Ensayos con rigor crítico y estilo literario La máquina cultural de Beatriz Sarlo Nacionalidad: argentina Ariel, 292 págs, $14. JORGE FONDEBRIDER Cuando un crítico realiza su labor, no necesariamente se convierte
en un escritor: muchas veces es apenas un técnico. En la Argentina
existen algunos ejemplos de crítica literaria y cultural, pero
en su mayoría son narradores o poetas que también son ensayistas.

Género: ensayo
Primera edición: abril de 1998
Obras anteriores: Escenas de la vida posmoderna, Instantáneas.
Mucho más raro es encontrar a críticos puros que puedan ser leídos
con placer. En una breve lista de quienes mejor combinan el rigor
crítico con la elegancia de un buen estilo hay que sumar a Beatriz
Sarlo. En una reciente entrevista, la autora admitió que era contemporánea
del proceso de debilitamiento de la separación entre géneros ficcionales
y no ficcionales. Y agregó: "No veo una novela en mi futuro, pero
quizá sí mucha narración, sobre todo si tengo la suerte de encontrar
historias".
Es de suponer que las encontrará. De hecho, lo viene haciendo:
en los escenarios de la ciudad contemporánea, en las aficiones
de los jóvenes, en los hábitos que determinan nuestros comportamientos
actuales, en los despojos de la llamada "cultura popular", en
la fragmentación de casi todo, en las vidas ajenas y familiares,
en el lugar que les cabe a los intelectuales en este fin de siglo.
Con todo ello y una mirada oblicua, Sarlo está componiendo una
especie de gran muro de mosaico al cual, libro a libro, va sumando
piezas. Podría decirse que ya no se trata de asuntos puntuales
de la literatura, como sucede en Ensayos argentinos: de Sarmiento a la vanguardia (1983, en colaboración con Carlos Altamirano) o El imperio de los sentimientos (1985). Tampoco de entregar una idea más o menos acabada del
pasado, según se lee en Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930 (1988) y en La imaginación técnica: sueños modernos de la cultura argentina (1992). Ahora, en La máquina cultural, Sarlo habla del pasado en función del presente inmediato.
La novedad se plantea en la escritura misma de sus nuevos ensayos.
Hay en ella una mayor audacia que le permite plantear un relato
en primera persona como si se tratara de una ficción, para luego
volver a una tercera persona que reconstruye tramas dispersas
o hasta ahora perdidas en la memoria de los otros.
Puede que, con el tiempo, la única verdad que perdure en estas
páginas, dedicadas a la siempre opinable cultura, se halle en
la efectividad del estilo con que fueron escritas. Quizás ese
sea su logro mayor. Y no es poco.