La Nación, 11 de mayo de 1997 BIBLIOGRAFÍA Desde el silencio EL OÍDO ABSOLUTO ESTA es una novela compuesta sobre el silencio que ha padecido
Clarisa, compañera del protagonista, junto a un padre del que
jamás recibió afecto. Con el transcurso de los años, la distancia
entre ellos se ha afirmado. Sorpresivamente Lotario, padre de
Clarisa, decide hacerles una visita. En una noche de especial
armonía comunicativa, ayudado por la marihuana, que afloja su
represión, Lotario cuenta los motivos de su indiferencia a todo. Después de la Segunda Guerra Mundial, en que el horror y la muerte
lo rodearon, Lotario conoció en Lisboa a la mujer que amó, pero
debió trasladarse a América y separarse definitivamente de ella.
El resto de su vida es la entrega obsesiva a la música como una
forma de subsistir, persiguiendo el deseo de poseer un oído absoluto.
"Claro, ya no estaba en condiciones de ser Bach; pero sí quería
llegar al hueso de la cuestión, a ese borde seguro del silencio
que él tocó en las partitas de violonchelo." Una de las notas más destacables de esta elaborada novela de Marcelo
Cohen es el cambio de registros que el narrador utiliza para distinguir
las voces del narrador-protagonista y de Lotario, que sólo narra
en un tramo del relato, el más cargado de intensidad. En éste
es posible descubrir la voz del amor, el lenguaje directo, la
sintaxis simple. Por el contrario, la voz narrativa tiene a su
cargo el permanente uso de la ironía, ese tácito acuerdo entre
autor y lector, para hacer la crítica de la sociedad en que vive
el narrador. La adjetivación inusual, la frecuente coordinación
de palabras con significados opuestos, como lo abstracto y lo
concreto: "me clavó los ojos activos, desiertos de toda emoción",
"el tumulto de pelo anaranjado se desmenuzó en el crepúsculo de
la ventana", "bajo el paraguas de desorientación que el viejo
solía llevar abierto", "una empastada curiosidad dirigía el deambular
de los playeros" no conceden facilidades a la literatura basada
en la comunicación. "No soy un novelista del siglo XVIII ni un solapado ególatra del
siglo XX. Me abstengo de acompañar al lector en el juicio de esta
carta", leemos respecto de una carta enviada a Clarisa por su
madre. La objetiva narración que domina la novela contrasta con
el lugar otorgado al padre de Clarisa, de connotaciones emotivas
en sí mismas. Las descripciones del escenario de sus amores, Lisboa,
son memorables por la fuerza del detalle: "Era una ciudad que
lastimaba los ojos, y no por la mala entraña como otras, sino
por el peso de la luz, la pintura blanca, la ligereza del estuario
ese que parecía mar, y porque la gente no tenía apuro y uno caminaba,
qué increíble, como si el aire lo llevara en los brazos". También
puede observarse en este personaje el uso de términos de su época,
como pánfilo, julepe, paparulo, calor (por vergüenza), que funcionan
como efectos de realidad de su viva conversación. Ni el protagonista ni Lotario, tan buenos conocedores de la música
clásica, ahorran comentarios, con una sinfonía de Sibelius de
fondo, contra la música almibarada cuyas canciones son como la
cámara de gas de la música, leemos, las que fomentan la mentira
y la pereza mental, con la voz ubicua del cantante de moda, al
que Lotario tuvo la idea de matar para librar a su hija de esa
lacra artística. Pero el cantante ha muerto y, como una metáfora,
al silencio que distanció a padre e hija sucede el silencio de
la voz indeseada, acaso como un triunfo del oído absoluto. (301
páginas). Noemí Ulla
Por Marcelo Cohen
(Norma)
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