|
EL OTRO JUAN GELMAN
La mirada del periodista
Nueva
prosa de prensa
Por
JUAN GELMAN
(Vergara)-335 páginas
Un
poeta es como cualquier hombre, pero cualquier hombre no es un poeta",
diferenció Raúl González Tuñón. Para
hablar de Juan Gelman habría que agregar a las condiciones de "no
cualquier hombre ni cualquier poeta" la virtud de destacarse también
como periodista.
Y la comprobación de lo dicho es sencilla: basta con leer los más
de cien artículos escritos para el diario Página 12 entre
mayo del 96 y octubre de 1998 y reunidos en el libro Nueva prosa de prensa
(que continúa la compilación Prosa de prensa que Ediciones
B publicó en 1997).
Cada una de las notas es un entramado que une con destreza los personajes
y los hechos para dar cuerpo al argumento. Gelman camina el trecho que va
de la anécdota a la idea, del personaje a la conclusión. Y
comparte la caminata con un lector atento y sensible.
Si el día a día entorpecía la invitación del
periodista, el salto del diario al libro facilita el paseo. Sugiere la recorrida
pausada. Y, como en una visita guiada, Gelman nos lleva de los deseos negados
y delatados en otros para alimentar las hogueras de la Inquisición
mexicana al secreto de la pintura de Cézanne y el derrumbe social
de Lautremont. De las diferencias entre el aventurerismo de André
Malraux al arrojo revolucionario de Hemingway. Del prohibido desenfreno
sexual de Mae West al implacable despojo contemporáneo del que fue
víctima la poesía encendida de Safo de Lesbos, de la que nos
llegan unos pocos retazos desde hace 2.600 años.
La prosa de Juan Gelman devela el mismo trabajo artesanal que su poesía
(Violín y otras cuestiones (1956), El juego en que andamos
(1959), Cólera buey (1965), Si dulcemente (1980), son
algunos de sus títulos). Porque, lejos del desdén con que
otros escritores se han referido a la prensa -a la que se dedicaron con
el único objetivo de cubrir los baches financieros que ocasiona el
dedicarse a la poco rentable pasión de la palabra-, la ha descripto
como "un género literario más" que habita "la
misma casa que la poesía aunque, con seguridad, en pisos diferentes".
Su prosa tiene la sustancia que la vivencia destila después de muchos
años. Fue puliendo su oficio en las redacciones de La Hora (periódico
comunista), la agencia china Sinjua, el semanario Panorama, el notable suplemento
cultural del diario La Opinión (que pensó y dirigió
entre el 71 y el 73), el diario montonero Noticias (que clausuró
el comisario Villar, fundador de la fatídica Triple A), la revista
cultural Crisis (de la que fue secretario de redacción), la agencia
de noticias IPS de Roma (donde dirigió la red latinoamericana de
corresponsales) y el diario Página 12.
En el recorrido que propone Nueva prosa de prensa hay un tema que
el autor jamás abandona: el de la reflexión sobre el Holocausto
judío y la masacre perpetrada por la última dictadura argentina.
Como si se tratara de las piedritas de ladrillo de las viejas plazas: es
imposible evitar su sonido apagado y la sensación de caminar sobre
ellas, aunque fijemos la atención en otra cosa. Para hablar del drama
nacional (en ese período asesinaron a su hijo y desaparecieron a
su nuera y su nieta o nieto) pasa de la descripción desnuda ("Archivos
del mal") a la teatralización ("Teatros") y a textos
de una intensidad que duele como en "Reinas", que comienza con
un poema que Ana María "Loli" Ponce le entregó a
otra secuestrada de la ESMA antes de ser "trasladada".
De junio de 1998 data otra de esas notas impresionantes donde al
periodista y al poeta los supera el hombre. En "Miradas" abordó
lo que considera "el peor de los crímenes": el robo de
bebés, muchos nacidos de madres encapuchadas de las que no percibieron
más que el aliento desesperado de la condenada. "El bebé
era robado hasta la mirada de su madre", denuncia.
La acidez y la ironía se derraman como tinta en sus análisis
sobre la realidad argentina, una cotidianidad a la que permanece unido sin
que pese la distancia que media entre la Argentina y México DF, ciudad
en la que vive. Como en toda su prosa, hasta en sus reflexiones más
"calientes" la tipografía de su ilustración marca
el papel. Encuentra, por ejemplo, que la flexibilización menemista
es tan retrógrada como el "Reglamento de Personal" que
la comuna de Lausana -Suiza francesa- promulgó en 1882; o cuando
observa que el poder de convocatoria de Arthur Miller salvó de la
pena de muerte a un todavía ignoto escritor nigeriano Wole Soyinka
(posteriormente Premio Nobel de Literatura) pero no detuvo la firma presidencial
de los indultos a militares argentinos.
Gelman se reserva la potestad de unir los hechos y las cosas más
disímiles que resalta en el filósofo y aforista alemán
Georg Christopher Lichtenberg ("Relaciones"). Sus operaciones
literarias descartan la asepsia del periodismo actual. Prefiere el periodismo
de opinión. Como a Lichtenberg, le causan "dolor las cosas que
a los otros sólo les dan lástima". Y lo dice.
ANA LAURA PEREZ
|