede ser.... Carroñas, ustedes no salen vivas de este lugar. Alexí-no-felino, no-gatuno, mío-enemigo-malo... 40
Caos-sabor-cereza, tus-mieles-sabor-amargo, el-bigote-lleno de leche, las patas amedrentonas y los ojos extrañamente gatunos, como miran las mujeres encintas o los peces cuando duermen. Anoche soñé que ya no me amabas, Francisco, y desperté llorando como gato, amor mío. Di que me amas, que soy la única mujer en tu vida, dilo, imbécil, dilo. He soñado que me engañas. Que sales de tus labores y te citas con una secretaria de la Central 28, esas que visten uniforme y pantorrillas gordas. Dime que sólo lo he soñado, que nada de lo que hoy te reclamo es cierto. He pasado una mañana desesperada, Francisco, esperando a que se cumpliese la tarde para besarte y observar que cierras los ojos cuando lo haces, Francisco. Dime que me quieres, que me amas, que soy la única mujer en tu vida, que sólo conmigo harás el amor desde aquel-domingo-que-me-invitaste-al-cine, dí-me-lo: "Miau" 41
Mas miré por la ventana y vi una rafaga de luz, que iluminó de repente los ojos de alexito, mas sentí miedo, un escalofrío corrió por mi espalda y alteró los latidos del corazón, la luz del día se iba, poco a poco el sol se fue alejando, en sus ansias de dar luz a otro lugar del mundo; me dejó a mí ahí solo, sin saber qué hacer con este pánico que de repente entraba a mi alma por la puerta de atrás, mas ahí, en ese lugar, vi una rosa.....una rosa blanca en el florero de la mesa al volver mi vista, no estaba ahí ¿dónde estas? -pregunté- mas la respuesta fue un frágil y doloroso "miau", ¿¿qué estaba pasando?? 42
La mujer felina, el hombre gatuno, miran la ventana, miran a Alexis, les vuelve la esperanza, un clon no vendría mal. En la araña, Pancho se relamía y entre los bigotes asomaba una puntita de pétalo blanco. Prefería los tulipanes, pero esa rosa no estuvo nada mal. -Minini, minino, mish...- María lo buscaba, se escabulló por la puerta trasera, y casi chocó con el espejo. ¿Un espejo en la puerta de la cocina?.Alexis los mira. 43
Sin decir palabra abre su maletín sobre la mesa de la cocina y comienza a sacar una serie de objetos extraños con los que forma una pirámide luminosa, con tonos que van del azul al violeta. El resplandor hinotiza a María y Francisco, que ya sin voluntad alguna comienzan a caminar hacia la mesa. - La clonación está por comenzar. Anuncia con tono melodramático Alexis. La cocina se oscurece de repente y luego de unos relampagueantes destellos multicolores, aparecen en el lugar de Francisco la oveja Dolly, y en el lugar de María el olvidadoynuncabienponderado tío Germán. Alexis se rasca la cabeza pensando que habra salido mal... 44
Sus cálculos habrían sido exactos... habría exagerado en la sal o acaso en la pimienta. Muy adentro suyo comenzó a sentir un destello dentro de si, como un alma que hubiese perdido hace ya mucho tiempo, la presiente como sube ligeramente por tráquea, sus garganta... besando su lengua, limpiando sus dientes... Alexis redescubre la razón y la escencia de ss estudio, de su vida y su futuro.. pero ahora más que nunca sabe que este experimento acaso fallido, acaso triunfal no le deja mayor opción que... 45
