Narcisa Reyes y el tiempo
cuento colectivo
anibal

(La historia comienza aquí)

El bueno de Juan..., cara redonda y rosada, siempre dispuesto a escuchar, con una mirada serena...
El bueno de Juan..., no mancillado por vivencia alguna, intacto, imperturbable, rara mezcla de hombre y objeto-sensible, que palpita y se estremece...
El bueno de Juan..., sin historia y sabedor de todas las historias. Sonrisa perenne, dueña de una alegría larga que se confundía con el llanto.
El bueno de Juan... 1
siempre el bueno de Juan... el que estaba listo para ayudar... para darle una mano al vecino... el tarado de Juan... siempre listo!... ese era "el buen Juan" para la familia, los vecinoc, los amigos, los amigos de los amigos.. pero nadie sabia como era realmente Juan, nadie sabia que Juan lloraba soledades, que Juan vivia en un mundo oscuro, perfecto para su alma gris. 2
La historia cambió cuando conoció a Narcisa Reyes, la diosa del barrio. Ella lucraba con las noches buenas que le hacía pasar al vecindario, pero Juan la veía diferente. Él la imaginaba el su lecho, pero nunca se animaría a pagarle y, el tarado de Juan, lo sabía. Moriría sin narcisa, sin la divina que le había hecho jaque a la biología, porque con 54 añitos era una belleza de hembra. 3

-Anda Juán, acércate a la bella y dile algo- Decían a veces, los chicuelos del barrio, sabedores de que Juan, el buen Juan, se sonrojaría hasta la médula,sin atrevérse siquiera a reprenderles.

Narcisa, pasaría entonces delante de su enamorado, contoneando provocativamente esas caderas, esos muslos de mármol rosado que asomaban desvergonzados en minifaldas estrechísimas, y mirando hacia arríba, más con desdén, o con altiva deferencia, saludaría a Juan todavía tembloroso por su visión.

- Venga Juán, que se te empina... ¡ A ver cuándo le das un revuelco a la Reinona!

Y Juán, como queriendo borrar las palabras ya imborrables que se esparcen por la calle, correrá detrás de Narcisa, para disculpar a los muchachos, que no saben bien lo que dicen, y ya sabe Vd como son estos chicos...
Y tratándola de Vd. con la devoción con que se trata a una santa, si el día es propicio, la acompañará mansamente hasta la esquina, hasta el portal mismo, en el que ella se adentra para afrontar un día de faena, y con gesto lánguido y caballero, inclinará levemente la cabeza como respestuosa despedida.4

"El bueno de Juan....¿Porqué la gente pensará eso de mí?....El bueno de Juan".Juan dudaba de si mismo, de esa bondad socialmente atribuida. ¿Socialmente?.Su circulo de amistades se reducía practicamente a escogidos vecinos del barrio así qué ¿era esa la sociedad que desprendidamente le había atribuido inmerecido atributo de bondad?¿Qué narices sabían ellos de su turbia vida anterior, de su pasado en la vieja Europa?. "El bueno de Juan...".
Narcisa Reyes le parecía tan inalcanzable, tan inaccesible...Todas las mañanas, Juan paseaba por la calle Defensa, al la altura de la puerta del mercadito, con a esperanza de verla salir y acercarsele, como minimo si sus facultades se lo permitían, para saludarla y decirle:"Buenos dias...¿Sabe? Es usted la mina más linda de todo Buenos Aires".Pero en sus paseos por delante de la puerta del mercado la sensación de absurdo se apoderaba de él, así como sus turbios recuerdos de la vieja Europa, la calle Kartnerstrasse en Viena, el sonido de los tacones de las tropas de la Gestapo desfilando en la noche vienesa y, sobre todo, los rubios cabellos por los que tanto respiró en aquellos angustiosos años, los cabellos de María Hilffer."¡¡Dios, María!!..¡Tuvo que ser así, no pude hacer nada por evitar tu muerte!",pensaba "el bueno de Juan".El fantasma de María, y el de tantos y tantos conocidos que gozaban del amparo de la estrella de David, por quienes nada pudo hacer, se encargaban de recordarle su "bondad". 5

A menudo, por las noches, en la cama, a solas con sus fantasmas se decía:
-Tenían que morir. Es la vida. Es cruel, pero un hombre no puede detener la historia. Yo fui sólo un mandado.

Y un temblor gélido comenzaba a treparle por las piernas, hasta hacer castañetear las rodillas flacas y angulosas de entonces. La temblequera le angustiaba hasta tal punto, que la piel erizada se convertía en una llaga abierta, expuesta al roce áspero de las sábanas de lino, hasta el momento insoportable en que la naúsea, despegaba del estómago, y aferrada a la garganta amenazaba con ahogar sus íntimos sollozos apagados.
Entonces, se levantaba sonámbulo entre colas interminables de cuerpos flacos y desnudos, arremolinados como las liebres de una cacería atroz, y queriendo espantar a la muerte, desvestida en estrellas amarillas de seis puntas, abría la nevera y comía.

Comía con voracidad hasta bien entrada la mañana, cuando el cartero traía el correo, engordando su carnes, mientras trataba inútilmente de dejar anoréxicos sus recuerdos. 6
´En fin, los pasos a seguie son los que el destino marquen´ Esto lo vio escrito sobre un pared que sus ojos no quicieron ver. Deceaba que todo no fuera como él pensaba, una mañana oscura solo se asemeja a un día sin futuro.
Es tarde para que comience a ver un poco mas su futuro, es demaciado tarde... 7
Es demasiado tarde para escribir una historia sin título, destinada a comenzar eternamente, sin poder aspirar a que esta historia me destine un milímetro de eternidad.
Es demasiado tarde porque siempre es tarde en estos tiempos. Tarde para el amor, para el silencio; tarde para la gloria y el escarnio; tarde para caer de rodillas, a la manera de los bueyes, porque no hay ante qué o quién caer de rodillas que no sea ante uno mismo.
Arrebujada en este sótano oscuro, lleno del ruido maquinal de la calle, es demasiado tarde para escribir historias. 8
-Es una cuestón de ajuste. Hacer guardia todas las mañanas en la parada justo en la vereda del mercadito no sirve para nada si no hay encuentro. ¿Usted quiere realmente encontrar a Narcisa? ¿O quiere sufrir porque se queda como una estaca y no la encuentra? Por lo que me ha dicho, entre la una y las dos podría tener más éxito. Y no se acobarde, que esta Narcisa Garay no parece haber nacido para el llanto y la melancolía. Le digo también, para su conocimiento, que tiene algunos, casi varios, añitos menos que los que le calcula. Eso no tendrá nada que ver, ya sé que usted se maneja, gracias a Dios, con otros parámetros, otros valores. Pero a una mujer no le aumente la edad, puede hacerlo de goma. ¿Me entiende? De todos modos, el número que le atribuye me interesa. ¿No se le ocurre nada? Usted vivió en el 54 de la calle Kartnerstrasse de Viena... ¿Cuál es el puente que lo llevó de María (Viena) a Narcisa (Buenos Aires), además de 9
pasar del lo turbio a lo bueno... porque a mí no me puede engañar, yo soy Dios, no Juan Bolas. así que ponete las pilas y decidí Juancito: Narcisa o el tiempo, o la vida como una bolsa de papas.
Cuando "el bueno de Juan" terminó de meditar, o de hacer el exámen de conciencia que se debía hacía treinta años, juntó fuerzas y salió a la calle con la actitud de cazador que caracteriza a los hombres hambrientos y con sed de fuego.
Él huacho de Juan salió al ataque, pero 10
nunca se le ocurrió pensar en lo que ocurriría luego, salió a la calle sin pensar en el pasado ni en el destino, sin pensar siquiera en que él estaba destinado a estar solo, solo era como había pasado la mayor parte de su vida y solo era como la terminaría. La entrada de una mujer en su vida solo traería desgracia, salió a la calle decidido a buscar amor, ese amor que le había faltado tanto durante los últimos años, esa nesesidad de sentirse deseado, amado, querido, y al mismo tiempo desear, amar, querer. Salió tan apurado que se olvidó de pensar qué le diría cuando le pregunte sobre su pasado, sobre su vida en Viena, y sobretodo sobre María. Núnca se detubo a pensar qué explicación le daría ya que no podría ocultarle la verdad a ella del mismo modo en el que se la había ocultado al resto del pueblo, oh no, a ella no la engañaría, la amaba demasiado como para mentirle y más si se trataba de algo así ¿Le creería si le dijese que él no tuvo nada que ver con aquella tarde de otoño...y que... "Esperame aquí," le dijo y ella sonreía desde la orilla de río mientras él iba hacia el auto en busca de la cámara de fotos sin ni siquiera darse vuelta para observarla sentada allí, casi perfecta, sin siquiera voltearse para verla por última vez,acto del que se arrepentiría por el resto de su vida ya que al regresar ella ya no estaba allí. Buscaron y buscaron por el fondo del río durante semanas pero 11
el Danubio azul, ya en aquellos infames años de conflicto fraticida, no era tan azul.Qué enorme similitud, en su colorido y contenido, tenía el Danubio de entonces con el Rio de la Plata de hoy.Juan bien sabía que aquellas busquedas eran "ab initio" infructuosas. Las cenizas de Maria Hilffer se hallaban mezcladas con las cenizas de miles y miles de "culpables". Culpables de haber nacido, culpables de pertenecer a un Pueblo (todo sea por el Hombre pero sin el hombre). Pero no solo sus cenizas: sus pertenencias, su cabello...Todo.Todo pasó a ser reutilizado por el Pueblo Liberador de aquellos seres inocentemente "culpables".
Juan superó a su recuerdo fantasmagorico, a su pesadilla de sí mismo. Salió a la calle y miró a su amado cielo austral. El sol de invierno brillaba en aquella mañana fria de Buenos Aires. Aquel era el día: estaba decidido a entablar conversación con Narcisa." Pero...¿Qué le digo?¿Qué pensará de mi?", en ese momento su conciencia se burló y le habló:" Acaso te importó lo que pudieran pensar aquellas metaforas de seres humanos que pasaban bajo aquel arco de piedra donde se les saludaba con "El trabajo os hará libres" ?"."¡¡¡Maldita conciencia!!¡¡Maldita ceguera!!¡¡Jodido Schneider!!".
Narcisa salió del mercado y se encaminó hacia la Plaza Dorrego. Juan la sigió. Fue en la esquina de Defensa con la Plaza donde se le acercó:
- Buen dia, señora - Balbuceó Juan. 12
Algunos creían que Narcisa era la dueña de una seguridad absoluta. Pocos, sus pocos verdaderos amigos, estaban en el secreto de que hasta llamar por teléfono, una cosa tan simple como marcar un número y decir: "Hola, me alegró tu llamada" representaba todo un conflicto para ella. Dudas, indecisiones. ¿Cómo se conjugaba esta timidez enfermiza con el trabajo que se había buscado para sobrevivir? No lo sabía y a esta altura, ya no buscaba respondérselo. Era una Garay. Para algunos, la más linda del barrio, la más linda del Sur. Pero Narcisa tenía claro que en ella también se conjugaba lo sublime y lo terrible de la historia de ese Sur tan amado. --Buen día... 13
- Buen dia "bonhomme" - respondió Narcisa con cierto brillo en sus ojos color azabache.
- Le apetece un cafesito donde mi compadre Luis, ya sabe, el café de la esquina, El Britanico?
- Claro que sí Caballero..., además, precisamente hoy no tengo ningún cliente...

