"Prosa Plebeya" EXISTE toda una expansión del espectro de Perlongher, una proliferación
de ensayos y artículos sobre su vida y sobre su obra, de debates
y homenajes, apenas unos años después de su muerte, ocurrida en
1992: todo un interés crítico que los circuitos neoacadémicos
y, a la vez, el periodismo cultural, han colocado en su agenda
obligatoria. Esta Prosa Plebeya, en parte inédita, en parte recogida de diversas
publicaciones laterales, nos lleva por fin a los textos mismos
de Néstor Perlongher, como en un vuelo de reconocimiento directo,
sin tantas mediaciones. Viaje, pues, que nos conduce a las fugas
intensivas, deleuzianas, del autor, a toda esa serie de escritos
suyos que son, según Christian Ferrer y Osvaldo Baigorria, sus
compiladores y prologuistas, un largo ensayo sobre el deseo. Una
épica del deseo que nos revela al militante del Frente de Liberación
Homosexual argentino, al antropólogo callejero de San Pablo, al
poeta que hunde en el barro rioplatense la vanguardia caribeña
del neobarroco, y hace de esa poesía áurea un uso bélico y escatológico.
Y, por último, al iniciado en el culto brasileño del Santo Daime.
Es decir, Perlongher hace de sí la base de un devenir siempre
"otro", un movimiento perpetuo y ascendente que lo lleva, en cuerpo
y alma, de los bajos fondos al éxtasis místico, siempre en el
interior de identidades, vanguardias y comunidades minoritarias. La identidad, sea sexual, nacional, en fin, cultural, y por lo
tanto (de)construible, fue el eje de una tensa interrogación en
su pensamiento, que bien puede encontrar un correlato en las nuevas
teorías identitarias que prosperan en los años noventa. De ahí
tal vez una de las razones de la preeminencia del autor dentro
de los intereses neoacadémicos. Ferrer y Baigorria se preguntan
en el prólogo si acaso Perlongher no "resolvió" el tema de la
identidad en su "zambullida mística final", puesto que ahí "la
identidad se evanesce, se vuelve lumen". El ensayo sobre el Santo
Daime (1990) pone en escena lo que, creo, fue una tensión irresuelta
en Perlongher entre sus antiguos compromisos políticos y sus nuevas
fugas extáticas: en sus párrafos finales plantea la posibilidad
de que los daimeros, a través de sus lazos y trances comunitarios,
superen en un futuro el imperio de la propiedad privada, lo que
suena a un intento forzado de conciliar mística psicodélica con
prácticas micro-revolucionarias. En cuanto al tema identitario, Perlongher creía que se debía abandonar
la idea de una "identidad homosexual". Cuanto menos, una identidad
que se cristalizase en gueto. Concebía, en cambio, un campo móvil
y operativo de identidades fluctuantes, minoritarias, que confluyesen
estratégicamente en la acción política. En el ensayo "La desaparición
de la homosexualidad" (1991), afirma que el triunfo de un nuevo
paradigma de homosexual (el gay norteamericano y su sobre-exposición
en los medios masivos), acompaña el declive de lo que fue, antes,
una vanguardia abolicionista en el dominio del deseo. Esa incorporación
de lo gay al mercado de consumo de la nueva "polis democrática",
aunque se trate de un mercado "de las diferencias", impone inevitables
códigos de normalización social, que en los tiempos del SIDA convierten
finalmente a la sexualidad en algo poco interesante. Como en Artaud, como en Osvaldo Lamborghini, hay en Perlongher
una "escritura de la destrucción". Una destruktion, entonces,
un desmontaje de estructuras significantes, se trate del barroco
o del sujeto del deseo; se trate asimismo de las narraciones que
van construyendo en mármol una identidad nacional: Perlongher
remueve y menea con su Prosa Plebeya el cadáver exquisito de Eva
Perón y arroja napalm sobre la casta cuestión de Las Malvinas.(257
páginas). Alejandro Modarelli

Epica del deseo
Por Néstor Perlongher
(Colihue)
La Nacion, octubre de 1997. © La Nacion