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LA ELEGANCIA DE UN ESTILO
Ironías del azar
Los peligros de la dicha
Por RODOLFO RABANAL
(Adriana Hidalgo Editora)-198 páginas
Una trampa inocente y a la vez maliciosa hace
guiños en los libros de Rodolfo Rabanal. Sus historias parecen regidas
casi siempre por el imperio del azar, que unos personajes se encuen tren
bajo ciertas circunstancias en determinados lugares y que ese contacto tuerza
definitivamente el rumbo de sus vidas son presentados como resultado de
la buena o de la mala fortuna. Pero nada está más distante
de ese acto fortuito que el cuidado casi obsesivo del autor de Cita en
Marruecos a la hora de escribir. De ese esmero hablan estos cuentos
a los que Rabanal les niega esa denominación prefiriendo, en cambio,
la de narraciones o relatos de ficción. Según dice en el prólogo,
"el gusto por rodear a mis personajes de un clima que acentúe
y propicie la definición de su naturaleza suele ser una modalidad
que el cuento no tolera sin poner en riesgo su delicada mecánica
de tiempos precisos". El mismo cuidado se revela, también, en
el lapso que le tomó darles la versión definitiva y decidirse
a publicarlos: más de diez años, en algunos casos, y hasta
veinte, en otros. Entre todas las del volumen, sólo dos de estas
piezas narrativas se perfilan como recientes.
Tampoco puede atribuirse a la casualidad el curso que siguen las historias,
por el contrario, el azar siempre opera como la ocasión propicia
para que las pasiones o los deseos más profundos se manifiesten y
hagan valer su propia e inesperada lógica. Lógica binaria
que requiere de la presencia de una pareja, como si el precario equilibrio
del mundo dependiera, desde su origen, de la relación de un hombre
con una mujer. A veces esa relación pone en evidencia el equívoco
sobre el que se sostiene; en esos casos, la aparición de un tercero
desencadena el derrumbe de manera trágica, como en el cuento que
lleva el irónico título de "Las delicias del Paraíso
en la Tierra". Allí el protagonista, obsesionado por la idea
del infinito a la que pretende llegar a través de operaciones numéricas,
descubre que "dos es el infinito, pero siempre resulta inabordable".
En "Un bosque en Alemania", en cambio, la aparición de
una mujer basta para trastornar la existencia racionalmente pautada de un
hombre que decide entregarse sin reservas al hechizo de su pasión.
Más sutil en su planteamiento tanto como en su desarrollo, el relato
que da título al volumen juega con la reiterada presencia de una
pareja conflictiva e inquietante para sacudir hasta los cimientos la solidez
del matrimonio de Blanca y Adrián. Por la manera progresiva e implacable
con la que se narra la proximidad del peligro y el desmoronamiento de la
relación, tanto como por el tipo de imágenes que se utilizan
para describir el proceso -"el costoso vaso de cristales nobles estaba
a salvo pero fisurado, ya no tenía necesidad de conservarlo y entonces
lo dejó caer"-, la historia evoca pasajes de la obra de Scott
Fitzgerald.uena parte de los textos se construye en torno a la idea de búsqueda.
Se trata siempre de perseguir una imagen preconcebida situada en otro lugar
al que los personajes se dirigen, como si la llegada al sitio elegido coincidiera
con la concreción de un deseo. Desde luego, tanto el lugar como el
anhelo constituyen situaciones utópicas, pues ellos arriban al infierno
de los deseos insatisfechos al que una fatalidad los conduce o, en el mejor
de los casos, advierten que han obtenido aquello que no buscaban. Esto último
es lo que les sucede a los protagonistas de "Sarah", quienes intentan
seguir los pasos de Nathaniel Hawthorne cuando proyectan completar aquellas
historias que el escritor norteamericano dejó inconclusas. Juntos
parten hacia un pueblito en las afueras de París en donde esperan
encontrar la tranquilidad necesaria para llevar adelante su propósito
pero, por el contrario, cuando una celebración inesperada los sorprende
y parece desviarlos de su objetivo, aquélla hace que se reencuentren
con su destino original.
La inclusión en este volumen de "No vayas a Génova en
invierno", una historia tomada de un libro de cuentos homónimo
de Rabanal, responde, en cambio, a la primera posibilidad. Similar es la
fatalidad que ata a Lucas, el viajero de "La sombra del vuelo del cóndor",
a una sórdida pensión de Bogotá regenteada por una
mujer de la que no puede separarse. Como dice Cecilio Madranza, un lustrabotas
del barrio del Abasto, porteño de ley y personaje central de "Tánger
o la vida simple" -último relato del libro-, "hay cosas
que escapan del entendimiento". Madranza llevaba una vida sencilla
y coherente pero un último detalle fue suficiente para desbaratarla
por completo. Ese detalle -apunta el narrador- es "el deslizamiento
singular que toda regla exige para su cabal cumplimiento y, en un orden
acaso más hondo y enigmático, el justo epílogo de una
manera de ser". De modo que, llámese búsqueda, lugar
o pasión, no hay azar que no conduzca, en definitiva, hacia un orden
cuya profundidad y consecuencias son ajenas a las voluntades humanas.
Porque conjuga de manera inextricable las oscuras motivaciones que perturban
a sus personajes, "Aguas negras" es, probablemente, la historia
más lograda del libro. Nuevamente la atracción ejercida por
un determinado lugar altera los planes previstos por los protagonistas;
a medida que se encaminan hacia él van cayendo, como envolturas superpuestas,
las barreras y los prejuicios que los alejaban de su ser más íntimo.
Una intimidad que está secretamente ligada con el "corazón
de la selva" que termina por devorarlos. Este relato, que despliega
una intensidad creciente, nunca desborda cierto límite pudoroso,
como si la indudable elegancia que Rabanal le impone a su prosa sacara
partido de lo no dicho para potenciar su capacidad de sugestión.
Más alejadas del conjunto, los textos que componen "Conversación
a la diez", "Manuel Saurat: un diario íntimo" y "Recordando
a Boby" proponen cada uno su propio código de lectura: el primero,
próximo al tono de la poesía dramática; el segundo,
siguiendo brevemente el esquema del diario para demostrar que lo cotidiano
es lo más difícil de modificar, y el último, que juega
con la ironía para contrarrestar cualquier atisbo de tragedia "con
el aire balsámico de la comedia, de la ligera y soportable comedia".
JORGELINA
NUÑEZ
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