Canonizaciones populares argentinas

Félix coluccio

"Canonizar", según la Real Academia Española, es declarar solemnemente santo y poner el Papa en el catálogo de los mismos a un siervo de Dios ya beatificado. Mas pese a ser esto -como surge de la definición- tarea exclusiva del Vaticano, la religiosidad popular, no siempre respetuosa de la ortodoxia romana, suele canonizar de hecho a personas reales, e incluso imaginarias, a las que la tradición oral adjudica la realización de verdaderos milagros. La Iglesia, desde luego, reprobó siempre estos hechos, y a menudo con excesiva dureza, tratando de encauzar los sentimientos del pueblo por la senda que juzga correcta, librando a la fe de las supersticiones que se le adhieren, las que, a veces, rayan la apología del delito. Pero el problema es complejo, pues lo que con frecuencia se designa como "superstición" es una auténtica manifestación religiosa de las clases bajas, la proyección de esquemas lógicos diferentes a los occidentales, Problema ya conocido por los cristianos que propugnan la adaptación del culto romano a los valores culturales de cada país.
Las devociones populares no ortodoxas que más trascendieron en la Argentina son la Difunta Correa, de gran raigambre en Cuyo; el Gaucho Cubillos, en Mendoza y el Gaucho Lega en Corrientes; la Madre María en la Capital Federal y Gran Buenos Aires, etc. Entre los cultos populares, el más importante es el de San La Muerte, de gran vigencia en todo el Nordeste y con proyecciones en Paraguay y Brasil. Si bien algunas de estas canonizaciones tienen una vida efímera, hay otras que no sólo perduran en una región, sino que, con el paso del tiempo, se expanden, incrementando su área de difusión y ganando más devotos que en su lugar de origen. Muchos canonizados no hubieran sospechado nunca en vida que terminarían convertidos en mitos y en objetos de la veneración popular, por más que con sus hazañas sembraron leyenda; otros, en cambio, persiguieron en forma deliberada esta veneración, asumiendo el rol de milagreros, iluminados y guías espirituales de los humildes, como la Madre María y Pancho Sierra.
Suele desconcertar a ciertos observadores que estos cultos tan heterodoxos no se alcen contra la Iglesia como una especie de herejía. Por lo contrario, los devotos son en su casi totalidad cristianos practicantes: asisten a misa, bautizan a sus hijos, contraen matrimonio religioso, se confiesan sus faltas, comulgan y hasta honran a sus sospechosos "santos" con exvotos intachables, como imágenes de Cristo, la Virgen y los santos conocidos. Este esfuerzo por ajustarse en lo posible al Catolicismo viene a atestiguar una carencia, un desamparo que la legalidad parece no poder remediar. Y esto es fácil de entender, porque la Iglesia no recoge los códigos culturales de esos pueblos. Los mismos no resultan violados, sino confirmados, cuando buscan acceder por la vía de la canonizaeión a los que han dedicado su vida al bien y al amor al prójimo, como la Madre María; o hasta quien al morir sedienta hizo el primer milagro de continuar amamantando a su pequeño hijo (caso Difunta Correa); o hasta quienes "dieron la vida" por favorecer a los pobres quitándoles a los ricos (caso Gaucho Cubillos); o hasta los que envueltos en un manto carismático, les hablan como "hermanos", se conduelen de sus pesares y apoyan sus manos sobre sus hombros (caso Tibor Gordon); o hasta quienes mueren trágicamente por amar más allá de lo que establecen las leyes (caso Juana Figueroa); o hasta quienes en plena floración, les fue violado el cuerpo y segada la vida (caso Pedrito Sangueso); o hasta quien murió ardida en un pobre rancho del monte (caso Telesita), y muchísimos más que sería extenso enumerar.
El pueblo, como se dijo, ha realizado canonizaciones y generado devociones con la esperanza de que nuevos y a veces efímeros santos oigan sus dramáticos ruegos. Estos poseen ya una larga tradición pagana, desde que al parecer eran conocidos en la mítica Babilonia, en Egipto en la India, la Chinay también en Roma. Así, por ejemplo, el dios Mercurio recibía de sus devotos pies alados, la lengua de las víctimas sacrificadas, leche, miel, etc.
Los exvotos pueden ser de ofrenda y de sacrificio. Los primeros, por su variedad y cantidad, convierten algunos santuarios en extrañas vidrieras de bazar, en las que comúnmente encontraremos flores (naturales o de papel), velas y placas recordatorias, miembros y órganos humanos de plata u otro metal y una multitud de objetos de lo más heterogéneos, como figuras de animales, tractores,vestidos de novia, espigas, útiles escolares, elementos del ajuar infantil, etc. Y entre los exvotos de sacrificio, los más frecuentes son el ayuno, la flagelación corporal, el ascenso de escaleras, largas marchas sobre las rodillas, etc.
Para tener una idea cabal de lo que representan estas devociones en el alma popular, es preciso tomar conocimiento de su proyección en el imaginario social, dentro y fuera del círculo de los devotos. Así, por ejemplo, se sabe ya que la Difunta Correa ha merecido muchos poemas y un romance; se ha volcado su vida dolorosa al teatro, al cine, la novela. Otro tanto ocurre con la Telesita, dolorosamente exaltada en la música popular, en inspiradas piezas teatrales y, sobre todo, en danzas que rememoran su legendaria vida trashumante y su muerte por el fuego, que de alguna manera el destino le ha impuesto para su purifilcación. Lo mismo podría decirse de muchos "gauchos milagrosos", inmortalizados en versos populares que sus devotos conocen y recitan permanentemente, o de Ceferino Namuncurá, el llamado "santito de la toldería", el único en camino de beatificación en esa constelación extraña.
A todo esto correspondería agregar los cientos de artículos y ensayos publicados en diarios, revistas y periódicos.

