LUIS GUSMÁN

 

    Villa

 

I

      Esa mañana había entrado en su despacho por la puerta privada. Nos dimos cuenta después cuando, como en los viejos tiempos, me llamó por mi nombre para pedirme que le llevara el diario.
   -Villa, La Prensa.
Era el único en la oficina desde que me había recibido de médico que ni una sola vez me había llamado doctor. Miré el reloj y le dije a su secretaria:
   -Como en los viejos tiempos, Firpo, el doctor Firpo, llegó temprano.
    Me demoré mirando por la ventana hacia la plaza. Había una manifestación, había muchas últimamente. Esta era por los presos políticos. Me corrió un poco de miedo por el cuerpo. La Plaza tan escolar, con la Casa Rosada, la Pirámide, el fuego eterno de la Catedral , súbitamente se comenzaba a llenar de gente, y se volvía desconocida. Probablemente tuviésemos que actuar. Nunca me gustó actuar. Esa mañana era el único médico de guardia, no había otro. Sólo yo y Firpo, el director. Me fui a fijar al panel de instrucciones y verifiqué que el helicóptero y las ambulancias estaban en servicio.
    Firpo me volvió a llamar. Entré y comencé a leerle los titulares. Parecía abstraído. En los últilmos meses se enteraba de cómo iba el mundo sólo a través de algún diario. Le hice una seña para que se acercara a la ventana. Prefirió preguntarme:
    -¿Qué pasa, Villa?
    -Hay una manifestación. Por lo que gritan me parece que va a ser violenta.
    -¿Qué gritan?
    -Piden la cabeza del Ministro.
    -Ya lo escuché otras veces. ¿Qué más?
    -Nada. Las ambulancias y el helicóptero están en servicio.
    -¿Y los aviones?
    -No me fijé. ¿Para qué servirían los aviones?
    -Nunca se sabe.
    Ya no miraba. Su mirada se había perdido en el paisaje de esa foto familiar que estaba sobre el escritorio y donde aparecía con su mujer y sus hijos: un paisaje selvático que siempre me intrigó hasta que me enteré de que era un tabacal. Una plantación de tabaco en el límite con Paraguay, la plantación de Nobleza Piccardo. "Donde hacen los 43", me dijo aquella vez, mientras mis ojos se adentraban en la selva interminable donde estaba el misterio de los 43 con filtro. Los 43 fueron mi marca desde la juventud, y fue un 43 el cigarrillo que prendí a la entrada de la morgue la primera vez en mi carrera que vi un cadáver.

    [...]

    Me preguntó por lo que sucedía en la Quinta, y para que me diera cuenta de que estaba al tanto de los asuntos del Ministerio, dijo:
    -¿Alguna noticia de Olivos?
    -Ninguna. Hay un operador en la radio las veinticuatro horas.
    -¿Cómo sigue Perón?
    -Algunos dicen que es cuestión de horas, otros de días.
    -¿Y usted qué dice, Villa? Usted es médico.
    Era la primera vez que me trataba como a un médico. Sentí un poco de vértigo y comencé a marearme. Creí que me caía. Le respondí vagamente:
    -No sé, doctor. El diagnóstico es confuso. Yo no estuve cuando lo internaron de urgencia en el Cetrángolo. Usted sabe que estaba tratando de conseguir el oxígeno. Era sábado y no había por ningún lado.
    -Sí, conozco la cosa, tenía un cuerpo médico permanente al lado y no habían previsto tener tubos de oxígeno. Pero usted, Villa, debería averiguar algo más que las noticias de la radio. Mire si llama el Ministro y me pregunta si hay alguna novedad del estado de Perón.
    Su mirada se volvió a perder en el tabacal. Y yo comencé a caminar con él por la plantación. Los dos queríamos perdernos, los dos, por motivos diferentes. Él, porque hacía rato que habían dejado de consultarlo; yo, porque no me habían consultado nunca. Quizá tampoco lo hubiese querido, pero cuando él brillaba, yo brillaba con él.
    -Trataré de hablar con el jefe de la custodia de Perón.
    -Dígame, Villa, qué tiene que ver el jefe de la custodia con un parte médico.
    -Ya sabe, doctor, ellos trabajaron con nosotros. Trabajan. Quizá si uno se lo pide como un favor... de manera confidencial. Tal vez puedan...
    -Antes prefiero no enterarme. Nunca fui peronista, pero las jerarquías existen. Él es un presidente y yo un director. Usted sabe que fui médico del sha de Persia y de Charles de Gaulle cuando estuvieron en la Argentina. ¿O cree que esos diplomas al mérito que me otorgaron y que hoy cuelgan de estas paredes están de adorno? Mi mérito no empieza con los diplomas que están ante sus ojos. Viene de antes. Desde el día en que tomé la decisión de casarme con una Piccardo emparentada con los Larreta, gente de campo y tabacales. ¿Sabe lo que es casarse con una Piccardo y que el edecán del Presidente y dos embajadores, el de Francia y el de Paraguay, vengan a la fiesta? Entonces debía tener unos años más que los que usted tenía cuando empezó a trabajar con nosotros. Toda la familia de la novia estaha en la iglesia: Nuestra Señora de las Victorias. Un nombre auspicioso. Me temblaban las piernas. Pero, ¿sabe, Villa?, desde que había jurado como médico sentía una fortaleza interior desconocida. Fue lo que me dio valor para caminar hasta el altar.

