Las astucias de la servidumbre (por Raquel Angel) Domesticación o barbarie En una época pienso en Contorno, para poner un ejemplo- hubo grandes polémicas culturales en
la Argentina. ¿Qué pasa ahora? Da la sensación de que ya no hay
debate, de que circula una especie de cortesía en el mundo intelectual,
de que nadie quiere irritar a los otros. ¡Ah, eso! La cautela, la cautela. Parecería que cierta cosa polémica
(y esto ya lo verifiqué en España) es algo así como barbarie.
¿Qué es lo que se ha postulado y logrado aquí: una especie de
domesticación del intelectual. Ya no es civilización o barbarie;
es ser domesticado o bárbárbaro. ¿Está claro? Si de eso se trata,
postulo una especie de barbarización del espacio intelectual.
Digo, ¿no? Lo que subyace es temor a las secuelas, a... ¿Perder espacios? ...Puede ser, desde ya... perder espacios... aparecer como excesivo,
perder la calidad de intelectual televisivo, de intelectual más
o menos mimado. Y esto quiere decir privilegios. Privilegios indudables,
¿no? Entonces, es mejor entrar en el juego presuntamente irónico...
... elegante. Por un lado. Y por otro, quizá, considerablemente, un miedo a
que la cosa se exacerbe y que de la simple polémica intelectual
se vaya al reconocimiento de, digamos, la guerra civil permanente.
Es decir, en última instancia, no llevemos esto a zonas más graves.
Yo creo que tenés razón vos: ahí aparece la cortesía. Paremos
la mano, porque esto es empezar a tirar pálidas, es exacerbar
la discusión, es hablar de cosas que, mejor, dejémoslas para más
adelante. Ya. Está bien: enfriemos la cosa, seamos lo suficientemente
educados y civilizados como para que esto no parezca algo de mal
gusto. El mal gusto es una categoría gue hoy también se maneja con frecuencia
¿no? ¡Ah... y cómo! Un periodista que asistió a un debate del que
yo participé y que se hizo posteriormente a la representación
teatral de Angelito, la obra de Cossa, después escribió en su diario: "David Viñas,
enojado...". ¿Cuál era el enojo, a ver? ¿Hablar en tono alto?
Y, mirá, viejo, yo tengo esta voz, qué le voy a hacer. ¿O decir
que, bueno, que, efectivamente, la izquierda argentina es inepta
y todo lo que quieras, pero es capaz de tomarse el pelo a sí misma
en una obra de teatro? Que yo sepa, eso no lo hicieron los radicales.
Ni, mucho menos, los peronistas. Ahí está: ése era el enojo. Está
enojado, dicen, tiene mal gusto, está fuera de lugar. Cuando yo
creo que, precisamente, el lugar del intelectual crítico... es
estar fuera de lugar. Decir las cosas que no se dicen. ¿De qué
estamos hablando aquí? ¿Qué es Menem? ¿A quién representa, concretamente?
Porque él es mucho más explícito cuando va, por ejemplo, a la
Sociedad Rural. En los años '60, hubiéramos dicho: es un funcionario
que está al servicio de la Sociedad Rural y de las otras corporaciones.
Hoy no. ¿Qué es lo que hay que decir? Por ahí aparece, pero siempre
en paños tibios ¿no? Hablan, a lo sumo, de escandaletes. Una crítica
en estado coloidal. Como leche cortada. Lógicamente, cómo vamos
a pasar a paños calientes. Desde ya. Paños calientes: nos quemamos.
Pues bien, así como hay que postular que el intelectual crítico
está fuera de lugar, hay que postular que el intelectual crítico
se quema. ¿Ante quiénes se quema?, habría que preguntar. Ahí aparecen
el cinismo, las racionalizaciones fraudulentas, toda esta especie
de idelogía del light ¿no? ¿Qué pasa con el intelectual que se quema? ¿Hay riesgo de sanción? Inevitable, hermana. Entonces no te invitan más porque, lógicamente,
sos alquien que tiene mal gusto. Creo que es un poco esto. Y cautela
en función de la defensa de determinado tipo de cosas. Porque,
se sabe, acá tenemos modelos, sin necesidad de echar mano de Sartre.
