El criminal no hace la belleza;
él mismo es la auténtica belleza. Sartre.
La condesa sangrienta de Alejandra Pizarnik
está basada en Erzébet Bathory: La comtesse Sanglante,
de Valentine Penrose (París, 1963), que relata la tortura y asesinato
de más de 600 muchachas por la Condesa Bathory.
La condesa Bathory nació en 1650 en Transilvania, en
una de las familias muy rica e influyente. Recibió una cuidada
educación, especialmente para una mujer y para esa época:
Erzébet dominaba el Húngaro, Latín y Alemán,
mientras que la mayoría de los nobles húngaros de entonces
apenas si sabían escribir.
A los 16 años fue casada con Ferenc Nadasdy, miembro de una
familia también prestigiosa, pero menos adinerada e influyente
que la Bathory. Erzébet eligió conservar su nombre aún
despues de casada. En su lugar, Ferenc sumó Bathory al suyo.
La joven condesa administró su castillo con una disciplina de hierro,
y sus castigos eran brutales, por decir poco. Golpear a las sirvientas
con un pesado mazo era de los más leves; otras veces les picaba con agujas
debajo de las uñas o las arrastraba a la nieve, donde les
echaba agua y abandonaba a que se congelen. A medida que las torturas
se fueron sofisticando y agravando, estableció
una cámara de torturas en su castillo, y, cuando no era ella quien
torturaba, sentada en su trono, observaba como lo hacían su
sirvientas más cercanas.
La condesa prosiguió sus abusos y asesinatos durante
años, especialmente luego de la muerte de su esposo, y de su
amiga Darvulia. Esta última, aparentemente amante de Erzébet,
participaba activamente en las torturas, e incluso enseñó a
la condesa nuevas técnicas. Pero también cuidaba que las
víctimas fueran siempre sirvientas y campesinas, a quienes en
esa época un noble podía tratar como a un objeto, que
se puede destruir a voluntad. Tras su muerte, Erzébet perdió
toda precaución, y comenzó también a raptar y
torturar a jóvenes nobles.
Sus actividades no podían seguir ignoradas, y, sumadas a
razones políticas, llevaron a que fuera arrestada y llevada a juicio
en 1611. Erzébet y sus sirvientas fueron encontradas culpables;
dos de ellas fueron torturadas y quemadas, otra decapitada. La condesa
escapó la pena de muerte gracias a su rango, pero fué
emparedada en su propia cámara de tortura, donde murió
tres años más tarde.
Es imposible saber cuánto exactamente de verdad hay en las historias
que circulan acerca de la "condesa sangrienta". Su historia se
convirtió en leyenda aún en su propia época.
A pesar de que no hay testigos, se cuenta que la condesa tomaba
baños de sangre de muchachas para mantenerse joven, o que mordía
y arrancaba la carne a las jóvenes mientras sus sirvientas las
sujetaban. Aún si se trata de exageraciones, la ferocidad inusitada
de sus atrocidades han despertado la curiosidad de muchos escritores y artistas.
Aparentemente, las leyendas de vampiros se originan con su historia,
y Bram Stoker habría trasladado al Príncipe Vlad Teper
de Rumania a Transilvania (cambiándole el rango a conde), influido
por ella.
La condesa sigue intrigando a artistas aún hoy:
desde poetas como Andrei Codrescu,
a bandas de heavy metal.
Uno de los últimos descendientes de la condesa, Dennis Bathory-Kitsz, es un
compositor de ópera, y está escribiendo
una
sobre su famoso antepasado.
Incluso hay una
película
en marcha, con la participación de Lorelei Lanford (la "Blonde
Belgian Beauty") en el rol de la condesa. Los interesados pueden colaborar a financiarla y hasta, quién
sabe, conseguir algún papel a cambio.