HASTA SIEMPRE OSVALDO

 

José María Pasquini Durán

Osvaldo

 

  Estoy aquí para dirigirme a ustedes por voluntad de Catherine Soriano y amigos entrañables, por imperativo de mis sentimientos y, también, por delegación de Página/12, el diario que Osvaldo ayudó a fundar hace casi una década, que voluntariamente eligió como tribuna de su opinión y al que amó tanto que pudo regañarlo con la mayor severidad cada vez que lo creyó conveniente, porque lo imaginaba potente y hermoso como se imagina a un hijo.
  Con ese mandato sería, sin embargo, incapaz de despedir al contador de historias, porque estoy seguro que de aquí en más volverá a contarlas a cada generación. Soriano tenía ese mágico don de contar historias propias, tan propias que hay un estilo Soriano, pero sin embargo esas historias eran nuestras, tan nuestras que las podemos llevar con nosotros para siempre.

Hasta siempre Osvaldo

  Venimos a honrar a un socialista sin partido, a un hombre de izquierda. Soriano estaba orgulloso de ser izquierdista, y con su vida y su obra enalteció a la izquierda.
  Venimos a recoger los sueños de un soñador de espíritu noble, un hombre que pensó siempre en la injusticia como un crimen de lesa humanidad y que pensó que cada hombre y mujer de esta tierra deberían tener la oportunidad de vivir en dignidad y de alcanzar la mayor felicidad posible.
  Venimos a rescatar a un patriota que estudió en las raíces de la historia nacional los sentidos de nuestra grandeza y nuestra miseria, de un patriota que pudo adivinar en la mirada de hombres y mujeres de todo el mundo un igual sentido de patria. Por sus ideas tuvo que exiliarse, pero esas mismas ideas lo trajeron de vuelta para siempre en su patria y en su suelo, entre nosotros.
  Venimos a despedir a un hombre honrado y en esta época el calificativo es casi revolucionario, Soriano era un hombre honrado.
  Venimos a despedir a un padre orgulloso de un caballero dorado de Piscis, enamorado de la naturaleza, que tuvo la magia de reconciliar al padre con las memorias del padre y que le escribió a su padre pensando en el hijo, seguro que algún día Manuel pensará en este padre como Osvaldo recordó al suyo, con toda la pasión que le deja, con toda la dignidad que va a heredar, con toda la alegría por la vida que tuvo su padre.
  Venimos a despedir a un amigo de sus amigos, implacable con los canallas y con sus enemigos, pero bondadoso hasta lo impensable con quien él sintiera a su lado, con quien él compartiera un afecto.
  Venimos a despedir a un hincha de San Lorenzo, que no estará en el próximo partido, pero que sin duda ha dejado para el club de sus pasiones algunas de las mejores páginas de la crónica deportiva.
  Venimos a despedir a un periodista independiente, libre, valiente, incapaz de pensar en su propio interés cuando enfocó la profesión. Tuvo las mejores oportunidades y eligió sólo aquellas que le permitieran seguir siendo lo que cada uno de nosotros considera un periodista digno, honesto y digno.
  De izquierda y valiente, amante de sus amigos y entregado por completo a su mujer y a su hijo.
  A ese gordo deberíamos preguntarle hoy de dónde carajo salió esta urgencia terminal. Seguiremos buscando en la vida esa respuesta, por el sueño de vida que todavía anhelamos, en ese territorio humano donde él depositó todas sus preguntas y todas sus respuestas.

Hasta siempre Osvaldo.

( Palabras de despedida pronunciadas por José M. Pasquini Durán en el cementerio de la Chacarita.)

 

 

del diario Página\12, 31 de enero de 1997.© 1997 Página 12. All Rights Reserved.

 

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