A mayor heterodoxia crítica, mayor riesgo de sanción. Eso es Rodolfo
Walsh. Está claro. Que no tiene prolongaciones hoy. Digo: Rodolfo Walsh. Y claro... porque aparece la muerte ¿eh? Y de eso la gente no
quiere hablar. Desde ya. Aparece esa zona inquietante en la que
Rodolfo Walsh metió la mano. Muy simple. En lo esencial es esto.
Cómo operan los intelectuales críticos argentinos en su relación
con la muerte. A eso me refiero cuando hablo de la falta de tragicidad.
Parecería que hoy la consigna es: calmémonos. Un enfriamiento
respecto de la pasión, de la exasperación, de la dramaticidad
que predominó en el espacio social, en general, y en el campo
cultural durante los años setenta. Hay todo un proceso de folklorización,
de trivialización, un corrimiento nítido, ¿no?, de aquello que
evidentemente puede ser inquietante e incómodo. Parecería que
este procedimiento es casi paradigmático. Cuando las papas queman,
cuando las cosas se ponen calientes, es decir, cuando hablar de
determinados temas te puede sacar llagas en el paladar, mejor
optar por eso, ¿no? Calmémonos. Tengamos sentido del humor. Lo
light. Pero, ¿qué es esto? ¿De qué están hablando? Una parodia.
Que, además, me aburre mucho. ¿Parodia de qué? En vez de pensamiento crítico, lo que hay es una postulación
de etiqueta. Ya. Seamos educados. Está bien. No hablemos de la
muerte. ¿Por qué hay tanto temor, entre los intelectuales, a caer en
el discurso moral? Parecería que ponerse en ese lugar es descalificante. ¡Ah, bueno, ya!.. porque es un discurso que trae aparejadas
decisiones, tomas de posición y rupturas. Hasta en la facultad,
cuando defienden una tesis, he escuchado decir: "Yo de esto no
afirmo si está bien o está mal"... Viejo, jugate, decí. ¿A ver?
¿O vos, a la salida del cine, no decís "esta película es un desastre"
o "qué bien está"? Ahí emitís juicio de valor, ¿no?, pero cuando
se trata de juzgar la cotidianeidad de la política y de la cultura
de este país ¿ahí te inhibís? No entiendo por qué esa escisión.
Para mí, siempre los dualismos fueron sospechosos. Emito juicios
de valor al salir del cine, pero cuando tengo que decir que el
señor Menem me parece un miserable opto por ser cuidadosísimo.
Y ya. Está bueno. Parecería que el moralismo trae aparejado riesgo,
¿no?, por lo menos de Giordano Bruno para acá, o de Tupac Amaru
para acá. "Este es un moralista", dicen. ¡Joder! También ése es
un juicio. Yo leo en el revés de la trama, ¿no? Todo juicio, de
hecho, es un test proyectivo. ¿Usted desde dónde habla? ¿Desde
la amoralidad? Es decir, usted no tiene juicios de valor, usted
come mierda o come habas, lo mismo le da, digo, para hacer juicios
de valor sobre los ustemas. ¡Por favor! Al que denuncia que el
general Harguindeguy apañaba a los verdugos, hay que decirle:
"Pero usted es un moralista". ¡Hola! parecería una especie de
corroboración de una práctica neutral, ¿no? Mejor me dedico a
describir. Describo infinitamente la descomposición, lo que está
mal, las infracciones, de la A a la Zeta. Y paro ahí. No hago
juicios de valor. Infracciones. Toda una colección. Pero, ¿y qué?.
¿Qué se infiere de todo eso? ¿Dónde se inscribe? ¿Cuál es el contexto?
Digo: no hay capacidad de reflexión. De reflexión crítica, entendámonos.
¿Para qué sirve toda esa montaña de datos sobre la corrupción?
Empirismo, anecdotismo: hasta ahí llega la cosa. ¿En qué estamos?
No hay capacidad de abstraer, de teorizar. Se anecdotiza la corrupción.
Puro folklore. El problema no es el señor... ¿cómo se llamaba?...
