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del libro
La parca, enfrente
de Luisa Futoransky
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Dentadura
Batallas sangrientas, perdidas de antemano por cada una
de mis muelas y mis dientes
un mapa con banderilleo de privaciones y cercenamiento
cuyas trazas se pierden
en las mismas, reiteradas escaleras
que conducen a idénticos tronos
de aprensión, oprobio
y pánico
Carradas de nombres, moldes en yeso vaciados de significado
como maxilares caninos molares
para quedar con una sola referencia elemental:
los de adelante, los de atrás
los de arriba, los de abajo;
como los primeros pasos de Buda
desnudo
en el mundo
hostil
Incisivos de vampiro de morsa
roedores
caricaturas, puertas primeras que revelan
a los hombres
del poder
Romper/ no romper
rechinar
los dientes
Oh! mis dentistas con sus pinzas
gasas
jeringas
puentes
coronas
falsas anestesias del mundo entero
manos singulares que me arrancaron
una a una las raíces del juicio
y cada tanto, a falta de tantas cosas
me prescriben tabletas que adormecen
bacterias sin sosiego
Encías
residuos
sueños
Refulgente
la sonrisa kolinos o colgate
brilla desde nunca
por su permanente
desguarnecida
ausencia
Arles, enero 95
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Panda boludo
Inexorable: El panda se extingue. Se le dio por nutrirse con un bambú que
se da cada mil años. O más.
¿Vale la pena el emperro, aguantándose los zoos, los guardianes, la
anorexia, la industria de los recuerditos?
Con tanto pasto creciendo por ahí.
Teoría de la relatividad
Olvidar es parte de la misericordia
¿o de la venganza?
En el pase inglés, el siete de entrada gana
y en el medio, pierde.
Corrida
Las mujeres tiran al ruedo bragas ensangrentadas con claveles a Jesulín
de Ubrique, torero, quien a su vez viene a la arena de su finca con uno de sus
veinte Mercedes, y almuerza ligerito; sopa de arroz, lenguado rebozado y un
yogur. En el coso de Aranjuez corta hoy dos orejas, y sus seguidoras fueron
8.500.
¿Cuántas bragas, cuántos claveles, cuánta sangre?
Pero ni el exceso ni la carencia sacian.
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Slow
Lo más atroz de la infancia es la sumisión.
Casi al filo de lo irreparable.
Estofado
Escribir con la paciencia de un entomólogo, la displicencia de un dandy y
la febrilidad del buscador de oro.
El poema, la más frágil transparencia nupcial.
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Los leones del puente roto, Arles
partir
una sombra
un vaso
florecer
con el soplo
y la corriente
en lejanos manicomios
los ausentes
pierden
derecho
a la palabra
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Amor de Omar--Ramo de mora en Roma
la vida cotidiana exige gran concentración y gestos
muy precisos para no guardar las cartas de amor en la nevera, poner sal gruesa
en el café y lo que es peor, beberlo sin siquiera darse cuenta, dejar de
buscar el peine que tengo asido con mano y cinco ramas hurgando los recovecos
aparentes de este cráneo con sus fatigados mechones de cabeza
cómo refrescar, pues, las flores de este jarrón
agujereado que hace aguas hasta el sena pero el mar ay no se henche del mensaje
extremo no-me-ol-vi-des entre los líquenes impíos del vasto mar de
mis sargazos
y sin embargo hoy me sobrevienen exactas las filigranas de un
cartel que vi derivando entre iowa y carolina del norte nevadas en mi más
secreta eternidad con una insignia armería de mr god al aceite de lino
lunar,
el abrazo primero frente al cabezal del lecho de golosas
sábanas de bruma atrapa cándidos y zas! el acolchado del
sarcófago me gotea viscosos enfriados gusanos y aliteraciones con la gue
de guerra grasa angurria y jaque mate
la dama que tropieza, pierde y recomienza otra partida
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del libro "La Parca" de Luisa Futoransky, Ediciones de Tierra
Firme, Buenos Aires. © 1995 Luisa Futoransky
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