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I.
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Este tipo de lucha nos da la oportunidad de convertirnos en revolucionarios,
el escalón más elto de la especie humana, pero también nos permite
graduarnos de hombres...
Ernesto Guevara de la Serna Diario de Bolivia
Usted es un hombre de talento y, sin duda alguna, se observará
a sí mismo...
Fedor Dostoievski
Crimen y castigo
Manda amor en su fatiga que se sienta y no se diga, mas a mi más
me contenta que se diga y no se sienta.
Luis de Góngora y Argote |
pero ya entraste, dudando, sabés que no deberías, las consignas
son claras, no frecuentar los lugares donde se pueda ser reconocido,
no deberías haber vuelto pero ya estás, ya manolo tendría que
estar saludándote y no lo ves, quizá ya se haya jubilado y te
vas a sentar, en esa mesa del fondo, es esa mesa, prender un cigarrillo,
pensar, el calor, fumando la vida se parece mucho más a una película,
a una novela, prender un cigarrillo y vas a pensar en las miles
de posibilidades del suicidio y preguntarte por qué, no vas a
saber, te vas a decir que no sabés, sabrás que tu respuesta te
hiere, te disminuye, que te desenmascara y vas a dejar tu respuesta
sin pregunta, como tantas veces, y el nuevo mozo al lado tuyo
esperando el pedido, no lo habías visto disculpe quisiera una
quilmes imperial bien fría por favor, si con este calor, esa cortesía,
con manolo ya era diferente, ese cuidado que ponés en tratar con
deferencia a los que sentis inferiores, fracasados, aunque las
palabras sean duras, inútiles, aunque te cueste aceptar que las
decis, a los que no pueden responderse satisfactoriamente a la
pregunta qué hago qué he hecho de mi vida.
Te daban lástima, un mozo de café, qué puede tener de gratificante
ser mozo de café, aunque enseguida matizabas, tu pudor matizaba,
tu culpa, tal vez tenga una mujer, amor, lo mirás, las arrugas
en la cara, los años, te parece dudoso tal vez le importen cosas
simples, que yo no conozco, pero vos evitabas la pregunta, sin
preguntarte por qué, dabas la respuesta por sobrentendida una
imagen, alguien que, es alguien, soy alguien te decís pero tenías
que decírtelo, miedo a ir más allá, a investigar, miedo de lo
desconocido o finalmente conocido pero inaceptable, lo que queda
fuera del espejo deseado, recortado a imagen y semejanza de tu
imagen, en definitiva es cierto, quizás hasta era cierto, hago
cosas que me gustan, qué carajo, pero, te repetías, muchas gracias,
y entonces un trago, largo, disolvente, al levantar la cabeza
la viste, no viste sus caderas pero la boca entre las manos te
recordaba algún recuerdo indefinible, sole en los ojos casi amarillos,
quizá profundos, o demasiado traslúcidos, no sabías, leyendo un
libro que aún no podías identificar y te preguntaste, siempre
ese diálogo, ese monólogo cómo sería con ella, si le hablaras
de carlos fuentes, qué diría, o de hernández, o de vos de tus
proyectos cómo sería, y si realmente su vientre sería tan liso
como su cuello pero quizá no le gustase, no sabías no entendías,
a veces descubrías que las mujeres eran más pudorosas de lo que
pensabas así que tal vez no le gustaría que mordieras su vientre,
que lo besaras que lo mamaras y la cama es un colchón en el piso,
el estampado de las sábanas te parecía horrible pero no habías
querido decírselo porque cecilia estaba muy orgullosa de sus sábanas
nuevas y el vientre era su vientre, abierto, lo recordabas, abierto,
lo bebías, de un trago terminaste la cerveza, todos los líquidos
otro, cecilia, otra, esa boca de quién ahí enfrente, prendiste
otro cigarrillo, lentamente, con lascivia, disfrutándolo, como
gozando de tu imagen en tu espejo, el del baño, el del cigarrillo
tras el baño y mirándola, ella leía y pensaste las frases, lo
que podrías decirle, con una mezcla de orgullo e irrealidad, las
frases eran piropos sólo para vos, espejo sólo, te gratificaba
inventar la conversación, te parecía apropiada, sabés que nunca
te levantarás, que no caminarás esos cinco pasos, una mezcla de
pudor y respeto te decís porque evitás hablarte claramente del
miedo y llamaste al mozo, le pediste otra cerveza, por favor,
y pensaste en aquellos días de abril.
