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Clarin Digital | Domingo 04 de julio de 1999 | Cultura

 

EL OTRO JUAN GELMAN
La mirada del periodista

Nueva prosa de prensa
Por JUAN GELMAN
(Vergara)-335 páginas

Un poeta es como cualquier hombre, pero cualquier hombre no es un poeta", diferenció Raúl González Tuñón. Para hablar de Juan Gelman habría que agregar a las condiciones de "no cualquier hombre ni cualquier poeta" la virtud de destacarse también como periodista.

Y la comprobación de lo dicho es sencilla: basta con leer los más de cien artículos escritos para el diario Página 12 entre mayo del 96 y octubre de 1998 y reunidos en el libro Nueva prosa de prensa (que continúa la compilación Prosa de prensa que Ediciones B publicó en 1997).

Cada una de las notas es un entramado que une con destreza los personajes y los hechos para dar cuerpo al argumento. Gelman camina el trecho que va de la anécdota a la idea, del personaje a la conclusión. Y comparte la caminata con un lector atento y sensible.

Si el día a día entorpecía la invitación del periodista, el salto del diario al libro facilita el paseo. Sugiere la recorrida pausada. Y, como en una visita guiada, Gelman nos lleva de los deseos negados y delatados en otros para alimentar las hogueras de la Inquisición mexicana al secreto de la pintura de Cézanne y el derrumbe social de Lautremont. De las diferencias entre el aventurerismo de André Malraux al arrojo revolucionario de Hemingway. Del prohibido desenfreno sexual de Mae West al implacable despojo contemporáneo del que fue víctima la poesía encendida de Safo de Lesbos, de la que nos llegan unos pocos retazos desde hace 2.600 años.

La prosa de Juan Gelman devela el mismo trabajo artesanal que su poesía (Violín y otras cuestiones (1956), El juego en que andamos (1959), Cólera buey (1965), Si dulcemente (1980), son algunos de sus títulos). Porque, lejos del desdén con que otros escritores se han referido a la prensa -a la que se dedicaron con el único objetivo de cubrir los baches financieros que ocasiona el dedicarse a la poco rentable pasión de la palabra-, la ha descripto como "un género literario más" que habita "la misma casa que la poesía aunque, con seguridad, en pisos diferentes". Su prosa tiene la sustancia que la vivencia destila después de muchos años. Fue puliendo su oficio en las redacciones de La Hora (periódico comunista), la agencia china Sinjua, el semanario Panorama, el notable suplemento cultural del diario La Opinión (que pensó y dirigió entre el 71 y el 73), el diario montonero Noticias (que clausuró el comisario Villar, fundador de la fatídica Triple A), la revista cultural Crisis (de la que fue secretario de redacción), la agencia de noticias IPS de Roma (donde dirigió la red latinoamericana de corresponsales) y el diario Página 12.

En el recorrido que propone Nueva prosa de prensa hay un tema que el autor jamás abandona: el de la reflexión sobre el Holocausto judío y la masacre perpetrada por la última dictadura argentina. Como si se tratara de las piedritas de ladrillo de las viejas plazas: es imposible evitar su sonido apagado y la sensación de caminar sobre ellas, aunque fijemos la atención en otra cosa. Para hablar del drama nacional (en ese período asesinaron a su hijo y desaparecieron a su nuera y su nieta o nieto) pasa de la descripción desnuda ("Archivos del mal") a la teatralización ("Teatros") y a textos de una intensidad que duele como en "Reinas", que comienza con un poema que Ana María "Loli" Ponce le entregó a otra secuestrada de la ESMA antes de ser "trasladada".

De junio de 1998 data otra de esas notas impresionantes donde al periodista y al poeta los supera el hombre. En "Miradas" abordó lo que considera "el peor de los crímenes": el robo de bebés, muchos nacidos de madres encapuchadas de las que no percibieron más que el aliento desesperado de la condenada. "El bebé era robado hasta la mirada de su madre", denuncia.

La acidez y la ironía se derraman como tinta en sus análisis sobre la realidad argentina, una cotidianidad a la que permanece unido sin que pese la distancia que media entre la Argentina y México DF, ciudad en la que vive. Como en toda su prosa, hasta en sus reflexiones más "calientes" la tipografía de su ilustración marca el papel. Encuentra, por ejemplo, que la flexibilización menemista es tan retrógrada como el "Reglamento de Personal" que la comuna de Lausana -Suiza francesa- promulgó en 1882; o cuando observa que el poder de convocatoria de Arthur Miller salvó de la pena de muerte a un todavía ignoto escritor nigeriano Wole Soyinka (posteriormente Premio Nobel de Literatura) pero no detuvo la firma presidencial de los indultos a militares argentinos.

Gelman se reserva la potestad de unir los hechos y las cosas más disímiles que resalta en el filósofo y aforista alemán Georg Christopher Lichtenberg ("Relaciones"). Sus operaciones literarias descartan la asepsia del periodismo actual. Prefiere el periodismo de opinión. Como a Lichtenberg, le causan "dolor las cosas que a los otros sólo les dan lástima". Y lo dice.

ANA LAURA PEREZ

 

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