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Al comienzo fue una verdadera
dislocución, instalada en la Gandhi de la calle Montevideo, cuando nos encontrábamos
por casualidad. Si, por ejemplo, le hablaba de Julián Ríos, me respondía
con un elogio a Cancela y sus relatos porteños.
Se publicó El agua electrizada y descubrí
ese tono decidido, esa prosa cautelosa que parecía una transcripción de
sus modales.
Nuestra dislocución (palabra de Joyce, explicada por Feiling como la suma de
locución y dislocación) nos llevó a una frase del Finnegans Wake que
se encuentra en la página cuatro de cualquier edición en inglés. Santiago
Bullrich la había traducido así: "Cae falo si quieres, levantarte
debes: y nunca bastante temprano la farsa llegará a un definitivo y secular
fénix". Víctor Pozanco traduce: "Cae si te da la falógana,
pero levanta: y con no menos presteza debe la farsa del monjío plegarse a la
réplica del profano fénix" (De. Lumen, pág. 18).
En mi ejemplar del Finnegans, con letra de Feiling, tengo la traducción "literal":
"Cae si quieres, pero debes levantarte (fálicamente) y nunca tan temprano,
la farsa monjeril llegará al fondo secular del fénix".
Por mi parte, le propuse traducir "Refálate si quieres...", para rescatar
la condensación de Joyce y recuperar una invención popular. Feiling estuvo
de acuerdo, pero lo mejor de esta disquisición sobre la frase es que se convirtió
en una clase sobre el Finnegans en nuestra institución de psicoanálisis.
Feiling llevó su edición que parecía antigua, con abundantes anotaciones,
y durante una hora, en una exposición admirable, ilustró a una audiencia
que se había interesado en Joyce por las elucubraciones de Lacan.
Después de esa clase quedó una relación cordial, algún comentario
al pasar cuando lo encontraba con Gabriela en el bar de la nueva Gandhi, cierta común
ironía.
Perdimos a Miguel Briante y nos encontramos
en eso, leí su poesía. Más de una vez le pedí aquella clase para
publicarla en Descartes. Siempre dijo que sí, que por supuesto. Nunca lo llamé
Charlie porque me gusta la resonancia de Feiling y ahora que sólo quedan sus
libros, lo seguiré llamando así.
Germán García
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