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LA NACION LINE | 10.05.97 | Cultura

 

En la última novela de Noé Jitrik, Mares del Sur, la trama policial y la experiencia traumática de los años del Proceso tienen como telón de fondo la ciudad de Mar del Plata con sus mesas de juego como un símbolo del riesgo en la literatura y en la vida
Crímenes del lector cómplice

MARES DEL SUR
Por NOE JITRIK
(Tusquets Editores)-

MARES DEL SUR es la flamante y cuarta novela de Noé Jitrik, luego de Citas de un día, Limbo y El ojo de jade, aunque a esta última también podría entendérsela como una nouvelle. Ambientada en Mar del Plata a fines de los años setenta, la novela aparece como un policial atípico, especialmente por la voz del narrador y por su escritura alambicada, hecha de frases largas llenas de subordinadas y alusiones literarias más o menos veladas. Difícil no pensar en las tareas como ensayista (La memoria compartida, Producción literaria y producción social) o como crítico literario (La vibración del presente, Suspender toda certeza) que en paralelo ha desempeñado el autor.

"Cuando opto por un discurso, sea la narrativa o la teoría, no puedo dejar de recurrir a los otros que me habitan, con sus respectivos saberes. Lecturas, resonancias, homenajes, parodias... Así y todo, creo que si algo predomina en lo mío es la actitud del narrador, la de querer contar algo siempre".

En su luminoso ático del centro de Buenos Aires, a punto de cumplir setenta años que lo toman de sorpresa y lleno de jovialidad, Jitrik señala que nunca quiso escribir un policial de género sino otra cosa. "La literatura policial tiene leyes muy fuertes. Además hay casi todo un sindicato de autores de novelas negras: Paco Ignacio Taibo, Vázquez Montalbán... una amable mafia. No quise afiliarme a su sindicato ni creo tampoco que ellos me aceptaran", dice entre risas. En cambio, eligió ahondar un procedimiento narrativo ya empleado en su anterior novela y que define como "una suerte de reconstrucción alrededor de la conjetura".

"Describiría mi nuevo libro como un delirio lúcido. Delirio en el sentido del encadenamiento, de las asociaciones. Pero no son asociaciones libres, sino atadas. Esto me diferencia, supongo, del surrealismo y de sus herederos. Lo mío sería una versión contenida o racional del surrealismo. Un relato paranoico en el que las cosas parecen manejarse con una omnipotencia declarada por parte del narrador".

La primera frase de la novela tiene ciento cincuenta y dos palabras. El autor admite que una frase así puede llegar a ahuyentar a algún lector desprevenido, pero sobre todo dice que el lector no existe. ¿Cómo es eso? "El lector no existe. Es el texto el que crea al lector. Yo necesité leer cinco veces Paradiso de Lezama Lima para entrar, para entender. Pero no puedo decir por eso, porque en mis primeras entradas tuve dificultades, que el texto era difícil. El lector se hace como tal en la medida en que entra en determinada propuesta o se hace cómplice de ella".

En Mares del sur, el objeto de las conjeturas es un hecho policial que alguien le contó a Jitrik en un café marplatense. "Una historia que pertenece al saber común de la ciudad". En síntesis: el crimen de un conocido empresario, cuyo autor intelectual fue el cuñado, socio y al mismo tiempo concuñado de la víctima.

Como Mares del sur es -ya se dijo- un policial atípico, no importa saber quién es el asesino. Tampoco el enigma radica en si se hará justicia ni en cómo el inspector Malerba se va enterando, por obra del narrador, de todo aquello que el lector siempre sabe antes. La cuestión central parece ser cómo se ocultan y desbaratan las pruebas para proteger a un poderoso envuelto en la autoría del crimen. "Ahora mismo -dice-, si uno sigue las noticias en los diarios de un caso como el de María Soledad Morales, la crónica se basa principalmente en lo que se borró, no en lo que ocurrió".

Que la acción transcurra en los años de Videla no es un dato accesorio, como tampoco que cierto asesino a sueldo sea descripto como un "ángel rubio". Entre 1974 y 1987, Noé Jitrik vivió mayormente en México. A su manera, entonces, tuvo que emprender una labor equiparable a la del inspector Malerba para reconstruir ese período histórico que lo tuvo fuera del país. "Fue muy duro para mi. Además tenía temor a caer en lo superficial o simplificar y repetir lo ya sabido".

Jitrik no está de acuerdo con que la gente ya no quiera oir hablar de los años de la última dictadura. "Depende de cómo se haga. Si hablamos de ambas cosas por separado, de pura memoria o de puro presente, estamos haciendo un juego de imposición o de negación. Muchas veces se falla al procurar establecer un equilibrio. Y en esas fallas se apoya alguna gente para decir: no insistan más con la dictadura, eso ya terminó. Por el contrario, yo creo que esos años siguen proponiendo una materia impresionante de elaboración en todos los sentidos. Pero para eso hace falta tiempo. Los alemanes tardaron cuarenta años en elaborar la experiencia nazi de un modo que trascendiera la mera evocación y que permitiera pensar el presente".

En tal sentido, Mares del sur es un buen intento. La ciudad de Mar del Plata, con sus mesas de ruleta, ¿debe entenderse como una metonimia de aquella Argentina de "bicicletas" y juegos financieros? "Más que eso -responde Jitrik-, quise emparentar la imagen del casino con la idea del riesgo. Según entiendo yo la literatura, ésta debería ser siempre un salto al vacío, un acto riesgoso. No se puede escribir un libro para repetir todos los precedentes. El desafío consiste en que cada frase, cada libro que uno escribe sea algo nuevo".

Eduardo Berti

 

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