Sobre
Primera línea
de Carlos Gardini
(Ed.Sudamericana)
algunos cuentos:
Primera línea
Reliquias
Cesarán las lluvias
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Jorge Carnevale, Clarín, 22-2-84
Buenos Aires Herald, 15/1/84
Oscar Hermes Villordo, Humor (1984)
Angel Mazzei, La Nación, 5-2-84
Jorge Carnevale, El Observador, 16-3-84
Salimos, 12-4-1984
Primera Plana, 20-1-1984
Jorge Carnevale, Clarín, 22-2-84
Parece casi obligado, en una primera lectura, remitir al género fantástico estos dieciocho cuentos trabajados con intensa precisión por Carlos Gardini. Si, como afirma Tzvetan Todorov, "la primera condición de lo fantástico es la vacilación del lector", o bien "esa impresión de extrañeza irreductible", en opinión de Roger Caillois, estamos ante una acabada muestra de esa literatura siempre inquietante que ocupa el ambiguo espacio que va de lo cotidiano a lo irracional.
En Primera línea, sin embargo, desde el primer relato se destierra el asombro y se instala el horror. En ese clima de pesadilla permanente, pero no exaltada, la muerte, la destrucción, la desesperanza, la patética nostalgia de un tiempo irremediablemente perdido serán las constantes.
Como zombies que ya a nadie asustan, los muertos se pasearán por casas y hospitales, vagarán solitarios y ajenos al fastidio que producen en sus familiares vivos, se negarán a la oscuridad del sepulcro, apenas convertidos en sombras irritantes. Extrañas criaturas se dejarán cazar casi dócilmente en la costa, posibilitando un comercio que deleite a los turistas ("Otros tiempos").
En esa estremecedora ciudad-fantasma que dibuja claramente Gardini en cada cuento, una cabeza encontrada en la playa se convertirá en preciada reliquia; una lejana y anhelada torre de piedra crecerá hasta diluirse en esquiva leyenda; una vieja casona cuyos ventanales dan alternativamente a una selva, una superficie nevada o un arenal no encontrará quien la compre.
Por último, si hacía falta, la guerra, como imprescindible escenario de ajenidad y despersonalización, en el que resulta ya imposible detectar al enemigo. A lo largo de cinco títulos ("Fuerza de ocupación", "Blitzkrieg", "Tierra de nadie", "Caídos" y "Primera línea"), el autor convierte el tema bélico en un espacio recurrente y sin salida. En el último (premiado en 1982 en el concurso de cuentos que organizó el Círculo de Lectores), un ejército de mutilados, armados con prótesis de acero que los convierten en máquinas de exterminio, se erige como escalofriante y cercanametáfora de un entorno descompuesto y condenado. En todo momento, el discurso "fantástico" de Gardini refiere a lo inmediato. "Yo no sueño nada", dice uno de sus personajes, "es como si el horror me hubiera cortado los sueños".
Buenos Aires Herald, 15/1/84
Editorial Sudamericana recently published Primera línea (Front Line), a wonderful book of short stories by 35-year-old Carlos Gardini who last year was the winner of the first prize at the Reader's Club Competition of Argentine Stories.
Among other achievements Gardini has produced remarkable translations of such English and American literature masters as Robert Graves, W. H. Auden, William Shakespeare, Herman Melville, Henry James and others.
Primera línea, the book which won Gardini the Reader´s club award, reflects phantasmagorical aspects of the events which took place during the Malvinas war en 1982.
One of his characters says at one point: "Life is a bad dream with no identities". And this fact put forth by the author reaches unusually realistic heights in "Fuerza de ocupación" (Occupation Force) one of the most outstanding tales in this 172-page book.
Oscar Hermes Villordo, Humor (1984)
Seguramente en la memoria de todos está Apocalypse Now, la película sobre la guerra de Vietnam, y seguramente también lo estará The Day After, con su carga de espanto, pero lo que es inevitable o indudable en su presencia será este mundo que nos presenta Carlos Gardini en su Primera línea. Gardini, hay que decirlo de entrada, es el ganador del primer premio del certamen de cuentos del Círculo de Lectores cuyo jurado estuvo integrado por Jorge Luis Borges, Josefina Delgado, José Donoso, Jorge Lafforgue y Enrique Pezzoni. Aquí, en estos cuentos que transcurren en un planeta en exterminio y en un hombre en liquidación en cuanto a criatura humana, ese paisaje espantosamente cruel y desolado parece ser una respuesta a tanto horror, a tanta insesatez de armamentismos y soberbias encaramados precisamente en la cúspide del poder. Y éste es un valor fundamental, su "mensaje" cifrado.