Vicco. Ni los ilícitos de Zutano o Perengano. El problema es plantear
una hipótesis de trabajo. Porque, ¿cuáles son los ejes de todo
eso, la estructura que lo hace posible? [...] Pero si el signo de la época es la domesticación de los intelectuales,
como vos decías, la falta de crítica... ¿entonces qué? ¡Ah, bueno! Es que ésta es una situación que se ha reiterado
a lo largo de la historia. ¿O vos creés que es una novedad esto
de los inteletuales englutidos? ¿A ver? Hagamos un repaso. Digo:
para no caer en una sensación milenarista, ¿no?. En este país,
para no abundar, podríamos hablar de Lugones. ¿Si? También era
un intelectual proveniente de la izquierda que fue englutido por
el sistema, con el señor Quintana o con el señor Uriburu. Quiero
decir: ni tanto ni tan poco. ¿Y Sarmiento? Hablemos de Sarmiento,
el intelectual crítico de 1840 y 1845 que , en el año 1879, se
convierte en un defensor de los aspectos más reaccionarios del
sistema instaurado con motivo de la campaña del desierto. ¿Eh?
¿Qué tal? Y en ese momento, no nos olvidemos qué significó el
pasaje de la Revolución Francesa a la Restauración. Cómo fue vivido
eso por los intelectuales críticos franceses. ¡Otra que la Unión
Soviética! Para seguir con el recorte argentino: ¿y Marechal?
¿Cómo era visto Leopoldo Marechal en el año 1946, cuando estaba
al frente de... creo que era la subsecretaría de Cultura... por
gente que había sido amiga de él antes del '45?. Digo, para relativizar
¿no?. Hablar de esa época. Ahí hubo intelectuales como José Gabriel,
César Tiempo y otros más, que se pasaron con armas y bagajes al
peronismo institucional, no al peronismo aguerrido, ¿eh? No, no,
no: a ocupar ciertos lugares muy jodidos, muy represivos. ¿Quién
se acuerda de la etapa represiva de Marechal y de los profesores
que fueron echados de la universidad cuando él era subsecretario
de Cultura? Ahora es una especie de santo. No sé de qué. ¿Quién
se acuerda de cuando escribía en Sol y Luna, una revista de ultraderecha, y de sus manifestaciones fascistas
en esos años? ¡Ja! Estas cosas hay que tenerlas en cuenta. Abdicación
de intelectuales críticos ha habido siempre. Digo, para no perder
el tino, ¿no? A Marechal, finalmente, yo lo conocí en Cuba. Las
vueltas del mundo... ¡Joder! Dice, pregunta Viñas. "Las vueltas de la vida", murmura, mientras
va hasta la biblioteca y saca un ejemplar de Sol y Luna, donde enseguida podrá verse que, entre articulos de elogio a
Mussolini, hay una nota firmada por Leopoldo Marechal. "Yo me
pondría bueno y diría: un hombre confundido", exculpará después,
cuando se le señale que todo eso parece dibujar la trayectoria
de un oportunista. "Un hombre confundido. Quiero decir, idas y
vueltas, ¿no?" Ahora se va a acordar de otras desolaciones, de
la década infame, del general Justo y la corruptela de esos años.
"Que era como la de ahora. Desde ya: parecidos y diferencias,
¿no?, porque entonces estaba Lisandro de la Torre en el Parlamento,
y ahora ¿a quién tenemos? Quiero decir: ¿quién ocupa ese lugar?.
¡Pavada de diferencia!. Y no era un revolucionario, ¿eh?, era
un hombre que venía del conservadurismo, socio del Jockey Club
y toda la historia... ¡Imaginate! Pero armó, otra que escandalete,
un escándalo bíblico en el Parlamento. Y cuando le ofrecieron
la presidencia de la República, se plantó y dijo: No, viejo, no".
La solitudine Ya es de noche. Afuera, detrás del ventanal del piso 13, la ciudad
es casi una abstracción. En el mundo, encerrado ahora en el departamento
de Córdoba y Montevideo, sólo parece existir la voz de Viñas,
sus manos que van y vienen por el aire, cortando palabras, anticipándolas.