Juan ya no escuchaba. La palabra "cliente" cayó sobre él como un jarro de agua helada, como una patada en el estómago, como un cuchillo en su corazón. ¿Porqué, porqué, porqué...?¿Es que Narcisa no "veía" el amor que irradiaban sus ojos al mirarla?¿Es que no deseaba ella, mujer de la vida, conocer el amor inmenso que le profesaba desde siempre, desde su llegada a La Argentina, al barrio de San Telmo?. Aquella mujer se mostraba definitivamente inalcanzable. Su amor se rompía por segunda vez. ¡¡¡María...,Viena!!!; ¡¡¡Narcisa...,Buenos Aires!!!;¡¡¡María..., Viena!!!; ¡¡¡Narcisa...,Buenos Aires!!!...Juan comenzó a sudar copiosamente, como si lloviese desde su interior. Miles de imagenes comenzaron a trocarse en su cabeza, un fuerte pitido en sus oidos,...Juan no supo nada más: se desmayó de forma fulminante. 14
La imagen, como un rayo del maldito Schneider volvía una vez más a su atormentada mente, esta vez transfigurado en un cliente...
¿Porqué no moriste aquel día maldito de Junio, en la playa de Omaha?¿Porqué no te mató un bala amiga o enemiga...?¿Porqué ese día tardó casi seis años en venir...?. Luego supe que no pudiste huir en el submarino y llegar a Tierra del Fuego como yo y tantos otros de esa Alemania agonizante, que solo te quedó la suerte de escapar en la bodega del barco que zarpó hacia Veracruz (curioso, tu salvación fue un barco, cosa que contradice aquello de que las ratas siempre huyen cuando el barco comienza a hundirse...). Mi ultima esperanza fue que tu muerte hubiese tenido lugar al zozobrar. Luego, ya en el mar Caribe, aquel 16 de julio, precisamente el día de tu cumpleaños, por poco no llegan al puerto de La Habana...Aquel gobierno le había declarado la guerra a los nazis con lo cual tuviste que saltar por la borda y alcanzar la orilla a nado... 16

La mujer seguía mirándole mientras él se debatía entre sus prejuicios y las dudas que inundaban su cerebro. Alguien que tiene la desverguenza de admitir así su condición, no es alguien digno, se dicen sus ojos anegados en sudorosas ansias reprimidas.

Narcisa mira hacia el náufrago que tiende hacia ella sus pequeñas palabras, tratando de apresar en ella algo auténtico, algo no vendido, algo que pudiera redimirle por fin, de tanto sufrimiento a solas.
Tantas noches aplastando la cara contra el cristal de un invernadero, mientras su mano torpe, en el bolsillo de un viejo pantalón de pana, da un consuelo inútil a su hombría desgarrada.

- Tampoco te van a salir herpes- decían de nuevo los muchachos viendo los apuros y el tartamudeo que acompañaban a Juan en sus gestos- Si algo es la Narcisa, que todo el barrio lo sabe, es una puta bien limpia. 17
La indiferencia del ser pudo más que el deseó de terminar con la soledad, se quedo parado frente a Narcisa sin decir una sola palabra, por su mente pasaron los fantasmas de toda su vida, diviso los pocos momentos felices que llenaron su corazón con migajas de felicidad. Su niñez, sus amigos imaginarios, su madre.
¿Que salió mal?, ¿Dónde perdió el hilo de la felicidad?, esas eran las preguntas que nunca se pudo contestar y ahora frente a Narcisa, su Narcisa, afloraban los cuestionamientos a su existencia, la existencia que nunca logro entender y que la disfrazaba con risas fingidas opacando así por momentos su soledad.
Quizás en realidad no amaba a esa mujer, quizás solo quería demostrarse a si mismo que el destino de pesadumbre que había marcado toda su existencia podia ser cambiado.
¿Juan?, ¡Juan! grito Narcisa, ¿estas bien?... 18
"Está bien, es una lipotimia. Deje nomás, yo me ocupo". Narcisa sintió que la sacaban de escena y se fue, amparada por el apagón barato que había decidido una reverenda desconocida. Y, para colmo, tan dueña de la situación, tan segura de sí. "Lavantáte, dale, Juan. Vamos, vamos a casa". En su huida, Narcisa llegó a oír esto último, que le dejó "una basurita en el ánimo". La frase de Mafalda se ajustaba muy bien para describir esa molestia suave y persistente que la acompañaba cuando algo había logrado descolocarla.
"María..." "No, Juan, soy Eva". "¿No te acordás? Te llamé anoche y quedamos en vernos". De a poco pudo sentarse en el cordón de la vereda y se levantó sin dejar permitir que lo ayudaran. "Perdonáme, salí un momento, habíamos quedado a las...". "Es que salí sin desayunar". "Vos y tus costumbres, Juan, un mate y listo, para qué vas a comer algo. Cuando éramos chicos tirabas el café con leche detrás de los muebles. Cómo te corría tu vieja después". El recuerdo de la infancia, la calidez de Eva lo fue calmando". "Y vos, ¿cuándo te separaste?, anoche no alcanzaste a contarme nada". "No son cosas para hablar por teléfono, prefería tenerte cerca, como antes. En fin, no sé por dónde empezar. Tendría que hablarte de Mauro, de cómo fue cambiando. De golpe encontré éstaba al lado de un tipo al que no reconocía". "Mauro, tantos años de Mauro en mi cabeza, en mi vida. Y ahora ese nombre, que era El Nombre, se redujo al recuerdo de una etapa. La mejor. Lo demás, prefiero olvidarlo". 19
Eva pareció meditar durante unos segundos, luego continuó:
-"RECORDAR ES COMO VOLVER A VIVIR", y tú bien lo sabes viejo amigo - recalcó esta última frase con cierta sorna -.Pero bien, habíamos quedado ayer y aquí me ves. Intentaré no agobiarte como mi historia, remitiéndome sólo a los hechos que te permitan comprender, tal y como me sucedió a mi, quién era realmente ese jóven, delgado y seductor, que en un principio, cuando todos le conocimos, dijo llamarse Mauro y que recién venía de un viaje de estudios por la "vieja" Europa... 20
Me alegro de que estés bién -dijo Juan, demostrando no haber escuchado una palabra de lo que Eva había dicho - y me alegra mucho verte después de tanto tiempo; pero ahora necesito de tu ayuda. Estube haciendo un examen de conciencia, meditando como le dicen ahora, y llegué a la conclución de que Narcisa es mi destino. Estoy enamorado de Narcisa, no puedo sacarla de mi mente ni un solo instante y quiero compartir mis sentimientos y de ser posible, el resto de mi vida con ella. Eva no pudo más que sorprenderce, lo miró como una madre mirando a su hijo, lo tomó del brazo, le señaló el bar y en silencio caminaron hacia la esquina. Eran amigos desde tiempos inmemorables, pero no recordaba haber visto nunca a Juan enamorado, y todo parece indicar que no son solo palabras (pensó Eva), se le nota en los ojos.
Al llegás al bar, se sentaron en una pequeña mesa junto a la ventana. Ambos permanecían en silencio... Juan pensaba en Narcisa... Eva pensaba en Juan, y lo miraba, sentado allí.

SI - dijo Eva - te voy a ayudar... Narcisa es la mujer que estaba con vos cuando te encontré en el piso ?