Te decías que el otoño también tuvo su importancia, aunque las
hojas muertas, amarillas, esa invitación a la melancolía eran
algo de cuya legitimidad a veces dudabas. Como ese puente sobre
el sena, junto a la cancillería, al atardecer, como venecia entre
la bruma, como algún nocturno de chopin o la luna real, desconfiabas
de las frases hechas de la tristeza estetizada, aunque te hablaran,
pero en qué medida auténticas, en qué medida impuestas, aunque
bueno en definitiva todo es cultura te decías, y de todas formas
funciona, y la originalidad es un prejuicio moderno, te justificabas,
renacentistas, y caían las hojas, y estabas por cumplir los treinta.
El ambiente del diario te estaba penetrando. Habías dudado cuando
el loco te lo propuso, trabajar para ellos, te decías que era
una forma de venderse, no hacía un año que habías vuelto a buenos
aires y el choque del regreso, el nacimiento de rosa y la readaptación,
todo tan distinto, y tus esfuerzos y el trabajo te habían ocupado
casi todo ese '73 tan lleno de otros vientos, que ignoraste casi,
o criticaste con olímpica altura, cómo es posible que tanta gente
inteligente le rinda pleitesía a ese viejo hijo de puta, con cierto
desinterés porque tus problemas te absorbian y eso sería venderse
pero trabajar en la revista también lo era, uno siempre se vende
a alguien pero en este caso parecía estar, no sé, más claro, en
la revista se vivía una ficción de amplitud, de libertad muchas
veces contradicha en el momento de entregar las notas, es cierto,
pero trabajar con ellos, para ellos, los mangos a fin de mes tendrían
un origen tan claro pero el loco insistía, dejáte de joder carlos
no te das cuenta que ser un puro se parece mucho a no ser nada,
que la pureza y el vacío, que la pureza y la inoperancia, que
en definitiva no hay nada más puro que el silencio te decía, y
vos no te dejabas convencer pero te tentaba, hacía tiempo que
andabas con ganas de trabajar en un diario, la locura diariamente
renovada, la lucha por el cierre, ese ritmo, esa agilidad del
cotidiano, esa vitalidad que quizá podrías tomar prestada, allí
no habría tiempos de espera, tiempos muertos, lo necesitabas,
y ya empezaba a hacer frío y hacía varios meses que trabajabas
en el diario.
Al principio había sido difícil, estabas a la defensiva, esperando
ataques que no llegaban. Te sentías distinto, de alguna forma
ajeno, casi todos los que trabajaban con vos se lo tomaban de
otra manera, para ellos era una militancia, era un trabajo, claro,
pero también una militancia, habían logrado conciliar el laburo
con las ideas te decías, están cerca de no venderse y eso te trabajaba
por dentro, la envidia, aunque no quisieras darle ese nombre tan
desprestigiado, injustamente, los mirabas con envidia pero vos
también tenías tu tesoro, guardado, un cofre que abrías de vez
en cuando, cuando la desesperanza, para sentir el arroyo de las
monedas por tus dedos, el arrullo, esa sensualidad del oro, esa
sensualidad que se te estaba volviendo obscena, la independencia,
todo el orgullo de llamarte independiente de sentirte no contaminado
se te iba disolviendo en esas tardes en el diario, en esas notas
en los barrios cuando la gente los reconocía, y les facilitaba
las cosas y quería hablar con ustedes porque sabemos que el diario
lo va a publicar, ese calor, la libertad es el único bien que
se gasta cuando no se usa. Te acordabas de esa frase de mayo,
del mayo, y te resonaba, por qué, para qué, si mi libertad fuese
absolutamente inofensiva si lo que llamo libertad no fuese más
que un compromiso conmigo mismo con mi individualismo con mi miedo?