guardar todo en el maletín, inventar un collar y una soga para Dolly e invitar al tío Germán2 a instalarse en su casa hasta reformular todo. "Dígame, joven, adónde vamos?", pregunta el viejo, cansado, luego de caminar cinco cuadras arrastrando a la oveja, que de vez en cuando se empaca. "A Caballito Norte, casi Paternal". "Ah, la Paternal, qué tiempos... sé que mi original la ha pasado muy bien en ese barrio allende el Maldonado". "¿Usted tiene recuerdos?", investiga Alexis, como si le preguntara qué hora es. "Pero, m'hijo, claro que los tengo. Son recuerdos.bak, pero recuerdos al fin. No sabe, tengo un «save» de las orillas del barrio, allá donde se encontraban el camino de Gauna y el arroyo, que ha sido muy festejado en el cine y la literatura. El padre de Germán1, tío abuelo de María, conoció al Oriental". "Olvídese del Maldonado. Lo entubaron", responde con rabia Alexito, a quien nunca le gustó la literatura y mucho menos remontar Juan B. Justo caminando con un clon folclórico informatizado y una oveja inglesa. 46
che cosa sta continuando? Ho ucciso quella pecora l' altra notte? Dijo la bruja del barrio, cuando vio aquella oscura caravana. hey voi che sono voi che provate ad impressionare? quello è il mio ritorno delle pecore esso me immediatamente. Devo sacrificarlo, in nome del diavolo. Se non lo faccio questa notte, tutto da qui a Tijuana sarà distrutto! gritaba la bruja, mientras Alexito, el viejo y la oveja (aunque parezca porno barata), corrían a esconderse dentro de la granja. Demons. Diavoli e streghe. Li invoco pontenza. Distrugg! Gritaba la vieja, mientras todo aquello ardía y María despertaba al olor de un buen café que, quien sabe como y quien sabe con qué pretexto, Francisco preparaba en la cocina. "¿cómo amaneciste, María?" "Fraudulenta" "¿cómo?" "Primero júrame, Francisco, que jamás permitirás que una bruja me clone." "Lo juro. Pero ya no tomés vodka antes de dormir, ¿vale?" Y el día siguió su curso, como caracol baboso. 47
Este, pobre gato negro, hasta el momento atravezaba circunstancias que no cualquier felino podría llevar sobre sus espaldas. 48
Ni sobre las patas, ni sobre la cola. Como filme barato de fin de siglo, como una mala telenovela venezolana, como la desdicha hiriente que provocan un cactus en el cóccis. Sal de donde estés, mendrugo vida, pedazo de pan. Sal, camino de la baranda hay un gatos que te espanta, gato gris o claroscuro, medita sore tu hombre, dibuja el rombo sobre el suelo, admite lo inadmisible y olvídate del pasado. Gato sólo. Hombre gato. Olvídate de tu rostro, admite lo inadmisible y olvídate del pasado. 49
María. Ya el nombre le sonaba a gato... Tantos años después, digamos veinte, como quien dice, María veía un gato y se le erisaba la cola. No es cosa de gente normal, pero no podía evitarlo. Los conjuros quedaron olvidados, y ella, María, mas o menos no?, suplicaba, en aquella cobacha de San Telmo, sin luz y sin agua, jodida por decirlo así, por una brujita de las que ya no quedaban, porque ver un gato le daba ese tirón o cosquilleo; nacía en la nuca y seguía hasta abajo. Carajo!, gritaba siempre... Pero para eso tendrían que pasar veinte años, mas o menos no?, como quien tira una cifra, pero mientras 50
"Veinte años no es nada", le contesta al psicólogo del Álvarez, hábil para ironizar, para armar supuestos que la espantan. "Demore, nomás. Usted elige esconderse en el sucucho mugriento de San Telmo. Seguramente la tranquiliza". Y La memoria de María repasa ahora la ida de Alexito, el día del experimento frustrado, cuando vio que Pancho salía para seguirlos discretamente". "Una semana, o diez días después, me contó muerto de risa, cómo había los había asustado echando maldiciones con la voz de la tana Serafina". Esto queda para la próxima, porque las sesiones de hospital apenas duran quince o veinte minutos... 51
