Sobre
Cuentos de Vendavalia
de Carlos Gardini
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Carlos Silveyra, Clarín, 28/7/1988
Isabel Da Rosa, Criterio, 8/9/88
Verónica Podestá, La Nación, 21 de agosto de 1988
Carlos Silveyra, Clarín, 28/7/1988
Carlos Gardini nos propone un lugar (¿un planeta?) llamado Vendavalia en el cual transcurren los dos cuentos que componen este atrayente e inquietante libro para chicos.
En «Un pájaro del amanecer» cuenta la historia de Lunario, un niño que no se conforma con vivir en un sitio donde el aire no se mueve. Lunario necesita de la brisa y del vendaval y, precisamente por eso, es un «lunático», un «diferente», porque se permite cuestionar «lo que siempre ha sido».
Cierto día una piedra negra cae sobre su cabeza, y entonces este émulo de Newton inicia un largo periplo. No contaré las vicisitudes del viaje. Tal vez alcance con decir que llega hasta esa región en que los hombres de piedra tapan la boca de un volcán para que no escape de su interior el aire que se mueve. Los hombres de piedra también son los encargados de mantener el statu quo. Con un ardid, Lunario logra que comiencen a destapar el volcán y entonces una gran explosión lo eleva por los aires y en ese elevarse se convierte en el pájaro azul y rojo, descubridor del viento.
«El palacio al revés» transcurre en Salpicondia, un reino de Vendavalia. Allí el emperador Hantojur emprende la construcción de un gigantesco palacio -de cien pisos- que debe ser edificado de arriba para abajo. A pesar de ser sostenido por ingentes columnas humanas el palacio se derrumba ¡hacia el cielo! Un enorme boquete succiona al palacio primero y al propio rey después.
Un nuevo emperador se sienta en el trono y, luego de varias concesiones demagógicas para con el pueblo, propone una nueva manera -más delirante aún que la de su antecesor- para construir un palacio al revés.
Dos cuentos cargados de símbolos abiertos a indefinidas lecturas. Gardini emplea un lenguaje riguroso sin caer en solemnidades. Es más: tal vez su mayor hallazgo e este sentido sea el permanente uso de la ironía, el humor socarrón que escapa de cada línea de texto, casi siempre gracias a una sabia combinación entre un lenguaje elaborado y el cotidiano.
Un pequeño reparo para esta excelente opera prima de Gardini en materia de literatura infantil: son relatos bien contados aunque comete ciertos «deslices» metafóricos que tornan compleja la comprensión de algún pasaje para chicos de nueve años, como sugiere la contratapa.
No estoy abogando aquí por un lenguaje simple y pueril que no mejore a los chicos como lectores. Por el contrario. Pero sucede que si en un mismo párrafo -de construcción compleja- transponemos la cotidianidad de la palabra en varios lugares, el resultado puede tornarse hermético, inabordable. Ejemplifico: «Y mioentras el pájaro perseguía el resplandor azul de las lunas, la luz roja del sol alumbró una mañana de nacimientos».
Las ilustraciones de Marcelo Elizalde son impecables. Domina el espacio con un trazo suelto en un solo color. Donde se demuestra que un artista talentoso no necesita, invariablemente, de una copiosa paleta.
Un pequeño párrafo final para el diseño gráfico de la colección, a cargo de Helena Homs. Desde el logotipo hasta la elección de la tipografía pasando por la visualización de las páginas interiores, nada desentona.
Un extraño equilibrio y un buen gusto no muy frecuentes en nuestras ediciones para niños en esta colección dirigida por Canela.
Recomendado a partir de los 10 años.
Isabel Da Rosa, Criterio, 8/9/88
Dirigida a un público muy especial (lectores a partir de los nueve años), al que en general se rehúye debido a las dificultades que plantea toda propuesta que lo tenga como destinatario, ha sido publicado en la Colección Pan Flauta de Editorial Sudamericana la nueva obra narrativa de Carlos Gardini, Cuentos de Vendavalia, su primera incursión en la literatura infantil.
