LA NACION LINE | 07.10.98 | Cultura

 

Ironía sobre las versiones oficiales del pasado
La Historia también es un relato

NOTICIAS SECRETAS DE AMERICA
Por Eduardo Belgrano Rawson
(Planeta)-449 páginas-($ 20)

 
HASTA el más arduo tratadista debe apelar a ciertas artes -aunque mínimas- de narrador. Lo inverso, el narrador que se nutre del trabajo de los historiadores, también vale.

Ahora bien, este apasionante libro de Eduardo Belgrano Rawson no es historia novelada, ni es novela histórica en el sentido usual de la expresión. Noticias secretas de América carece de unidad temática, salvo que se considere como tal a la Historia misma en su riqueza, diversidad y multiplicidad de puntos de vista. No obstante, Belgrano Rawson se propuso una novela, sin lugar a dudas.

Con un estilo muy elaborado y por momentos deslumbrante, alguien que no se sabe bien quién es relata una serie virtualmente infinita de episodios a un interlocutor indefinible. Diríase que el autor teje una trama con hilos que animan cada uno la historia -verdadera, obstinadamente verdadera- que le toca, pero que no se conjugan para demostrar un sentido tal vez oculto, sino para sugerir un nuevo sentido. Además, como cada fragmento es tributario de su tiempo y toma contacto con fragmentos de otras épocas, el entramado provoca un efecto de anacronismo que ubica al discurso, de por sí, en las antípodas de la historia oficial. Para el autor de No se turbe vuestro corazón (1975), El náufrago de las estrellas (1979) y Fuegia (1991), la verdad no necesariamente demanda la revisión de lo dicho (esto es, la revisión de lo mismo) sino la dilucidación artística de todo aquello capaz de maravillar al único contemporáneo del texto, al lector.

Resultado de una investigación ardua, trabajosa y exhaustiva, esta novela es también una suerte de aluvión de relatos que tienen que ver con la gestación de una mentalidad (por eso arranca con la escuela y los horrores de una pedagogía dura, sin anestesia) y con los desenlaces y fracasos omitidos o piadosamente edulcorados. Si hubo una batalla, Belgrano Rawson se pregunta con humor y desparpajo cómo murieron los soldados que no pronunciaron palabras inolvidables. Si un general demente dejó el centro del escenario donde lo bañaron las luces de la Historia -cualquiera sabe cuándo sus actos están destinados a la posteridad-, Belgrano Rawson lo persigue para saber qué hizo después, de qué trabajó, en qué espantosa soledad y rodeado de memorias en fuga se despidió del mundo.

Desde el fusilamiento de Martín de çlzaga frente a los colegiales, que debieron estallar en aplausos luego de la descarga, o las iniciativas pedagógicas de Belgrano, de Rivadavia y de San Martín (el narrador, al evocar parcialmente los reglamentos disciplinarios del Ejército de los Andes, llega a la conclusión de que "para el propio Libertador, la brecha entre lo escolar y lo castrense no debe haber sido muy ancha"), desfilan la mayor parte de los grandes próceres de la historia argentina, además de una legión de personajes incidentales y pequeños. Y como un viento feroz la ironía los despeina.

En la novela de Belgrano Rawson se conjugan Baden Powell, el inventor de los boy-scouts, con José Martí, o el cacique Yanquetruz en una noche de ópera en el Colón con las heridas memorables del general Necochea (tal vez el militar mejor herido de la historia). Aparecen de perfil Carlos María de Alvear y la pluma insidiosa del manco Paz. Las peripecias asombrosas de Brown o de Bouchard y de otros profesionales de la guerra dan cuenta de la crisis de ese particular mercado laboral, que obligaba a transitar caminos insólitos. Y sirve de ejemplo la vida de Benigno Villanueva, que de jugar a la pelota en la calle de los Mandingas terminó como mariscal ruso y con el nombre cambiado, Benigno Villanokoff.

Novela de finales y abandonos, todo parece llegar necesariamente al recuerdo de San Martín en el exilio, a la memoria del Indio que recoge varios hilos de la trama y se deja transitar, a su vez, por la evocación de algunos episodios propicios para el amor. Pero el libro es mucho más. Es una novela de momentos fugaces, amena y compleja, que se inscribe en un proyecto literario tan original y ambicioso como logrado en su realización. Esta entrega de Eduardo Belgrano Rawson es una sólida respuesta a los principales interrogantes de la ficción actual, y abre un camino promisorio que vale la pena transitar.

Jorge Landaburu

 

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