Uno. Dos. Tres. Alguien caminaba y contaba. Uno, dos y tres. Creo que contaba sus propios pasos o la distancia entre las huellas, solamente reconocibles para él. Un nefasto personaje llegado a la ciudad. Gris era su color, su ropa, su aspecto. La típica cara de los hombres grises que deambulan por el mundo, a la hora donde los colores duerme. El Hombre Gris había llegado. A simple vista nadies se daba cuenta para que. Estaba en la gran ciudad para terminar con la historia. Para informarle al poderoso, al que le pagaba su sueldo, que nada tenia fin, que los que imaginaban vencer, habían abandonado la aventura. Camino despacio. Siempre contando. Uno, dos, tres. Llegó, subió las escaleras.Al llegar a una puerta se detuvo a leer un cartel. Alvarez. Psicólogo. Golpeó. No era hora de entrevistas. Giro su gris cabeza. Nadie lo observaba. Como en los policiales, sacó de su bolsillo una serie de instumentos. Con uno abrió la puerta. Era casi de medianoche. Cuando los gatos buscan amor... 52
Pero no era amor lo que buscaba. Quería los apuntes, la abultadísima libreta donde el licenciado Del Álvarez escribía las frases más significativas de su paciente y anotaba los silencios con doble subrayado para revisar después la secuencia completa, los puntos de inflexión. También existían constancias de las lágrimas de María, que vaya a saber por qué pase mágico varias veces pudieron correr la tinta, disolver las letras, amarillear las hojas. En menos de cinco minutos estuvo afuera. Luego de caminar unas cuadras se sentó a leer en la placita iluminada donde topaba el callejón lleno de gatos hambrientos y tachos de basura. Un clásico: sólo faltaba Benito. 53
Saliendo de un Vips, Chuang-tzé,se aparece en las páginas de un libro, como un ideograma, para zanajar una dicusión de otro tiempo. Ya perturbaban los muertos la paz de las losas, peleando por la paternidad del hombre que soño ser una mariposa, y que ahora había soñado ser un gato, por aquello de que las mariposas, sólo quedan bien en televisión, cuando se llaman Boris, y llevan detrás un ejército de corifantes. Humilde, el sabio, queda atrapado en un sueño, que el siempre el mismo sueño, que atrapa siempre un sueño más grande, y desde lejos, con la sabiduría oriental, abre al tiempo el espacio tridimensional. La lectura bajo la farola, se le hacía borrosa y pesada. Con aire de repetición innecesaria.La puerta a un paso, y los ojos pegados en las letras. Nada más fácil que perderse en uno mismo. 54
Decidió no leer más, dar una vuelta por el débil tejado. Contemplar la luna y vagar por las estrellas. No pudo decir su nombre, sólo dio vueltas y vueltas hasta caer en lo más profundo de sus sentimientos. 55
Guardó la libreta en la caja fuerte de su casa. Fiel a su manías tecnológicas, Arturo, el gris Arturo, calentaba el agua en el microondas para hacerse un té rápido. Tres minutos. Hoy parecían un año. ¿Qué hago con toda esta información sobre Pancho? Con razón la pesadumbre, el agobio que por momentos... Hay que destaparlo. Es un delincuente, un mal bicho, pero no creo que otros hayan tenido tantas cartas en la manga como las que tengo yo ahora... 56
— [...] como creíste tenerlas, malnacido. El interrogatorio fue duro, sin marcas pero mucha convicción. Los polis federales eran perruchos, de sable corto y manga larga. Arturo confesaba la combinación y el universo se perdía en el carajo. salía a la calle, tomaba un micro a Torrecitas y a media baranda el bus se desplomaba por el desfiladero... en ese momento Arturo despertaba, jadeando. El sueño le seguía desde que decidió pintarse las canas y afilarse un poquito la barba. 57
Realmente, el hecho de haber nacido gato no lo favoreció a Francisco en lo más mínimo, escribió Alvarez en sus memorias, quizás recordando el cuento de la vieja, el genio y el minino castrado. 58