Primera línea no es un alegato, sin embargo. Gardini está signado por el paisaje de referencia, nada más. En cuanto a escritor, a creador de mundos de ciencia-ficción, la actitud es otra, y se percibe desde el estilo impecable, al servicio de la acción. Con Gardini aparece un narrador de estilo vigilado, un cuentista atento al interés de su historia (la que cuenta) y, por sobre todo, un escritor que piensa el mundo que le toca vivir desde las premisas y avances que otros escritores han dado por ciertas o sentadas. Leerlo es internarse en el callejón sin salida de una tecnología deshumanizada (los efectos de la guerra "sofisticada" son analizados con minucia y visión de futurólogo) y de un hombre que ha perdido la noción del fin último.
Hombre de su tiempo, Gardini sabe transcribir con eficacia los estados de la conciencia (¿o la inconsciencia?) de la situación actual del mundo. Enarbola, empero, ante la destrucción total a la que los apocalípticos dice que se encamina nuestra zarandeada Tierra, la idea de una trascendencia que parece encarnarse en símbolos poéticos. En él -a la manera de los escritores trascendentales-, la verdad de la vida del hombre no es una simple palabra.
Citar algunas de las piezas que componen el equilibrado volumen sería injusto para las excluidas. Primera línea posee la rara cualidad de la excelencia en cada uno de sus relatos, a tal punto que podría decirse que el libro es uno solo, no está compuesto por distintas partes que enfocan el tema desde diversas situaciones. Acierto del joven narrador que debe tomarse en cuenta, especialmente si se considera que no hace concesiones extraliterarias.
Angel Mazzei, La Nación, 5-2-84
La cualidad dominante del contenido de estos cuentos es su tensión dramática consecuentemente expresada. En todos ellos no decae en momento alguno la fuerza casi intrépida de la narración, donde hay como un desdoblamiento de la realidad (que, como se sabe, contiene todas las fantasías posibles) que avanza hacia los planos de la obsesión, de la angustia y de la inexorable frustración final. La presencia de los maestros del género está asimilada y, en algunos casos, la visión transportada a otros ambientes -el de la guerra, por ejemplo, que actúa con ostensible recurrencia- se enriquece sin perder la seguridad, el poder dominador de los personajes y los conflictos.
El final admirable de "Otros tiempos" lo comprueba, tanto como en "Fuerza de ocupación" no se sustrae del todo a la imagen de un Hemingway, que no desdeña equilibrar la brutalidad, la magia y lo insólito con probada eficacia. En otra dirección, igualmente válida, se engarzarán los símbolos de "Los cristales" y se asiste a la desolación trágica de "Pablito durmiendo" o a la punzante verificación de la infancia que no logra respuestas en "Blitzkrieg".
La ironía acidulada y amarga se muestra en "La meca de nuestros sueños" y en "El fruto del heroísmo". Como en "La torre de piedra", lo fatal espía o acecha sin alcanzarse a distinguir si se trata de una condena o de una redención. En esta "pesadilla cíclica" lo cotidiano, como un espejo astillado, propone desconcertantes imágenes lúcidas, anudadas por una comprobación dolorosa, la del desarme humano frente a las fuerzas ocultas. En este mensaje, coherentemente transmitido en todo el libro, el cuento que le da su título (premiado en el concurso del Círculo de Lectores) tiene un estremecido, un estremecedor poder de convicción, avalado por el rigor de su economía expresiva (172 páginas).
Jorge Carnevale, El Observador, 16-3-84
A la hora de las categorías y los géneros -esas etiquetas arbitrarias- el crítico vacilará seguramente, ante estos dieciocho cuentos "extraños" de Carlos Gardini. Vagas resonancias de Dino Buzatti, del primer Lovecraft, le traerán estas narraciones donde el protagonista no es otro que el horror.