Y si estuviera desperdiciándome si el hacer fuera más importante
que el ser y yo soy libre pero no hago libertad? dramatizabas,
te acosabas te preguntabas. ¿Podés trabajar mañana? vos sabés,
me gustaría que cubrieras la plaza, como vos no debés tener ningún
compromiso, no tenés que ir con ninguna columna, pensé que te
jodería menos que a otros cubrir la movilización.
Como siempre, te asombrás del respeto que suele imponer un carné
de prensa. Lo mostrás en cada una de las barreras policiales (contaste
seis), y la reacción casi respetuosa, adelante nomás, pase, significando
la diferencia, tu diferencia en la deferencia de los canas periodista
testigo, tu status privilegiado siempre que estatua, busto, siempre
y cuando todo sea vuelo, pájaro que no debe posarse pero también
matan a las aves recordás, malos agüeros, grandes campañas en
china popular para exterminar a los gorriones, plaga nacional,
los enloquecen haciendo ruido y los pájaros temen bajar y vuelan
aterrados, hasta caer exhaustos, sobrevolando, podés estar en
todas partes pero no tenés derecho a posarte, cuando caen los
campesinos los rematan a garrotazos lo habías destripado, lo encontraste
del árbol caido alouette gentille alouette y aún cantaba juguete
del viento y de tus manos que querían saber, saber, je t'étriperai,
el origen del canto el mecanismo del canto y lo llevaste al silencio,
concienzudo, lo destrozaste troceaste desmenuzaste seco sus secretos
y ya no cantaba, querías saber, saber pero el silencio y ese no
eras vos, carlos, quie'n entonces ese niño de quien tanto te hablaron,
de quien tantas historias te contaron que deberían ser tu historia
y apareció tu madre esa señora y el enojo en sus ojos, lo previste,
lo supiste y antes que nada le explicaste que te había atacado,
que se te había echado encima fieramente y vos te defendiste,
o el niño, y tu madre reía, se reía, reía millones de gorriones
fueron así exterminados y se produjo entonces un gran desequilibrio
ecológico, sobrevolando, observando, voyeur consecuente, externo,
esa mujer que tantas veces habías visto desnudarse desde las ventanas
de tu cuarto, a través del patio, esos gestos ya conocidos y tus
gestos, quince años, y tu mano, buscándote, sobrevolando, conocías
esos movimientos como nada en el mundo te desconocía; las caricias,
y tu mano, las sacudidas firmes, regulares cadenciosas, refugiado
detrás de la cortina, sobrevolando, ajeno, testigo, desabrochándose
el corpiño blanco, las tetas jóvenes y ciertas, casi cerca y tu
mano vehemente, pensando en atreverte le harías una seña, saldrías
del anonimato de tu cortina, de tu nube, un gesto invitante una
pregunta y tu mano anticipando esa noche, arriba abajo arriba,
imaginando esa noche, abajo arriba, violento cada vez más jadeante,
inmensa, hoy, tiene que ser hoy, volando, al borde del abismo,
queriendo caer, equilibrista queriendo caer, ahora mismo la llamo,
ya, ya, hoy, ya.
Te derrumbabas, entre feliz y amargo y nunca la llamaste, sabías
que entonces todo se acabaría, que debías seguir ajeno, sobrevolando,
externo, pero siempre el mismo siempre el mismo después, el mismo
espacio estabas afuera, gorrión sin nido, mahjongg deshecho ése
era el precio y los ves llegar, a ellos si que los cachan, no
como a vos, meticulosamente, sin sonrisas, duros y ellos van pasando,
uno por uno, primero de mayo hoy es el día del trabajo, te acordás
de la vieja canción del primer gobierno hoy es el día del trabajo
unidos por el amor de dios, ésta debe ser la fiesta del pueblo
entero y no se permitirán en la plaza más banderas que la enseña
patria, al pie de la bandera azul y blanca, que simbolizará el
reencuentro de todos los argentinos más allá de diferencias partidistas
la vieja canción juremos defenderla con honor, tarareando, una
canción patriotera pensás, por el amor de dios.
