Oscuros días de injusticia El gran narrador argentino abandona su habitual pudor y cuenta
su vida por primera vez. En sus memorias, que se publican esta
semana, aparecen su infancia, sus amores y sus frustraciones.
En esta nota se cuenta cómo se hizo esta autobiografía y se anticipa
un fragmento de ella. La muerte clausura una obra. En forma límpida y despiadada divide
en dos un proyecto literario: por un lado, los escritos publicados,
revisados y corregidos en vida del autor; por el otro, apuntes,
textos inconclusos, cartas, una suma de palabras e intenciones
que comienzan a tener una vida azarosa y hasta peligrosa, porque
se prestan a manipulaciones no siempre felices o, directamente,
al olvido y la indiferencia de los herederos del escritor. Cuando
se trata de una persona que ha desaparecido durante la dictadura
militar, esa sensación de clausura se vuelve doblemente angustiosa
e irreparable.
textos inéditos:
Sin embargo, Ese hombre y otros papeles personales logra rescatar valiosas páginas del autor de Operación Masacre. "Los papeles de Rodolfo Walsh que a continuación se presentan,
constituyen un diario o un cuaderno de bitácora fragmentario.
Gran parte de esos papeles, los archivos, los cuentos en los que
trabajaba, sus anotaciones, fueron robados por el grupo de tareas
que "allanó" su domicilio, en San Vicente, el 25 de marzo de 1977. Prácticamente
veinte años después de su desaparición, que pretendió ser también
la desaparición de su obra, Walsh merece la justicia de esta restitución,
que es la restitución de sus temas y preocupaciones", señala Daniel
Link, responsable de la edición del libro.
Este cuaderno de bitácora fragmentario incluye apuntes, esbozos
de relatos, pero también textos publicados: desde algunas entrevistas
hechas al escritor hasta un autorretrato que Walsh escribió para
presentarse en Los diez mandamientos, una de esas célebres compilaciones que la editorial Jorge Alvarez
editaba en la década del 60, bajo la dirección de Piri Lugones,
hasta colaboraciones humorísticas para la revista Leoplán y prólogos a algunos libros. El resultado es deliberadamente
caótico, porque se mete dentro del proyecto literario de Walsh;
no es un testimonio estático de la tarea de un escritor, es escritura
en movimiento, ideas en permanente vaivén. Walsh aparece en su
atormentada intimidad, y sus obsesiones varían con el tiempo.
En forma incesante aparece su inconclusa y mítica novela, que
se sentía obligado a escribir, en una época en que el cuento perdía
terreno en las grandes maniobras literarias y solo la novela parecía
destinada a dar cuenta del tiempo cambiante y violento que se
vivía. A mediados de la década del 60, la preocupación de Walsh
es económica: está obsesionado porque le debe dinero al editor
Jorge Alvarez y sueña con terminar esa obra, que borraría ese
saldo en rojo. A comienzos de la década del 70, los tormentos
son de otro tipo. ¿Qué lugar queda para la literatura en esos
tiempos de militancia política? La historia es conocida y él mismo
se ocupa de contarla en el prólogo a Operación Masacre. A fines de 1956 le llega en forma casual, en un café de La Plata
donde se jugaba ajedrez, la primera noticia sobre los fusilamientos
clandestinos de ese mismo año. Y recuerda que, en ese mismo lugar,
seis meses antes, una noche los había sorprendido el cercano tiroteo
con que empezó el asalto al comando de la Segunda División y el
Departamento de Policía, en la fracasada revolución de Valle.
"Recuerdo cómo salimos en tropel, los jugadores de ajedrez, los
jugadores de codillo y los parroquianos ocasionales, para ver
qué festejo era ese, y cómo a medida que nos acercábamos a la
plaza San Martín nos íbamos poniendo más serios y éramos cada
vez menos, y al fin cuando crucé la plaza, me vi solo". En efecto,
ahí comenzó su soledad, su lucha incesante en busca de la verdad,
que lo llevó a escribir apasionados libros periodísticos y dos
admirables conjuntos de cuentos. Y también comenzó esa muerte,
esa trágica desaparición de 1977.