Juan la miró, y Eva notó ese brillo tan particular que tienen los ojos de un hombre enamorado. Se ruborizó ligeramente y atinó a responder un SI. 21
Esa fue toda la ayuda de Eva. Dos minutos después le empezaba a contar su historia. Juan estaba resignado a oír vidas ajenas. Además, él ya la conocía los pormenores de esa historia porque le habían pasado el dato sus hermanas, que vivían en Palomar, cerca de los viejos cuarteles. Eva las visitaba todas las semanas para referirles detalladamente el Nacimiento, Apogeo y Debacle de su pareja, y para tener, de paso, alguna noticia de Juan. Había convertido a Mauro en un ser mítico. Cuando llegaba el momento en que lo denostaba, el interlocutor había comenzado a amar con desesperación a ese gigante que se atrevió a escapar de semejante zumbona. Lo menos que podía hacer era cometer un fratricidio. A quién se le ocurría darle a Eva el nuevo número. Es cierto que desde que había vuelto de Europa habitaba el mismo edificio, pero un año atrás se había mudado a un departamento con balcón, dos pisos más arriba. Un lugar mucho más estratégico para espiar el ir y venir del barrio.
"¿Qué tal, cómo está?", le dijo Narcisa, quien se había atrevido a acercarse a la mesita donde estaba Juan. "Siéntese, por favor". "No, no quiero molestar". "Pero siéntese, le digo" Y al ofrecerle la silla, Juan había tirado el café de Eva, el cenicero, la jarra de agua y, por un pase mágico, el vigilante con crema pastelera se había pegado a su bolsillo derecho... 22
"Requiescant in Pace".....
Entrada del cementerio de La Recoleta. Una persona alta y de pelo cano, corto, muy corto y al estilo de las SS se acerca a los visitantes de tan emblematica necrópolis, la necrópolis burguesa...una necrópolis llena de próceres y jailafes de la sociedad porteña.
-Buen día, señor. ¿Tendría la amabilidad de ayudar a este viejo invidente? -dijo el ciego.
-De veras que lo siento señor. Soy estudiante y estoy de turismo aquí en Buenos Aires y...la verdad: voy un poco mal de dinero -contestó el transeunte.
-¿Cómo?...Ah! no es usted de acá...¿Y desde donde tenemos el honor de que nos visiten?
-Soy español...de la "Madre Patria". Por cierto: su acento es un poco extraño...Usted tampoco es de aquí, ¿no?...¿Centroeuropeo?
-¡Vaya!Así que es usted español...Pues usted verá, los ciegos, acá en Buenos Aires, no tenemos practicamente medios para subsistir, así que debemos molestar al resto de ciudadanos pidiendoles limosna - el ciego, visiblemente incomodo, omitió respuesta alguna respecto a su extraño acento y su procedencia.
-De verdad que lo siento -el gallego rebuscó en sus bolsillos, extrajo unos 45 centavos y se los dió a aquel misterioso personaje -aquí tiene, señor. No le puedo dar más.Tenga un buen día.

Unos metros más allá, en un banquito, una persona observaba con atencion la escena que tenía lugar en la entrada del cementerio.A primera vista se trata de de un anciano más, de esos que invierten las horas mirando comer a las palomas. Pero no era un anciano más, ni prestaba atención a paloma alguna. Se trataba de un anciano que sabía muy bien cómo se ganaban la vida los ciegos de Buenos Aires...años y años de investigaciones, sufrimientos y torturas, la muerte de su hija en el Mirador ,el incendio...su propia muerte simulada. Todo aquello fue necesario....Había llegado muy cerca, MUY CERCA. Y ahora de vuelta a casa, vuelta al trabajo. Fernando Vidal observaba con total atención los movimientos de aquél "amabe e inofensivo" ciego de acento alemán, aquél ciego que tuvo que salir rajando de la vieja Europa y de la vieja Habana. 23
"El viejo e inofensivo Schneider...¡¡¡Maldito hijo de las re-mil putas!!!.Pero, ¿A quién cree que engañara con su actitud indigente y pedigueña?.Mirálo...mirálo.¡Cómo puede andar así de suelto por la ciudad este hijo de...!.Claro, un ser rastrero como él se cree con total impunidad como para dejar su conciencia libre de cargas. Seguro que a su mente no viene ninguna clase de fantasmas, fantasmas que a mí me piden venganza, que me piden que finalice la labor que comencé hace años. Fantasmas que me piden que llegue hasta el final. Y vos...vos Alejandra...vos también me pedís que haga algo...". Fernando se debatía en sus pensamientos cuando el viejo y "mendigo" Schneider, ya avanzada la tarde, partía de la mano de su acompañante -una amable mujer de unos 40 años- hacía su casa en Avenida de Mayo. Fernando los siguió, cauteloso y a la debida distancia. Al llegar a la Avenida de Mayo pasaron de largo el numero en el que vivía el ciego, se dirigieron a Plaza de Mayo y por ahí bajaron por Bolivar y se metieron en un Café."¿A merendar Sr.Schneider...? ¡¡Así se te atragante!!".
El Café andaba bastante concurrido, lleno de gente que salía del laburo. Unos que comentaban acerca del último Boca-River, otros que se debatían en la esteril e inútil charla de la politica, la coima, la corrupción que presidía las actuaciones de la cana...Al poco de entrar en el Café un hecho singular, por lo aparentemente ridiculo, tuvo lugar: un tipito regordete que engullía unas facturas acompañadas por un café con crema y rodeado por dos bellas minas miró atónito al ciego y a su acompañante, medio que se atragantó y cayó en redondo de su silla, provocando el silencio y asombro del local, el estupor de sus dos contertulias y la alerta del ciego ante el estrépito.
-¡Juan!...pero...¡Otra vez, che!....¡¡Qué pasa con vos, Juan!! Es la segunda vez que hablamos de tener una cita seria y mirá como te ponés... ¿Viste Eva? Menos mal que te tengo a vos como testigo...Es la segunda vez que el tipo se me desmaya en público. Espero que cuando estemos en la cama no se me muera. -comentó Narcisa, visiblemente alterada.
En medio del tumulto de gente que se apresuró a interesarse por la salud de Juan, el ciego y su acompañante salieron del Café aprovechando la confusión. Fernando no se percató de su escapada. Se sentó en una mesa y dedujo que ese tipejo, que todavía tenía media factura de grasa en la boca y los ojos en blanco, debía haber reconocido algo en ese ciego o en su acompañante, algo que sin duda le provocó esa perdida de conocimiento. Había que hablar con él, pero con toda la sutileza y cautela del mundo...nunca se sabe. "El exceso de confianza en mí mismo me ha pasado una importante cuenta en la vida", pensó Fernando. 24
El Café estaba repleto. Quedaba un lugar junto a la mesa de Fernando, quien tenía la vista fija en Juan, todavía tembleque, más por la aparición fugaz del "ciego" que por el comentario de Narcisa. Tan concentrado estaba en la escena que no vio a la mujer de pelo largo, vestida de negro y cargada con mil objetos inútiles, que se sentó como pudo en el único lugar libre, muy cerca de él. "¿Me pasa el cenicero? Le dije si me puede pasar el cenicero". "A quién se le ocurre fumar en este amontonamiento". Se lo pasó de mal modo, rabioso, porque el pedido había distraído un momento su observación. "Y ahora esta, ¿de dónde salió?", se preguntaba, mientras oía a una de las acompañantes del "tipejo" proponerle encontrarse ahí mismo, a eso de las ocho. "Te veo en un rato", dijo Narcisa. "El lugar, con estos personajes, se parece más a la zona astral de Roberto Godofredo A. que a un bar común y corriente. Solo falta el Hombre Cúbico y la Reina Bizantina", pensó Fernando. Pensó también que los ojos de ese tal Juan eran muy extraños... 25
Indudablemente, todos estaban en algún café.
Parecían contertulios asiduos de tertulias con sentidos ocultos, y extrañas señas, que Narcisa había podido observar sin llegar a comprender del todo en algunas recaladas en el local, para tomarse un café de descanso, entre cliente y cliente, o cliente y la nada, según se le diera la tarde.

Apenas el murmullo que se levantaba cuando cruzaba el umbral llegaba hasta su piel, se dirigía aun rincón en el que se dedicaba a observarlos, aun sabiéndose así mismo,observada.
Los rostros ajenos, apenas tenían significado para ella, y sin embargo, la ansiedad presente en algunos de los que la miraban acercarse hasta la barra, con aquella minifalda y su jersey de lycra a punto de reventar,no se le pasaba nunca por alto. Dirigiéndose al mozo,le pedía una botella de agua mineral, o una coke light, según el día, y le preguntaba:

-¿Qué pasó con aquel cuadro, ese que teníais sobre la pared, aquel sobre el niño paralítico que había pintado una tal M.Suarnosequé, un apellido parecido al nombre de los relojes suizos?

- Vaya, ¡lo recuerda!. Vd debe venir por aquí desde hace mucho tiempo,- contestaba el camarero. - Casi nadie pregunta por esos huecos blancos que hay en las paredes.

- Lástima. Me gustaban tanto esos cuadros, que hasta tengo una reproducciónes en el apartamento.- contestó en voz alta, suscitando la atención desmesurada de la mujer vestida de negro, y dejando a Juan de nuevo, en estado de excitación nerviosa, que nada o muy poco tenía que ver con las excitaciones que ella sabía producir. 26

Narcisa tenía la atención de casi todos los presentes en ese momento, su comentario había logrado que se olvidaran de Juan... algunos volvierono a sus cosas, otros cambiaron su mirada atenta hacia ella.

Tomó su botellita de agua mineral y avanzó raudamente hacia la puerta dejando etrever una sonrisa en los labios, que más que sonrisa de alegria era como si sonriese despues de haber hecho "la maldad del año". Antes de que Juan o Eva lo notaran, salió del bar...

