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Un domingo de Verano Las Repúblicas
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Hagamos un pic-nic dijo Odo. La Meme sonrió y movió la cabeza: sísí, sísí. ¡Un qué! gritó Vivi. No grites, Vividijo Mamy. Vivi siempre gritadijo Ofelia desparramando migas por todos lados. Qué andás comiendo vosdijo Ergelinda, como si no tuvieras educación, ni seso, mirate, pero mirate un poco. Sobran hombresdijo Ofelia (más migas) y tragó. Un pic-nicdijo Odoes una comida en el campo. Nos subimos todos al auto con grandes canastos con comida, champagne, manteles, copas y esas cosas sin olvidarse de la sal ni del tirabuzón, buscamos un lindo lugar y allí bajamos, nos sentamos y comemos. Se oyó la vocecita de la Meme: Sí, sídecía, sí, sí. ¿Ven?porfió OdoLa Meme está de acuerdo. Callate, idiotadijo Ergelinda. Con cierta razón, ya que lo único que la Meme decía era sísí, sísí. Bienaimé leía un diario de julio de ese año y de vez en cuando apartaba los ojos y los enfocaba en las piernas de Luci. Luci, bajá esas piernasdijo Aída, vea qué pose para una niña. Ya oíste, Bieni, no mires másdijo Luci. Podríamos, ¿eh?dijo el Piojo. Podríamos quépreguntó alguien, uno de los tíos. Como despedida a Leila. No sé para qué la vamos a despedir a Leila dijo Mamysi después que se case va a seguir viviendo con nosotros. Eso de despedida es una estupidez. La despedimos de solteradijo Ruca. Con un pic-nicdijo Odo. Cómo se las arregló Odo para convencer a todos, y más que a todos a Mamy, eso es un misterio, pero la cosa es que Mamy levantó el tubo del teléfono interno y estuvo pedaleando un buen rato hasta que atendieron en la cocina. Después de decir pero se puede saber qué estaban haciendo que no atendían chinas haraganas bien que se apuran cuando tienen que ir al baile, encargó pollos, ostras, palmitos Creuzier, salmón ahumado, sandwiches de pepino, champagne y helados. El salero y el tirabuzón, no te olvides apuntó el Rata. Y el salero y el tirabuzón y un mantel. ¡Bien planchado! ¡Que yo no vaya a encontrar una arruga, una sola! Y platos y cubiertos y servilletas y copas y pan y café todo en canastos dentro de una hora sin falta. ¿Y la Meme? ¿Llevamos a la Meme? preguntó Faustito. Pero por supuestole dijeron. Uno de los chicos dijo ufa y menos mal que Mamy no alcanzó a ver quién. Bajaron la escalinata, apareció el auto, todo al segundo, cronometrado, perfecto. Mamy aprobó. Los primos y las primas corrieron empujándose. ¡Quietos!gritó Magala. Habráse visto. Primero la Meme, después los mayores, y después ustedes, como corresponde. Se apartaron que ni el Mar Rojo. El gran sillón Chippendale se deslizó majestuoso, o quizá no tanto, trac, trac, trac en las juntas de las baldosas. Sí, sídijo la Meme, sí, sí. El sillón tenía un motorcito comprimido electrónico bajo el asiento que se activaba sin siquiera tocarlo, con control remoto en el anillo de Mamy. Era una joyita que había inventado Luluca un mes justo antes de la explosión que menos mal que fue en la caballeriza a la que le habían trasladado el taller y no en la casa. De Luluca no quedó nada, ni la barba, pero Mamy que está siempre en todo dijo que había que pensar en los compromisos y en que era una noticia como para que esa semana apareciera el diario, así que lo velaron a Vicentito a cajón cerrado. Vicentito era el hijo del segundo jardinero, y le hacía de ayudante a Luluca, y de Vicentito sí había quedado el cadáver entero y hasta con una sonrisa porque estaba leyendo una revista de la colección de Sole lejos del transformador. Dijeron que era Luluca y lloraron y al día siguiente aparecieron los titulares y la crónica en el diario. Mamy dijo que había valido la pena. E1 segundo jardinero dijo que no lo podía creer pero le regalaron una casa y además tenía otros hijos. ¡Tuc! hizo el sillón y se detuvo. Mamy inspeccionó el interior del auto y dio la orden de abordaje. Bajó la rampa, subió el sillón, subió Mamy, después las tías, los tíos, las primas, los primos. Se sentaron, cubrieron las rodillas de la Meme con una manta de guanaco. Se va a morir de calordijo la Tata. No se va a morir nunca de nadadijo el Piojo. Ambas frases al oído una del otro y el otro de una. O: muy juntos andan siempre esos dos, como decía Idita. Y agregaba: demasiado. Porque el casamiento entre primos, ya se