Si por gato castrado, Pancho se imaginaba adentro de un inmenso platón de guiso con achiote, los testículos bien sumidos en semejante alberca entomatada, María necesariamente comenzaba a distanciarse del alter-ego felinus en un pequeño crepúsculo de un iris rasgado donde la sádica sonrisa de maría se reflejaba luna plata. 59
Luna platense sobre el hechizo de la bruja italiana y sobre el libro de cabecera, de cuentos gatunos, favorito de Miguel, que se cerraba de nuevo. Mientras su madre huí despacito para no despertar al pequeñín. Buenas noches. 60
¿FIN DEL CUENTO? 61
en este punto la historia cambia totalmete, marvin, ya no tiene los ribetes morbosos que siempre quieres darle: el gato ya no tiene connotaciones de ningún tipo: el gato es sólo un gato negro, medio loco, excéntrico, marginal, sí marginal, marvin. Alguien que nadie ha visto ha entrado en el cuarto, ha matado al gato y al niño que dormía, ha salido por la ventana y ahora te busca, Marvin, te busca... 62
Tuve siempre la idea de que un ejército de gatos nos cuida por las noches. Los he visto en cada esquina y en los barrios con zanjas, de lámparas de gas argon levantadas por el viento, como faldas mal cortadas. Si observan bien, verán esa pequeñas cabezas afiladas entre los matojos o , en los lugares más pulcros, mirando de frente (nunca de costado,por traición) en los palieres de los edificios. Quien tenga un novia en un barrio y se vaya tarde, luego de hurgar en el escote y besar y atragantarse de ese sabor amargo de mujer, y se escape en esas calles semioscuras, semipeligrosas antes de que el padre que trabaja con horarios rotativos en una metalúrgica vuelva y te agarre con las manos debajo de la tela suave de la chica ojos de musgo que te miraba en el colectivo, verá que su retirada es cuidadosamente guardada por eso pequeños animalejos silenciosos y pulcros. En cada esquina están, eso es lo importante, no el color, porque siempre están de noche y como sabemos, a esas horas todos los gatos son pardos. 63
Pancho, conmovido por su dueña se asfixia en un maullido. gato de morbo, felino rampante eso es lo que eres y tus fibras las embarras sobre la piel de María, y te gusta depositarle olores de aluminio frescos, aromas pálidos de viento breve que capturan tus bigotes. María te veo en mitades y sospecho tus sospechas, te paralizas gato, te encurvas como el puente de viaducto donde se han caido los cerdos y las vacas para lapidar periféricamente el camino de la ciudad mexicana y argentina que se confunden en pequeñitas y lesbianas similitudes de carnalidad de barrio. Gato milenario el la luz que me golpea y me revienta las ganas ronroneantes de un de tonos blancos donde tu rostro es la estampa diáfana del cielo estrellado. Llamen a Blake, llámenlo ahora. 64
Blake (que se pronuncia Bléik, y no Blak o Vléic o Bléic), ha sido rudo entre los rudos. Más aceitoso que Boogie el Aceitoso (incluso Blake le escupió de vuelta a Boogie, en el rostro; le pateó los testículos, sin ser morboso: el pobre Boogie (que se pronuncia búgui, y no böggui buji) se retorció varios minutos antes de reaccionar. Blake es sucio, más sucio que Harry el Sucio (que se pronuncia járry, no arri ni ari). Blake es malo, más malo que el mate con nutrasweet. Blake, el malo de Blake, más malo que Pedro el Malo. Aparece en esta historia y no sé por qué demonios ocupamos de un asesino para deshacernos de un gato. Pero sería divertido manchar el monitor de sangre gatuna. 65
— Pase Usted Mr. Blake. Siéntese, ¿algo de tomar? — ..... — Bueno, mire. Tenemos un problema. Un gato ¿sabe? es una fiera, nadie ha podido con él, Nestor, SuAn, Macarena Moreno, incluso el Lobo Azul ha luchado y perdido. Es una fiera le digo, una fiera. Esta es la foto, ¿temible no? — ..... — Hmmp! Bueno, aquí tiene el dinero, la foto y el domicilio del gato. ¿confío en usted, cierto? — Not to worry Mr. Menem. This gato is as good as dead. 66
