|
LOS 70, REVISITADOS
ANA LAURA PEREZ
Fragmentos de un país todavía secreto
CON EL TERCER TOMO DE "LA VOLUNTAD", EDITADO POR NORMA, MARTIN
CAPARROS Y EDUARDO ANGUITA LE PONEN FIN A UNA OBRA QUE DA TESTIMONIO
DE LA MILITANCIA REVOLUCIONARIA DE IZQUIERDA EN LA ARGENTINA.
En la calabaza desentona una bombilla de plástico. Pero el dueño
de casa vino desde Nueva York por pocos días y se le perdona la
incongruencia. El mate les recuerda muchas de las larguísimas
entrevistas con los protagonistas de un libro que varios editores
sugirieron de 400 páginas y que la obcecación de los autores llevó
hasta 2000. A Eduardo Anguita, periodista, y Martín Caparrós,
escritor además, el ritual les recuerda a "Cacho" El Kadri, fundador
de las Fuerzas Armadas Peronistas que murió de un ataque cardíaco
en julio. La madrugada del 26 de mayo del 73, lo primero que "Cacho"
hizo después de los festejos y los discursos y la libertad recuperada,
fue tomar mate. La anécdota ocupa alguna hoja de uno de los tres
tomos en que se dividió La Voluntad dedicado a la militancia revolucionaria de los 60 y 70. Una generación
que quiso cambiar el mundo. Y no pudo.
La iniciativa tuvo sus inconvenientes."Había gente que no quería
oír esas historias", dice Anguita (ex integrante del ERP). "Curiosamente,
quienes al principio eran reticentes descubrían con sorpresa que
se habían hecho más queribles para mucha gente porque sus historias
estaban contadas ahí", según Caparrós, a su vez ex militante de
Montoneros.
-¿Por qué se sorprendían?
-MARTIN CAPARROS: Tiene que ver con haber negado o reprimido esas
historias durante décadas porque no eran socialmente aceptables.
-¿Qué hizo incontables esas historias?
-MC: Durante muchos años todos, incluso los organismos de derechos
humanos y los familiares de las víctimas de la dictadura, tendieron
a decir que los muertos en el 70 eran muchachos muy buenos que
estaban en la casa mirando la tele, vinieron los militares, que
eran muy malos, muy malos, muy malos, y se los llevaron y les
hicieron cosas horribles. Como si decir que militaban en organizaciones
que tenían que ver con Montoneros y el ERP justificara que los
militares los secuestraran y asesinaran. El no decir quiénes eran,
qué habían hecho, el no decir por qué los militares los mataron,
equivale de alguna manera a suscribir el discurso militar. Contra
eso está hecha La Voluntad.
-¿Ese fue el objetivo del libro?
-EDUARDO ANGUITA: Hasta ahora la crónica ha mutilado una parte
muy importante del relato. Nosotros incorporamos la parte sustantiva.
-MC: Al no contar su historia de militantes y contarlos sólo como
objeto de esas torturas, secuestros y asesinatos lo que se hacía,
se hizo y se sigue haciendo, es desaparecer a los desaparecidos.
-¿Por qué la historia de esos años está contada así?
-MC: Entre otras cosas porque sirvió, en los primeros años, para
pedir por tu hijo, tu hermano. Pero ya no sirve para entender
lo que pasó en la Argentina. Si los militares hicieron eso fue
para reafirmar las bases de un determinado tipo de sociedad, que
es esta que ahora funciona.
-El historiador Luis Alberto Romero escribió en Clarín hace un poco más de un año, que "no tenemos todavía una buena
historia de los setenta".
-MC: Yo creo que la academia está preocupada porque no es capaz
de enfrentar este período. Porque trabajan en instituciones, tienen
becas, necesitan progresar dentro de sus departamentos y porque
tendrían que empezar a ver que fulano, que está ahí al lado, y
que quizás es jefe de alguien, en realidad hizo tal, y que mengano
no hizo cual, y que la Ford quizá no le pague. Es un tema que
el sector teórico universitario no lleva adelante. Pero, por supuesto,
se quejan de que otros sí.
-EA: Llamamos al libro Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina. Me parece que no hubiéramos buscado ese título si no quisiéramos
abrir el juego a que justamente otros hagan historia.
-¿Aparecieron conflictos en el relato de esta historia por el
hecho de haber sido ustedes mismos militantes?
-MC: No. Me parece que en el trabajo de composición final de La Voluntad lo que aparecía todo el tiempo eran sorpresas. La comparación
entre lo que yo recordaba y la percepción que tenía ahora, a través
de los testimonios, documentos, diarios y revistas, muchas veces
eran claramente distintas. ¿Cómo podía yo militar en Montoneros
y tolerar que ese viejo hijo de puta de Perón nos dijera lo que
nos decía? No lo podía entender. De ahí, lo que sale para el libro
es, por un lado, reproducir ese discurso (como el del 21 de junio
del 73) y por otro reproducir ese clima de época que permite entender
por qué algunos militantes decían: "Bueno, lo que pasa es que
el viejo varió la táctica...".
-EA: Hay cosas que tienen que ver con el rigor a la hora de editar
el libro. No vale decir fulano de tal fue ejecutado o fue asesinado.
Nosotros, en ese tipo de situaciones, buscábamos la neutralidad.