    [...]

    -Doctor, ¿se acuerda del primer día que entré en su despacho?
    -Fue durante el gobierno de Illia.
    -Usted tampoco era radical. Me lo dijo al poco tiempo de empezar a trabajar, cuando le conté la emoción que sentí al darle la mano al Presidente.
    -Villa, entonces era Villita, aunque siempre lo llamé Villa.
    -Van a hacer más de diez años que trabajo para usted. ¿Se acuerda de que me preguntó de qué hahía trabajado antes y yo le dije de mosca? Y usted se me quedó mirando, disculpe si hoy le digo que hasta tratando de ocultar su sorpresa. Después sentí como que había cometido un pecado al nombrar algo que usted pudiese ignorar. En ese momento en cambio pensé que lo podía deslumbrar.
    -Sí, y yo recuerdo que le dije: "Aquí va a volar más alto". ¿Me equivoqué, Villa?
    -No, volé en avión, volé por todo el país. Me recibí de médico. Yo quería estudiar ahogacía y usted me preguntó por qué y yo le contesté: "Porque me dijeron que se aprende todo de memoria". Me salvé, doctor, no tengo carácter para defender a nadie. Acá, lo primero que aprendí de memoria fue el código aeronáutico. Todo el día repetía la matrícula del Cessna, todavía no teníamos el "Guaraní".
    -Alfa, Charlie, Foxtro.
    -Entonces Butti, un integrante de la custodia del Ministro, quiso cambiar el código porque le parecía antiargentino. Durante días tuvimos que traducir el código a una versión que él había inventado. Para Alfa no encontraba traducción, para Charlie decía Carlos, y para Foxtro, no me acuerdo qué palabra había encontrado. Usted con paciencia le repetía: es un código internacional, no se puede cambiar.
    -Hace tiempo que no lo veo. ¿Todavía trabaja con nosotros?
    -Después de lo del código lo trasladaron a Olivos. Fue decisivo que usted dijera que podía poner en peligro el tránsito aéreo.
    Firpo ya no me escuchaba. Su mano había pasado de la cabeza de caballo a las alas que tenía en la solapa. Sus alas eran de oro. Se había puesto triste de golpe. Quizá yo había estado torpe al nombrar al nuevo director. Pero de pronto también me sentí triste y no sabía cómo despedirme, como arreglármelas para salir de la situación. Sin embargo, me animé a hacerle una pregunta:
    -Doctor, ¿se acuerda de lo que me dijo además de que iba a volar alto?
    -No, Villa, ya no me acuerdo.
    -Me preguntó si quería ser su mosca. Si era su mosca, iba a volar alto.
    Y yo que era tan torpe con mi cuerpo, comencé por acariciarme las alas de la insignia, y después intenté ensayar pasos de baile, y empecé a revolotear a su lado, moviendo los brazos como si fueran alas, esperando quizás el manotazo que me aplastara, sin saber calcular el momento en que iba a empezar a ponerme pesado. Y todo eso lo imaginé hace más de diez años cuando entré de cadete, y después, cuando me dijo años más tarde: "Con su memoria, Villa, usted tiene que estudiar medicina".
    Firpo me tendió la mano y me dijo una frase que iba a quedar revoloteando en mi cabeza, desde esa mañana, y vaya a saber por cuánto tiempo:
    -Por algo se lo dije, Villa, por algo.

 

más "Villa"...

 

 

fragmento de "Villa" (1995), de Luis Gusmán. Publicado por Alfaguara.
© L.Gusmán 1995 © Aguilar,Altea,Taurus,Alfaguara S.A. 1995

 

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