La Telesita

Cuenta la tradición que Telésfora Castillo, a quien llamaban Telesita, había nacido en Tolojona, en la costa saladina de Santiago del Estero. Era de extraordinaria belleza y ambulaba constantemente por el interior de los bosques, frecuentando algunos boliches donde cantaba y bailaba, habiendo quien asegura haberla visto en la misma ciudad de Santiago del Estero. Los paisanos se acostumbraron pronto a la Telesita, a quien querían por su bondad y sencillez. Pero un día -ellos lo dicen- amaneció quemada en un rancho, habiendo quien afirma haberla hallado muerta en una acequia a tres leguas de la ciudad de Santiago del Estero. Lo cierto es que después de su muerte, la Telesita estaba más cerca de los campesinos que antes y se le han atribuido milagros sorprendentes. Se encomendaban -y aún lo hacen- a ella, ofreciéndole un baile con bombo y violín. Y aseveran que así que se producía una pérdida de algún vacuno o prendas de valor eran robadas se hallaban indefectiblemente después de ofrecerle un baile en el que abundase el aguardiente hervido con poleo. Las reuniones que se hacen en su homenaje se llaman de todo el país, sobre una u otra canonización popular, las conferencias y mesas redondas, así como los libros editados para difundir su conocimiento, algunos exclusivamente sobre una sola canonización, como ha ocurrido con la Difunta Correa, Pancho Sierra o la Madre María.

Telesiadas, y se llevan a cabo en la casa del que ofrece el baile. Se prepara un muñeco de papel o trapo y se lo coloca sobre una mesa o catafalco, simulando así el cuerpo de la Telesita. Cuatro o cinco velas puestas a su alrededor se encienden antes de comenzar el baile. Cuando éste se inicia, el promesante y su mujer bailan siete chacareras seguidas, y entre una y otra se bebe una copa de caña o aguardiente (los dos danzarines). Después se generaliza el baile y corre abundante la caña, cerveza o vino u otra bebida cualquiera. La música se ejecuta especialmente en los siguientes instrumentos: caja, bombo, violín y guitarra.
Las canciones que tradicionalmente se tocan son chacareras, zambas, gatos, etc. También se escuchan "coplas al angelito", es decir, no alusivas a ella. La fiesta termina a la madrugada, hora en que la imagen de la Telesita es quemada ritualmente, para rememorar el triste fin que en vida tuvo la Telésfora.
La Telesita tiene ciertos puntos de contacto en lo que se refiere a la posibilidad de culto y ofrendas, de rescatar lo perdido, con el Negrito del Pastoreo, el Alma del Quemadito y la Difunta Correa en nuestro país, con el Sacy Perere en Brasil y el Señiles de Panamá.