La mesa en que estaba Juan ya era casi, casi una sopa... extraña mezcla de café, agua, cenizas de cigarrillo, crema pastelera, servilletas de papel... Juan no lo hacía nada mal tampoco, crema pastelera en el pantalon, manchas de cafe en la camisa y los zapatos bañados por la sopa que el destino le ayudó a servir.

Eva sentia una extraña sensación de verguenza ajena, algo a lo que no estaba muy acostumbrada ya que se caracterizó simpre por su autoconfianza y autoestima, pero en esta ocación no solo no ayudó a Juan sino que permaneció en silencio los pocos minutos en los que Juan y Narcisa concertaron su cita para esa noche a las ocho...

-¿ me cuida los paquetes ?...

Fernando no había apartado su mirada de Juan, podía verlo directo a la caraq, estaba en diagonal, casi en el otro extremo del bar pero la multitud no le impedia la vision

-HEY... voy al baño, ¿ me cuida los paquetes ?

La mujer de negro tocó el hombro de Fernando que se pegó un susto terrible. Si fuese un gato, de seguró estaría clavado en el techo. Ante tal inesperada situacion no pudo más que poner su mejor cara de odio decir: "No es problema".

Instantes después se lamentaba... el tipejo regordete y su acompañante se estaban yendo... él se tenía que quedar a cuidar paquetes... 27

Tiene gracia, pensó la mujer de negro mientras se marchaba, (justo ahora que había terminando un cuarteto para un soneto palíndromo con intención de entregárselo a alguien que estaba a punto de tirar la toalla en ese asunto), mencionan lo de la cita.

ID ¡AY! A CITA NULA, A LUNÁTICA YA DI ...

La mujer de negro salió entre risas, mientras Narcisa contaba algo sobre aquel cuadro del niño parapléjico, ese que su madre había criado sin prestar atención pensando que le había robado su futuro, y que se lanza por una ventana quedando parapléjico.

Todos miraron entonces a la mujer de negro. No cabía la menor duda, estaba como un cencerro, ¿quién sino se dedicaría a hacer soentos palíndromos?

Fernando sudaba ya como un perro. El ciego veía tan claro, que la luz le hacía daño en los ojos, realmente, aquel era un bar...bastante raro.
Y Juan...mejor no hablar de Juan... 28
“Esa era la infeliz. No podía ser otra. Si yo los vi caminando juntos por Bolívar. Él no llegaba a tocarla con el brazo derecho, pero le marcaba el camino. Parecía el lacayo de una reina, despejaba el camino, le indicaba el lugar exacto en el que debía detenerse para entrar. Tapado largo, corte carré, rulos suaves, alta y llena de soberbia. También de arrugas, qué tanto, porque como bien decía Cocó Chanel hay una edad en que la mujer tiene que optar entre la cara y el culo”. Se levantó y salió como una flecha intentando alcanzar a Narcisa (nihil obstat pensar que saltó de mesa en mesa) para que le explicara qué hacía Horacio O. con ella ese jueves por la noche. Llegar junto a Narcisa y arrepentirse fue la misma cosa. Cómo qué hacía la otra. Qué hacía ella, uruguaya, habitante eterna de París y diosa mayor del Sena, en Buenos Aires. Acá era un fantasma. Acá se debía resignar a que la reconocieran en pálidos y demasiado racionales reflejos de sí misma. Qué sonetos palíndromos. En el Río de La Plata, zona de plantones y traición, lo que tallaba eran las preguntas balanza. 29
Los que conocen la historia de Fernando Vidal no pueden negar que se trata de un tipo que en la vida logró algo que se ve pocas veces: la no interferencia entre una mente llena de vericuetos y la capacidad de acción. A Juan no le hubieran venido mal unas cuantas lecciones de este señor que, según se supo mucho después del incendio en el Mirador, vivía en el barrio de Devoto y había dedicado su vida a investigar, a desentrañar la verdad de los sucesos ocurridos en época ya tan lejana. Pero la vida es loca, enlaza y deshace, teje y desteje tramas. En esta red, el encuentro entre los dos hombres sería mucho más que un cruce fugaz en el bar y Juan iba a conocer, por fin, algunos misterios que todavía ignoraba. 30
A los 32 años y en Madrid, Cocó Chanel queda tan lejos, como aquella aberrante
Wallis Simpson, que aseveraba, que nunca se es demasiado joven, demasiado rica ni demasiado delgada.- Pensaba la mujer de negro marchando del bar, mientras veía cómo Narcisa pedía hora en el cirujano plástico.

Fue entonces, cuando Eva, esa mujer que no dejaba de contemplar la escena, confundió de nuevo a la extraña mujer de negro, con no sé sabe qué reverberancias que ella sabía producir.

-Mire, señora, vaya Vd. a un cuadro, está en el fondo del Morral, Esquina "Humboldt y Padilla", en el rincón de los cuadros terminados.
Allí está lo que Vd busca, señora, yo no soy uruguaya, ni habito en París, ni mucho menos soy reina de nada. Colecciono cosas, en este morral,nada más.
Aunque, quién sabe, tal vez el espíritu que busca, también está conmigo.
Se me meten sin darme cuenta, es un morral, tan....amplio.
Y ahora, si no le importa, debo marcharme, a las doce tengo una cita, y todavía no sé, por qué no se abren mis buzones.

Eva concluyó que definitivamente, que la mujer de negro estaba loca. Sobre todo, cuando vió los tres siguientes versos del soneto de palíndromos, y comprobó los nombres que aparecían en ellos.Para qué contar, cuando la detuvo y ella le explicó que lo que le gustaban de verdad, eran los sonetos palíndromo, todos de un tirón, como aquel fascinante "partida mitológica" en el que una leona, acepta llorosa una derrota... 31

Pero la mujer de negro, ni se inmutó. Esos sí, decidió rebuscar en ese saco negro, el historial, sus profiles, y tantas cosas que estaban allí metidas en aquel morral.

-Caray!- dijo- Esto está lleno de cosas. Se sorprendió sobre todo de unos cookies,que tenían nombres tan raros como mesage dat, y tras analizar sus propiedades, pese a que no se podían abrir, eran llamados clips de película.

-Debería ir a la sala de cine de ahí al lado- dijo recordando su estancia en una torre de Babel, en la que mucho tiempo atrás, un director de cine que por allí recalaba, mientras ella escribía un libro de poemas, había planeado una película en la que una mujer se vuelve loca. -Tal va siendo hora de llevar a este morral a un médico especialista en morrales, por que esto de recibir cartas en alemán, en mis viejos buzones, o respuestas en sueco a anuncios de contactos que nunca puse, está resultandome de lo más curioso.


Entonces, la mujer que parecía haber estado loca, comenzó a comprender.
Estaba completamente loca. Ella era la loca.
Tampoco les resultaría difícil encontrarle. Llamando a su antiguo trabajo les darían su número de teléfono.
Jajajaja, ¡menuda sorpresa les esperaba a los peliculeros.! 32
Soy el narrador globalizado. Procedo de una mente plural, tan plural, tan diversa, que a veces sugiere una megainteligencia levemente esclerotizada. Mi nombre es Lukas.cks y en mi habla ocurren todas las actualizaciones del español. De vez en cuando traigo el leísmo y hago gala de un léxico madrileño, algunos días voseo, nutro el discurso de voces familiares y del viejo lunfardo rioplatense. No faltan las épocas en que el mexicanismo se apodera de mis narraciones. Hijo de mil autores, mi cabeza vaga de creación y creación y el relato (demasiado lineal considerando mis características básicas) sufre algunos tropezones que manifiestan cierta tarea improvisada. Los ciberautores descuidan ocasionalmente los personajes y confunden unos con otros. Me materializaré de vez en cuando. Hoy lo hice desde la ciudad de Narcisa, quien esta mañana se ha despertado segura de que ese Juan es un tarado irresoluto. No le extrañaría confirmar que es el mismo tipo que, con gran habilidad para cambiar de voz y fingiéndose un posible cliente, la llama y habla largamente para concertar citas a las que no acude. Es más, pienso que el verso de lectura doble, escrito por la mujer de negro, resulta más aplicable a Narcisa que a Eva. Sus vaticinios no creídos son en parte ciertos y en parte falsos. El lugar de Padilla y Humboldt no existe, tampoco los cuadros. 33
Turca celosa, y basta. Sin eufemismos, sin vueltas, a quién se le ocurre llamarla leona mitológica y suponerla aceptando "llorosa" una derrota... Diseminó unos cuantos enigmas más y, sobrepasada por la furia, se suicidó arrojándose desde el edificio más alto de esa zona baja, llena de casas recicladas, artesanos, vecinas sencillas, intelectuales y mercados de pulgas. Fue derrotada por la inteligencia y el desplante de ese hombre que llegó a ver caminando junto a la mujer reina. Los objetos del morral se desparramaron sobre el empedrado.
Juan pensó que el peritaje no iba a ser sencillo. La diversidad de los elementos no sugerían fácilmente cómo lograban hacer sinapsis en esa esa mujer cuyo cuerpo se veía ahora más pequeño que cuando se movía insolente entre las mesas.
"Algún día tendré que deshacerme de estas cartas". Sacó dos sobres amarillentos del bolsillo interior del saco y pensó en María Hilffer, en Viena, y en la presencia de ese ciego que no podía ser... "Seguramente es una ilusión. Esto no se soluciona con una simple denuncia. Sabía muy bien que el falso ciego guardaba unas cuantas cartas en la manga sobre el "bueno de Juan", sus movimientos en Europa y su inexplicable asociación, aunque breve, con Schneider. 34

- Jajajaja- Dijo Narcisa. Tiene Vd. una idea totalmente equivocada de la mujer de negro. Ella lleva su morral impecablemente ordenado, y le aseguro que nunca saltaría por una ventana, como hizo el desdichado de Julián, aquel pobre paralítico, al que recoge la gorda del tercero para seguir cuidándolo.

