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La costa bárbara, literatura
y experiencia
LA
COSTA BÁRBARA
Por
RODOLFO RABANAL
(Adriana Hidalgo) 219 páginas
Todavía se discute acerca de la condición de escritor y de la condición de intelectual. En el peor de los casos, se enfrentan una y otra categoría. Esta mala costumbre fue alimentada por cierto romanticismo de entrecasa que separaba abruptamente al artista del pensador. En base a ese criterio, Mozart era una suerte de adolescente irresponsable y travieso que iba por las calles de Viena tarareando compases que finalmente iban a ser su Misa de Coronación.
Hace pocos días Philippe Sollers se refirió a ese conflicto. Señaló, con preocupación, cuál era la tendencia imperante: "Hay que pensar para tranquilizar -dijo-, escribir para inquietar un poco, pero sin consecuencias. La sociedad no necesita pensadores que se interesen en las marginalidades o en los delirios, ni escritores que se pongan a reflexionar. En suma, se restablecen las fronteras, la aduana funciona".
Por fortuna, tal como también apunta Sollers, los escritores y/o pensadores continúan cruzando las fronteras y, de paso, ignoran por completo a las aduanas. Rodolfo Rabanal es uno de esos escritores. Novelas como El apartado, En otra parte, El pasajero, El factor sentimental y La vida brillante y volúmenes de cuentos como No vayas a Génova en invierno o Los peligros de la dicha, hablan a las claras de su singular calidad narrativa.
Pero Rabanal no sólo escribe bien, además piensa bien. Para comprobarlo basta con leer La costa bárbara. Literatura y experiencia, un volumen que recoge diversos ensayos breves, algunos de ellos oportunamente publicados en diarios y revistas.
El libro está dividido en dos partes. En la primera -"El poder de la imagi nación"- se reúnen trabajos que giran en torno al arte y la literatura. La segunda -"Travesías"- es una suerte de cuaderno de bitácora en cuyas páginas se "reproducen fragmentos de notas tomadas en distintos lugares del mundo o señalan el interés particular de algún viaje".
"Treinta y dos consideraciones a propósito de un oficio" es el primer trabajo del libro. Rabanal señala que esas consideraciones datan de diciembre de 1980 y confiesa: "Supuse, a lo largo del tiempo, que alguno de los puntos de ese texto ya no reflejaban mi actual posición, pero luego, releyendo, advertí que no era tan cierto". Esas treinta y dos reflexiones no han perdido vigencia.
En "La costa bárbara o un vagabundo de las playas" se propone una original interpretación de una voz inglesa. A partir de ahí los escritores y el oficio de escribir serán el hilo conductor de casi todos los trabajos. En definitiva, "La mayor parte de los ensayos de este libro -advierte Rabanal- hablan de escritores y de literatura".
"Encuentros en Italia", por ejemplo, tiene por protagonistas a Byron, Shelley, Stendhal y Leopardi. Rabanal cuenta cómo Stendhal se cruzó con Leopardi en alguna calle de Florencia y cómo se topó con Byron en la ópera de Milán. En ambos casos ofrece una imagen perfecta de esos encuentros y habla acerca del diálogo imposible entre "el novelista de la seducción y el poeta que la ponía en práctica".
Otro trabajo digno de destacar es "La presencia más real", una detallada descripción con tono de ensayo que reflexiona, tal como el subtítulo advierte, acerca de "Ilusión y realidad en los bordes del 2000". Rabanal, que no oculta su admiración por Flaubert y por Stendhal, propone una inteligente lectura de "Un corazón simple" y en "La hora señalada del deseo" ofrece un acabado retrato de Julian Sorel como alter ego del propio Stendhal.
La segunda parte recoge un colorido diario de viaje con destinos tan dispares como las islas griegas, Granada, Niza y Jerusalén. No se trata de una pormenorizada guía turística sino de un recorrido por esas tierras, con inteligentes y agudas observaciones a la vuelta de cualquier esquina. Rabanal sostiene que todos los trabajos del libro fueron "concebidos como domésticos trabajos literarios". Resulta un placer compartirlos.
VICENTE BATTISTA
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