Pancho Sierra

Famoso medium de la provincia de Buenos Aires, conocido también por El Gaucho Santo de Pergamino. Nació en el año 1831, siendo sus padres don Francisco Sierra y doña Raimunda Ulloa. Considerado como un medium de poderes excepcionales, se refiere que ha hecho numerosas y difíciles curaciones que le han dado prestigio y fama, no sólo en la mencionada provincia, sino en caKsi todo el país, rindiéndosele hoy culto a su memoria en el cementerio de la localidad bonaerense de Salto, donde descansan sus restos y en el que se ha levantado un mausoleo, frente al que se congregan verdaderas multitudes determinados días del año, pero especialmente el 4 de diciembre, día de su muerte, acaecida en 1891.
En su estancia de "El Porvenir", situada en los lindes de Rojas y Pergamino, acudían enfermos y desahuciados morales par obtener su mediación, cosa que hoy se hace frente a su tumba, porque los poderes de Pancho Sierra existen aun después de su muerte física, según dicen los que no han perdido la fe en él.
Curaba generalmente con agua magnetizada o por medio de la sugestión; pocas veces lo hacía por la imposición de las manos, pues por lo general él ya conocía, desde que el enfermo detenía su coche o carreta en que iba, cuál era su mal, y así se ha visto el caso de que a un enfermo paralítico, desde el corredor de su casa donde estaba tomando mate le gritara, como a treinta o cuarenta metros de distancia: "¡Baje, amigo!", a lo que le contestaron quienes lo llevaban: "Señor, no es posible que lo haga, pues se trata de un tullido de las piernas, que hace mucho tiempo no puede valerse de ellas". Pancho Sierra respondió: "¿A qué lo han traído, pues?". "A que usted lo cure", le contestaron. "Bueno, entonces si quiere que yo lo cure, que obedezca el enfermo". Enseguida volvió a gritar: "¡Paisano, bájese y venga corriendo!". "No puedo, señor". "Sí puede, amigo, sí puede. Haga la prueba y verá". El enfermo empezó a hacer fuerza para obedecer a la orden y poco a poco se vio que el hombre movía los pies. Pancho Sierra, siempre con el mate en la mano sentado en el corredor, lo alentaba diciendo: "¿No ve, so mañero, como puede?. A ver, haga otro esfuercito". Y así, después de un rato, el hombre pudo bajarse del coche sin ayuda de nadie y llegar a donde estaba Pancho Sierra.
Casos como éstos se cuentan por centenares y ello explica esta devoción popular.
Sin ninguna duda, Pancho Sierra concitó el fervor de mucha gente de Rojas, provincia de Buenos Aires, que en todo momento pone de relieve su adrmiración y respeto por él. Pero la mayoria de los que se titulan discípulos de Pancho Sierra no son tales, sino simples explotadores, gente sin oficio y sin beneficios, que sólo se propone vivir a costa de la credulidad general, dicen algunos.

Ceferino Namuncurá

La devoción a Ceferino Namuncurá, a nivel popular, es una de las mas importantes de la Argentina ya que se ha extendido por todo el país. Para ello juegan, en primer lugar, su condición de aborigen, su bondad, su inteligencia y también su muerte, acaecida lejos del país, cuando contaba poco más de 18 años.
Nació en Chimpay, en el valle del Río Negro, el 26 de agosto de 1886. Era hijo de Manuel Namuncurá y una cautiva blanca chilena, Rosario Burgos. Pero ya el cacique Manuel era una sombra de su pasado de lanzas, malones y orgullo. Su infancia en el áspero escenario patagónico no puede sospecharse que haya sido muy feliz. Los padres salesianos, Monseñor Caglieto y Padre Milanesio, obtuvieron el permiso de sus mayores para educar al pequeño, a quien sin duda dejaron partir con mucho pesar. Así pasó por el Colegio Pío IX, en Buenos Aires, en 1897, y por Viedma en 1903.
Una cruel enfermedad, la tuberculosis que en esa época hacía estragos, obligó su traslado a Italia, donde estuvo atendiendo su salud física al mismo tiempo que se preparaba en el orden religioso católico. Su devoción crecía y su salud decaía, hasta que en 1906 un 11 de mayo, muere. Sin duda, junto a su nuevo Dios, los dioses tutelares de su raza, habrán iluminado su postrer instante de vida.
Sus restos regresan al país en 1924 y reposan en Fortín Mercedes provincia de Buenos Aires, no muy lejos de Bahía Blanca, hacia donde peregrinan muchos fieles para solicitar su intercesión y cumplir promesas con exvotos de ofrenda, los que se multiplican en diversas formas en todo el territorio nacional.

La canonización

En 1946, se inician las gestiones para que Ceferino Namuncurá sea beatificado, teniendo en cuenta el movimiento popular de fe que acompañaba desde la muerte a su figura. Los cardenales que integran la Sagrada Congregación de los Ritos, comenzaron tres años más tarde el análisis de los hechos que podían hacer a Ceferino Namuncurá alcanzar la condición de beato. Para ellos se tiene en cuenta no sólo la tradición oral, que en muchos casos de santidad ha sido la única fuente de la que se pudo disponer para determinarla, sino también todos los otros elementos concretos al alcance; entre ellos, su fe inquebrantable, los escritos que dejó y que no son sino una exaltación de las normas de la fe y los dogmas de la moral.
Hasta ahora la Iglesia lo reconoció sólo como Venerable, siendo necesario para llegar a la beatificación la comprobación de por lo menos dos milagros, los cuales deberán contar con ciertas certificaciones de cardenales y médicos.


[Tapa] [Sumario] [Editorial]
Flecha Flecha[Literatura Argentina]