Eva la miraba desconcertada.

-Yo que Vd. dejaría en paz el morral de esa mujer. Es extraña, pero se confunde si cree que es presa de los celos o el despecho. Jamás habla ni queda con nadie, por lo que es imposible que acuda a citas. ¿qué problema tiene si hace palíndromos sonetos, o sonetos de palíndromos?. Ella es así. Es conveniente para sus planes. Pero no le meta la mano en el saco, hágame caso, mire que se lo digo yo, meter la mano en el morral de esa mujer es como ir a buscar un hueso, en la garganta de un perro furioso.

Eva le miro desafiante, buscando sus manos, mientras decía:

- Y eso Vd ¿cómo lo sabe?.¿ Acaso tiene Vd un mordisco de recuerdo?

- De nuevo se equivoca. En mi profesión, una se acostumbra a hacer de todo. Tuve un cliente, al que le gustaba venir, para que le contara historias. Y yo, contaba. La conozco, por que la creé, y conté su historia. No la desafíe. Lea Vd, el relato de Mario. Se empeñará en morderle la pierna sin soltarla, déjela en paz, que recupere su paso y le dejará a Vd tranquila. 35
Una sensación de ganas de vomitar fue lo que tuvo Narcisa cuando asoció la voz de Juan con la de esos clientes que daban la clave precisa para que la conversación pudiera seguir los carriles habituales y luego no aparecían en el lugar convenido. Degenerado. Solazarse en descripciones, comentarios... Y después... No, no puede ser. Parece sólo un pusilánime.
Lukas.cks: ¿Dejo morir a la mujer de negro o la resucito cada vez que convenga? La salida ibérica me convence más: es una muerte demasiado temprana.
Mujer de negro: --“Escritura, escritura ahora. Después trama, después, preferentemente ahogada. Es más fiel al canon”. Y se levantó sin acordarse de los objetos del morral-uno. Los abandonó en ese barrio de gatos, un auténtico morral-dos donde se mueven fluidamente las Narcisas, sorben la vida de otros las Evas, vigilan los Juanes.
Lukas.cks: Y castigan. Por qué ser objetivo (si eso fuera posible). No me hagan caso, es difícil despojarse de cierto regodeo erudito. Además, tengo una cierta posición de poder. 36

Mujer de negro: --“ Trama no. Es pronto. Escritura ahora es sensato y necesario. Puedo aportar”. “Tristeza, mucha tristeza. Abundancia de trama en esos años. Oeb dianci debda y: asensio, asensio, vos, Jan, Uhhh!!! Peros debías estar, peros toda tu vida. Timba-en los otros asensios albedríos.

Juan guardó disimuladamente en otro bolsillo la agenda rotosa que acababa de levantar. Desde la puerta del mercado, Narcisa observó toda la escena. Mierda de tipo. Tenía bronca con ella misma. “A veces este bofe me conmovió con sus maneras. Debo de estar gagá”. No pudo evitar que volviera el recuerdo de su gran amigo Alfonso, y de Lola, su mujer, que cuando pasó aquello estaba embarazada. Veintidós años exactos. Vivían dos pisos más arriba de donde estaba ese tipo. Pero ahora, ¿no vive él ahí? No estaba demasiado segura. Mañana mismo hablaría con Salvatore, el carnicero... 37

La mujer de negro miró a Narcisa.
-Lo intento. Hago lo que puedo por que comprendan. Para que sepan por qué uno y uno, no son siempre dos. Y qué tiene de bueno que esto sea así. Pero no entienden nada. Están demasiado preocupados por meterse en mi morral, por analizar los elementos, por establecer porqués, por combatir hasta que quede uno, o la suma de todos. No comprenden...¿Debo continuar aquí? ¡Pobre niña eterna y su camino equivocado!. Tú lo escribiste Narcisa. ¿Debo seguir?. Permitiendo que las manos entren y salgan del morral, que las letras me sean arrebatadas de las manos, apenas tú las recuerdas...
¿ Tan importante es que estén todos?. Ellos siguen perdidos en un jardín, queriendo ahogar una mosca, y nada saben de sueños, ni de lo que no se puede conocer.
Narcisa, la miró comprendiendo.
-Tal vez tu historia, es dura, si. Pero te necesito como amarra a tierra. Para que no te pierdas, ni me pierdas, en la historia que construyo, en un primer escalón.Cuando uno y uno, sean otra cosa, ya no serás necesaria.
Y mientras la mujer de negro, salía a seguir deshaciendo la madeja, llena de tirones y golpes de mano,(tecleaba www.mundolatino.org/barcafe) Narcisa miró a la extraña Eva, que hablaba de un Lucas. no se qué, que no existía en su historia, por lo que no podía reconocerlo.
Algo en aquella actitud, en ese talante opositivo, incitador, invitándola a disgregarse en otro, recordaba como rebeco de la memoria, a un Aguante loco que luchaba por un poder, "El último poder". Que rompía una historia por no querer leer hasta las últimas consecuencias. Alguien que no servía para crear.
Narcisa, se sentó en la mesa, en su cabeza, flotando las líneas cambiadas de "Lo dijeron en la tele". Todo aquel relato tan convulso, ahora cercenado en sus primeras líneas. Maria, aquella anciana reservada viviendo sola para su televisor. Manuel, el hijo Judas que la visita de vez en cuando. Recordaba al Toro Michigan, y aquella obsesión por las mujeres, y las escenas eróticas. Recordó sus propias palabras, amenazando con salir un día a la palestra, para arrojar al toro margarita, su propio nombre. (yo seré la memoria de la máquina,dije, y vagan en mi memoria, todos y cada uno de los fragmentos secuestrados)

Y mientras Juan ya no era Juan, por que nunca lo fue, el ciego ve cada vez más cerca el día en que las manos se junten. 38


Secuencias Posibles:
1 de mayo de 1998 (El Encuentro); 1 de julio de 1998 (La Pregunta Inventada); 5 de agosto de 1998 (Excusa); 21 y 28 de noviembre (Pedido de Ayuda, Ayuda Concretada; Entrega/Libro); 1 de diciembre (Lectura); 28 de diciembre (Alegría); 4 de enero (Ausencia; Libro2 en Blanco; Inutilidad del Intento); 6 y 8 de enero (Música Negra y Carta); 18 de enero (Despedida); 3 de febrero (Viaje hacia Fata Morgana); 28 de febrero (Vuelta a Siripo); 18 de abril (Reencuentro y Cena). Sin Fecha (Cartas y Llamadas a Repetición); 25 de junio (Traición); Sin Fecha (Sucesivos Desencuentros); 21 de julio (El Último Escrito); Sin Fecha (Hartazgo); Sin Fecha (Hartazgo); Sin Fecha (Hartazgo); 29 de julio (Nihil Humanum Alienum Mihi Est); 1 de agosto (Pachamama y Caña Quemada).
Juan se ha pasado la noche leyendo las anotaciones de la mujer de negro. Después de revisar sus archivos, decide que el sueño a lo mejor sirve para aclarararle algo. 39

-Para ser Vd.una fulana, nos ha salido toda una filósofa- Terció el camarero, que servía un martini a Narcisa, un poco reseca ya de tanto vaso de agua.-Más parece una maestrilla, que lo que se dice por la calle.

El regodeo de los caballeros en la alusión, no pasó desapercibido, y comenzó a hacerse notar como un murmullo que acariciaba los muslos de la mujer,impecablemente bronceados y depilados

-Ja, ja, ja- Rió Narcisa, mientras trataba de acomodarse a ese traje de licra, la minifalda imposible, y todo aquello que una vez, pensó dejar colgado en un armario inexistente. -Esto es culpa del calor. Hace que me ponga,... trascendente.

Eva, que anotaba mentalmente los gestos de Narcisa, tomó clara nota de que lejos de sonrojarse o azorarse, la fulana había estirado la espalda, metido el estómago hacia adentro, e imperceptiblemente su pecho, empujado hacia adelante, empitonaba la mirada traviesa de cualquiera que se atreviese a salir a su paso.

Esa misma noche, Eva, ante el espejo, repetiría cada una de los gesto de Narcisa.
"Es el precio de la fama, se decía a si misma una y otra vez, si quieres ser buena actriz, tienes que mezclarte con todo tipo de gentuza, para saber cómo son, qué hacen y cómo viven.".

