Prólogo Esta nativa Saga de los 8A no es un engendro literario,
sino una concreción de hechos y episodios de seres humanos, emergidos
en la superficie de diferentes actualidades en una región de
tierra adentro, entre los médanos y guadales de la
pampa seca. En un pasado reciente de 150 años atrás, todas las poblaciones
de Sud América vivían puede decirse en una arcadia chúcara
por falta de civilización. Se comprende así que casi no
hubiera ambiente social alguno, sino individuos desperdigados aquí
y allá. Porque es indudable, sólo en sociedades compactas
afirman sus vínculos personas mancomunadas por deseos, gustos
e ideales distintos. De tal modo, la prosapia de los 8A resulta conjetural y se difunde
con la facilidad de los churques; pues se estaba en los prolegómenos
de la organización del país. Únicamente cuando
el progreso cunde, es viable la convivencia normal por sus entrecruzamientos
y el papel de las convenciones entre sí. Recién a comienzos del siglo XX aparecen vestigios de educación
entre los vástagos de los 8A. Y no pocos de sus integrantes se
adecuan a las modalidades éticas de las ciudades y urbes. Por ejemplo, Sexto 8A, tras cinco años de gozoso concubinato,
para legitimar su hijo inminente, contrae matrimonio con Frida Romel,
el 25 de setiembre de 1948. Asimismo, para la consecución de sus fines en el medio en que
actúa, respeta el orden civil rechazando la imposición
numérica del nombre Décimo, suprimiendo la M para convertirse
en tocayo de un emperador romano. Tras la Campaña del Desierto, los ferrocarriles y la inmigración
aparejaron para nuestra patria evidencias verdaderamente promisorias.
Los núcleos humanos se arracimaron en ciudades. Los centros de
irradiación cultural cumplieron su misión. Numerosos especímenes
de la Saga se adhirieron al fervor público y lograron por su
contracción y capacidad alcanzar los niveles largamente sofocados
en recesos por falta de estímulos propios. Es curiosa la odisea del gaucho santafesino Proto Orosimbo 8A. Si bien
anduvo por postas y refugios de milicos, siempre inútil, lo cierto
es que ganó simpatía por doquiera; y por su arbitrio de
reducir su apellido. Mansilla, si no lo supo antes, posiblemente lo
supo bajo los toldos de cuero de los ranqueles. De ahí el perdón
que tuvo en Leubucó para seguir haciendo de las suyas. En verdad el gobierno ni las clases cultas prestaron atención
a un problema realmente grave: la invasión chilena. Diversas
tribus de indios puelches, ranqueles, pehuenches, picunches, tehuelches
y huiliches oscurecían la mitad de la soberanía nacional
con su vandalismo de malones, de incendio y robo de hacienda. Felizmente,
el general Roca los echó tras la frontera, creando la Reducción
de Sayhueque, compuesta por indios Pampas, vale decir por
argentinos nacidos bajo la dominación araucana. Antes de finalizar el siglo XX, no hubo ni chacareros, albañiles
ni mecánicos entre los 8A. Gente de asado, taba y vino, pululaban
sin hacer nada en la campaña, mientras sus mujeres, flacas de
hambres y penurias, se sacrificaban trabajando. Ya entrado el siglo, alrededor del Centenario, muchos rumbearon hacia
centros más poblados, colonias y ciudades. Y algunos de ellos,
contagiados en la emulación, comenzaron a sobreponerse y a triunfar. No obstante el cambio de conducta operado, no fue unánime su
comportamiento, y el respeto a las leyes y ordenanzas. Por eso es cosa
ardua establecer el lugar y la fecha de nacimiento. Esta falla implica
conjeturarlos. Los talogables hasta ahora son:
Los Ochoa
SAGA NATIVA
Vale decir que, en un tramo de nuestra historia,
su comportamiento fue marginal, sus adeptos continuaron rebeldes y holgazanes
significando una lacra lingüística en la idiosincracia del
país. Si no hay luces acerca de su muerte, la secta de los 8A
quedó extinguida.
Hubo entre ellos, tres domadores famosos, dos oficinistas
notables y un personaje eminente: el secretario de un Juzgado Civil
de San Luis, que suscribía los decretos así: 8A, vale
decir con una forma jurídicamente nula; solamente útil
para marcar hacienda.
1821,
Proto Orosimbo 8A
1915,
Mil 8A
1842,
Primo 8A
1921,
Decena 8A, melliza
1843,
Segunda 8A
1921,
Docena 8A, melliza
1863,
Novena 8A, La Nona
1930,
Once 8A
1877,
Quinh'n 8A
1935,
Sexto 8A
1894,
Octavo 8A, gemelo
1942,
Décimo 8A
1894,
Noveno 8A, gemelo
1963,
Crisanto Funes 8A
1900,
Tercer 8A
tataranieto
de La Nona.
En las guías telefónicas de la Capital
Federal y de las provincias argentinas se registran extensas listas
de personas apellidadas Ochoa, que participan del confort y ventajas
de esa manera de la comunicación humana. Pero existen también
nóminas incontables y mudas en los anales del tiempo con sus
méritos fastos o nefastos.
Nada más. Quede como una curiosidad iberoamericana
la insurgencia onomástica de esta Saga de los 8A.