Sacarse de encima la Historia Cuando yo decidí escribir sobre los indios fueguinos fue por
una historia. Siempre hay una historia, una historia que marca...Yo
me encontré con la historia de Jimmy Button, John Mister, Boat
Memory y Fuegia Vázquez de manera accidental como siempre pasan
estas cosas. Yo tenía tantas ganas de escribir sobre los fueguinos
como sobre los venusinos. Pero un día encontré esa historia, que
es bastante conocida pero que tal vez alguno de ustedes no conozca.
Y que es muy simple: cuando el capitán Fitz Roy andaba con el
Beagle en esas navegaciones que eran mezcla de espionaje británico
y de misión hidrográfica (nunca se sabía dónde terminaba el levantamiento
de plantas y comenzaba el relevamiento político de las costas),
y que permitían tener las únicas cartas confiables en el mundo
(si uno no quería ahogarse tenía que navegar con una carta inglesa),
un día, al llegar a las costas de Tierra del Fuego, le robaron
una ballenera (uno de esos botes que usan los barcos para desembarcar).
Como represalia secuestró a cuatro fueguinos a los cuales bautizó,
como corresponde porque los nombres de los nativos eran bastante
difíciles de pronunciar y uno no puede andar perdiendo tiempo.
Jimmy Button, creo, porque lo cambiaron por un botón de saco;
Boat Memory, en memoria del bote; John Mister, que debía tener
unos veinte años y Fuegia Vázquez que era una chiquita. Fitz Roy
estableció una buena relación con ellos. Los fueguinos, con ese
oído tan necesario para sobrevivir en el bosque de Tierra del
Fuego, eran muy maleables para aprender idiomas. Entonces al poco
tiempo conversaban con Fitz Roy. [Fuegia: La isla de los guanacos...] Charla de Eduardo Belgrano Rawson aparecida en "La Política y
la Historia en la ficción argentina. ©1995 Centro de Publicaciones
Universidad del Litoral, Santa Fe, Argentina.
Fitz Roy un día, en un inglés, decidió llevárselos a Inglaterra
para educarlos. Y los llevó a Inglaterra, se los presentó a la
reina, a los periodistas, Los llevó al zoológico, les enseñó a
tomar el té. Fuegia Vázquez se convirtió en una dama. Cortaba
la torta, manejaba la vajilla. Fueron a la escuela, los vacunaron.
Ahí partió el primero porque la vacuna lo liquidó.
Nueve meses después, no se sabe cómo, el alcahuete que tenían
los capitanes ingleses que es el segundo a bordo, la descubrió
a Fuegia Vázquez en una situación amorosa, no sé de qué calibre,
con John Mister, y le contó a Fitz Roy. Y Fitz Roy tuvo una enorme
furia, tal vez un desengarño amoroso (nadie sabrá nunca si la
quería como a una hija o como a otra cosa) y decidió que ahí terminaba
la experiencia inglesa. Los agarró, los metió de nuevo en el barco
y Los trajo de regreso a Tierra del Fuego. En ese viaje venía
Darwin que fue un testigo privilegiado de lo que ocurrió. Testigo
de cuando Jimmy Button no salía a cubierta si no era con guantes
y con galera. Fitz Roy, entonces, los trajo a Tierra del Fuego,
los soltó y se fue, con la idea de que ellos podrían irradiar
la cultura inglesa en las costas fueguinas y convertir esto en
una Nueva Inglaterra, en un país como la gente.
A los dos años volvió Fitz Roy a ver qué había pasado. A ver qué
había pasado con los guantes de Button... Un desastre. Estaban
desnudos de nuevo, engrasados hasta las patas porque era lo que
les permitía sobrevivir al aire frío. Un olor... Y eso que Fitz
Roy les había enseñado que no debían ponerse grasa de lobo, sobre
todo cuando tenían que saludar a la reina. Jimmy Button había
matado a un par de misioneros. Y ahí terminó el experimento.
Entonces, claro, yo me dije: con esto hay que hacer una novela.
Si uno lo considera de entrada con entusiasmo, ya está la novela
hecha, dije. Escribirla es una pavada. Y ahí empezó mi problema.
Esta era la historia, una versión de la historia, pero una versión
bastante aproximada de lo que fue la historia. Tendrá otras variantes.
Esta es la variante romántica. Fitz Roy se enamoró de Fuegia Vázquez.
Era un buen tipo, estableció buena relación con los fueguinos,
se los llevó a Inglaterra, los mandó a la escuela, los vacunó,
se los presentó a la reina, los trajo, los dejó...
Tenía tema, principio, remate. Todo. Y ése era el problema.
Y de tal calibre que a medida que trabajaba advertí que nunca
iba a poder escribir esta historia. Porque era historia. Y que
si yo iba a escribir alguna novela sobre los fueguinos me tenía
que olvidar prolijamente de la historia y escribir otra cosa.
Y ahí empiezan los problemas para un escritor. No es fácil abordar
el pasado. Y en eso Saer tenía razón cuando, respondiendo a alguien,
dijo que nos dedicábamos al pasado porque no nos atrevíamos con
el presente...
¿Cómo habla un fueguino? ¿Cómo hace el amor? ¿De qué habla
con la mujer por las noches?
Yo tenía que contar un genocidio. La historia de un genocidio.
Eso se me instaló como un objetivo difuso. No podía ser una novela
de denuncia, no podía ser una novela de barricada, no podía ser
un alegato, porque se iba a convertir en algo demasiado grosero.
Tenía que contar el espíritu de lo que pasó. Y tenía que estar
Fitz Roy ahí de alguna manera. Pero una sombra. Tampoco Jimmy
Button. Y tampoco Tierra del Fuego. Y ya me quedaba sin nada.
Me quedé sin la isla porque la isla no está mencionada en ningún
momento. Fitz Roy tampoco está mencionado. Y Fuegia Vázquez sólamente
está mencionada en el título.
...El problema para los escritores que nos aproximamos a la
historia es cómo sacarnos de encima la historia...