Afuera, y las columnas siguen llegando, argentinas, las banderas,
pero se perciben algunas grietas en la unidad de los argentinos
anotás, las hojas pautadas improvisando la libreta, esa ironía
que la distancia necesita, que la distancia alimenta que alimenta
la distancia sobrevolás, observando, la derecha de la plaza se
va llenando de argentinos con pinta de sindicalistas, de cgt,
mientras que a la izquierda los bombos más jóvenes acompañan otros
gritos argentinos, perón evita, comparten, la patria, coinciden,
perocialista, divergen, sociaronista, se enfrentan, y las blanquicelestes
de la izquierda se van manchando, letras mágicamente aparecidas
empiezan a ilustrarlas, salen de entre las ropas, a definirlas,
más acá de diferencias partidistas anotás, tu mano en la bic negra
te recuerda otras manos, y otra mano que también te pertenece,
externo, ajeno, volando, rondando, gorrión amenazado, letras que
empiezan a ser palabras, montoneros dicen, juventud peronista
dicen, se van izando, las banderas manchadas, determinadas, volando
de un vuelo con raíces, ceñidas por las manos, por manos que no
tenés porqué reconocer, que tal vez también saben empuñar una
bic, y otros estiletes, y otros, banderas remoloneando al ritmo
de los cantos atados, que buscan libertad, te asombrás, pero la
buscan?, o toda organización rígida es incompatible con la verdadera
libertad te debatís, recurriendo a la viejas certezas, a las viejas
pautas de vuelo, a las seguras, esas rutas que tu cielo ya conoce,
ese cuerpo de mujer a la distancia de un aire y luz, el perfecto
conocimiento de ese corpiño blanco, blanco, blanco, cerrado a
los colores, afuera, ajeno, sobrevolando, viejo gorrión
1.1. CONFITERIA "DEL OLMO". INTERIOR. DÍA
La secuencia se abre sobre plano general de un bar. Casi todas
las mesas de madera estilo vienés están ocupadas. Cuatro o cinco
mozos en chaqueta blanca y corbatín recorren atareados el salón.
Es un café relativamente antiguo, de principios de siglo. La mayoría
de la clientela está compuesta por viejas señoras que toman té;
algunas mueven sus abanicos para combatir el calor. En el fondo
de la sala un trabajado reloj de péndulo marca las 20:30 en un
cuadrante de números romanos. Sobreimprime el titulo: "O JUREMOS
CON GLORIA MORIR" y, acto seguido, la leyenda: "LUNES 12 DE ENERO
DE 1976". Ahora, la cámara emprende un zoom que terminará en
plano americano sobre la figura de un hombre joven, no más de
treinta y cinco años, pelo castaño algo largo, frente amplia y
ojos grandes, pardos. Con un gesto un poco ansioso se está arreglando
el cuello de su camisa a cuadros. Parece enfermo, o tal vez fatigado:
sus rasgos se ven tensos, pálidos pese a la estación.
Ante él, sobre la mesa, encima del mantel blanco y el mantelito
rojo, vemos un pocillo de café a medio tomar, un cenicero de cristal
y un atado de cigarrillos "Particulares" recién abierto. El hombre
está fumando uno (¿el primero?), a pitadas largas y profundas.
Se diría que está esperando a una mujer.
(El sonido de la secuencia estará dado por el ruido de fondo
del bar, entrechocarse de vajilla, murmullo de voces, gritos de
los mozos haciendo los pedidos, ¡dos cortados para la cuatro,
dos! ¡un mixto y una bieckert para la doce! y el repicar de la
caja registradora, antigua, oronda de formas.)
La cámara sigue en plano americano sobre el hombre, que fuma
con aire absorto. En una panorámica lenta y abriendo un poco el
cuadro la imagen lo abandona para recorrer las otras mesas, conversaciones,
risas, meñiques despegados de la mano en el asa de las tazas,
rápidamente descritos o entrevistos hasta llegar a la entrada
del café.
