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Plan de
Operaciones
decreto de
supresión de honores
redactados por
Mariano Moreno
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Moreno
Entre la máscara y el
don
por David Viñas
"Me decía: el
sosiego que he disfrutado hasta aquí, en medio de mi
familia y de mis libros, será interrumpido." Manuel
Moreno, Memorias de Mariano
Moreno.
Una vertiginosa ambigüedad es el
clima en el que se inscribe Mariano Moreno durante su
actuación en la Primera Junta entre mayo y diciembre
de 1810. Son siete meses tan acelerados como jadeantes. Y si
se destacan dos rasgos que contradictoriamente definen ese
momento, la actitud que declaraba aún la lealtad de
súbditos hacia Fernando Vll sería el primero:
un disimulo coyuntural condicionado por las vacilaciones de
los diversos grupos que disputaban la hegemonía en
Buenos Aires. El segundo rasgo, antagónico y
complementario de esa cautela, es el ademán agresivo
que va afinando el avance de la expedición al Alto
Perú: no sólo por el fusilamiento de Liniers y
de los jefes godos de la represión de 1809, sino por
el otorgamiento del uso del don a los esclavos que se
sumaban a las tropas porteñas.
Un tardío gesto cortesano,
entonces, en yuxtaposición con el ímpetu
subversivo; rezagos y proyección: una táctica
determinada por el peso de las cosas superpuesta a una
estrategia que se va perfilando en virtud de las opciones
más elaboradas por el desafío histórico
fundamental. Se podría decir, por consiguiente, que
la ambigüedad del Moreno de 1810 oscila entre el
enmascaramiento y la reparación que quiere reconocer.
Dualidad contradictoria que dibuja un arco que va desde la
referencia a los amos de una monarquía en
sobrevivencia, en dirección a los esclavos que no
quieren ser esclavos a quienes Moreno saluda y convoca como
legítimo rescate y, a la vez, como proyecto de
ampliación de su base social. Bien visto, se asiste a
una puesta en escena que se desliza desde el predominio del
eufemismo hacia la paulatina explicitación.
Este movimiento oscilatorio entre lo
residual proveniente de la colonia y lo revolucionario de
las apelaciones a lo popular, además de subrayar lo
episódico enfrentado a lo tendencial que irá
ganando espacio, se articula, mediatamente, con el par de
documentos primordiales de Moreno en torno a la
circunstancia de Mayo: la Representación de los
hacendados y el Plan de Operaciones. Se trata, en
lo esencial, de las dos coordenadas en cuyo cruce se
sitúa "el lugar" desde donde Moreno habla, escribe y
actúa.
Ya se sabe que tanto la
Representación como el Plan han
provocado amplias polémicas en contra y a favor;
incluso, respecto de su autenticidad o de la autoría
personal de Moreno. Pero creo que, en ambos casos, si se
insertan esos documentos en sus series contextuales la cosa
se empieza a aclarar, sobre todo si se lo considera a Moreno
no como "el autor" aislado, sino como quien sintetiza a los
intelectuales revolucionarios en su primera emisión.
Es decir, si no se evalúan a la
Representación ni al Plan como
productos individuales, sino como el resultado de una
producción social a la que Moreno, entendido como
"emergente grupal", logra condensar con mayor eficacia.
Propietario no, por lo tanto, sino "catalizador". Lo que
implicaría que Moreno no es un "héroe"
más o menos romántico, sino el fermento o el
gran mediador, si se prefiere, de la ideología
correspondiente a un estamento social.
Pero en lo que hace a la
Representación: el "peso de las cosas" y la
entonación colonial trazan una coordenada
longitudinal, diacrónica, cuyos primeros antecedentes
corresponden a las Representaciones análogas
aunque no tan refinadas de 1793 y de 1794. Se trata de la
defensa del "libre comercio" cuyas fundamentaciones
teóricas pueden leerse paralelamente en la serie
periodística que se extiende desde 1801 hasta los
prolegómenos del 1810: Telégrafo
Mercantil, Semanario de Agricultura, Correo
del Comercio. Lavardén, Vieytes y Belgrano, por
lo menos, también se recuperan en esa secuencia
grupal. ¿Y en su carozo qué? El núcleo
ideológico de la burguesía porteña en
progresiva articulación y puesta en la
superficie.