sabe, además de lo de la dispensa papal. Mamy levantó el teléfono para hablar con el chófer. Me parece que me corresponde a mídijo Odo, yo fui el de la idea. Si es por esodijo Bobi, Leila es la agasajada, le corresponde a ella. ¡Eso!dijo Robi. Tonteríasdijo Mamy. Sí, sídijo la Meme. ¡Alvaro!gritó Mamy en el teléfono. No se llama Alvarodijo Celeste. Se llama como a mí se me da la ganadijo Mamy con toda razón, y siguió: Alvaro, vamos a ir a. Se interrumpió: ¡Ay!gimió. Qué, qué, qué. ¡Papi! !Nos olvidamos de Papi! Se mandó a Marieta, Biondo, la Tata, Ofelia y el Rata a buscar a Papi. Hay que decir que tardaron bastante. Explicaron que habían recorrido toda la casa y, oh, ah, qué cosa, no estaba en ninguna parte, ¿cómo en ninguna parte?, y, no, pero al fin, ah, oh, lo habían encontrado. Estaba en el salón de la Venus, silbando. ¿Qué silbabas, Papi?preguntó Mamy. Papi sonrió. Allá iba el auto, enorme, negro, suave como una pantera pero del tamaño de una ballena. No se lo puede comparar directamente con una ballena porque dónde se ha visto a una ballena por la ruta y si se hubiera visto seria de lo más torpe e inadecuado. Una pantera, suave, lenta y mortal. Dueña y señora de la ruta. Nada más. Allá arliba, en la cabina, Alvaro miraba hacia el horizonte. Es feo el campodijo Vivi. Silencio, mocosadijo Salo. Respiren hondo el aire purodijo Mamv. ¿Con todos los vidrios cerrados? Respiren hondo el aire acondicionado. Los chicos se rieron. Qué juventuddijo Celeste. Ya no hay respetodijo Ergelinda. Insoportablesdijo Titino. Más y más adentro en el campo amarillo. Un sol amalillo cae a pico sobre la tierra amarilla en la que cadáveres amarillos de árboles amalillos se retuercen de dolor y secos cauces amarillos de ríos amarillos arden y reverberan en la luz. La ruta temblequea, el paisaje se deshace en una gelatina fofa, y la pantera sigue, sigue más hondo hacia el campo, más adentro, más lejos. Hay que llamar al diario esta noche cuando volvamosdijo Aída. Alamy estuvo de acuerdo: A ver, Leila quelida, vos que sos tan imaginativa, si escribís una linda nota acerca del picnic, sin olvidarte de la marca del auto, de la manta de piel de la Meme, mi camafeo y el silbido de Papi. Silbá algo, Papi. Papi sonrió y silbó. Bueno, basta, Papi, está bien. Papi se calló. Andá pensándola, querida. Con un lindo título, llamativo, ¿eh? ¿Dónde hay un lindo lugar?preguntó Luci. No haydijo Bobi. ¡Eso!dijo Robi. En todo casodijo Odo que no se iba a perder el pic-niccomemos en el auto. Entonces podemos comer yadijo Ofelia. ¿No pensás más que en comer vos? dijo ErgelindaEstás hecha un chancho. Chancho o no, seguro que me caso. Se van a pelear por mí cuando yo quiera. Basta, Ofeliadijo Mamy. No me parece bien comer en el auto. Qué tienedijo Odo, retiramos el sillón de la Meme, ponemos las banquetas de los chicos en la parte de adelante y las butacas nuestras atrás, corremos las mesitas, tendemos el mantel sobre las alfombras, nos sentamos en el suelo y comemos. ¡Ahí, ahí!gritaban los chicos¡Ahí, ahí! Los tíos y las tías y Mamy y Papi miraron a través de los vidlios. La pantera, la ballena, el auto negro y suave seguía andando por la ruta caliente. Pero allá a la izquierda, en medio del campo amarillo había una mancha verde. ¡Verde!gritó Pilili¡Verde como las plantas del invernadero! Alvarodijo Mamy en el teléfono. Verde, qué verde tan rarodijo Leila. Tendrías que llamarte Margarita le dijo Faustito. ¿Sabés por qué me llamo yo como me llamo? y le metió la mano por debajo de la pollera. Leila pataleó, abliendo mucho los ojos, sofocada, muda. ¿Qué te pasa, querida?preguntó Mamy. Sí, sídijo la Meme. Faustito sacó la mano, la mano es más rápida que la vista, nada por aquí, nada por allá, Leila juntó las piernas fuerte fuerte. El auto negro enorme salió de la ruta y un poco menos suavemente enfiló por el campo hacia el verde. Para mí que estamos en Ladoctadijo el Puma, dicen que en Ladocta hay campos verdes y hasta un bosque. Macanasdijo Bobi. ¡Eso!dijo Robi. Ni en Ladocta ni en ninguna otra parte hay campos verdes. Esto debe ser una anomalía ecologicometeorológica . Che, que ya tuvimos bastante con Luluca, callate dijo Salo. ¡Eso!dijo Robi a destiempo y Bobi lo miró con severidad. Sí, sídijo la Meme, sí, sí. Además Ladocta queda lejísimos. ¿Vos qué te creías, que íbamos a llegar en dos horas escasas? Tendieron