...parmi les rires rouges
des lévres luiantes et les gestes
monstrueux des femmes mécaniques.
R. Daumal
Había en
Nüremberg un famoso autómata llamado la "Virgen de Hierro".
La condesa Báthory adquirió una réplica para la
sala de torturas de su castillo de Csejthe. Esta dama metálica
era del tamaño y del color de la criatura humana. Desnuda,
maquillada, enjoyada, con rubios cabellos que llegaban al suelo, un
mecanismo permitía que sus labios se abrieran en una sonrisa,
que los ojos se movieran.
La condesa, sentada en su trono, contempla.
Para que la "Virgen" entre en acción
es preciso tocar algunas piedras preciosas de su collar. Responde
inmediantamente con horribles sonidos mecánicos y muy lentamente
alza los blancos brazos para que se cierren en perfecto abrazo sobre lo
que esté cerca de ella --en este caso una muchacha. La autómata
la abraza y ya nadie podrá desanudar el cuerpo vivo del cuerpo de
hierro, ambos iguales en belleza. De pronto, los senos maquillados de
la dama de hierro se abren y aparecen cinco puñales que
atraviesan a su viviente compañera de largos cabellos sueltos
como los suyos.
Ya consumado el sacrificio, se toca otra
piedra del collar: los brazos caen, la sonrisa se cierra así como
los ojos, y la asesina vuelve a ser la "Virgen" inmóvil en su
féretro.
(Alejandra Pizarnik, de La condesa sangrienta, 1971)