Esta comprende dos hojas de cristal enmarcadas en madera con
herrajes de bronce que rodean una puerta giratoria. La imagen,
ya nuevamente en plano general, se detiene allí unos instantes,
los suficientes para ver pasar un anciano señor de traje y bastón,
una mujer joven y bien vestida aunque tal vez excesivamente maquillada
y un muchacho de menos de veinte años, vestido con blue jeans
y camisa abierta, que desentona un poco con el aspecto del lugar.
En un primer momento se podría pensar que la mujer y el joven
llegan juntos (él se ha apartado para cederle el paso y continúan
ambos en la misma dirección, seguidos por una nueva panorámica),
pero la impresión se disipa pronto: una sonrisa y un gesto de
la mujer indican que ha encontrado a quien buscaba, gesto en el
que el muchacho no participa en absoluto.
La cámara vuelve ahora a la mesa del hombre que esperaba: se
lo ve hacer un ligero movimiento con la cabeza, ladeándola hacia
su izquierda, lo que nos hace suponer que ha saludado a la mujer
(tal vez este detalle de intriga sea relativamente inútil, revisar).
Pero ahora vemos que es el jovencito quien entra en cuadro y,
tras un apretón de manos y una sonrisa apenas esbozada, se sienta
a la mesa del hombre y llama al mozo con un gesto indolente.
Puta madre
No lo puedo entender, ¿sabés?
No puedo, no puedo
Parece todo una broma macabra que ahora te hable así, que te tenga
que hablar así. Que todas esas cosas
pero no quiero. No quiero
pensar en eso, no quiero, quiero hacer como si
¿Cuántos años teníamos? ¿Catorce, quince?... Ya éramos grandes.
Ya estábamos en tercer año, y casi casi estabamos alcanzando a
las minas. ya habíamos pasado lo peor, el momento en que parecíamos
niños de pecho al lado de ellas, y además ya nos habíamos agarrado
los primeros pedos ¿te acordás? Me acuerdo de la noche aquella
que no dormimos, con el gordo y vos, discutiendo como eruditos
si querer es poder, o poder no querer, o no poder querer, el gordo
te trataba de voluntarista porque vos decías que la voluntad mueve
montañas, y que si la montaña no va a mahoma, y entonces yo te
decía que estabas haciendo una montaña de un grano de arena pero
vos te cabreabas y decías, qué sé yo, qué sé yo lo que decías,
en definitiva no era importante, estábamos descubriendo las palabras,
empezábamos a descubrir el valor de una frase en nuestro mundo
de pichones de intelectuales, de hijos de la intelligentsia, como
leí el otro día que nos decían. Hijos de la intelligentsia, a
nosotros, ¿te das cuenta?
Y empezábamos a jugar otros juegos, a prepararnos. Y cuando
se armó la discusión aquella sobre la coca-cola, fue un corso,
cómo no acordarse. Estábamos todos, si todavía le veo la cara
al pobre ruso, se tenía que aguantar piola todo lo que le decíamos,
lo tratamos de cualquier cosa, proyanki imperialista, vendido
hijo de puta, estoy pensando que hasta los insultos los cargábamos
mucho, como si incluso ahí tuviéramos que mostrar que ya éramos
grandes, que éramos hombres. Y el ruso se la bancó tranquilo de
vez en cuando se cruzaba una miradita con el polaco. claro, ellos
sabían, estos pendejos de qué se las dan se debían decir entre
ellos. Claro, porque ellos ya sabían. Pero igual se quedaron con
la leche, no les gustó, querían hablarnos, explicarnos, se salían
del molde.
Y el ruso enganchó a la primera de cambio, fue ese día que estábamos
haciendo educación física ¿te acordás pato?, íbamos con el ruso,
los tres trotando despacito, dando vueltas al gimnasio, nos quedamos
atrasados, el profesor nos cagaba a gritos y nosotros charlando.