el mantel bajo los árboles sobre la hierba verde tierna y dócil. Los chicos hicieron rondas y jugaron y bailaron. Juegos de manos, juegos de villanos dijo Ergelinda. La Tata le sacó la lengua pero Ergelinda ya estaba mirando para otro lado. ¡A comer, a comer!llamó Mamy. Qué buena idea tuviste, Ododijo Aída cuando terminaron . Odo sonrió con modestia. Silbá, Papidijo Mamy. Papi silbó. Como un cuchillo el silbido, como una navaja, como un hilo de acero en el aire. "Sotto una quercia parvemi", "Celeste Aida", "O rosa fortunata", "Vesti la giuba", "E lucevan le stelle", y el silbido subía subía, bajaba, se tendía, vibraba, echaba chispas, llamas, agua y lágrimas y sangre. "Ah, Manon, mi tradisce" y de pronto alguien gritó. Un grito hace trizas un silbido, está probado. Papi se llamó a silencio. Y ahora qué pasadijo Mamy medio adormilada. Los tíos y las tías abrieron los ojos. Los chicos se incorporaron, asomando entre la hierba, el Piojo dejó el escote de la Tata, Leila avanzó un paso, dos. Estamos rodeadosdijo Bartolo. Tranquilospidió Etelredo, tranquilos. Qui - qui - quiénes sondijo Faustito. Faustito, no tartamudees si no querés andar otra vez con la boca llena de piedrasdijo Mamy. Después miró a su alrededor: No sé quiénes son ustedesdijoni me importa. Evidentemente no son gente de nuestra clase. Tampoco sé lo que quieren pero les aconsejo que se retiren y nos dejen disfrutar en calma de este domingo de verano en el campo. Si piensan en robarnos, se van a llevar un chasco. Como ven, no tenemos nada para darles. Hemos comido todo lo que trajimos y apenas si quedó un ala de pollo y un sandwich de queso para Alvaro. Alvaro es nuestro chófer, que está allí sentado en la cabina del auto y es un fiel servidor que está con nosotros desde hace años. ¿Qué estaba diciendo? Ah, sí, que no tenemos nada. Dinero tampoco. No llevamos dinero encima, nunca, no lo necesitamos. Todo el mundo nos conoce en la República del Rosario, somos la familia más antigua, más distinguida, más poderosa del país. Con decirles que el diario "La Gran Capital" que es el diario más antiguo de la república y de todos los países limítrofes, sale sólo cuando hay algo que decir de nosotros, fíjense. Si están muy necesitados, por supuesto que podemos hacer algo por ustedes, no somos unos desalmados, todo lo contrario, siempre hemos sostenido que el que tiene debe ayudar al que no tiene, siempre hemos hecho caridad y hemos asistido a los pobres. Pero éstas no son maneras, francamente, esto de presentarse así, como salteadores. Tienen que ir a nuestra casa, cualquiera les va a decir dónde queda. Tienen que llamar a la puerta de servicio y explicar claramente la situación en la que están para que veamos qué medidas tomar. Mientras tanto, les agradeceremos que se vayan. No sé adónde viven ustedes, tan lejos de la civilización, pero váyanse allá y dejen que nosotros despidamos de su vida de soltera a Leila en familia, sin intromisiones. Leila es esta cliatura encantadora que ¡Leila!, ¡Leila!, ¡Pero qué estás haciendo! ¡No, Leila, no, eso no se hace!, ¡Qué va a decir tu novio! ¡Leila!, ¡Adónde vas, Leila!, ¡Leilaaaa! El auto negro suave como una pantera silenciosa reina de la selva lustrosa y única, se deslizó por la ruta de vuelta a casa. El sol era anaranjado y el mundo era ceniciento y el verano no se iba a acabar nunca. Más rápido, Alvarodijo Mamy. Insisto en que fue un lindo díadijo Odo. Esta noche voy a tu cuartodijo el Piojo al oído de la Tata. Ella asintió. Quién va a escribir ahora la nota para el diario se lamentó Ida. Yo podría a lo mejor, digo, no sédijo Idita. La fruta podridadijo Bobipudre a las sanas. ¡Eso!dijo Robi. Una lágrima bajó despacito por el cachete de Ofelia. El auto se detuvo. A1 tope de la escalinata, las puertas dobles se abrieron sin ruido. Bajó la rampa del auto, el sillón Chippendale se deslizó hasta el camino de baldosas trac, trac. No se hable más de estodijo Mamy. Trac, trac, hizo el sillón. La Meme levantó la cabeza y los miró a los ojos: Algo ardedijo, desconocido y más rico que los poderosos del mundo, algo arde, escondido en las raíces. ¡Cuidado, hijas de mis hijas, cuidado! Hay dos caminos, !cuidado!, no hay que equivocarse porque ya está ardiendo. El sol se puso: ¿Necesita algo más la señora?preguntó Alvaro.
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