La hora sin sombra
de Osvaldo Soriano
Norma
231 páginas
Recuperar al padre ausente o perdido es una de las tareas que se suelen encomendar al héroe mitológico. Tarea iniciática por cierto, ya que permite al adolescente salir de la primera etapa de su vida e iniciar la de la madurez. Algo de eso hay no lo es todo en La hora sin sombra, la última novela de Osvaldo Soriano, cuya fluidez y constante cambio de situaciones y escenarios recuerdan también los periplos de aquel héroe. Sólo que su protagonista es más bien un "antihéroe" de estos tiempos. Estos tiempos post de todas las vanguardias, en los cuales ni siquiera sé si vale la pena intentar una diferenciación entre el dichoso héroe y su contracara, el antihéroe, por supuesto.
De todos modos me parece importante señalar que en el texto de Soriano, cubierto de anécdotas, hay un trasfondo de solidez novelística con cimientos históricos, y me estoy refiriendo a la historia de la novela como género y no a la historia nacional. Esta también se hace presente con todos los shows de las últimas décadas, que en la prosa de Soriano resultan más patéticos que gloriosos. La humanización de los personajes y de sus circunstancias, la acumulación de detalles casi siempre poéticos aunque resulten humillantes, son claves que universalizan lo que se nos presenta como intencionalmente local.
El protagonista narra en primera persona, sin rebuscamientos formales. Su padre ha escapado de un hospital con ropas insólitas, no está en sus cabales. Encontrarlo se convierte en obsesión. Y es imposible llegar a un buen resultado sin reconstruir simultáneamenta la imagen de la madre abandónica -Laura-, que unas cuantas décadas atrás ha sido modelo, actriz de radioteatros y otras cuantas cosas más. Todo puede lograrse en una novela, y La hora sin sombra es esa novela que intenta el narrador, novela narrada sobre lo narrado. Lo narrado se pierde al incendiarse un automóvil, pero parte ha quedado en la memoria del lector. Y en la del narrador, que a su vez seguirá narrando.
Hechos absurdos, tiroteos sin sentido, personajes que pasan fugazmente dejando algo de su delirio onírico, encuentros y desencuentros: son constantes de casi toda la novelística de Soriano, que aparecen aquí también con una arrasadora fluidez. Hay evidentemente un estilo, si hubiera que definirlo yo diría que es de contrastes entre grises, nostálgico y humorísticamente apocalíptico.
La novela admite muchas lecturas. Sin duda muchos optarán por la política, y hallarán todos los símbolos que quieran con respecto a la corrupción y a la decadencia en la Argentina. Otros preferirán las interpretaciones psicológicas, y este caso podemos afirmar que La hora sin sombra es un banquete para freudianos y, en una de ésas...¡hasta para lacanianos! Nosotros preferimos la simple fruición que provoca una novela bien escrita. Aunque en la página 181 el autor sostenga: "Una novela es como una tormenta en el océano, pasa y no deja huella".