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DEVENIR MARTA A lacios oropeles enyedrada A través de los años, esa lívida en un trazo que sutil cubriese los valles microscópicos del tul
la toga que flaneando las ligas, las ampula
para que flote en el deambuleo la ceniza, impregnando
de lanas la atmósfera cerrada y fría del boudoir.
mujereidad enroscándose, bizca,
en laberintos de maquillaje, el velador de los aduares
incendiaba al volcarse la arena, vacilar
las hendiduras del revoque
y, más abajo, ligas, lilas, revuelo
de la mampostería por la presión ceñida y fina que al ajustar
sofocase las riendas del calambre, irguiendo
levemente el pezcuello que tornando
mujer se echa al diván