Y el gato, sentadito en su tejado, planea su octava vida. "Es una suerte que Mefistófeles, sea piscicultor...bastó una mirada avariciosa a su acuario, para que me renovara siete nuevas vidas, a cambio de sus neones y sus goopies...Vaya infierno el suyo, pasar la vida alimentando pececitos de colores, para que cuando cualquier gato entre por la puerta, le ponga en apuros..." Se siente incómodo con ese pelaje negro tan crecido y enmarañado. La antesala de la muerte, le deja a uno un poco revuelto, y hasta alguna pulga o piojo, se han venido hasta el tejado. Abre sus garras,separando las cortas falanges, dejando que las uñas asomen demasiado crecidas bajo espesas matas de pelo revuelto. Las afila contra un trozo de madera vieja. A lo lejos maulla una gata en celo. El bisbiseo desesperado de María, que le llama para cenar, asoma como un rumor entre los tejados. El lloro de la "matrona" viendo descompuesto al hijo favorito, que llora y no puede contenerse, le distrae. Por el fondo del callejón, aparece la silueta de un hombre con capa larga y sombrero de copa. Decide esperar. ¿ Qué clase de conejo será capaz de sacar del sombrero, para hacerle bajar de su tejado? 67
Jooooder!-penso el gato- Ya va siendo hora de que me dejen en paz. Solo soy un pobre felinito que trata de vivir su vida! Pero ya no quedaba tiempo para quejas mentales: debia enfrentarse al hombre de la capa. Flexionando a tope sus patas traseras se arrojo al rostro del asesino con las zarpas por delante. Cegado, el asesino cayo al suelo, circuntancia que el gato aprovecho para correr junto a Maria, que le esperaba con la cena. 68
La gente suele creer que los animales no sienten con tanta intensidad como los humanos. Es uno mas de los errores a los que el inconmensurable egocentrismo propio de nuestra especie nos conduce. Pero puedo asegurar que pocas personas imaginan el dolor que asolo al pobre Pancho cuando llego y vio a su amada Maria bisbiseando junto a un gato persa. 69
El Gato azulado, con cara chata y ojos anaranjados, ronroneaba delicadamente a cada pasada de la mano de María por su combado lomo. No sólo juegueteaba a cruzarse entre sus piernas, sino que descansaba apoyado en su cojín de lana y sus bigotes, aún rezumaban la leche fría que María le había servido en su propio comedero. Aulló, tímidamente. Casi sin voz. Esperando que María se levantase arrojando a ese extraño por la ventana, sin embargo, viendo su propia imagen en el cristal, sucio, peludo y lleno de polvo, el gato azulado se le apareció como un enemigo imposible. Contuvo su primer ataque de rabia, y el instinto lanzarse contra él a defender su terreno, no tanto por pacifismo, por cuanto vió inmediatamente que la alzada imponente y el musculoso cuerpo del nuevo, "lindo gatito", podrían mermar aún más sus fuerzas, tan menguadas desde su vuelta del infierno. Así que, dándole la espalda, se quedó en el alféizar de la ventana, sin volver siquiera la cabeza, mientras su maullido lastimero acarició el brillo de las estrellas. 70
¿Fin del cuento? 71
FIN
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26. SuAn (anainesu@yahoo.com) desde IP proxy.interprov.com el 16/08/99.
27. Paula (ulabost@hotmail.com) desde IP iis.toyota.com.ar el 17/08/99.
28. Marvin Durán (mduran@tecgts.com.mx) desde IP el 17/08/99.
29. SuAn (anainesu@yahoo.com) desde IP proxy.interprov.com el 17/08/99.
30. Toni (Alien19@ciudad.com.ar) desde IP host026152.ciudad.com.ar el 17/08/99.
31. marcela cid (giannn@yahoo.com) desde IP el 18/08/99.
