Cuatro Postales
I.
La muerte, mi vecina,
lo convenció a mi hermano
de que tomara
unas vacaciones de la vida.
Y él, una mañana,
apagó la luz con el gatillo.
En donde está no hay postales
para mandar a los amigos...
II.
La muerte, mi vecina,
me golpeó la puerta un mediodía;
venía a pedirme
"una tacita de arrepentimiento"
y una pizca
"sólo una pizca" de cobardía.
"Vuelva mañana" le dije.
Y esa noche me mudé.
III.
La muerte, mi vecina,
me descubrió una tarde
con los ojos vendados,
cubierta de frazadas
que olían
a cuerpos sucios y aterrados.
No la ahuyentó el olor, estoy segura,
porque ese mismo día
llevó a ZulmaMaríaElenaBenjayBraco
que portaban idénticas frazadas.
La muerte calzaba botas militares.
IV.
La muerte, mi vecina,
harta ya de que la ande esquivando,
vendrá descalza un día
a llevarse mis huesos
a un país de lluvias sin futuro.
¡Ojalá que se ahogue en mis cenizas!