Los escritores argentinos en su relación con los EE. UU. DE SARMIENTO A DIOS SUELE ocurrir que muchos investigadores de la literatura hablen
en público -en conferencias o en clases- casi con el mismo tono
que emplean para escribir sus artículos o sus libros. Viñas realiza
la operación contraria: el estilo de sus libros incorpora una
fuerte oralidad, tal vez una huella de sus años al frente de cátedras
universitarias, y propicia un ritmo que permite intercalar ironías
y complicidades en el momento justo, y hasta tomarse el tiempo
para verificar reacciones. No se puede leer a Viñas sin sentir
la presencia de un auditorio. En De Sarmiento a Dios, el autor traza un recorrido por un corpus de relatos de viajeros argentinos que tuvieron como destino los
Estados Unidos. Y lo hace sin que, en ningún momento, la voz del
crítico se desvanezca detrás de las de los autores tratados. Viñas, que ha evitado los tics a los que puede conducir la función
docente, no quiere ni enseñar ni explicar: quiere elaborar hipótesis,
y lo hace con solidez y con capricho, combinación celebrable.
A lo largo de una serie de textos, que comienza con la primera
visita de Sarmiento en calidad de "maestro de escuela en viaje
de exploración" en 1852, se propone analizar cómo han sido representados
los Estados Unidos en la obra de algunos de nuestros escritores
-Alberdi, Pellegrini, Eduarda Mansilla, entre otros- y qué tipo
de relación ha establecido con ese país el pensamiento argentino.
Postula al respecto, como hipótesis mayor, un viraje que va desde
la polémica hacia la sumisión. En un final abierto, Viñas desliza
la sospecha de que todavía queda un paso más: el riesgo de ser
devorado. En ese recorrido, aparece la marca "viñesca": un estilo propio
que se ha forjado con el correr de los años y que, por momentos,
tiende a una autorreferencialidad que empaña mucho de lo que el
texto tiene por decir. Están la vehemencia con que analiza y vuelve
a analizar el caso de Sarmiento, otro escritor vehemente; su desprecio
por la letra timorata de Martín García Mérou; un sistema de asociaciones
(la tendencia al epitafio de Victoria Ocampo lo lleva a pensar
en la Antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters, por ejemplo) y de comparaciones de efecto
paradójico. Uno de los miembros del par no puede ser ni remotamente
parangonado con el otro y su nombre resulta sobrevalorado por
el solo hecho de mencionarlo junto al otro, como ocurre en el
caso de Horacio de Dios comparado con Sarmiento y hasta con Dickens. Luego están las digresiones, una suerte de efectos especiales.
Se abren en infinidad de rumbos con la fluidez de quien lo ha
leído casi todo, cuando de literatura argentina se trata, y con
la generosidad de quien disfruta de que algún otro pueda seguir
algunas de las tantas líneas de lectura. El discurso de Viñas
parece conjurar la mezquindad. Y están también las clásicas antinomias a las que Viñas recurre
para analizar la situación de la Argentina con respecto a los
Estados Unidos y al mundo, y para denunciar la desigualdad con
que se va dibujando el tablero internacional. Y además están los guiños, la familiaridad de entrecasa con que
trata a los distintos autores, la aceptación feliz del prejuicio. María Sonia Cristoff
LA NACION LINE | 02.09.98 | Cultura
Polémica y sumisión
Por David Viñas
(Sudamericana)-357 páginas-($ 18)
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