REPORTAJE - La Nación, 15-4-98

 

 

Las decisiones del azar

CON gesto pausado, voz amable sin estridencias y segura de sí misma, Vlady Kociancich (ocho libros publicados, cinco novelas y tres de cuentos) pide permiso para encender un cigarrillo, que coloca delicadamente en un boquilla corta antes de encenderlo. Hablamos de su octavo y último volumen de cuentos que acaba de aparecer, Cuando leas esta carta, integrado por siete piezas, algunas bastante extensas, tanto que más que cuentos parecen nouvelles.

-La calificación de nouvelle depende de la mirada que tengamos -dice Vlady-. Si se trata de una mirada inglesa, sería un cuento largo; si es francesa, es una nouvelle.

-¿Y a la criolla?

-Lo veo como un cuento largo. La nouvelle, para mí, es un texto de unas 130 páginas, y la novela, de 200 a 300. Cuando leas esta carta reúne cuentos: tres son largos; otros, breves, y alguno, brevísimo. La mayoría fueron escritos mientras trabajaba en mi última novela, los más largos me llevaron unos dos meses y otros fueron como rápidas iluminaciones. Nunca empecé a escribir un cuento y lo dejé, en cambio la novela es como un largo sueño en el que puedo entrar y salir.

-¿Nunca te ha ocurrido no ver clara la resolución de un cuento?

-No. Mi punto de partida tanto de la novela como en el cuento es una idea y en apariencia una historia. Al escribir las primeras páginas es cuando veo y descubro cómo será el viaje, que siempre me sorprende.

-Total, que nunca se te acaba el combustible. ¿Donde te sentís mejor, en la redacción de cuentos o en la de una novela?

-En la sana esquizofrenia de ambos. Me convierto en novelista cuando es preciso y lo mismo en cuentista, aunque la postura sea muy diferente.

-¿Los cuentos de Cuando leas esta carta transcurren en el momento actual? ¿Qué temas y qué personajes preferís?

-Los cuentos son actuales. En cuanto a los protagonistas, es curioso, hay una mayoría de personajes masculinos y el tema es la pérdida de la identidad, de la dignidad, del destino, casi te podría decir del alma por un hecho fortuito, algo mínimo a lo que uno no le prestaría demasiada atención y que, sin embargo, decide el futuro. Por ejemplo, en el primer cuento, "La mujer de Liñares" la protagonista descubre que no puede dormir, y eso la lleva a otro descubrimiento y a tomar una decisión. En el último, "Cuando leas esta carta", el personaje central decide suicidarse por cortesía.

-¡Qué raro motivo!

-El humor del cuento gira alrededor de esta persona muy cortés que descubre por qué está de más en el mundo.

-¿Por qué los editores dicen que el cuento no se lee ni se vende?

-La novela tiene más favor con la publicidad y eso no es una cuestión de lectura. Los editores piden novela porque es más fácil de promover, más fácil para contar el argumento y quizás por eso puede tentar más a la abstracción llamada público lector. Además, las novelas se ponen de moda y los libros de cuentos, no. Pero los buenos lectores, los que leen por placer aceptan entusiasmados cualquier género de ficción. Por otra parte, la mayor comercialización de la novela lleva a la confusión de creer que la literatura no nace del impulso creador de un individuo, sino que es una fábrica de ciertos productos que deben imponerse.

-¿Cuándo supiste que tu destino sería la palabra escrita?

-Cuando a los nueve años escribí mi primera novela policial y a los diez u once traté de vender un cuento a Billiken con la vieja fantasía de creer que alguien puede escribir un libro de la noche a la mañana y hacerse rico y famoso. Ese era el argumento de las novelas que yo leía.

-¿Te aceptaron el cuento en la revista?

- No.

-¿Por qué empezaste escribiendo novelas policiales?

-Porque cuando era chica yo ansiaba una vida de aventuras. Era hija única, vivía bastante encerrada. Y la mejor aventura trascurría en lo que uno escribía.

-¿Llegaste a gozar de una vida de aventuras?

-Sí. He hecho cosas interesantes, raras. Por ejemplo, trabajé en una agencia de artistas en las épocas de la nueva ola, donde se recibía a Palito Ortega, a Violeta Rivas, a Mercedes Sosa flaquísima ...En fin, conocí el mundo que hay detrás del espectáculo. Además, viajé mucho.

Lo que pasa es que miro al mundo con curiosidad y siento que me pasan siempre cosas extraordinarias.

-¿Pensás que la vida fue generosa con vos?

-Sí, mucho: a veces creo que demasiado.

María Esther Vázquez

 

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