Se podría hablar largamente del espectáculo de esas manos que
no descansan nunca. Pero ya Viñas se ha internado en otra zona,
en otras rugosidades de la historia. Pliegues oscuros donde caben
la dictadura y el exilio. Y toda la locura y el dolor. Ahora Viñas
se está acordando de los hijos, de sus muertos: María Adelaida
y Lorenzo Ismael. "Los chicos..."dice, y no puede seguir, y yo
tampoco quiero seguir. Y apago el grabador. Después, mucho después,
me va a contar que a María Adelaida la secuestraron a fines del
'76, y que al varón se lo llevaron en el '79, cuando él, Viñas,
estaba exiliado en España, en un pueblito llamado El Escorial,
donde caía la nieve y en donde él, Viñas, se daba la cabeza contra
el muro tratando de entender. "¡Qué ferocidad, hermana! Me llamó
una mujer desde la Argentina, una tipa infernal de la que prefiero
olvidarme, y me tiró por teléfono: 'Mataron a tu hijo'. ¡Imaginate!
Pero, pará, ¿quién sos vos? ¿Qué me estás diciendo? ¡Vaya a saber
qué desquite o qué desplazamiento había ahí... cómo alguien puede...!
Eso fue bestial. Y de ahí todas las locuras, vieja, todas las
locuras, de las cuales vos habrás ligado algún fleco, presumo...
Ya antes había sido lo del Mundial, ¿no? Esa fue otra que para
qué te voy a contar. Mirame a los compatriotas en la Plaza Mayor
de Madrid, los exiliados, eufóricos con el campeonato de fútbol
en la Argentina. ¡Joder! Ahí había que tener una capacidad muy
fuerte para no tirarte al Manzanares o al río más próximo. 0 pegarte
un tiro. Qué se yo... Ahí estás en una perspectiva crítica, minoritaria,
marginal. Desde ya. ¿Qué vas a hacer, no?. Y después vino lo de
la guerra de Malvinas. ¡Otra! En ésa, la izquierda también se
metió. Yo estaba en México, entonces, y lo viví muy intensamente.
¡Paaaa!... Te encontrabas con sociólogos de izquierda, como Pepe
Nun, que me dijo en su casa: 'David, no pierdas el tren'. Yo le
contesté: 'Pepe, ¿y vos tomás el tren para dónde?' Mirá, viejo,
esto se cae de la mata, es una manipulación escandalosa y tan
evidente. Pero, ¿de qué me estás hablando?." Años vertiginosos, dice. "Despiadados". Y viene en su recuerdo
un libro de Alberto Girri: El tiempo que destruye. O que pone a prueba, reflexiona. "Sobreviví", dice, como concluyendo.
Antes, mucho antes, ha hablado de los días en que no quería irse,
de la gente que lo eludía por la calle, que se cambiaba de vereda,
de voces anónimas que insultaban por teléfono "judio de mierda",
de amigos que aconsejaban: "Andate, viejo, no queda otra. ¿O te
creés que se van a olvidar de que fuiste asesor de La Patagonia Rebelde? Andate. Ya." Se fue. Julio del '76. En España y en México, un
cuerpo desmaterializado, distanciado. "Como el de las putas, ¿no?,
que se distancian de su cuerpo". Las manos, nerviosas, trazan
un círculo en el aire. Lo cierran. "No hablemos más". Dice que
de eso no hablemos más. ¿Qué pasó cuando volviste del exilio? Eso fue en el '83. Y... al volver, tenés que dar examen de ingreso,
ganarte espacios, toda esa putada. Desde ya. Tenés un capital
simbólico, que es más simbólico que capital. Digo, ¿no?. Y en
el otro extremo, Grondona. Imaginate. Grondona en la televisión,
donde no hay nadie no digamos crítico, sino levemente rezongón.
Hace poco me invitó un muchacho que está en radio, al mediodía,
y tiene un apellido portugués. Me empezó a hacer preguntas, pobrecito,
yo me daba cuenta. El creyó que iba...que iba de peteneras el
asunto. Y empecé a hablar, pero simplemente como hablás en un
café, con un minimun de... qué se yo... de estilos tuyos. Pobrecito.
