"Lo propio, lo de todos"



G. B.


Si uno es el hombre para la circunstancia
        -¿eh, viejo pugilista,
        cabeza de pájaro rapado?-,
puede lográrselo:
        perseverar
en contradicciones, juntar
lo incompatible,
        y con porciones
de cantos banales, referencias
a vaivenes afectivos, guías turísticas,
flores sobre una mesa, pormenores de chistes,
hacer que la consecuencia sean poemas:
                 lo diurno
y público asociándose a lo secreto,
arduo de soportar,
        como en tu voz, abierta
a tristes generalidades, certificados
de defunción para desconocidos, municipales
servicios de venéreas,
        y hacia la noche, trajinando
por la incertidumbre de lo real,
que auscultas en frío, musicalmente
mantenida en frío pues debe
enfriar la idea,
         y aun enfriarse
tanto que cualquier anhelo de unidad,
de negativa a distinguir qué tenemos
de figuras dobles, esfinges, centauros, cinocéfalos,
se desvanezca por quimérico:
         lo real ha de asirse
         como una nada que vemos
        y otra que no está ante nosotros.

Si se es el hombre indicado, precisamente,
cuando siéndolo no lo sea hay y aquí
porque adivina que su círculo se acaba
con él, se cierra con él mismo,
        y no se admitirá
como dueño sino de melancolías, furia de realizar,
titubeos.
        y sin repugnancia
ni adhesión par lo que produce;

precisamente, ¿eh, rapiñador
advertido de que no hay más que momentos:
                fugaces los éxtasis, arias
la dicha y la perdición?
,
        como lo fijaste hallando
la expresión en una autopsia,
ratas jóvenes debajo del diafragma,
a la vez que discurrías de quitarte
del medio en verano, cuando lo diáfano reina.

(1980)




del libro "Lo propio, lo de todos", de Alberto Girri. Publicado por Sudamericana, 1980. ©