O más bien escuchando a Alberto, el que hablaba era él, nos parlaba
de cultura popular, del ser nacional, la verdad que se tenía bien
leído su hernández arregui y nos entró por el lado de la cultura
¿te acordás? y nosotros que lo escuchábamos y no pescábamos bien
adónde carajo quería llegar, lo de la colonización cultural ya
lo sabíamos, si era eso lo que le habíamos dicho cuando lo de
la cocacola, y el otro seguía con su parla y vos lo cargabas,
pará negro te vas a quedar sin aliento para correr, y él que engranaba
cada vez más, hasta que largó la cosa. Que la cultura nacional
era popular por esencia (y yo estaba por decirle que si no tenía
nada más piola que contar, que no nos tomara por boludos pero
justo el profe estaba mirando) y que entonces (y ahí enganchó,
estuvo hábil el ruso) sólo se podía realizar con el pueblo, y
como el pueblo es peronista
Ahí estaba. Había largado nomás la
palabrita. Peronista. Claro, en el 71 en el colegio eso era tabú,
tipo la lepra, se la habíamos escuchado solamente a los de la
fede o a los troskos, el viejo demagogo y populista, el militar
contrarrevolucionario, el bonapartista, todas esas. Y el ruso
que nos tira la palabrita al rostro, con su fórmula tan simple,
nosotros somos marxistas creemos que la revolución debe hacerse
con el pueblo y el pueblo es peronista (y dale con la cosa, por
poco me pongo nervioso), peronista, así que para estar con el
pueblo para ser revolucionario hay que ser
Eso mismo, regla de
tres simple, la formulita, no había son qué darle, de pronto y
de repente (como decía el gringo, pero mucho después) de repente
todas las teorías de la zurda quedaban como sanata de intelectual
descolgado, todo estaba claro, de repente, sudando el trote, los
gritos del profe, el ruso que no paraba, piquen, rápido, más rápido,
hasta el fondo, trote ahora, pique, trote, altas esas rodillas
carajo, che, esto hay que seguirlo charlando, hay que discutirlo
tranquilos, ruso, piquen, arriba las rodillas maricones, más arriba,
vamos carajo. Cuando salimos nos fuimos al bar de la vuelta. Nos
sentamos al lado de la ventana, en una mesa apartada y nos pedimos
tres cocacolas, porque hacía un calor
¿Sabés qué me pasa? No sé, tengo una sensación extraña, medio
como culpa, no sé muy hien cómo llamarla
Porque me doy cuenta
ahora que todo esto es más bien cómico, visto así es más bien
cómico y por momentos me da risa y sin embargo... Me acuerdo del
chiste ese, ese del tipo con la lanza en las costillas que le
preguntan si le duele y él dice que solamente cuando se ríe y
es eso pero al final me rompe las bolas acordarme de un chiste,
no sé si me entendés. No sé, vos habrías...
En fin, nos pedimos las cocacolas y ahí entró a contarnos toda
la historieta. El ruso estaba como loco, que si el peronismo es
la única vía revolucionaria posible en la argentina, que hay que
dejarse de joder con las huevadas de la zurda que aplica el marxismo
mecánicamente y nunca sale de la paja, se veía que también se
había morfado Cooke como un solo hombre (claro, nosotros ahí no
teníamos ni idea) y dale con el peronismo. que si hecho maldito
del país burgués, y hecho maldito también para la izquierda cipaya
(cipaya, me mató con la palabrita. yo ahí me acordaba de sandokán
y el maharajá de no sé dónde mierda, pero aparte de eso...) y
nos hablaba bajito ¿te acordás?, cuando alguien pasaba cerca se
callaba, se hacía el oso, y dale de nuevo, que un análisis marxista
serio de la situación argentina muestra la necesidad irrenunciable
de unirse al pueblo peronista, y de vez en cuando miraba para
todos los wines, vos te habías quedado medio callado, como boleado,
mucha cosa toda junta y yo abogado del diablo, como siempre (como
si el diablo necesitara abogado), pero vos no pensás que en realidad
perón contuvo el impulso revolucionario de las masas, si en el
55 se borró como loco, la gente quería resistir y él en cuanto
pudo se tomó el buque, o mejor dicho la cañonera, pero el ruso
no dejaba pasar una, estos dieciséis años de lucha popular demuestran
que la principal reivindicación del pueblo es el retorno de perón
a la patria y al poder y cuando venía el mozo cambiaba rápido,
comentaba cualquier boludez con cara de nada, no si eso no fue
penal ni acá ni en la china no seas bostero hijo de puta, sí pero
el cordobazo, no, claro vos te la morfaste ¿qué te creés que gritaban
los obreros en la calle?, ¿te creés que gritaban por rusia o por
china, o por el pc?, a vos te la contaron en colores, pedían la
vuelta de perón eso es lo que decían, ellos también, como la gran
mayoría, y cantaban la marchita, yo estuve con compañeros que
estuvieron allá, la vida por perón gritaban, por otro diecisiete.