-¿Qué comparte La Voluntad con Operación Masacre de Walsh y La patria fusilada de Urondo, además de tener autores que integraron organizaciones
armadas y basaron sus relatos en sobrevivientes?
-MC: Es difícil pensar en hacer una ficción política en la Argentina
sin esos precedentes. Hay, de todas maneras, una diferencia fuerte
y es que esos libros trabajaban con la época a favor: porque había
un presupuesto favorable a aquellos que el libro tomaba como protagonistas
y porque la época del relato era lo suficientemente cercana como
para que los libros no tuvieran que hacerse cargo de ella.
-Otra diferencia es que esos textos son claramente periodísticos
mientras que en La Voluntad aparecen muchos otros géneros ¿Midieron el riesgo de ser excesivamente
literarios?
-MC: Estaba claro que tenía que ser una prosa lo más llana posible
porque las historias eran lo suficientemente significativas como
para que casi cualquier adorno fuera una sobreactuación. Pero
muchas veces me daba miedo: "¿No será demasiado chato?".
-EA: Que Martín no viniera sólo del periodismo fue clave. Después
de estar entrevistando y charlando y leyendo, un día dijimos:
"¿Cuándo nos vamos a poner a escribir?". Yo estaba en el trabajo
y él me mandó un fax. Era una primera página.
-MC: Supongo que la cruza de géneros tiene que ver con esta idea
de reconstruir un panorama de época... porque una época está hecha
de muchos géneros. Si vos querés contar un fusilamiento o un romance
o las variables económicas de una época, lo podés hacer manteniendo
una unidad genérica de cada uno de esos relatos. Si lo que querés
es mezclar todo eso los géneros se van cruzando y mezclando.
-¿Por qué La Voluntad?
-MC: Nos pareció que, como marca de época era una síntesis bastante
eficaz comparada con ésta, donde la marca más distintiva es el
pragmatismo. Contamos la historia de una época en que mucha gente
creyó que si unían sus voluntades iban a poder cambiar el mundo.
Nos pareció más significativo que otros títulos vinculados con
la sangre, el hierro, las armas, el fuego. Si poníamos esos títulos
estábamos de alguna manera siendo operados por la idea dominante
sobre la época.
-EA: La Voluntad permite muchas lecturas, porque en esos años había un latiguillo
que era el "voluntarismo" como sinónimo de ignorancia de los factores
objetivos, dicho en términos de época.
-MC: Es un título curioso porque hace una referencia muy fuerte
a los 70 claramente desde los 90. Porque la voluntad no era un
dato central. El mundo no iba a cambiar porque la gente hubiese
decidido eso, iba a cambiar porque el socialismo científico determinaba
que estaba encaminado hacia el cambio. Esa voluntad era necesaria
para ayudar a que la historia realizara sus propias potencialidades
que estaban escritas en la conciencia del pueblo.
-¿Por qué creen que, a pesar del discurso dominante, no hay libros
sobre esa etapa desde el otro lado de la trinchera?
-MC: Se me ocurre una idea malévola: aquellos a quienes toda esa
historia benefició, mantuvo o afirmó en el poder prefieren que
no se menee mucho todo eso. Si alguien desde el poder se pone
a contar del año 76 en adelante, tendría que explicar cómo participó
la mayoría de los que ahora tienen el poder en la Argentina.
-Del primer tomo de La Voluntad dijeron que era un homenaje "a la memoria olvidada de esos años
de lucha". El segundo les pareció "incómodo porque nadie salía
bien parado" ¿Cómo es éste?
-EA: Doloroso. Uno está tentado a deshumanizar a una buena parte
de las personas que en este mismo territorio del país vivieron
y siguen viviendo.
-¿Es el último tomo de La Voluntad?
-MC: Sí.
-EA: Hay muchos motivos para que no haya otro.
-¿Cuáles?
-MC: El 78, y sobre todo el Mundial es un cierre lógico. A partir
de allí, de la militancia revolucionaria de los 70 sólo quedaron
flecos deshilachados.
-EA: Es que, a partir de ese momento, las historias dejan de tener
relación entre sí. En el 78, de este muestreo de personas que
nosotros tomamos, muchos están muertos, otros en el exilio, presos
y en campos de concentración, y su conexión no tiene puntos de
referencia. Entre otras cosas porque los mismos agrupamientos
y organizaciones, resultantes de esa militancia revolucionaria,
van desapareciendo.
-MC: Yo creo que ya llegó la hora de olvidar los setenta. Durante
muchos años hablamos de la represión y de las víctimas y de las
torturas y de los asesinatos. Y lo que hicimos fue pedir aparición
con vida, o juicio y castigo a los culpables, o que se aclarara
de alguna manera toda esa violencia. Y eso tiñó la mayor parte
de la movilización social en la Argentina reciente. Las grandes
marchas y concentraciones tuvieron que ver con eso, con pedir
por los desaparecidos o por María Soledad, o Cabezas, o Bulacio...
El salir a pedir por nuestros muertos sigue siendo la forma básica
de movilización en la Argentina contemporánea. Creo que es la
última derrota que nos inflingieron los militares: que, 15 o 20
años después, todavía sigamos saliendo a la calle para pedir por
nuestros muertos, cuando los vivos están muy jodidos.
|