¿Relatos fantásticos, o de anticipación? Importa poco, en realidad. Vale la pena, en cambio, subrayar que en todo el libro campea esa sensación de ajenidad, de extrañamiento y vértigo de cualquier pesadilla. En esta atmósfera de espanto sin asombro, los muertos se pasean como zombies por casas y hospitales, solitarios, patéticos e indiferentes al fastidio que provocan en sus familiares vivos. Curiosas criaturas se dejarán cazar sin defensas en la costa, dando lugar a un comercio que deleita a los turistas ("Otros tiempos").
En esa ciudad-fantasma que tan bien dibuja Gardini, con precisión de orfebre, una mítica torre de piedra crecerá hasta diluirse en leyenda inaprehensible; una casona cuyos ventanales dan alternativamente a una selva, un espacio nevado o un arenal, se quedará sin comprador, pese a su magia.
Hay una obsesiva recurrencia temática, que surca casi todos los cuentos: la guerra, como escenario despersonalizado, donde el enemigo se diluye y confunde a cada instante. Cinco títulos ("Fuerza de ocupación", "Blitzkrieg", "Tierra de nadie", "Caídos" y "Primera línea") le bastan, sin embargo al autor, para convertir el terreno bélico en un espacio sin salida.
En el último (premiado en 1982 en el concurso de cuentos organizado por el Círculo de Lectores), un ejército de mutilados, cuyas prótesis de acero los convierten en feroces máquinas de aniquilación, cierra el tapiz, a la manera de escalofriante metáfora sobre un entorno donde difícilmente quepa la esperanza.
Libro tremendo, acaso insoslayable. Obra de un narrador de raza.
Salimos, 12-4-1984
Los relatos de Gardini sobrecogen y horrorizan. Porque es un horror cotidiano, palpable y poderoso. Si tuviéramos que extraer un leitmotiv, diríamos que es la presencia de la muerte, aunque los personajes estén vivos. En los relatos se advierte una temática alucinante poblada de muertos, en una realidad-fantasía cruel donde apenas se asoma la esperanza. Si bien cada relato es unitario, el hilo conductor es el horror por un presente patético y un futuro insoluble. Ni siquiera la niñez se salva ("Pablito durmiendo"). La añoranza de un hospital ("Los muertos"), la dura realidad postrera a la guerra ("Blitzkrieg", "Tierra de nadie", "Caídos", "Primera línea"), los sueños infernales ("Los muertos"), la vida en contacto con la muerte ("Durmiente") son algunos de los temas que prevalecen en cada historia. "Primera línea", el cuento que dio nombre al libro, recibió en 1982 el primer premio del Primer Concurso de Cuento Argentino del Círculo de Lectores. Es un relato estructurado a partir de las mutilaciones físicas y morales de los heridos de guerra. Aparece un mundo enajenado de héroes mutilados que a través de una unidad especial (MUTIL) se los implementa para retornar a la guerra como héroes. "Estaban allí porque los mutilados eran una carga en la paz, una pensión costosa para el Estado, una aflicción para los parientes, muertos en vida. Pero tenían algo más,mucho más que los enteros. Tenían temple. No eran la resaca, eran la élite. El que no pensara así podía pedir la baja y pudrirse en la vida civil, una vida llena de llantos, pensiones y recriminaciones sordas".
Con la sola lectura de este cuento, el lector advierte la garra de un escritor de verdad. Al leerlos todos, descubre que Carlos Gardini es un escritor con mayúscula.
Primera Plana, 20-1-1984
La literatura de ciencia ficción, una de las más expandidas en el mundo contemporáneo, y de relevados méritos, en nuestro país parece afirmarse al compás de nuevos escritores que han sumado su interés en la materia, y trabajado para conseguir un prestigio dentro de un mercado que se movilizaba sin mayor trascendencia. Ahora, el cuadro de situación ha comenzado a revertirse y el estilo fantástico va imponiendo sus criterios. En este rumbo, el cuento de Gardini logra recrear el maravilloso espectáculo de los sueños otorgándoles el carácter de primer personaje, y de igual manera a través del resto de los relatos, se encuentra esa vena abierta que significa la realidad fantática. Esta obra es recomendable, no sólo para el lector que gusta de la temática, sino para aquellos que buscan nuevos horizontes en sus lecturas cotidianas.
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