Después de todo, en unos días, se presentaría al casting, y seguro, conseguiría el papel de su vida. 40
--De acuerdo con su carpeta, a ver... a la flauta... usted trabajó con Peter Brook, participó en el Festival de Avignon dos veces. Además de ser una mujer de mundo, veo que tampoco la dirección le es ajena: asistente de dirección de A. Fernandes. también trabajos como actriz en Babilonia, El Callejón de los Deseos, Centro Cultural Rojas, el taller de Bartís, un pasaje corto por El Doble, con Lorenzo... Nada desdeñable. Hay algo que no me cierra, sus investigaciones en relación al personaje se ligan más con el trabajo del primer Stanislavski, o con la línea que después toma Strasberg en los EEUU, que con los grupos vanguardistas que frecuenta. Si no nos conocimos antes es porque andamos, como es obvio, por circuitos distintos. Lo mío es bien comercial, nada off. Me gustaría que habláramos un poco de esto y después vamos a ver la escena. No se le escapará que sus compañeros le van a quitar el saludo después de verla en esta producción. Para mí las cosas son claritas, yo conozco la historia, valoro sus antecedentes, pero mi cuanta es muy sencilla: con cuatro entradas tengo que poder comprarle las masitas de cumpleños a mi hija y con tres tengo que pagar el diez por ciento de su viaje en avión a Orlando. A mí nadie me subvenciona y ya cerré seis salas porque no puedo pagar las boletas de la luz y el agua. 41

Eva sonrió de inmediato. Era el tipo de mujer que haría cualquier cosa,por conseguir un papel, en la serie de éxito de la temporada.
Bien mirado, ella no tenía amigos, si acaso, gente que podía ser útil o no, según las circunstancias. Clientes, como la tal Narcisa. Todo dependía del precio.
Y nada en estos días, más barato que el alma. Sobre todo la suya. Jamás la tuvo.

La mujer de negro, cansada de dar vueltas a la puerta giratoria del bar, y toparse con un cristal que nunca le dejaba salir, decidió escapar por una ventana trasera y llevar su morral al médico, con todo aquello del efecto 2000, desvariaba más de la cuenta, fue una suerte, que Narcisa, en su vuelta al apartamento, se topara con un cibercafé, poco antes de salir de vacaciones 42
Juan había hecho la intentona de atribuirles sentido a algunas de las secuencias. Estaba conforme con su trabajo. Faltaba bastante, pero por ahora sólo se proponía hacer algunas comprobaciones, como determinar los lugares o a quién correspondía el nombre que mencionaba en la Vuelta.
No le había ido muy bien con los anagramas, así que decidió pedirles consejo a los pibes del ciberbar de Bolívar, frente al Buenos Aires. Un poco sobrador, Alec le preguntó si no conocía el CD de la RAE e ipso pucho lo paseó por "comodines y anagramas". El "bueno de Juan" metió en un documento algunas de las palabras que había anotado el día que la mujer de negro se desparramó con su morral en el empedrado. Algo le decía que "escritura", "trama", "peros" y "albedríos", que parecían no esconder otras palabras, eran la llave. Copiaba las respuestas que le daba el soft cuando, casi rozándole la mejilla y mirando fijamente la pantalla, Narcisa le dijo: yo me quedaría con "resucitar", "matar" y "preso". "Albedríos" no lo busque, es "liberados".
La tenía ahí, podía seguir hablando, el perfume lo había trastornado, pero se levantó y se fue. Las rodillas se le doblaban, así que la retirada no fue muy victoriosa. ¿Qué investigaciones llevaba esta mujer? ¿Quién era la Reyes? Si bien a esta altura de su vida no creía demasiado en los estereotipos, la puta de barrio no encajaba con esta nueva visión. 43
El bueno de Juan... se alejaba lentamente con su carga sobre el hombro.Pesaba mucho la carga. De momento se dió cuenta de que esa carga no le pertenecía. a había ido recogiendo por el camino. Un poco aquí, otro poco allá. Llevaba dolor, tragedias, alegrías, preocupaciones, todas las emociones de los que le rodeaban. La más reciente era la triste realidad de la puta del barrio.El perfume barato, la ropa provocativa, la puta patria...coqueta y traidora. ¿qué haría Juan con todo aquello ? ¿A donde iría? ¿Que le quedaba por hacer? 44
Aquella noche Juan no pudo dormir, aquel hombrecito sin edad, sin tiempo, ya no tenía más tiempo que perder, tenía que animarse a amar, a vivir, a ser un hombre de verdad. Si eso era amor sabía que nadie lo aprobaría.
Nada era peor para el que no ser aprobado. Necesitaba cuidar su reputación, pero al mismo tiempo quería liberarse de tantas ataduras, de esa careta con la que vivió siempre. Después de todo ¿cuándo podría ser el mismo?
Por primera vez en su vida la repuesta no se hizo esperar. Escuchó los tacos finos de Narcisa pasar bajo su ventana, su perfume era como una brisa en la madrugada inquieta.
Salió de la cama y tomó un pantalón y camisa que se los fue poniendo a medida que llegaba a la calle y corrió.
Corrió hacia ella, la tomó del brazo y sintiendo por primera vez sus ansias de hombre, al igual que un adolescente,la tomo del brazo, la apreto contra su
cuerpo y la beso. Una sensación de placer y orgasmo bañó su cuerpo.
Se sintió joven, vivo y los otros no existían. Era él y Narcisa. Eran ellos.
No pudo soltarla ni explicarle nada. La abrazaba y comenzó a recorrer su cuerpo con manos temblorosas. No sabía que el tacto, las caricias , los olores y su sangre revuelta tenían la bravura del mar y la paz del infinito. 45
Se sentó al borde del terraplen, creyó ver todas esas tardes de desperdicio, todos sus ayeres arremolinándose en la misma figura cautivante y siempre a la defensiva, cientos de veces la vio como aquella tarde casi noche de brisa tenue. La pibita de enfrente volvía de los mandados,y el frío de agosto le endurecía las falanges, en el remolino metatemporal recordó su sueño de pibe, jugar en la selección, ahora el niño parecía susurrarle, le reprochaba su falta de egoísmo, ¿quién siempre banca? juan, los vientos del tiempo soplaban en su cabeza. Sacó EL EXTRANJERO de su bolsillo, hoja tras hoja viajando rumbo al baldío de enfrente,-si ella piensa que la he olvidado que no le digan que no es cierto-.Caminó un poco sobre las vías, como otras tantas veces, siempre le gustó esa sensación de reto (o tal vez locura) que le producía ver las toneladas de hierro desenfrenado avanzar ciegamente, sólo que esta vez la sensación no era la misma,y el sabía por qué. 46
(la 46 se conecta con la 44) 47

El Extranjero, abierto en vaya a saber qué página, se acomodó entre las durmientes. Juan sintió que quizás la casualidad era una vez más causalidad, y que el deseo de trazar una línea entre lo ya vivido y el hoy había logrado arrancar el libro de sus manos, lo había hecho decidir más rápidamente que su conciencia. Ya era el tiempo de darles lugar a Auster, a Saramago, a Amis, a Heiner Müller, a Andrés Rivera, y no precisamente por una cuestión de esnobismo, sino casi como una metáfora de su vida, paralizada en aquellos años.
En un acto que consideró sacrílego y propiciatorio, se animó a desprenderse del Camus de su adolescencia, cuando acababa de instalarse en Buenos Aires. Su mente pudo abandonar un rato estos pensamientos y el también ensueño, tantas veces repetido, de alcanzar a Narcisa a la madrugada, de vestirse y correr hasta alcanzarla. Se acercaba un tren de carga, como siempre saltó al costado de las vías. Su vista iba y venía de la locomotora al libro tirado... 48
Las páginas del libro volteaban enloquecidas por la turbulencia del tren. En cada página y en cada ventana veía Juan un episodio de su vida. Su larga espera
por la liberación. La liberación de su alma de pueblo cautivo y de su cuerpo, carcel y carcelero. Narcisa era un sueño, su pueblo, la gente. Cada quien con su historia a cuestas. ¿ Estaría la libertad en el tren o entre las veloces ruedas? Los pensamientos oscuros eran cada vez más frecuentes. Pero si me voy, razonaba con el último destello de sanidad, quien continuará la lucha. De donde vendrá la liberación. No es fácil decidir, tengo que hacerlo. 49
Cuando Juan y la Reina Mora se entrevistaron por fin, dio inicio su debacle: Juan tomó el puñal que siempre llevaba consigo bajo su poncho y lo hundió repetivas veces en el pecho de la Reina Mora. Ahora estaba liberado. Su presencia no signficaría sino un vago recuerdo en su mente. Con su acción, a pesar de que sabía que la cárcel era su destino final, se sintió en un remanso que lo transportó a un espacio vago, lejano e indefinido, donde la niebla cubría en forma incesante sus pensamientos. 50
Era el momento preciso para decidir. Decidir, sí, pero qué. Enfrentados como gallos de riña, esquivos pero atrayéndose a la vez, estaban esos dos deseos de siempre, tan contradictorios, tan que se alternaban casi con ritmo, tan parejos a la hora se sopesar sus respectivas fortalezas, que Juan ya sabía, no había era inútil tratar de esacapar de esa ceremonia, de ese constante movimiento pendular que lo llevaba y lo traía siempre de los mismos lugares para dejarlo siempre en el mismo sotio: ahí, en el medio, sabiendo que era el momento de decidir... pero qué... ¿cúál de los deseos? Uno de ellos debía ser, seguro, más genuino que el otro. ¿Cómo advertirlo? 51

Listo. Basta, no tenés más tiempo!. Son las doce de la noche. La tenés clara. Cortála acá. Quedó bárbara así como está. Final abierto hermano. Exito total, confiá en mi. Me la llevo. Dormí para recuperarte de estas últimas semanas y mañana te afeitas, te bañás y te paso a buscar. Buenas noches... 52
Fernando Vidal se despidió de su amigo, en Devoto, tomó un taxi hasta Plaza Mayo y comenzó a caminar hacia San Telmo por Bolívar. "Si no está en el bar, pego en el poste". 53
Todas estas ideas bullían en la mente de Juan. En su encierro pudo ver todo claro. La mató, pero no la mató a ella, La Reina Mora. Mató su desidia, su maldad. Ese empecinado orgullo con que lo miraba siempre por encima del hombro. No era como Narcisa. Pero no huiría. Se iba a bañar pero no se iría. Se quedaría para siempre allí. Recordando tiempos felices y menos complicados, cuando esperaba a Narcisa, para verla pasar. La reina era otra cosa. Un incidente fatal que no valía la pena recordar. El tenía su imaginación y podía volar...ser libre. 54
"Libre...libre... como mis personajes. Ya andan por las suyas y de mí, que estoy sentado frente a la vieja Remington, ni se acuerdan." gritó.
Abrió la última botellita de Mountain Dew que tenía en la heladera, se comió el chocolate Aero, y comenzó a aprender de los fantasmas que se paseaban por la habitación sin hacer el más mínimo crujido en el piso de madera.
" Yo los miro desde acá". 55

