| I MARTIN FIERRO Atención pido al silencio y silencio a la atención, que voy en esta ocasión, si me ayuda la memoria, a mostrarles que a mi historia le faltaba lo mejor. 397 Viene uno como dormido cuando vuelve del desierto; veré si a esplicarme acierto entre gente tan bizzarra y si al sentir la guitarra de mi sueño me despierto. 398 Siento que mi pecho tiembla, que se turba mi razón, y de la viguela al son imploro a la alma de un sabio que venga a mover mi labio y alentar mi corazón 399 Si no llego a treinta y una de fijo en treinta me planto, y esta confianza adelanto porque recibí en mi mismo, con el agua del bautismo, la facultá para el canto. 400 Tanto el pobre como el rico la razón me la han de dar; y si llegan a escuchar lo que esplicaré a mi modo, digo que no han de rair todos: algunos han de llorar. 401 Mucho tiene que contar el que tuvo que sufrir, y empezaré por pedir no duden de cuanto digo; pues debe creerse al testigo si no pagan por mentir. 402 Gracias le doy a la virgen, gracias le doy al Señor, porque entre tanto rigor y habiendo perdido tanto, no perdí mi amor al canto ni mi voz como cantor. 403 Que cante todo viviente otorgó el Eterno Padre; cante todo el que le cuadre como lo hacemos los dos pues sólo no tiene voz el ser que no tiene sangre. 404 Canta el pueblero... Y es pueta; canta el gaucho... Y, ¡ay Jesús!, Lo miran como avestruz, su inorancia los asombra; mas siempre sirven las sombras para distinguir la luz. 405 El campo es del inorante, el pueblo del hombre estruido; yo que en el campo he nacido digo que mis cantos son para los unos... Sonidos, y para otros... Intención. 406 Yo he conocido cantores que era un gusto el escuchar; mas no quieren opinar y se divierten cantando; pero yo canto opinando, que es mi modo de cantar. 407 El que va por esta senda cuanto sabe desembucha, y aunque mi cencia no es mucha, esto en mi favor previene; yo se el corazón que tiene el que con gusto me escucha. |