Prácticamente decia "ajá, ajá"... y miraba todo el tiempo el reloj
como pensando "saquémonos de encima este señor". Y bueno: ahí
me las den todas... Desde ya, hay desplazamientos, hay nuevas
solicitudes, gente que viene y que por ahi reemplaza a los auditorios
consabidos. Elegis tu público. Está claro. El estilo es el hombre
al cual uno se dirige ¿no?, la mujer a la cual uno quiere seducir.
Ese es tu estilo ¿si? Y optás. Digo, en función del campo de posibilidades
que tenés a partir de una determinada práctica, muy concreta,
la práctica crítica. Ese lugar, ¿no? No sé si todos los días,
pero con mucha frecuencia existe la tentación o la propuesta de
reconversión, de instalarte en el sistema. Y... si se trata de
acomodarse, por ahí alguna cosita podés ligar. Te jugás a esa
mano. Ya. Perfecto. Un mes, dos meses. Al tercer mes, te decís:
¿qué carajo estoy haciendo yo acá? Al tercer mes. O al cuarto. ¿Se habría hecho esa pregunta Viñas
si no hubiera renunciado a la Guggenheim? Se presentó a la beca,
se la dieron y después la rechazó. Alboroto en el avispero cultural
y chismorreo en los cafés. "Che ¿y a Viñas qué le pasa? ¿Se volvió
loco?". Muy pocos aplaudieron el gesto. Ahora, cuando recuerda
el episodio, su voz se va instalando en la cólera: Mirá, vino a verme un periodista de un diario y me dijo que no
entendía. ¡Inolvidable! Estaba ahí, sentado en ese sillón. ¡Qué
no entendía! Le dije: "escuchá, es un acto simbólico, yo no tengo
otra posibilidad, yo no estoy diciendo que todos los tipos que
recibieron una beca son unos perversos. Desde ya que no. Ademas,
me seduce. ¡Hola!, son 25 mil dólares. ¿Sabés lo que eso significa
para alguien que ni siquiera es dueño del departamento en que
vive?. El fulano siguió. "Pero vos, ¿qué? ¿Te considerás un héroe?",
me preguntó. Y yo ahí le digo: "No, mirá, vos me confundís con
Garibaldi, yo no juego al héroe. Simplemente es una actitud de
un intelectual crítico. ¿Entendés eso?". ¡Qué iba a entender!
No era un hecho aislado, no era que de pronto me había picado
una ... una tarántula y resolvi tirar 25 mil dólares por la ventana.
¡Nooo! dice Viñas, truena, y es un león enjaulado caminando de
un lado al otro, topando el aire ¡Nooo!... "Y si me apurás un
poco, mirá fue un homenaje a mis hijos, se me cantó renunciar
porque mataron a mis hijos. Y sí. ¿Querés que me ponga en esos
términos? ¿Sabés lo que es que te hayan matado a dos hijos?",
le dije al tipo que me vino a ver. ¿Sabés qué significa eso? Hay
gente que no entiende, viejo. Ahora, si no entendés, querido,
qué se yo, que Dios te ayude. Un homenaje a mis hijos. Me costó
25 mil dólares. Punto. ¿Querés que te muestre las fotos de mis
hijos para ver por qué? grita Viñas, se ahoga y manotea el aire,
las venas del cuello a punto de estallar. Ha pasado el vértigo. Hay un clima raro ahora, una densidad, un
cansancio infinito. Viñas ha vuelto a sentarse, se ha hundido
en el sillón, la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados,
la boca amarga. Hay algo frágil en ese rostro habitualmente poderoso.
Algo desamparado. Por un largo rato nadie habla. Al fin le pregunto
en qué momento decidió renunciar, si hubo un hecho puntual y él
contesta que sí, que en el momento en que le otorgaron la Guggenheim
salió un artículo de Petras sobre la capitulación de los intelectuales
críticos y el papel que habían jugado, en este repliegue, las
grandes becas. "Y ahí, no. Me pasé la película de Rodolfo Walsh
y dije: no. Fue una réplica, si querés, a lo que decia Petras.