Y vos seguías callado, escuchando en tu rincón, la verdad que
muchas veces lo hacías y entonces eras temible, yo siempre estaba
esperando el momento en que ibas a saltar, mejor agarrarse, pero
seguías callado y yo lo picaba, el viejo no fue más que un reformista,
un demagogo, y quién organizó a la clase trabajadora, entonces
quién creó la cgt, o el 17 de octubre lo hicieron los zurdos,
qué te parece. El ruso seguía embalado, además no se trata de
aceptar el peronismo con todas sus jodas tal como es, hay que
modificarlo, pero para modificarlo hay que estar adentro, hay
que estar en el movimiento ¿te das cuenta? desde afuera nunca
te van a dar bola, vas a ser siempre un estudiantito descolgado.
El movimiento de acción secundaria ya hace un tiempo que existe,
hubo kilombos, en capital somos muy pocos pero nos planteamos
el peronismo como única posibilidad revolucionaria, nos planteamos
trabajar desde adentro, pelearla si es necesario, pero desde adentro,
una postura crítica pero sincera, ¿me entienden? Y me parece que
ni sabíamos si lo entendíamos o no pero sabíamos que estábamos
podridos de hablar y no hacer nada, lo que más nos reventaba de
los zurdos era eso, mucha parla y pocas nueces, en cambio esto
prometía, una cosa era meterse en un grupito de jeropas que no
sabían cómo hacer para tocar un obrero y otra muy distinta compartir
la lucha con millones de ñatos, con el conjunto del pueblo, como
había dicho alberto, ahí sí que íbamos a poder hacer cosas, y
salir de nuestro pequeño mundo pequeño burgués, todo esto estaba
muy bien, pero perón, perón... El ruso se fue al ñoba. Yo creo
que lo hizo de pura táctica, para dejarnos chamuyar un ratito
solos. Y la verdad que no nos dijimos gran cosa. Cambiamos un
par de miradas excitadas, dos o tres frases y cuando volvió le
dijimos que queríamos entrar al mas. Eramos marxistas e íbamos
a meternos en el peronismo. Para estar con el pueblo. Para cambiarlo
desde adentro.
27-7-72 (¡capicúa!)
Ayer fui a mi primer acto. Cuando llegué a casa, alrededor de
las doce y media, mamá estaba esperándome despierta en el living.
Estaba preocupada: me dijo que había visto en la televisión que
los peronistas habían hecho un acto por Eva Perón y había pensado
que yo podía estar allí. Y se lanzó otra vez a sus recomendaciones
de siempre, que no me meta, que me cuide, y me dijo como de costumbre
que no entendía cómo la juventud de hoy día podía hacerle caso
a Perón y que seguramente si hubiesen vivido durante su gobierno
no lo harían. Yo no quería ponerme a discutir, primero porque
no tengo porqué defender a Perón y sobre todo porque discutir
con ella siempre termina por ponerme de muy mal humor. Pobre mamá,
creo que me jode verla así, vieja y sin haber hecho nada de su
vida, tan tranquila en su papel de ama de casa y esposa de un
honesto comerciante.