¿Moreno, entonces, un liberal en
economía? Qué duda. Pero el suyo era el
liberalismo económico de una incipiente
burguesía que iba buscando su legalidad desde la
práctica del contrabando en mutación hacia el
"criollismo" como emblema de identidad. Entendámonos:
una burguesía porteña en formación
entre finales del siglo XVIII y los primeros años del
XIX, lúcida y agresiva, liberal en economía
pero, al mismo tiempo, nacional en política por ser
cada vez más consciente de la crisis, inoperancia y
disolución del viejo imperio español, y que
escrupulosamente ya había tomado nota del desastre de
su armada en Trafalgar (1805) y de la apresurada
inslalación en Brasil de la monarquía
portuguesa (1807) que huía ante las tropas de
Napoleón.
Podria abundar alrededor de la
Representación de Moreno como expresión
de la burguesía de Buenos Aires. Pero así como
hay que señalar el enmarque del documento moreniano,
si se lo confronta con los argumentos proteccionistas de
quienes entonces lo cuestionaban, corresponde admitir la
indefensión en que quedaban las producciones
artesanales provincianas frente a la previsible
irrupción de ponchos, cacerolas y espuelas producidos
en Birmingham y Manchester como resultado del propiciado
"comercio libre".
Y así como considero que el
argumento de más peso frente a los riesgos que
conllevan las opiniones anacrónicas consiste en la
historización de Moreno en su exacto contexto,
algún cuestionamiento insidioso podría
preguntar frente a una defensa de la presunta continuidad
inmutable de la burguesía argentina desde 1810 hasta
hoy: ¿San Martín o Galtieri? ¿Fray Justo
Santa María de Oro o nuestro benemérito
cardenal? O más grave aún: ¿el
liberalismo de Moreno o el de Alsogaray?
Pero para salir de ese dilema, por ahora,
lo más fecundo para entender la ambigüedad de
Moreno consiste en comparar las implicancias de la
Representación con las consecuencias que
traía aparejadas el otro documento primordial del
secretario de la Primera Junta: el Plan de
Operaciones. Pasando así de la
"representación" de la burguesia porteña al
desborde de los límites de esa misma clase social. De
esa manera se confrontaría lo táctico con lo
estratégico, y lo episódico coloreado por la
diacronía proveniente de la colonia con la
sincronía revolucionaria: ponerse la "máscara"
en peculiar representación, o exhibirse tal cual al
reconocer a los otros humillados por el sistema colonial y
otorgarles el don. Es que lo que hasta 1810 se
vendía, luego del 25 de Mayo se otorgó. Por
algo Moreno se había empeñado en transformar
un negocio en una recíproca celebración.
Tanto es así que dos
señales adjetivan el conflicto con la derecha criolla
de 1810: en primer lugar, el pretexto principal en los
enfrentamientos y en la renuncia de Moreno en ningún
momento era la Representación sino el
Plan, porque si aquella presuponía el acuerdo,
este último implicaba la más agria
discusión. En segundo lugar, el alejamiento de Moreno
pero sobre todo su exilio también fueron provocados
por las consecuencias del Plan: ajusticiamientos, "discursos
subversivos dirigidos a la plebe", distribución de
consignas, "olvido de las jerarquías naturales",
profundización del movimiento inaugurado el 25 de
Mayo. Fue en esa franja donde hizo pie Saavedra para poner
en circulación sus acusaciones de jacobinismo; sobre
todo si se analizan aquí los nexos de Moreno con
Castelli evaluado no ya como teórico sino como orador
de la revolución antes y después del primer
triunfo en Suipacha.
De donde puede inferirse, por fin, que
estos rasgos estratégicos situados mas allá de
lo coyuntural lo van colocando a Moreno, nítidamente,
en la serie de ia izquierda revolucionaria de América
latina. Esa secuencia definida por Morelos, Hidalgo, Sucre y
Artigas: exiliados todos o muertos en aquel enfrentamiento
de 1810 provocado por el peso colonial en oposición
al desafío revolucionario, al encabalgarse entre el
sosiego y la acción en medio de los residuos
históricos y el ímpetu por cambiar. Es que el
Plan de Operaciones será lo que
definitivamente disuelva esa "ambigüedad" que por sus
mismas contradicciones tensa, dramatiza, define e, incluso,
permite rescatarlo al Mariano Moreno de 1810.
nota aparecida en Página/3,
revista aniversario de Página/12,
junio de 1990. © Página SRL.
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