Cuando me invitaron a presentarme, por sugerencia de Ricardo Piglia,
yo había dudado bastante. Lo fui a ver a Ramón Alcalde, el tipo
que intelectualmente respetaba más, y le pregunté: Ramón, ¿qué
hago?, ¿acepto o no acepto?. El me respondió: Mirá, dentro de
las becas internacionales, ésta es la más irreprochable. No te
van a exigir ningún condicionamiento y a vos, que no tenés un
mango, te va a venir muy bien". ¿Sabés para qué quería yo la beca?:
para terminar un libro que estoy haciendo hace como cinco años
y que se llama Erdosain o los intelectuales argentinos. Ese era el proyecto. Desde Lavardén, que fue el primero, hasta
Walsh, con una modulación hacia el presente. Grondona y eso. Bueno.
Ya. Alguna vez lo terminaré. Ahora, hermana, decime: ¿yo estaba
loco, no? ¿Cómo iban a entender mi renuncia cuando las conciencias
críticas de este país se habían mandado a guardar? Digo, ¿no?,
para poner la cosa en foco. Para poner la cosa en foco, traigo de vuelta el tema de la domesticación
intelectual y le pregunto por los escritores jóvenes: ¿Qué pasa con los nuevos, David? ¿Cuál es la marca? Y... ahí te encontrás con la trivialidad más absoluta. Lo que
hablábamos, ¿no? de las luces del centro , la fugacidad del clip,
de la historieta. La movida española y toda esa pavada. Desde
ya. Yo no he leído los libros de éstos que han aparecido ahora,
pero a veces leo lo que escriben en la contratapa de algún diario.
Y bueno. ¡Pobrecitos! Yo diría: está bien, querido, viví tu vida,
qué se yo, ¿cuál es tu delirio? ¡La movida española! Déle usted.
Pero esto pasó siempre, ¿no?, este tipo de gilada, por lo menos.
Para no hablar de Aristófanes para acá, o de Moliére para acá,
decís: yo a esto me lo sé de memoria. Está bien, viva usted su
vida, señor, estamos en otra, usted tiene espacio, accede a la
corte, yo no tengo espacio, no accedo a la corte, yo soy un anarco
que anda por el mundo. Déle. Yo estoy en otra. Lo que pasa es
que... menos mal que no estamos en el siglo XVII, ¿no?, estamos
en el XX y quizá sea más complejo el asunto. Pero por lo menos
no me van a quemar, por ahora, como a una ...vieja loca y más
o menos bruja. Por ahora. Corrés otros riesgos. Desde ya. [...] Hay como una pérdida de sentido, ¿no?, una sensación de inutilidad.
Digo: para el que postula una reflexión crítica en una época como
ésta. ¡Pero cómo! Desánimos, interrogaciones sobre para qué corno
el esfuerzo intelectual. Desde ya, todo eso está ahí. El sentido
te lo tienen que otorgar los otros, no hay vuelta de hoja. Ahí
está la dimensión comunitaria, el punto de partida para la reflexión.
No sé de otra. Lógicamente si sos ateo, ¿no? Ahí está la única
recuperación posible del sentido. Los otros. Es decir, cómo te
manejás en la dimensión personal. Cómo te sostenés, exigís, recomponés,
en la relación con otra gente. Es una práctica intelectual que
no es fácil. Desde ya. ¡Y cómo!. Digo, ¿no?, porque cuestiona,
precisamente, la fragmentación y el borramiento de esa dimensión
comunitaria. Y ahí las tenes todas en contra. ¡Joder! Porque la
mano, del otro lado, viene muy fuerte. Bueno. Ya. Pero imaginate
lo que son las modas. Cuánto duran. Habrá que ver... Dice, y clava los ojos en la noche, más allá del balcón, donde
se abre la ciudad y empieza el mundo; donde están los otros. "No
es fácil", repite, con la voz ausente. "Pero hay que hacerse cargo,
¿no?, hacerse cargo". ¿Y eso qué significa?pregunto, y por alguna razón intuyo que
éste será el final del reportaje. ¿Qué quiere decir hacerse cargo?
La solitudine, hermana. Estar solo. Y pensar de vez en cuando
en el suicidio. Si un intelectual crítico no piensa en el suicidio,
por lo menos una vez al año, entonces no es un intelectual crítico.
¿Está claro?.