«El pájaro del amanecer» inicia la historia. El personaje, Lunario, es un perseguidor de supuestos imposibles, un soñador obsesivo en busca de la concreción de una fantasía que no le permite descansar: la existencia de aire en movimiento, la creación del viento, ya que «no había viento en Vendavalia (el planeta) y ni siquiera se cnocía la palabra». La consecuencia inevitable de este comportamiento es que para todo el pueblo, Lunario es un loco incorregible.
Una piedra que le golpea con fuerza le hace abrigar la esperanza de que su sueño puede realizarse. Sale de su mundo conocido en busca de la metáfora que le pertenece; el niño-símbolo parte.
Luego de un largo peregrinar, encuentra a los hombres-piedra, hombres grises, medio seres que al igual que autómatas se dedica a tapar con rocas la boca de una montaña que «escupe piedras para arriba». Ellos son los guardianes del aire en movimiento. Cuando después de un ardid, Lunario está a punto de liberarlo, el miedo, ése que siempre surge cuando se emprende el camino de la transformación, lo invade; pero ya es tarde. Los hombres-piedra, en su rodar, llegarán a gastar su envase rocoso y surgirán como seres de carne y hueso. Lunario, en su volar devendrá pájaro rojo y azul, el pájaro del amanecer, el momento del día en que todo está por hacerse, en el que todo está por nacer. El planeta, «en un espasmo de miedo, dolor y alegría», se transformará en «una gran palabra, en una gran carrera».
Otros vientos soplarán en «El palacio al revés», el segundo cuento del volumen. La búsqueda de la libertad será reemplazada por la obediencia ciega de los designios del emperador que un día llega a existir en Vendavalia. Ya no sedestacará el buscador de sueños sino un exigente amo de conciencias dormidas que acatan absurdos con un encogimiento de hombros y que delegan el don de pensar y de decidir.
En estos cuentos, el pequeño, lector, tal vez orientado por los adultos, irá hallando lo que su capacidad de discernimiento le permita; en esto reside la mayor virtud del libro. El autor brinda al niño la posibilidad de lograr sus propias interpretaciones del contenido, las cuales, sin dudarlo, se irán enriqueciendo a medida que vaya ampliando su horizonte de conocimientos.
El respeto con que es tratado el destinatario de estas narraciones se pone también de manifiesto en las ilustraciones de Marcelo Elizalde, perfecto complemento del texto por su ejemplar sentido de la síntesis en la creación de personajes y en la sugerencia de mundos.
Verónica Podestá, La Nación, 21 de agosto de 1988
«En los primeros tiempos no había viento en Vendavalia. Había piedras, árboles, hombres, llanuras y montañas, todo como ahora. Pero no había viento, así que nada era como ahora». De este modo tan curioso comienza «El pájaro del amanecer», un cuento de Vendavalia, muy ventoso, por cierto, aunque al principio no existía el viento.
Lunario soñaba, siempre soñaba. Deseaba un mundo que fuese una gran palabra, un gran festín, una gran carrera... pero, sin el viento, todas estas fantasías no eran más que eso: fantasías.
Sin embargo, cierto día, gracias a una misteriosa piedra, Lunario vivió aventuras que se transformaron en magia y la magia lo convirtió en pájaro del amanecer, un pájaro que cambió al mundo, y fue, finalmente, una gran palabra, un gran festín, una gran carrera.
Y siguen los líos en Vendavalia, pero esta vez, en otro cuento, «El palacio al revés». Resulta que había una vez un emperador tirano, muy vanidoso, antojadizo y un poco loco. Hoy quería una cosa... mañana otra... y siempre una más disparatada que la anterior.
¿saben qué se le ocurrió la última vez? ¡Nada menos que un palacio! ¡Y de cien pisos! Eso sí, indestructible, inmortal. Ah, y algomás: ¡este extraño palacio debía ser hecho al revés! Y el pueblo se resignó; los emperadores eran emperadores y los demás ponían el hombro. Pero no tienen ustedes ni la más remota idea de lo que sucedió después. ¡Insólito!, ¡increíble!, ¡imposible!, ¡todo-in!
Los invito a transportarse al planeta Vendavalia viajando con la imaginación a través de la traviesa pluma de Carlos Gardini y de las magníficas ilustraciones de Marcelo Elizalde. Cuando regresen, me cuentan.
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