32. María Elena Beltrán Purica (mbeltran_purica@hotmail.com) desde IP el 18/08/99.
33. MacarenaMoreno (MacarenaMoreno@hotmail.com) desde IP el 19/08/99.
34. SuAn (anainesu@yahoo.com) desde IP proxy.interprov.com el 19/08/99.
35. Changui Arias (changui@unsl.edu.ar) desde IP linux0.unsl.edu.ar el 20/08/99.
36. Toni (Alien19@ciudad.com.ar) desde IP host027148.ciudad.com.ar el 22/08/99.
37. Marvin Duran (mduran@tecgts.com.mx) desde IP el 23/08/99.
38. SuAn (anainesu@yahoo.com) desde IP proxy.interprov.com el 24/08/99.
39. Marvin Durán (mduran@tecgts.com.mx) desde IP el 25/08/99.
40. SuAn (sofos1@ath.forthnet.gr) desde IP proxy.interprov.com el 25/08/99.
41. Marvin Durán (mduran@tecgts.com.mx) desde IP el 25/08/99.
42. rosa_blanca (rosa_blanca@hotmail.com) desde IP el 25/08/99.
43. Toni (Alien19@ciudad.com.ar) desde IP host028239.ciudad.com.ar el 28/08/99.
44. Changui Arias (changui@unsl.edu.ar) desde IP dir-biblio-2.unsl.edu.ar el 28/08/99.
45. Andrés Alfaro (horacio78@hotmail.com) desde IP el 28/08/99.
46. SuAn (anainesu@yahoo.com) desde IP ppp55.interprov.com el 28/08/99.
47. marvin durán (mduran@tecgts.com.mx) desde IP el 30/08/99.
48. jorge (jorge@dgp.edu.ar) desde IP alvin.unc.edu.ar el 02/09/99.
49. marvin durán (marvin_duran@hotmail.com) desde IP el 02/09/99.
50. Lucas Luna (lucasluna@topmail.com) desde IP beren.sinectis.com.ar el 05/09/99.
51. SuAn (anainesu@yahoo.com) desde IP proxy.interprov.com el 05/09/99.
52. Fernando Tami (tami@lacapitalnet.com.ar) desde IP cheetah.cybertech.com.ar el 11/09/99.
53. Su An (anainesu@yahoo.com) desde IP proxy.interprov.com el 12/09/99.
54. MacarenaMorenoZaragoza (mmz@teleline.es ; Lilibeth@teleline.es) desde IP casainternet.com el 13/09/99.
55. Lobo Azul (fvelaz@exa.unicen.edu.ar) desde IP line233.comsat.net.ar el 14/09/99.
56. SuAn (anaine@yahoo.com) desde IP proxy.interprov.com el 18/09/99.
57. marvin durán (marvin_duran@hotmail.com) desde IP el 20/09/99.
58. nestor (nestordls@hotmail.com) desde IP internet.baesa.com.ar el 24/09/99.
59. Alvaro Rodríguez Luévano (alvaro@agora.net.mx) desde IP na-114-96.na.avantel.net.mx el 24/09/99.
60. Marvin Durán (marvin_duran@hotmail.com) desde IP el 27/09/99.
61. marvin durán (marvin_duran@hotmail.com) desde IP el 29/09/99.
62. cristhian (cristhian@laneta.zzn.com) desde IP el 04/10/99.
63. Beltenebros (ltesta@ireland.com) desde IP host-128-097.cablenet.net.ar el 07/10/99.
64. Alvaro Rodríguez Luévano (alvaro@agora.net.mx) desde IP el 11/10/99.
65. Marvin Durán (marvin_duran@hotmail.com) desde IP el 11/10/99.
66. Marvin Durán (marvin_duran@hotmail.com) desde IP el 18/10/99.
67. MacarenaMoreno (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP el 19/10/99.
68. Chloe (Kat@underwriters.com) desde IP escp2.tsai.es el 19/10/99.
69. Chloe (Kat@underwriters.com) desde IP escp2.tsai.es el 20/10/99.
70. Lilith (Lilith_m@hotmail.com) desde IP el 20/10/99.
71. Morgana (morgana1999@yahoo.com) desde IP ppp6.ds.mcye.gov.ar el 20/10/99.
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