VIÑAS Y LA VIOLENCIA OLIGÁRQUICA La violencia oligárquica. Uno de los ejes de la obra de Viñas es la indagación sobre las
formas de la violencia oligárquica. Se distancia así de una tradición
literaria que tiende a estetizar la decadencia de las clases altas
y que ha encontrado en las novelas argentinas de Mujica Láinez
su versión mas refinada. Viñas trabaja sobre todo la dominación
oligárquica, la persistencia de esa dominación y sus múltiples
manifestaciones en distintos planos de la historia nacional. ¿Cómo
se ha ejercido ese poder? ¿Sobre quiénes? ¿Con qué sistemas de
justificación? Esas son algunas de las preguntas básicas que su
escritura plantea y debate desde diferentes ópticas. Un solo texto. En esta perspectiva podría decirse que todos los libros de David
Viñas se pueden leer como un gran texto único: una amplia saga
balzaciana en la que distintos géneros y registros de escritura
(novela, teatro, cuento) se transforman en investigación de los
momentos clave en los que esa violencia y esa dominación se cristalizan.
Acontecimientos políticos, figuras representativas, tradiciones
ideológicas, discursos culturales: no importa tanto el material
que se utilice sino el tratamiento a que Viñas lo somete para
iluminar críticamente el tejido oculto de relaciones que los articula
y les da sentido. De hecho, ese gran texto único se podría organizar
cronológicamente en una especie de historia imaginaria del poder
en la Argentina desde el fusilamiento de Dorrego (en su obra de
teatro Los fusilamientos de Dorrego) hasta la dictadura de Videla (en su novela Cuerpo a cuerpo) pasando por el asesinato de Urquiza, la semana trágica, el peronismo
o el suicidio de Lisandro de la Torre. Pero también se puede leer
ese texto como un mosaico en el que se entreveran los temas y
las formas siguiendo un eje central definido por la tensión entre
la violencia oligárquica y la imaginación liberal que acompaña
esa opresión y la disfraza. Una cita. El mismo Viñas sintetiza con sagacidad ese núcleo al referirse
en su último libro (Indios, ejército y frontera) a la tradición represiva de las clases dominantes en la Argentina.
"Coerción que se ha distinguido no sólo por ponerse en la superficie
en los momentos de crisis del sistema, sino por su peculiar capacidad
silenciadora para negar la violencia que subyace a la instauración
del estado liberal, y por su ejercicio de la censura ante tos
problemas vinculados a sus propios orígenes. Como si el estado
liberal argentino presintiese que los planteos sobre la génesis
de su poder pusieran en cuestionamiento ese mismo privilegio".
Las víctimas. La tensión entre el ejercicio de la violencia y las representaciones
que la conciencia liberal se ha construído de esa historia sangrienta
es, entonces, uno de los puntos centrales de la escritura de Viñas.
La historia de la dominación oligárquica suponía el desciframiento
de sus formas correlativas de censura y de encubrimiento, pero
también la reconstrucción de la historia de aquéllos sobre quienes
esa violencia se ejercía: los indios, los gauchos, los inmigrantes,
los obreros. En el revés, la obra de Viñas es tambien la historia
de las víctimas. La tierra sin dueños. Varios de estos rasgos básicos están concentrados en la secuencia
casi cinematográfica con la que Viñas abre su mejor novela: Los dueños de la tierra. Esa secuencia puede ser leída como una versión en miniatura de su obra. Por un lado se ficcionaliza
un momento histórico clave (la campaña al desierto) pero tomando
un hecho marginal, representativo de un espectro mayor. La operación
militar planificada se ha convertido en una cacería, pero el sentido
general se mantiene: se trata de aniquilar a los indios y ocupar
sus tierras. "Que toda esa tierra quedara limpia, bien lista para
empezar a trabajar". Se podría decir que se ficcionaliza una interpretación
histórica más que el acontecimiento histórico propiamente dicho.
El relato que abre la novela subraya la conexión entre la matanza
de indios y el fusilamiento de los obreros en huelga que será
su tema central. Un protagonista. Por otro lado, toda la secuencia está centrada en Brun, personaje
que cifra al integrante de una poderosa familia de estancieros:
los Braun Menéndez. Movimiento clásico de Ia literatura de Viñas
que ha sabido condensar en ciertos individuos rasgos múltiples
de una situación histórica o de una trama ideológica. Toda la
escena transcurre, podría decirse, a espaldas de Brun y el texto
dramatiza antes que nada la posición ambigua de ese hombre que
es el verdadero responsable de los hechos pero que no participa
directamente, que está presente pero se mantiene aparte en el
momento de la represión. Entre las víctimas y los verdugos, Viñas
ha colocado siempre a un intermediario en el que se concentra
la tensión dramática. "Matar era fácil", dice la primera frase
de la novela. "Pero no así, no", reflexiona Brun. Esa vacilación,
esa duda respecto de los métodos hace de Brun una especie de doble
oligárquico de Vicente Vera, el juez radical, protagonista de
la novela, que está entre el ejército y los estancieros y los
obreros fusilados. Cuerpo a cuerpo. El tratamiento del cuerpo de las víctimas es otro elemento fundamental
en la descripción de las formas de la violencia que está presente
en este relato. La muerte se sexualiza ("Porque matar era como
violar a alguien"); la dominación se marca en la carne. La referencia
a la castración que cierra La escena es el límite en la apropiación
del cuerpo del otro que realiza el opresor. Los dueños de la tierra
son también dueños de los cuerpos. El primer paso en esa línea
es animalizar al enemigo. Garrotear lobos, cazar patos, matar
indios: en la conciencia de Brun se trata de operaciones simétricas.
Los indios mueren "como animales". Y éste es un punto clave en
la representación de la violencia oligárquica: antes de ser aniquilado,
el enemigo debe ser despojado de sus cualidades humanas. Y la
trama de esa ideología que Viñas ha descifrado a lo largo de su
obra es una constante que ha reaparecido en distintos momentos
de la historia argentina.