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Mempo Giardinelli habla sobre su novela
Santo oficio de la memoria
Memoria versus olvido, ¿eso es el "Santo oficio de la memoria"?
Bueno, no sé si lo es. Traté de que lo fuera, en fin, los lectores
dirán. . . La novela en realidad es una especie de rendición de
cuentas. Creo que muchos escritores y yo entre ellos, estamos
permanentemente en la desesperación de tener que rendir una cuenta
que nadie nos pide, más que nuestra propia conciencia, nuestra
propia sensibilidad, o nuestra propia pasión. Para mí "El santo oficio de la memoria" surgió el 20 de abril del '82, viendo la guerra de las Malvinas,
azorado, desde México, y pensé que era un lugar común y un material
que iba a escribir. Creo, como Marguerite Yourcenar, que un escritor
es aquel que todo acontecimiento que sucede lo tiene que poner
en palabras. Recordarás aquella imagen de Yourcenar que es maravillosa,
que dice que si a un escritor le tiran un guante en la cara, el
tipo ni se ofende, ni se pone a gritar, ni le da una trompada
al otro, sino que agarra el guante, lo investiga claramente y
escribe un texto sobre el guante. Yo tomé así este hecho. Con
el tiempo me fui dando cuenta de que no tenía ninguna gana, ninguna
vocación, de hacer una novela sobre la guerra de Malvinas, pero
evidentemente esto me había removido mi propia historia personal.
Lo que me preocupaba era ver no tanto lo que pasaba sino de dónde
veníamos. De dónde venía la sociedad argentina para estar aplaudiendo
a Galtieri en la plaza, hecho que no aparece ni existe en la novela,
pero es lo que de alguna manera dominó la parte anterior. Al mismo
tiempo era una especie de prospectiva, de pensar a dónde íbamos
a ir. A la vez se me revolvía toda una cuestión cultural, de pertenencia;
yo soy hijo de inmigrantes, somos un país aluvional, y de repente
me fui dando cuenta, a partir de leer material sobre la historia
de las Malvinas, de que había una serie de hechos que en la historia
argentina se venían cruzando y que yo quería de alguna manera
novelarlos. Yo no soy un ensayista, no soy un filósofo ni un pensador,
solamente soy un escritor, un ficcionista, un tipo que tiene algunas
ideas de la realidad y le mezcla un poquito de imaginación y hace
un cóctel medio bastardo y sale literatura.
Por un lado, es una novela histórica porque traza un paralelo
entre las décadas del '80 y el '90 en el siglo XIX y en el XX,
paralelo que a mí me sorprendió mucho. Yo he escrito algún artículo
en Página/12, trazando un poco el paralelo entre lo que fue el roquismo, como
previo a Juárez Celman, y lo que fue el proceso, el alfonsinato,
para llegar al menemismo. Casualmente empecé a encontrar conductas
sociales que se repetían. Siempre había pensado que alguna vez
quería escribir la historia de mis abuelos y mis bisabuelos, que
es un poco ver también la italianidad en la Argentina, de alguna
manera explicar esa cosa tan rara e indefinible que es el ser
nacional. Explicarlo desde una ficción y desde la no explicación,
simplemente poner la duda sobre la mesa, ponerla en negro sobre
blanco. Es una novela histórica, sobre la inmigración, y a lo
largo de varias generaciones viene recorriendo los distintos cruces
históricos, que son los cruces dramáticos de nuestra historia:
memoria versus olvido, vida-muerte, noche-día, pacificación-violencia,
intolerancia-democracia. Hay una serie de dicotomías, es una cosa
muy doble, una especie de gran esquizofrenia que va recorriendo
la historia argentina. Al mismo tiempo hice una novela en la que
quise meterme con un montón de temas que para mí tenían que ver.
Es una discusión sobre la literatura argentina, y también quise
hacerla ahí porque la literatura argentina acompaña y se contrapone
con la historia. Los epígonos literarios de la Argentina, son
en general gente que pertenece a élites que difícilmente llegan
a ser valores populares. Por ejemplo, todo el mundo sabe hoy quién
fue Roberto Arlt, pero no deben ser 50 mil argentinos los que lo tienen bien leído.
Todo el mundo sabe que Borges murió en Ginebra, que se peleó con
Fanny, que María Kodama y no sé qué cosa, pero a Borges no lo han leído 100 mil argentinos, y completo a Borges no creo
que lo hayan leído 20 mil. Yo quería discutir todo esto, quería
plantearlo en confrontación con una cultura universal que nos
ha ido creando también el mito de que los argentinos éramos los
cultos de América, que éramos superiores. Hay una conciencia racista,
clasista y machista que creo tiene una gran base en la italianidad.
En mi novela aparece todo esto, con personajes tan disímiles como
Dante, o Virgilio, porque creo que de alguna manera el mundo romántico
también se va vinculando con las oligarquías argentinas; los sueños
oligárquicos de los argentinos. Esta cosa de que "seamos pobres
pero que no se note". La hipocresía nacional, un montón de conductas
que yo quería que ahí se plasmaran. La novela en este sentido
por ahí supera mi capacidad. Lo único que puedo decir como autor
es que espero que nadie se aburra. Traté de hacer una novela entretenida,
juguetona, por lo menos poder darlo de manera muy compleja, pero
no plomaza, que es una de las cosas que a mí como lector profesional
siempre me interesa. Eso es lo que puedo decir de la novela. Es
un gran damero, una obra muy compleja, donde desde el punto de
vista experimental literario no hay un narrador.
extraído del reportaje de Mona Moncalvillo a Mempo Giardinelli
aparecido en la revista "Humor", 1991.
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