Pero igual no pude contenerme y le dije que no dijera barbaridades
y que yo había ido al cine con Mariana y Laura pero no sé si me
creyó. Por otra parte me pareció increíble que haya podido intuir
así. Si yo fuese a menudo a este tipo de actos lo suyo sería lógico,
pero siendo la primera vez es sumamente sorprendente. Se me ocurre
la frase hecha: "Intuición femenina". La frase no me gusta. No
quiero lanzarme a grandes disquisiciones sobre la condición femenina
pero sin embargo siento que reivindicar la intuición como "femenina"
lo único que hace es reservar un determinado campo a la mujer,
lo cual es tan reaccionario como el machismo más flagrante o tal
vez más porque va disfrazada de "reconocimiento". Iguales, ni más más ni más menos, como quien dice.
Me pregunto qué diria mamá si leyera esto.
En cuanto al acto, creo que estuvo bien. Fue en la Federación
de Box y había mucha gente y mucho entusiasmo. Pero hay algo que
no termina de convencerme en todo esto, y que quizá sea la razón
por la que no me interesa militar con ellos. Creo que son las
continuas referencias al pasado como piedra de legitimación, o
un cierto espíritu revanchista, no sé bien cómo definirlo. Tratar
de pensarlo mejor.
30-7
En lugar de pensar en los peronistas, como me lo había propuesto,
estuve pensando en mamá. Creo que lo que más me jode de hablar
con ella es que una tiene la impresión de haber oído todo lo que
dice en cualquier otra parte, léase la televisión, la revista
"Gente" o las recomendaciones de la profesora de instrucción cívica.
No hace más que repetir frases hechas me parece que sin siquiera
darse cuenta sin que nada real de su vida las avale. Y lo peor es que pretende imponerlas porque
ha vivido más más tiempo, según dice mientras está tranquila
o, cuando ya pierde los estribos, porque es mi madre y le debo
respeto. Eso sí que no lo puedo aguantar. Con papá es distinto.
Él se calla, mira y me parece que no aprueba del todo. Pero sería
incapaz de decirlo.
Me gustaría que llegara la primavera, que pasara algo. Me siento
un poco inmóvil.
Lunes 31
Ahora sí pensé en la historia aquella: supongo (sé) que en este
momento soy lo que ellos llaman una "simpatizante" (porque fui
una vez a un acto. porque soy amiga de Mariana y Jorge, porque
no les hago desplantes ostentosos cuando se ponen a hablar de
política ni milito en ningún otro lado). Pero me gustaría que
me dijeran con qué simpatizo. Así me entero. Todas las razones
del paréntesis son reales, pero más bien poco positivas. ¿Razones
positivas?: creo que en este momento y en este país se pueden
hacer una serie de cosas para cambiar las condiciones de vida
de la gente.
¿Esas cosas pasan por el peronismo? No pasan por otro lado,
en todo caso, ellos por lo menos tienen los pies en la tierra
(razón más o menos negativa). Es cierto que hay posibilidades,
pero: Antirazón: Yo personalmente no me siento una militante.
Es quizá difícil de explicar (melo): siento que me falta mucha
preparación, soy todavía muy ignorante en política. Tal vez eso
sea sólo una excusa, como dice Mariana, que dice que son deformaciones
de clase, debilidades. Pero ella es de la misma clase que yo y
sin embargo no le pasa lo mismo. Yo siento que puedo "aportar"
ciertas cosas (lo suficiente para que me consideren una simpatizante,
parece), pero que no sé ir más allá.
Mariana dice que ya "creceré". Y yo ¿espero que así sea? Sí,
si eso implica un avance real en lo que me preocupa ahora. ¿De
qué se trata? Es vago. Fundamentahnente, darle a mi vida una orientación
clara: saber bien lo que quiero hacer con ella. Es obvio que si
estudio letras y socio es que algo he definido, pero no es suficiente.
Y otras cosas también importantes: conseguir un trabajo, independizarme
de los viejos, estabilizar mi vida de relación... Casi nada. Observación
sobre el método: ¡Qué socrática me he puesto!
(Nota: noto que más arriba no puse nada curioso sobre algo
que me resulta muy importante: militar sería aceptar tener una
postura definida sobre casi todas las cosas. Y yo siento que todavía
necesito ahondar mucho más por mi misma en esa postura...)
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