"He estado afuera (¿Qué es afuera para mí?) algunas semanas. Vuelvo, reviso la continuidad del relato y me encuentro con que que los narradores se tomaron varias libertades: 1) mudaron a la mujer de negro, develando en parte su identidad, a otro cuento; 2) Se olvidaron lisa y llanamente de Eva. Nada sabe el lector interactivo de su relación con Juan y el resultado del cásting; 3) el misterioso pseudociego que vigila Fernando se ha diluido, acaso para siempre; 4) el mismo Vidal tuvo una última aparición fugaz y cáput; el paso siguiente sería que intentara saber por qué se sobresaltó Juan cuando vio al ciego. Alguien intentó llevarlo de vuelta a San Telmo, pero la idea no prosperó; 5) Juan va del tímido a jornada completa y del lector tirando a existencialista a un extraño investigador de vidas ajenas, no sabemos si pago por alguien, por alguna empresa (nacional o privada) o simplemente por fisgón; 5) No tenemos prácticamente los resultados de la develación de enigmas (ni de los que trataba de dilucidar Narcisa ni de los apuntes de la libreta que se llevó Juan); 6) Naufraga el vínculo Juan-Narcisa, no sabemos bien si por una gran decepción de la protagonista o por qué; 7) Tampoco ha proseguido la construcción de este personaje: una prostituta que en sus ratos libres (¿o por encargo o por vocación personal?) rastrea, husmea, descifra anagramas, quiere saber quién es ese tipo con actitudes de pusilánime de las que ya, sospecho, el lector está dudando" Firmado: L...cks, el narrador globalizado. 56
y narcisa se va unos días de viaje, para descansar, y como destino elige centroamérica. Está en el centro de unos grandes cerros, que a su vez pertenecen a una gran bahía. Desde acá, se divisan los mejores animales marinos, en todas sus variedades y colores.
Además, realizó todos los deportes más arriesgados, desde tirarse de una soga, hasta hacer el amor durante horas, los 7 días que estuvo. Esto también es peligroso, por las enfermedades, las pestes, y no queda embarazada. El calor del cuerpo subió rápidamente por su cuerpo y se esfumó, por las gotas de sudor. 57
--Hola, ¿cómo estás?
--¿Quién habla?
--¿Cómo quién habla? Tu hermana. ¿Desde cuándo no me reconocés?
--Fue un hola-cómo-estás raro. Disculpá.
--Ya creo que me vas a tener que pedir disculpas, yo al nene no te lo dejo más. Cada ves que se queda en tu casa, vuelve con alguna cosa nueva.
--¿Qué pasó?
--Mirá, a mí Eva me habló miles de veces de una tal Narcisa que vive cerca de tu casa. Una...Bueno...eso. ¡¡¡No vengo y me encuentro un papel del desgraciadito este...Me resultó escritor ahora.
--No entiendo nada, ¿por qué no empezás otra vez?
--Mirá, es muy sencillo: escribió una redacción por su cuenta, en un papel lila. No se la pidieron en la escuela... Habla de una tal Narcisa que hace el amor todo el día, por ahí por el Caribe, en un viaje. Yo voy y le digo: «¿Pablito qué es esto?» ¿Y sabés lo que me dice? Después te digo lo que me dice. Antes no me quiero olvidar, vos vieras..., habla de las pestes que la tipa se puede agarrar, dice que puede quedar embarazada... Esa tipa podría ser la madre, no digo la abuelita porque no la conozco. Pero no puede ser, tiene diez años. Encima, debería suponer que ella sabe cuidarse... ¿no? En eso no es creíble. Hola, hola, contestáme..." 58
Luka.cs: Hagan lo que quieran. Sigan cómodos en sus puntos de vista, en sus terceras y primeras personas. Acaso no me meta más. Ofenden creyéndome una posible víctima del zapping en un mundo donde da exactamente lo mismo pasar de un canal a otro. Traigan gatos Panchos, lleven Narcisas y paseen Albertos y Claudias de un cuento a otro. Estos relatos crecen vertical y horizontalmente. Lo mío pretendía ser la poética del agujero negro, sin embargo, acaso esté apoyado, apenas, en un satélite artificial a punto de estallar por un petardo y una luz de bengala. 59
Y un buen día, inesperado día, Juan se animó a acercarse nuevamente a Narcisa. Empapada, luchando con el paraguas que el viento le daba vuelta, terminó de cruzar el Parque y buscó refugio en el Británico. "Un té con limón". El mozo no hizo ninguno de sus comentarios habituales. Volvió con el pedido, secó la mesa antes de servir y se fue. Mudo, no parecía él. El lugar se había desrealizado completamente. Era como si el río hubiera avanzado las pocas cuadras que lo separaban del Parque para sumergirlo, para ganar el terreno perdido varios siglos atrás.
Luego de rearmar el paraguas y colgarse el bolso en bandolera, dejó la plata sobre la mesa y salió. Un coche comenzó a andar despacio, la seguía, le tocaba insistentemente bocina. "Todavía no descendí al escalón del levante callejero", pensó. Juan, bajando el vidrio del lado del acompañante, le gritaba: "¿Puedo alcanzarla hasta su casa? Sra. Narcisa, soy Juan, su vecino". "Gracias. La verdad, estoy helada". "Hoy nevó en San Luis, el otro día en Mar del Plata. Hasta En Morón nevó la semana pasada". Él: cómo puedo hacer para dejar de hablar del tiempo. Ella: de qué se puede hablar con este tipo. Y ambos recordarton a Rino, el del octavo, con quien era imposible superar el síndrome del ascensor. Desde la planta baja hasta llegar, su imaginación, con gran esfuerzo, apenas le proveía el "Buenas tardes" o "Buenas noches" del saludo. 60
LLegamos, dijo un tanto apesadumbrada Narcisa. Tomás un café. ¿Porqué no? respondió Juan con una débil sonrisa. El departamento estaba algo oscuro, una marea de aromas diversos le impregnó la nariz hasta hacerlo estornudar con un fuerte ¡¡ATCHISSSS!!.
salud, respondió Narcisa mirándolo por primera vez a los ojos, Juan sólo permaneció sin decir palabra, el tic tac de su reloj se detuvo, su corazón comenzó a latir precipitadamente ante el embrujo de sus bellos ojos azabache, las manos comenzaron a bajar, él mantuvo la respiración, mientras ella le bajaba lentamente el cierre del pantalón, y de pronto en ese rechinar, las imágenes del pasado volvieron irremediablemente. 61
Juan y Narcisa: cada uno en su casa, atentos a la gama de alegrías y sensaciones contradictorias que habían experimentado desde la tarde del día anterior hasta esta madrugada. No se habían contado historias que agregaran algo más al conocimiento del otro. Pero existía un saber mayor, difícil de traducir en palabras. Una conexión intensa que en lugar de obligarlos a actuar ya, a acercarse, momentáneamente los paralizaba.
"La vida que llevo es una basura. Mejor que desaparezca, me voy a hacer un favor y se lo voy a hacer". Él, en cambio, soñaba con un desenlace de folletín. En su haber melodramático, que siempre pudo convivir con otras visiones del mundo (a veces destrozadas por las ruedas de un tren de carga), cabía el final de la puta que se redime por el amor de un hombre bueno. La exaltación romántica del marginal. La mente de Narcisa era atravesada también por otras cuestiones: ¿cómo era la vida de este cincuentón? ¿Qué fin tenían esas investigaciones? Preguntas que al instante eran desplazadas por las huellas del encuentro de anoche, las caricias...
Tocaron el timbre de la puerta. Alarmada por la hora, y porque alguien había pasado sin problemas la barrera del portero eléctrico, se puso una bata y preguntó quién era. "Fernando Vidal. Ábrame, señora, no se va a arrepentir" "Y usted, ¿quién es?" "Disculpe la hora, pero es importante que hablemos del tipo que hace un rato salió de aquí". 62
Pase. Pase por favor, pero permítame un segundo. Estoy en el internet trabajando en un cuento interactivo ¿sabe? ¿conoce el internet? "no" Bueno, no importa. Hay un sitio que se aquí en Argentina. Bueno, muy bueno. Alguien plantea la trama y el resto del mundo la termina, fabuloso ¿no le parece? "¿y usted escribe?" bueno, escribir no mucho, pero este sitio me ha servido para pratcicar ¿no? probar algunas técnicas narrativas y desentumir la mano. "Narcisa Reyes y el tiempo, —dijo él—, ¿escribís en este?" Si, pero por aquello que nadie me descubralo hago bajo un pseudónimo, ¿difíl de encontrar? "Ya lo creo, —asintió él—, y ¿cómo va el cuento?" Pues de repente hubo una pelea sin sentido en SuAn y no sé quién, ahora estoy redondeando la visita de Fernando Vidal a la casa-- —TOC TOC TOC, sonó fuerte la puerte—. Permitíme un segundo, veré quién toca, pero váyase, si gusta, por la puerta de atrás. Y procure que nadie lo vea. 63
Tocaron el timbre, golpearon la puerta. Alarmada por la hora, y porque alguien había pasado sin problemas la barrera del portero eléctrico, se puso una bata y preguntó quién era. "Fernando Vidal. Ábrame, señora, no se va a arrepentir" "Y usted, ¿quién es?" "Disculpe la hora, pero es importante que hablemos del tipo que hace un rato salió de aquí". Marvin, dejálo a Vidal afuera golpeando. Dejá que Narcisa le abra y se sorprenda por su visita y por lo que va a decirle dentro de un rato. Nada tan lejano a su vida como Internet (para nosotros la Internet, señor), nada tan distante de ella que la alienación de una pantalla. Para Narcisa los cuerpos, las caricias, y desde esa noche, el cuerpo de Juan, las caricias de Juan, los besos de Juan. Su enigma. 64

Narcisa mira al hombre que la mira. Más que mirarla la escruta.
- ¿Quién es Vd?...¿ Qué quiere?. Esta es mi casa, aquí no recibo, y a estas horas tampoco. Espere...yo he visto su cara en alguna parte. Vd. es..., sí el director de esa película extraña... Eva, aquella joven que pasó un tiempo preguntándome, mirándome, diciendo que quería interpretar mejor, llevaba su foto en aquel cuaderno en el que tomaba notas.
Fernando le mira y le pide que le deje pasar. Hay algo que tiene que pedirle.
No no es lo que ella se imagina. No es cuestión de un apaño rápido como dice ella. Es otra cosa, algo más intangible. Algo menos material. Están a punto de estrenar la película, si es que esa maldita Eva de los cojones, consigue terminar de rodar las dos o tres escenas en las que la película ha encallado.

Narcisa, mira su reloj, es tarde, no tiene ganas de hablar, pero entonces repara en el detalle, insiginificante pero irremediable, que hace que abra la puerta de par en par, entre terribles carcajadas.
Fernando Vidal esconde, tras su espalda, un brazo que sólo asoma cuando cruza el umbral de la puerta. Caídas en su mano izquierda, envueltas en celofán brillante, un gran ramo de flores dormidas, despiertan los ecos de Narcisa. 65
Cuenta Vidal, cuenta atolondrado, sin pausas: que Eva no la representó, ni mucho menos, en su película; que terminó interpretando variantes posibles de la última noche de Alejandra en el mirador, antes de morir entre las llamas; que el estudio del personaje había sido una excusa para acercarse a alguien que conociera a Juan, el canalla ese que recién salía de la casa. "Cuánto sé yo de él ahora, estoy en condiciones de atar cabos, llenar los blancos de la historia pasada", le confiesa excitado. "¿Y estas flores?" "Usted fue el nexo, y yo voy a agradecérselo siempre. Si no las quiere, tírelas sobre el ciego que acaban de matar en la esquina. Lo habrá visto mil veces, Narcisa, es el que pasaba por aquí todos los días a la madrugada y, por la tarde. a eso de las las siete, siempre acompañado de una mujer joven". "¿Qué hizo con mi personaje en la película?", pregunta molesta la Reyes. "Era muy secundario, lo eliminé de la historia. Apareció en un racconto, de espaldas --la actriz de primera, si es eso lo que la preocupa--, yéndose en tren hacia la estación de Santos Lugares. Allí la esperaba un viejo pintor expresionista que en algunos de sus encuentros le había rogado que se quedara con él en la casa, casi una quinta, rodeada de verde. Linda imagen. Tantas improvisaciones... No fue fácil dar con la imagen de mi hija, pobrecita, mi pobre Alejandra. Eva ha quedado un poco trastornada..."
Vidal se va. Camina apurado hacia el neuropsiquiátrico donde está internada Eva, el mismo donde desde hace años está Castel, a quien encontrará como siempre, sumido en el recuerdo de M. Iribarne, la mujer que había cometido el acierto y el error de encontrar la clave de uno de sus cuadros.
Mañana gris y fría como para elegir atravesar el Parque Lezama. Ya no hay lágrimas. Sí rencor y tristeza, un camino apto para la venganza. Pasa por su mente la imagen de la mujer de negro el día que le pidió fuego en el bar. Calle, empedrado, caída, gritos, anagramas. La síntesis de Eva le había servido para acomodar otra figura del rompecabezas. Lástima que su historia, clausurada de antemano, terminó siendo arrebatada por otra historia. En el fondo del Sena o camino a Mar del Plata, con Alberto, la mujer de negro seguiría clavada en el recuerdo de Horacio O., en la posibilidad de reencontrarlo en alguna dimensión, cielo o tierra, o cuaderno de bitácora.
Tiempo de Narcisa Reyes, plagado de intertextos, cuadradamente posmo para su moderada sencillez: Eva loca, Juan sospechado (valga el anglicismo), el ciego muerto, Vidal rodando interminablemente la historia de su hija, tan perfectamente conocida por el viejo ex escritor, hoy artista plástico, pareja de su doble en la película que no terminaba de rodarse, pero para la que no quedaban actores ni personajes. Ficción de Narcisa Reyes, lejano remedo de la "Garay, mujer para llorar", la puta que por una circunstancia trágica se convierte en mito de un conventillo de los años cincuenta.
Narcisa se mete en la cama, agrega frazadas. Tiene mucho, muchísimo frío. No quiere seguir pensando. Demasiada gente se ha metido en su vida. Demasiada. Puede volver a sentir y eso la aterra. Luk.acs, el narrador globalizado, propone acercarle un potente hipnótico, que él también toma, harto de boyar por el ciberespacio, y para ignorar por un rato, por mucho tiempo, quién sabe.
Atontado Luk.acs y entretenido el viejo escritor de Santos Lugares, Fernando Vidal encuentra un resquicio para zafarse del canon y llora como un chico en medio del Parque, tan vacío a esa hora. El llanto se va convirtiendo en un grito monumental, en un enorme pedido de ayuda: sin respuesta.
66

Narcisa deja que los demás sueñen que sueñan.
La mujer de negro, termina otra novela. Jajajajaja. Maldoror, ¡la aguja, la máquina de coser!....jajaja, y yo aquí hilvanando tonterías...
Seguirá con sus pasatiempos, los sonetos palindrómicos, y tejiendo, tejiendo, alineando los tejidos, las costuras, es inevitable. Ella es la vida. No puede evitarlo.( las clases de escultura, es difícil aprender por uno mismo).

La máquina de escribir, descansaba polvorienta en un cajón.
Sakespeare le recordaba, que hay un alazán nervioso olisqueándola.
Encontrará el dedal, es cuestión de tiempo...Y nada podrá ocurrir, excepto que los que cogen una aguja sin noción se pinchen.
Ser realizadora de televisión, y llamarse Laura Díaz, no parece la salida.
La vida nos quiere vivos. Lástima que no leyeran el libro de "La mujer vertical.
Lucy" de Andrée Checid, cómo duele levantarse, cómo duele que el hombre, por fín, se eleve sobre dos piernas.
Por que llegará un día el que no es un sustituto, y llevará al hombre de visita turísitica a los astros. Espere...

Narcisa,mira el espejo ya quebrado, Dora juguetea con una piedra que parece ir a reventar de golpe todos los espejos del mundo.

Ajedrez, futbol, tenis...¿billar?

Ojalá pudieramos jugar ya en otro tipo de juegos, pero ¡ay Pablito!, cada vez que te damos un juguete lo usas para golpear, cada vez que tienes una bici, atropellas a alguien, mira sin mas, como Candela, y Naiara se ríen, siempre se ríen, y mira, sobre todo, como ese perro callejero y la gata pequeñita, la más chica, juntos siguen a la mujer de negro sin azuzarse, esperando que ella, abra la bolsa y les de la comida de tigre, que no aparece en su descampado. 67
Pablito se prende del timbre del portero. Toca durante horas, pero nadie baja a abrirle. Mientras tanto, la hermana de Juan espera en el remís que el nene entre para irse tranquila. "El tío no baja. Está redormido o salió. Vamos, ma". "Esperá que marco para ver si atiende. Qué raro. este hombre..., le dice al remisero, se lo traigo para pasar la tarde y ahora parece que no está". 68

Valiéndose de un eufemismo ya pasado de moda, la necrológica informaba acerca del "inesperado deceso" de Juan Clarence. El barrio, ni hablar de la gente del mercadito, que el día anterior no había tenido otro comentario en boca que su muerte, se desayunaba ahora con detalles de la verdadera historia del tipo que era objeto de sus burlas cotidianas...
Narcisa, más confundida que apenada, decidió que por un tiempo le iba a venir bien alejarse del lugar. Quería enlazar muchas de las cosas que había ido anotando con las que aparecían de la etapa en Europa y de la vuelta de Juan, su corta residencia en Rosario, el tiempo en el que estuvo en 69
aquel compartimento del tren. Cuando las cosas parecían poder haber tomado otro rumbo distinto al que al final, acabaron llevando.
Y sin embargo, tampoco pudo echarlo de menos, como nunca se echa de menos al caminante que amedrentado, evita subir siempre al apartamento, para llorar su pasado, su presente o su futuro.

Si algo hacen siempre las Narcisas del Mundo, es vivir al día su existencia, y si algo saben hacer los Juanes como aquel Juan, era desvivirse en cada momento, entre remordimientos, visitas a la nevera, y represiones de un deseo sexual, que siempre habían de sublimar como amor íntegro y eterno. 70

¿FIN DEL CUENTO? 71

Pareciera.

 

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